Editorial

“¡Que se vayan todos!”

pag02-181Cuando el Pueblo Argentino se sintió traicionado por sus gobernantes que, de todos los partidos políticos, se habían alternado el poder, pero que incurrían lo mismo en la corrupción que en la ineficacia, salieron a las calles en una gran manifestación que tenía un solo lema: “¡Que se vayan todos!”.
¡Que se vayan todos!” Ese ha sido el grito, ahora, de la ciudadanía mexicana de todo el país, que encuentra a sus altos dirigentes gubernamentales ineficaces y permisivos de la corrupción y complicidad de autoridades policíacas y otras con la delincuencia organizada, lo cual simplemente se ha convertido en impunidad total; en impunidad para todos.
La sociedad mexicana es una sociedad desamparada, un conjunto de ciudadanos donde hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda y hasta de tercera, y en que la ley se aplica a discreción de jueces, magistrados y ministros, para muchos de quienes la palabra  “moral”, como decía Gonzalo N. Santos “es el Árbol que da Moras”.
Las marchas del día 30 de agosto y del 31, fueron dos marchas distintas, pero en el fondo hablaban de los mismo; es verdad que la del sábado 30 en la noche fue una marcha de la gente de la clase media y clase alta, que se siente amenazada por los secuestros a cambio de dinero; pero también es verdad que la marcha del domingo 31 fue la marcha de las clases bajas y clases medias bajas, la marcha de la población que se siente amenazada del robo de los recursos petroleros, que son propiedad de la nación y de los que provienen los fondos para la educación pública, para la salud pública, para las pensiones de sector público, para el pago de la burocracia, incluyendo el Ejército y las policía.
En el fondo, las dos marchas, la del sábado 30 y la del domingo 31 expresan el mismo sentimiento nacional, abandono, inseguridad, fraude, robo, abuso de los poderosos a sus derechos humanos, a sus derechos ciudadanos; es la población que se siente susceptible de que sus derechos sean secuestrados lo mismo por delincuentes que por autoridades.
Como bien dijo el empresario Alejandro Martí frente al Gabinete Presidencial y los gobernadores de los Estados y el D.F.: “¡Si no pueden renuncien; dejen sus oficinas y no cobren por no hacer nada, que eso también es corrupción. Dejen su lugar a jóvenes que si puedan servir a la patria!”.
¿Quién será el alto funcionario que con honradez y cargo de conciencia dé un paso adelante y diga ¡Renuncio porque no puedo!?

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