Economía

Plata líquida e ilíquida, acuñación libre modificada; oro y plata como sistemas monetarios paralelos

I. Breve historia de la acuñación de plata en E.U. desde 1792 a la fecha.

El dólar de plata, creado por la “Ley de Acuñación” presentada ante el Congreso norteamericano el 2 de abril de 1792, fue diseñado a partir de la moneda “Ocho Reales” española que era una moneda de circulación mundial a finales del siglo 18. El modelo aprobado para el dólar de plata norteamericano debía contener 371.25 granos de pura plata. En la onza Troy hay 480 granos de plata, y entonces 371.25/480 da como resultado que el dólar contenía 00.773 de onza Troy.

Así, si un dólar de plata contenía 0.773 de una onza Troy, entonces la onza completa tendría que valer 1/0.773 que da como resultado: $1.293.

En la misma “Ley de Acuñación” los Fundadores de E.U. definieron el dólar del oro como 24.75 granos de oro puro. La proporción de 371.25: 24.75 dan una proporción de oro a plata de 15:1, la cual prevalecía en Europa en aquel momento.

Para establecer esa proporción, los Fundadores consideraron que el poder adquisitivo del dólar podría expresarse de manera indefinida tanto en dólares de plata como en dólares de oro. La idea era “una moneda en dos metales diferentes”, lo cual se conoce como “bimetalismo”

Sin embargo, la idea era equivocada, y así lo vino a demostrar la historia subsecuente porque –tal como lo reconoce la economía austríaca – los valores tanto del oro como de la plata fluctúan en respuesta a las cambiantes condiciones económicas (siendo que el oro fluctúa mucho menos que la plata) y de esta forma el sistema monetario ideado por los Fundadores causó alteraciones que tuvieron que remediarse variando la proporción establecida de 15:1. La idea de tener tanto un sistema monetario de plata como un sistema monetario de oro combinados en una sola expresión de un dólar finalmente tuvo que ser desechada, y posteriormente oro se volvió la única base del sistema monetario norteamericano.

Según Murray N. Rothbard, en su libro “A History of Money and Banking in the US” (Historia de la Moneda y el Sistema Bancario en E.U.), aquéllos que percibieron una histórica tendencia descendente del valor de la plata con respecto al oro, en secreto decidieron poner fin al “bimetalismo” e hicieron que el Congreso norteamericano le pusiera fin a la política de “Acuñación Libre” con respecto a la plata, según la cual toda la plata que los mineros presentaran ante la Tesorería tenía que ser acuñada en dólares de plata y devuelta a los mineros.

Existe una contradicción aparente entre la afirmación de Rothbard de que los expertos monetarios del día percibieron una tendencia hacia un valor decreciente de la plata, y lo que kitco.com declara como los precios promedio para los años de 1862 a 1876, porque los precios que kitco.com muestra para la plata durante aquellos años están todos por debajo de $1.293 por onza.

Los hechos apoyan la aseveración del Profesor Antal E. Fekete, de que el precio de la plata no estaba bajando cuando terminó la política de la “Acuñación Libre” y que el precio de la plata cayó sólo después de que terminara la política de la “Acuñación Libre” y como consecuencia de la conclusión de tal política; y que la industria minera no sintió inmediatamente el efecto negativo de tal cambio, porque los precios de la plata permanecieron por arriba de $1.293 a lo largo de 1876, tres años después de la suspensión de la “Acuñación Libre”.

El motivo real detrás de la suspensión de la “Acuñación Libre” parece haber sido la decisión de abandonar la problemática política del “bimetalismo” con su proporción fija entre los valores de la moneda de oro y la de plata, y alinear a E.U. con Gran Bretaña, el poder financiero predominante de aquel entonces, cuyo sistema monetario se basaba exclusivamente en el oro.

Después de 1873, no toda la plata era potencialmente dinero. Sólo eran convertidas en dinero aquellas cantidades de plata que el Congreso le autorizaba a la Tesorería a comprar a los mineros. Los mineros poseían entonces reservas de plata que potencialmente ya no eran dinero: tales reservas se habían convertido en una mercancía, lingotes de plata que relativamente carecían de liquidez. Los mineros fueron obligados a descargar estas reservas en el mercado mundial como mercancía y, en consecuencia, el precio de la plata entró en un largo deslizamiento que comenzó en 1877. La industria minera de la plata en E.U. occidental entró en una crisis y muchas minas de plata cerraron. Las ruinas de la industria minera dejaron pueblos fantasma como Aspen, en Colorado.

Desde 1877 en adelante, el precio de la plata permaneció por debajo de $1.293 dólares por onza Troy durante cada año hasta 1963, con excepción de 1919. Sin embargo, todos los dólares de plata y la acuñación complementaria de plata que existió en E.U. continuó siendo utilizada como dinero, lo cual significa que toda esa acuñación era perfectamente líquida; es decir, las monedas de plata continuaron siendo indiscutiblemente aceptadas para el pago de compras o para el pago de deudas, incluso aunque el valor de la plata que contenían se hubiese desplomado. Es importante notar esta circunstancia, como mostraré más adelante. (El dólar de plata desapareció de la circulación porque fue desplazado por el billete de un dólar, pero no hubo billetes para la acuñación complementaria de plata.)

Esta situación continuó durante casi cien años, pues no fue sino hasta los años de 1963 a 1966 que el precio de la plata empezó a fluctuar alrededor de $1.293 dólares por onza; en 1963 la gente comenzó a acumular monedas de plata y éstas empezaron a desaparecer de la circulación. Para 1967 el precio promedio anual de la plata se había elevado a más de $2.00 dólares por onza. (Todos los datos, www.kitco.com)

En 1967 el precio de la plata contenida en el dólar de plata subió a un precio promedio anual de $2.06, y esto finalmente desmonetizó la acuñación de plata. Desde ese momento, la plata acuñada no puede utilizarse como dinero, puesto que nadie presentará para el pago de una deuda una moneda que vale más que su valor nominal (impreso o grabado), pero que para efectos del pago sólo es aceptada por ese valor nominal.

Lo que ocurrió en 1967, cuando el precio de la plata se elevó a alrededor de $1.293 por onza, fue que la plata acuñada perdió liquidez porque fue desmonetizada; en otros términos, la plata acuñada ya no era dinero. Estas monedas de plata todavía se compran y se venden, pero estas operaciones requieren acceso a un mercado donde se pueda encontrar a un vendedor o un comprador de dólares de plata, medios dólares, cuartos de dólar y monedas de diez centavos. Y los precios de las monedas están sujetos a una difusión de su valor que es la marca de la falta de liquidez: un precio más alto para el comprador o un precio más bajo para el vendedor.

II. La monetización teórica de una moneda de plata de $50 dólares

Una nueva moneda de plata en dólares, o una que lo parezca, podría usarse de nuevo como dinero, sin que el requerimiento legislativo obligue a la Tesorería a acuñar toda la plata que el público le presente, es decir sin la política de la “Acuñación Libre”. Esto podría hacerse recreando la situación que existió después de 1877 y antes de 1963, cuando la plata en el dólar de plata valía menos de $1.293.

Así es como podría lograrse:

El precio actual de la plata, al 15 de Marzo del 2012, es de aproximadamente $32.50 por onza. Supongamos que una nueva moneda de plata, similar al viejo dólar de plata, tuviera la misma proporción: 0.773 de una onza Troy de plata.  0.773 x 32.50 = $25.12 dólares. Ese sería valor de la plata contenida  en la nueva moneda de plata, al precio actual de la plata.

Así que podría acuñarse una moneda que tuviera $25.12 dólares de plata, pero, como era el caso en el período de 1877-1963, el valor monetario de la moneda tendría que ser superior – no inferior– al valor de la plata en tal moneda. Así que podríamos tener una nueva moneda, de aspecto similar al viejo dólar de plata, pero podría acuñarse con un valor de $50 dólares. Esta moneda sería aceptada inmediatamente como dinero con un valor completamente líquido de $50 dólares. No habría ninguna difusión de su valor entre los precios a la compra y a la venta. La Casa de Moneda no estaría subsidiando a la industria minera: compraría plata para ser acuñada a $32.50 por onza, y le pagaría el precio total a los mineros.

Adquirir la plata a $32.50 y convertirla en una moneda con un valor nominal de $50 produciría un señoreaje, una ganancia para la Tesorería que está a cargo de la Casa de Moneda.

Efectivamente esto se podría hacer, pero sería una medida efímera; tarde o temprano, el precio de plata, que tiene una tendencia al alza, se elevaría por arriba de los $64.68 dólares por onza y la moneda que estamos considerando ya no sería dinero entonces; se desmonetizaría y, una vez más, las personas estarían guardando monedas que habían perdido liquidez. Porque con un precio de la plata mayor a $64.68 por onza, y 0.773 de onza de plata por moneda, el valor de la plata en la moneda, si fuese fundida, valdría más de $50 dólares, el valor nominal de la nueva moneda hipotética.

¿El precio de plata se duplicará a partir de su valor actual? El Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha declarado que espera una inflación moderada del 2%. Es bastante probable que una vez que la inflación se apodere de E.U. escapará de control y alcanzará del nuevo una tasa del 14% anual (hubo tal tasa de inflación en los años 70’s) la cual hace que los precios se dupliquen en 5 años. Hace sólo seis años, en marzo del 2006, el precio de la plata era de $10.00 por onza y se ha triplicado desde entonces.

Por lo tanto, una nueva moneda de plata de $50 dólares, que reproduzca el viejo dólar de plata, tendría una corta duración y, una vez más, la gente no tendría dinero en plata, es decir liquidez, en sus ahorros. La hipotética moneda de $50 dólares se volvería un artículo sin liquidez retenido en el ahorro de la gente.

Por esta razón, hemos propuesto que cualquier nueva moneda de plata que vaya a ser utilizada como dinero en cualquier parte del mundo, debe tener un valor cotizado y no grabado; una cotización que establecerá el valor monetario de la moneda por arriba de su “punto de fusión” (valor a partir del cual es preferible fundir la moneda para aprovechar su contenido en metal, en vez de utilizarse como dinero); y para mantener el valor monetario sobre el “punto de fusión”, esta cotización tendría que aumentarse conforme aumentara el precio de la plata, pero una vez establecida, la cotización no disminuiría con las caídas en el precio de la plata. (Recuerde que el precio de la plata en el dólar de plata cayó considerablemente durante el período de 1877-1963 y aún así nadie cuestionó el valor monetario de la acuñación en plata, como lo indicamos anteriormente.)

De esta manera, la moneda de plata – independientemente de su peso y pureza –se mantendría en un estado de liquidez permanente utilizable como dinero en cualquier transacción sin ningún problema. Continuaría siendo dinero indefinidamente.

Lo que hemos estado discutiendo, aquí y en muchos otros artículos, es un procedimiento para dotar de liquidez total a lo que en la actualidad es un artículo relativamente sin liquidez, las monedas de plata.

En el 20 siglo, plata dejó de ser utilizada como dinero porque su precio en aumento – resultado del manejo bancario de reserva fraccionaria y de la inflación que produjo –hizo que todas las acuñaciones en plata con valores grabados alcanzaran su “punto de fusión”: la mayor parte de la plata acuñada fue fundida en todo el mundo. Se encontraron muchos otros usos para la plata, estimulados por el surgimiento de la tecnología. Gran parte de la reserva de plata del mundo se consumió en la industria, dejando sólo un remanente muy disminuido en las reservas mundiales actuales.

En la actualidad, poseer plata se ha vuelto atractivo porque las políticas de la expansión masiva del crédito por parte de los gobiernos y de los sistemas bancarios alrededor del mundo están provocando temor sobre el futuro poder adquisitivo de dinero fiduciario. En el 2011, la demanda de monedas de plata tanto en E.U. como en Canadá alcanzó tal magnitud que toda la producción de plata en las minas en ambos países fue insuficiente para satisfacer la demanda de plata acuñada por parte de los norteamericanos y canadienses. Esta demanda existe a pesar de que las monedas de plata que el público está comprando tan ávidamente relativamente carecen de liquidez, porque no son dinero.

III. La “Acuñación Libre” como funcionó antes de 1873

Hablemos ahora sobre la posibilidad y las consecuencias de volver a adoptar la política de la “Acuñación Libre” de plata tal como funcionó antes de 1873. No estamos a favor de esa vieja política de “Acuñación Libre” de plata porque, bajo el actual sistema de dinero fiduciario, tal política implicaría necesariamente un enorme subsidio para la industria minera, como mostraremos.

Bajo la política de la vieja “Acuñación Libre” de plata, previa a 1873, todos los productores y poseedores de plata (excepto los bancos y el Gobierno norteamericano, para seguir las reglas que gobernaron la vieja “Acuñación Libre”) podrían presentar su plata ante la Tesorería y recibir la misma cantidad de plata, en forma de monedas de plata y sin costo alguno.

Sin embargo, hay algunas preguntas fundamentales que hacer con respecto a esta política.

¿Cuál sería el valor monetario de las monedas de plata acuñadas por la Tesorería a partir de los lingotes de plata presentados ante ella? Los dueños de las monedas de plata acuñadas por la Tesorería ciertamente desearían saber cuál es el valor de las monedas que reciben, en términos de dinero fiduciario. ¿Podría esperarse que ellos quieran recibir estas monedas con la simple garantía de una ley que las declare “moneda de curso legal para el pago de todas las deudas públicas y privadas” pero sin un valor monetario conocido?

Debe ser obvio que para que estas monedas sean aceptables, tendrían que cumplir una de dos condiciones: a) las monedas tendrían un valor monetario grabado, lo cual las condenaría, tarde o temprano, a una eventual falta de liquidez como se ilustró en el ejemplo que dimos anteriormente; o bien, b) las monedas tendrían que recibir un valor monetario oficial, ajustable, y que fuese cotizado y no grabado, como también se describió anteriormente. Es decir, en ambos casos la “Acuñación Libre”, en caso de implementarse hoy, tendría que lograr introducir estas monedas en el mundo del dinero fiduciario actualmente existente, en paralelo con tal dinero fiduciario y con un valor monetario para su acuñación expresado en términos de dinero fiduciario. No hay una tercera opción.

La consideración de una política de “Acuñación Libre” tiene que tomar en cuenta la organización monetaria y financiera del mundo de hoy. El dinero que se utiliza, el dólar norteamericano, es dinero fiduciario que es–lamentablemente – el dinero real de E.U. y del mundo, y la “Acuñación Libre” estaría obligada a adaptarse a este hecho.

Si se aplicara hoy, la vieja política de la “Acuñación Libre” requeriría que la Casa de Moneda aceptara toda la plata presentada ante ella y la devolverla en su totalidad a los dueños en forma de monedas con un valor monetario expresado en términos del dinero fiduciario; un valor monetario que no podría reducirse en caso de caídas en el precio de la plata en el mercado mundial – la única forma en que las monedas serían bien aceptadas por los dueños del lingote de plata presentado.

Suponga que la Tesorería llegase a cotizar un valor monetario en dólares fiduciarios para las monedas acuñadas que fuera igual al precio mundial prevaleciente de la plata en el momento en que la plata fuese entregada a la Casa de Moneda. No habría subsidio para los mineros de la plata, en ese momento.

¿Pero qué pasaría si una semana después el precio de la plata en los mercados mundiales bajara? Tanto el valor grabado, si ése fuera el método de monetización escogido, o el valor cotizado, cualquiera de los dos, estaría por arriba del precio mundial de la plata. (El valor monetario previo, como se explicó anteriormente, permanecería inalterado –de lo contrario las monedas no serían consideradas dinero, sino una mercancía). Bajo esta situación, todos los mineros del mundo se apresurarían a llevar todos sus lingotes de plata a la “Acuñación Libre” porque la Casa de Moneda estaría tomando el lingote de los mineros al precio mundial y devolviéndoselos en forma de monedas con un valor superior al valor del lingote, subsidiando de hecho a los mineros que extraen plata, y una Casa de Moneda que subsidia a la industria minera no es políticamente aceptable.

Así llegamos a la conclusión de que una política de “Acuñación Libre” como la que funcionó antes de 1873, sólo es viable cuando, por sí misma, la plata es dinero, y la unidad fundamental del dinero es una moneda de plata con un diseño, peso y pureza definidos, y no existe ningún sistema de dinero fiduciario, ni una proporción fija de su valor con respecto al oro.

IV. Una “Acuñación Libre Modificada” de plata, hoy

Sin embargo, un pequeño cambio puede hacer que la “Acuñación Libre” ¡sea viable dentro de un sistema de dinero fiduciario! Bajo la vieja “Acuñación Libre”, toda la plata presentada ante la Casa de Moneda era devuelta, en forma de monedas, a los dueños de esa plata. Una “Acuñación Libre Modificada” en nuestros tiempos requeriría que aquellos que llevan la plata a la Casa de Moneda acepten las monedas con un valor fiduciario cotizado como pago total por el valor en dinero fiduciario de la plata presentada, al precio mundial prevaleciente en el momento de la transacción.

De esta forma, los mineros reciben el pago total en términos de dinero fiduciario en forma de monedas de plata que pueden depositar en el sistema bancario por el valor total de su plata. Sin embargo, puesto que las monedas se sobrevalorarán ligeramente para insertarlas en el sistema monetario, el peso de la pura plata de las monedas de plata devueltas al minero será inferior al peso de la plata pura presentada ante la Casa de Moneda. La Tesorería, que opera la Casa de Moneda, retendrá la diferencia en plata como señoreaje, o ganancia.

Los economistas se refieren a este tipo de moneda que tiene un contenido de metal precioso con valor más bajo que el valor monetario de la moneda (el “valor nominal”, de llevarlo grabado) usando el término, un tanto despectivo, de “acuñación simbólica”. Puede que sean símbolos, pero son símbolos que lograrán conservar cierto valor durante siglos, a diferencia del dinero fiduciario que es una “bella criatura de una hora”.

Los mineros estarían encantados con esta situación. En la actualidad, entregan toda su plata a cambio de un pago en dinero fiduciario. Bajo el esquema propuesto, los mineros recibirían su pago en monedas de plata con el mismo valor en dinero fiduciario como pago, y tendrían la opción de retener todo o parte de su pago en forma de monedas de plata cuyo valor puede subir, pero no bajar. Está claro que presentar su plata a la Tesorería beneficiaría a los mineros.

Debemos aclarar que, bajo este sistema, la población misma también puede ser fuente de suministro de plata para la acuñación de estas monedas. Para el Tesoro no es necesario recurrir a los mineros como fuente exclusiva de suministro.

Cualquier persona que tenga plata, en cualquier forma, puede ofrecerla en venta al Tesoro y recibir el pago de su plata, menos el costo de acuñación, en forma de plata monetizada bajo los términos del sistema monetario prevaleciente.

Por este medio, tanto los propietarios de plata en lingote como la población en general que tenga objetos de plata estarán en posibilidad de convertir sus tenencias en monedas de plata cuyo valor puede incrementarse, pero nunca disminuir, y aprovechar así las reservas de plata existentes en el país; los propietarios de plata en el extranjero probablemente también estarían interesados en ofrecer su plata para monetizarla.

Ofrecer a la población este medio para convertir en dinero sus objetos o lingotes de plata, sería una medida política excelente.

La naturaleza no opera a través de cambios abruptos, sino que trabaja mediante cambios sutiles. No pensamos que E.U. debería esperar el inevitable colapso total del falso sistema monetario del dólar fiduciario; los preparativos deben empezar en seguida para abrirle paso a una reforma. La introducción de dinero de plata con liquidez total, y que se mantenga en uso permanentemente, puede lograrse de manera simple y con poca o ninguna afectación al permitir que se le considere como dinero paralelo al dinero fiduciario, hasta que el dinero dure.

Este proceso puede llevarse a cabo sin subsidios nocivos mediante la implementación de una política gracias a la cual la “Acuñación Libre Modificada” comprará toda la plata que le presente el público a precios mundiales, pagadera en términos de dinero fiduciario. El público y los mineros – recibirán el pago total en cifras de dinero fiduciario en forma de monedas de plata que valgan esa cantidad de acuerdo a la cotización vigente de las mismas. Reciben el pago total en dinero fiduciario, pero una cantidad menor de plata que la que entregaron (las monedas de plata están ligeramente sobrevaloradas). Si lo desean, pueden depositar estas monedas en el sistema bancario y recibir su pago total – en dinero fiduciario–depositado en sus cuentas.

Cuando el absurdo del dinero fiduciario haya terminado – y muy seguramente terminará – la alternativa de una reforma monetaria ya estará vigente: el dinero de plata.

V. Una visualización del final del dinero fiduciario

Visualicemos el final del sistema actual del dólar fiduciario. En algún momento durante la futura catástrofe del dinero fiduciario – digamos, cuando la nueva moneda de plata de aspecto similar al viejo dólar de plata valga $1,000 dólares fiduciarios (¡o quizás miles de dólares fiduciarios!) – el Gobierno de E.U. estará obligado a decidirse a favor de una reforma radical. (Esto es lo que pasó en Francia en 1797.)

Bajo el escenario que prevemos, la Casa de Moneda habrá estado funcionando y habrá puesto grandes cantidades de estas monedas en manos del público, que habrá estado guardando toda esa plata acuñada en sus ahorros; debido a la calidad superior de este dinero, no se usará activamente para comprar, sino que de acuerdo a la Ley de Gresham, será retenido en ahorros – aunque será utilizable como dinero en cualquier momento. Como virtualmente toda la acuñación en plata estará guardada en los ahorros, el efecto de monetizar la plata no tendrá efectos inflacionarios – las personas no gastarán este excelente dinero.

En una gran crisis, el Gobierno, asediado con la Revolución, decidirá que ya es suficiente y declarará sin validez y cancelado a todo el dinero fiduciario (tal como Zimbabue lo hizo recientemente). La Reserva Federal será abolida junto con la banca de reserva fraccionaria. El Gobierno estará obligado a restringir su gasto a lo que puede recolectar en impuestos. Sólo los nuevos dólares de plata permanecerán como dinero, con un valor astronómico en términos del desaparecido dinero fiduciario. Para remediar esto, el nuevo dólar de plata será reconocido como “la moneda nacional” con un valor reformado de: $1 dólar. Rápidamente – más rápidamente de lo que nadie pueda imaginar– la economía recuperará su ritmo y comenzará una nueva era de esperanza para los norteamericanos. La nueva economía de E.U., habiendo eliminado la droga alucinógena del dinero fiduciario, crecerá bajo la sólida base de la realidad.

En este momento, la política de la Casa de Moneda puede revertirse a la Vieja política de la “Acuñación Libre”; el dólar de plata sería una vez más la base de un sistema monetario en plata, y de nuevo toda la plata sería potencialmente dinero. Si el nuevo dólar de plata se diseña con base en el viejo dólar de plata, con 0.773 de una onza de plata, entonces el precio de la plata será, una vez más, de $1.293 dólares de plata reformados por onza.

VI. El Mercado señalará cuánto dinero en plata debe acuñarse

Al considerar un sistema monetario de plata y la política de una “Acuñación Libre Modificada” y una eventual “Acuñación Libre” Clásica después de que la plata se convierta en la base de un sistema monetario en plata, será necesario pensar en los límites y en las consecuencias imprevistas. Ciertamente habrá consecuencias imprevistas, ya que éstas son inseparables de toda acción humana (pregunte a cualquiera que se casa). La peor consecuencia sería la creación de una “burbuja” en la acuñación de la plata, en la que la acuñación seguiría en forma ilimitada hasta un colapso final. ¿Qué limitaría la acuñación de plata bajo una “Acuñación Libre Modificada”?

Bajo la “Acuñación Libre Modificada” el precio de la plata pagada a los mineros sería el precio mundial de la plata, pagada a ellos en su valor en dinero fiduciario, pero en forma de monedas de plata con un valor monetario.

Una vez en operación, la política de la “Acuñación Libre Modificada” indudablemente elevaría fuertemente el precio mundial de la plata, en términos de dinero fiduciario. La latente demanda de plata acuñada, que no ha sido satisfecha durante muchas décadas, haría explotar y subir el precio de la plata, quizás muchas veces por encima de su precio anterior, revelando claramente la enorme depreciación del dólar fiduciario. La acuñación de monedas de plata procedería a un ritmo furioso. Conforme se elevase el precio de la plata, el valor de la plata acuñada en términos de dinero fiduciario subiría a alturas insospechadas. Esto sería en beneficio de aquellos que primero compraron sus monedas de plata. Los nuevos compradores de monedas, cada vez más costosas, disminuirían gradualmente. A cierto precio, el valor de la plata acuñada sería tan alto que los compradores se volverían menos capaces de obtener las monedas de plata, todas las cuales estarían guardadas en ahorros. Los nuevos ahorros continuarían buscando refugio en la posesión de monedas de plata mientras el sistema de dinero fiduciario continuase en existencia, pero la fiebre inicial por la plata habría pasado.

Estarían dadas las condiciones para un paso drástico: la abolición del dinero fiduciario por parte de un Gobierno absolutamente incapaz de continuar la farsa del dinero ficticio, enfrentado a una población al borde de una violenta Revolución. Una vez que se tome ese paso firme, la “Acuñación Libre” clásica puede reanudar operaciones y toda la plata potencialmente se vuelve, una vez más, dinero. La plata tiene que salir de los ahorros y entrar al uso activo para las compras y pagos cotidianos, porque no hay ningún otro medio disponible. El dinero fiduciario se ha ido.

¿Qué puede determinar entonces la cantidad de plata a ser presentada ante la Tesorería para su acuñación? El único factor limitante remanente debe ser una caída en el valor relativo de la plata con respecto al oro, que se expresará como un creciente precio del oro en términos de plata. Un incremento en el valor del oro con respecto al de la plata significa que las personas están optando por las monedas de oro en lugar de las monedas de plata, limitando así a los mineros de la plata a ofrecer su plata a la Tesorería para su acuñación en monedas. La industria ofrecerá una alternativa competitiva a la monetización por parte de la Tesorería. Los mineros desearán, siguiendo su propio interés, invertir los beneficios de sus operaciones mineras en una moneda que está subiendo con respecto a la plata: el oro. Venderán su producción a la industria a cambio del pago en oro. La industria estará deseosa de comprar la plata para sus necesidades, puesto que el precio de la plata expresado en oro está bajando.

No podemos pensar en ninguna otra manera de recuperar el uso de la plata como dinero. En nuestra opinión, la plata ha sido, históricamente, un complemento sumamente importante para el oro, porque durante miles de años ha sido el principal instrumento monetario del pueblo en general. Su recuperación como dinero es vital para la continua existencia de nuestra civilización.

VII. Consideraciones con respecto al oro

Hoy tenemos el precio de la plata denominado en términos de dinero fiduciario, que es el dinero en uso. Como ya lo hemos señalado, mientras persista esta situación, a una moneda de plata monetizada se le tendrá que asignar un valor monetario en términos de dinero fiduciario. Sólo cuando el dinero fiduciario haya sido abolido el nuevo dólar de plata se convertirá en el denominador para todos los precios, incluso el precio del oro. (El dólar de plata no “establecerá” el precio del oro; más bien expresará la fluctuante relación del valor entre la plata y el oro.)

Sabemos que en la actualidad, el creciente precio del oro es principalmente un reflejo del decreciente valor del dinero fiduciario. Está en la naturaleza de las cosas que el oro sea un metal monetario superior a la plata en calidad: la utilidad marginal de la plata es menor que la del oro. Cuando la plata una vez más se convierta en la unidad básica de un sistema monetario, el oro sea valuado en términos de plata. Un precio variable del oro, en términos de la plata, indicaría aparentemente que el oro está subiendo, o que el oro está bajando, cuando en realidad un precio fluctuante del oro en términos de la plata significaría que principalmente es el valor de la plata lo que está cambiando.

En la “Ley de Acuñación” de 1792, los Fundadores de E.U. determinaron una proporción fija entre los valores de la plata y del oro a 15:1, la cual prevalecía en Europa en aquel entonces. Hoy sabemos que todos los precios deben ser flexibles. La idea de un precio fijo –consolidada en la idea de una proporción fija entre los valores del oro y la plata– contradice el concepto de precio.

Los Fundadores de E.U. eran hombres instruidos, pero al intentar establecer una proporción fija entre los valores del oro y la plata, como hicieron con la “Ley de Acuñación” de 1792, de acuerdo al pensamiento económico de su época, cometieron un error. La proporción de valor monetario entre el oro y la plata tendrá que ser expresada en términos de un precio flotante de la plata para el oro, así como hoy los precios de la plata y el oro se expresan en términos de los precios del dinero fiduciario flotante para la plata y el oro. Es inútil especular a qué proporciones – o precios – el oro será comercializado con respecto a la plata porque esto es algo que no podemos saber hasta que ocurra.

La “Ley de Acuñación” de 1792 determinó que el dólar del oro debía contener 24.75 granos de puro oro, y el dólar de plata debía contener 371.25 granos de plata pura. 371.25/24.75 nos dan una proporción de 15:1. Evidentemente hubo una confusión de los conceptos de valor y peso. Se acuñaron monedas de plata que eran 15 veces más pesadas en plata pura que las monedas de oro. ¿Por qué 15 veces? Porque se pensó que el oro valía 15 veces lo que la plata. Entonces, haciendo que la moneda de plata fuese 15 veces a más pesada se esperaba que tendrían un valor equivalente – ¡una injustificada suposición!

Para entender cómo las monedas con una proporción 15:1 en peso pueden tener valores monetarios que no son 15:1 ayuda el considerar a la acuñación del oro y a la acuñación de plata como dos tipos de moneda diferentes, y no como expresiones en plata y oro de un solo tipo de moneda, el dólar norteamericano. La legislación puede hacer que una moneda de plata pese 15 veces lo que una moneda de oro, ¡pero no puede estipular que esas monedas tendrán el mismo valor!

Consideradas como dos tipos de moneda diferentes que circulan en paralelo entre sí, se vuelve claro que sus valores monetarios podrían fluctuar alrededor de alguna proporción bastante estable. Esta fluctuación de la proporción futura entre el oro y la plata sería completamente saludable y fácilmente podría ser explicada en el comercio – actualmente el mundo tiene aproximadamente 170 tipos de monedas fiduciarias diferentes, todas ellas fluctúan entran sí cada segundo del día, y sin embargo el comercio internacional prosigue no obstante ello.

En “A Monetary and Banking History of the US” (Una Historia Monetaria y Bancaria de E.U.) Murray N. Rothbard investigó cómo la relación legalmente prescrita de 15:1 y después 16:1 en el valor entre el oro y la plata afectaba la política y la economía de E.U. en aquella época. Un estudioso, al leer en un viejo reporte del siglo 19 que el “oro es escaso”, podría reinterpretar el reporte de esta manera: “el poder adquisitivo del dólar de plata ha caído ligeramente, sin cambio alguno en el tipo de cambio legal entre el oro y la plata, los poseedores de oro están renuentes a intercambiar su oro por plata, la cual está actualmente sobrevalorada al tipo de cambio legal”. En otras palabras, “los vendedores de oro necesitan más plata para vender su oro, y aquéllos que comprarían oro con plata insisten en no pagar más que el tipo de cambio legal de 16:1”.

Existen propuestas para una restauración del oro como la unidad internacional por medio de un nuevo “Acuerdo Bretton Woods”, pero tales propuestas representan uno de esos enormes pasos que la Naturaleza aborrece; en cuanto tal conferencia fuese convocada con el propósito anunciado de reformar el sistema monetario internacional, el completo caos y la parálisis se apoderarían de todos los mercados.

¿Debemos creer que un mundo que está yéndose a pique por el uso universal del dinero fiduciario va a dar vida a la restauración del estándar del oro? Lo que debe venir primero es el establecimiento del orden y la realidad desde la raíz. Cuando el orden quede establecido a nivel popular, será mucho más fácil extender ese orden al nivel superior de las operaciones con oro, una de las cuales es liquidar las obligaciones internacionales.

Por lo tanto, en nuestra opinión, el camino hacia la restauración del oro como dinero tendría que ocurrir después de la restauración de la plata como la base para un sistema monetario en plata en E.U.

De forma ideal, E.U. tendría dos sistemas monetarios paralelos, de valor flotante uno con respecto al otro: un sistema monetario en plata y un sistema monetario en oro. El “Bimetalismo” fue un producto del pensamiento económico del siglo 18. Hoy sabemos que las proporciones fijas del oro contra la plata sólo pueden conducir al trastorno económico. Los dos sistemas podrían operar uno junto al otro, siendo el mercado quien determinara los valores relativos entre ellos. Tal restauración de la plata como dinero popular sólo puede llevarse a cabo mediante un proceso gradual, y ese proceso sólo puede ser la inserción gradual a la circulación de la plata acuñada, en paralelo al dinero fiduciario. Al concluir el proceso, el oro y la plata circularán como dinero, en paralelo: la plata para las necesidades populares cotidianas, el oro para las grandes transacciones tanto en efectivo como en crédito.

Hemos propuesto que la inserción de dinero en plata al sistema monetario fiduciario debe llevarlo a cabo el Banco Central (o la Tesorería, según aplique) en forma limitada, sólo buscando proporcionar la cantidad suficiente de monedas para evitar el sobreprecio de la moneda de plata, debido a la escasez. La razón por la que propusimos esta limitación de la actividad de acuñación del Banco Central (o de la Tesorería) fue hacer que la legislación requerida para este importante paso sea políticamente aceptable.

Un proyecto mucho más ambicioso, la creación de la “Acuñación Libre Modificada” de plata sería el paso político indispensable y definitivo que llevaría naturalmente a la reforma del sistema monetario de E.U. Actualmente parecería que es imposible reunir el apoyo político necesario para esta medida; sin embargo, es posible que en una gran crisis futura, cuando el mundo entero esté en llamas, la voluntad política a favor de una “Acuñación Libre Modificada” supere todas las objeciones y ocurra una reforma tardía del sistema monetario norteamericano.

Por Hugo Salinas Price

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