Economía

México ante la urgencia de una política monetaria preactiva

Por José Alberto Villasana

Contrariamente a lo que nos dicen los gobiernos y las corredurías, entre los analistas económicos se extiende cada vez más la convicción de que lo peor de la crisis está aún por venir. Y esto porque, una vez pasadas las etapas de turbulencia en los mercados de crédito, bursátiles y de derivados, nos aproximamos ahora a la que será más explosiva de todas, la de los mercados de divisas, misma que debilitará toda la estructura económica mundial.
Unas cuantas citas recientes: Lew Rockwell: “Estamos para entrar la más grande depresión de la pag46-195historia”, basándose en el informe del Bank for International Settlements (BIS), del 7 de octubre de 2009, titulado “Se aproxima una gran crisis”.
William White, Economista en Jefe del BIS, 3 septiembre 2009: “Enfrentaremos pronto una crisis sistémica que nos llevará a una recesión doblemente profunda”.
Jim Willlie CB, el 2 de octubre de 2009: “Nos acercamos a un colapso sistémico”.
La prueba de ello es el record histórico alcanzado por el precio del oro, de más de $1,055 dólares la onza, y la caída histórica del dólar hasta los 75 puntos. Esto se atribuye a lo que publicara el periódico londinense The Independent, en su Reporte Exclusivo del 6 de octubre de 2009: “Se abandona el dólar: países árabes inician reuniones con China, Rusia y Francia para dejar de vender petróleo en dólares”. El reporte señala que la nueva unidad que se plantea es 50% una canasta de monedas, y 50% oro.
Día con día aumentan los análisis y la preocupación mundial a este respecto, y la desconfianza está embargando al mundo entero respecto a la solidez de la economía de los Estados Unidos.
El abuso de la expansión monetaria de dinero ficticio (papel y dígitos de computadora), así como la práctica de fondear crédito a largo plazo con depósitos a corto plazo, ha provocado un déficit en cuenta corriente y una debilidad financiera tal que, a nivel mundial, está en riesgo no sólo la permanencia del dólar como moneda de reserva, sino incluso la viabilidad de la economía de los Estados Unidos y de todo el sistema financiero basado en el dólar. La deuda estadounidense, que representa ya el 600% del PIB de esa nación, es simplemente impagable, y pronto vendrá el el colapso.
El esquema ideal de crédito al consumo mediante deudas que se van acumulando sólo tiene un problema: las deudas algún día se tienen que pagar. Por eso, los Estados Unidos tendrán que provocar una inflación creciente y a cualquier costo, hasta el día límite en que puedan hacerlo. Pagarán con dólares cada vez más devaluados, hasta que el mundo los rechace definitivamente.
De suyo, la huída del dólar es ya un hecho. Al mes de octubre de 2009, el 63% de la composición de las reservas internacionales ya no es de dólares, sino de otras divisas, prevalentemente Euros y Yenes.
Una salida falsa, es la de sustituir el dólar por los “Derechos Especiales de Giro” (DEG) regulados por el Fondo Monetario Internacional, como se ha propuesto en diversas reuniones del G20. Esas unidades no dejan de ser dinero ficticio, entelequias sin existencia real, y que no representan medio de pago. El problema de una cesta de divisas sigue siendo el valor real para los países que no emiten las divisas de esa canasta, sobre todo para las economías emergentes.
Pero, además, permanece el problema intrínseco de un sistema basado sobre deuda en el que, por definición, las transacciones son incompletas (los DEG son, igualmente, no otra cosa que recibos de deuda).
De suyo, un sistema monetario viable no necesita ninguna “moneda de reserva”. Las únicas divisas pag47-195que por casi tres mil años han representado un medio final de pago, son la plata y el oro, pues no necesitan un medio de intercambio que los respalde, son en sí mismos el medio de cambio por excelencia.
Una transacción basada en deuda se puede finiquitar o con el pago del principal y los intereses, o con la quiebra. No hay de otra. En un sistema financiero sano el dinero o crédito a prestar representa el exceso de producción sobre consumo. Lo otro es un engaño monumental (y, por lo mismo, transitorio). Hasta que el mundo no aprenda la lección de que la creación de dinero ficticio no añade riqueza, sino que más bien garantiza la expansión de la penuria, el progreso económico seguirá siendo imposible. Y el riesgo inevitable.
A ello se debe la corrida al oro de los últimos años. El gobierno chino ha recomendado a su población hacerse de reservas familiares de oro. En los Estados Unidos, la demanda por el Gold Eagle es tan alta que la casa de moneda ha tenido que cerrar la venta por no poder satisfacer la demanda. Lo mismo está sucediendo en Europa.
México, que según la OCDE es el país de América Latina más afectado por la crisis “por su estrecha dependencia del dólar”, no tiene la posibilidad de hacer lo mismo que China o Europa: el 50% de la población se sitúa en los deciles de la pobreza.
Pero lo que sí puede hacer el gobierno, siguiendo la tendencia mundial y deslindándose de la divisa verde que tánto nos ha afectado y que está a punto de colapsar, es monetizar la plata. Y esto ya no solo como medida para blindar el ahorro popular, lo cual ha sido exhaustivamente resaltado en diversos informes de la Academia de Finanzas Públicas, del Colegio Nacional de Economistas y del Centro de Estudios para las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados), sino también como parte de una política monetaria proactiva que nos proteja de las turbulencias externas que se enfrentaremos en los próximos meses.
Los diputados de la LXI Legislatura tienen el deber de implementar esta medida de forma urgente, antes de que el colapso del dólar y la crisis del mercado de divisas nos sorprendan desprevenidos.
Al inicio, la monetización de la plata ayudará únicamente a nivel familiar, como medio de ahorro popular, pero con el tiempo y al incrementar su emisión, también representará un medio de estabilización para nuestras transacciones internacionales, al ser la plata una moneda de intercambio (y de pago) superior al dólar y a cualquier tipo de dinero ficticio, por lo que la plata amonedada será apetecida por todo el mundo.
Las reservas de dólares acreditadas al Banco de México en los Estados Unidos sirven para dar al tenedor de pesos fiduciarios la confianza de que puede convertir sus pesos a dólares en un momento dado. Pero esa confianza está sujeta a fluctuaciones inesperadas y a la continua devaluación del dólar, que de 2001 a 2009 ha sido del 25% contra la canasta de las principales monedas del mundo.
Por el contrario, la onza de plata con valor de circulación contribuye invariablemente a la estabilidad de toda la masa monetaria, el reducir el incentivo a la fuga de divisas, y al otorgar una confianza que no deriva de las reservas internacionales del Banco de México, sino del material intrínseco que la constituye, la plata.
Adicionalmente, el Banco de México podrá aprovechar las nuevas colocaciones de onzas de plata monetizadas para lograr el mismo efecto que la restricción monetaria, pero sin el efecto negativo de deprimir la economía productiva como sucede el encarecer los intereses.
Esa sí es una política monetaria proactiva e inteligente que nos puede protejer contra la crisis que se avecina. Seguir anclados al dólar y sin aprovechar un recurso del que somos el segundo productor mundial, sería una incomprensible irresponsabilidad. Y también un suicidio.

avillasa@yahoo.com

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