Economía

Falleció Horacio Flores de la Peña Maestro de generaciones

El día 29 de mayo de 2010 falleció en la Ciudad de México el licenciado Horacio Flores de la Peña a consecuencia de un infarto al miocardio.
Flores de la Peña nació en Saltillo, Coahuila, el 24 de julio de 1923. Una vez concluidos sus estudios primarios ingreso al prestigiado Ateneo Fuentes y de ahí prosiguió su enseñanza superior en la vieja Escuela Nacional de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.
En la Escuela, hoy Facultad de Economía, Flores de la Peña se distinguió como un profesor brillante y llegó a ocupar la dirección de ese plantel.
pag78-203 A lo largo de su carrera profesional Flores de la Peña ocupó importantes cargos. Entre otros, cabe recordar que fue Secretario de Patrimonio Nacional en la administración del Presidente Luis Echeverría Álvarez. Poco después fue embajador de México en Francia, la Unión Soviética, Mongolia e Italia.
El licenciado Flores de la Peña colaboró en la realización de algunos estudios económicos con la Organización de las Naciones Unidas y fue autor de importantes libros, como: La planeación de la educación superior y El perfil de México; y de otros dos trabajos que fueron editados por el Fondo de Cultura Económica intitulados: Los obstáculos al desarrollo económico y Teoría y práctica del desarrollo, los cuales siguen siendo objeto de consulta por parte de alumnos y profesores de la Facultad de Economía.
En abril de 1986, Flores de la Peña ingresó a la Academia Mexicana de Economía Política y el 10 de febrero de 1999 presentó su disertación bajo el título de Las crisis de México, mediante la cual ocupó el Sitial 38 en esa Academia.
Por tratarse de un trabajo muy importante debido al análisis profundo del comportamiento de la economía, y en general de la sociedad mexicana, la cual conocía a detalle el licenciado Horacio Flores de la Peña, me permito reproducir, a continuación, algunos fragmentos seleccionados de esa disertación:

Introducción
“Cuando una economía entra en una depresión prolongada y aguda, como es nuestro caso, se deterioran todas las relaciones de la sociedad, se degrada la economía, la política y, lo más grave, las relaciones sociales. Los problemas estructurales se agravan y la dualidad que afecta todas las estructuras de nuestra sociedad se va haciendo más profunda, por un lado los empresarios, cada vez acaparan más ingreso, pero como en economía nada se pierde, lo que ellos ganan lo pierden los trabajadores y las clases medias que entran a un proceso agudo de proletarización, esto crea pánico, porque las clases medias y aún los intelectuales, son más capaces de hacer cualquier cosa por los trabajadores, menos vivir como ellos.
“Con esta crisis el crecimiento de la economía se retrae, causa desempleo en todos los sectores y bajan, consecuentemente, los salarios reales, porque la inflación, cuando sólo se le ataca del lado de la demanda, crea más inflación y más desempleo entrando en un círculo perverso del que se puede salir rápido, cuando se cuenta con una política adecuada, como ocurrió durante la gran depresión, tanto en los Estados Unidos (E.U.) con Roosevelt e Inglaterra bajo la influencia de Kenes; desgraciadamente la diferencia intelectual de estos dos personajes y los doctores que nos gobiernan se mide en años luz.
“El efecto social de este modelo es devastador porque conduce al estancamiento y al desempleo y esta situación crea pánico en la sociedad, un pánico difuso donde no hay un enemigo explícito y como es humano todos quieren defender lo que se tiene. Esto hace que la gente hable de la crisis, y critique la política gubernamental, pero en voz baja, muy baja, y sin proyecto alternativo. Hasta los intelectuales hablan con un lenguaje raro, que muchas veces pretende ocultar lo que quieren decir o, en todo caso, quieren dejarse las puertas abiertas para que, llegado el caso de defenderse, replicar que no quisieron decir lo que dijeron o que los mal interpretaron. Cada vez parece más evidente que con la crisis se impuso un toque de queda sobre la libertad del pensamiento, y el uso de la imaginación y la inteligencia.
“Sin darnos cuenta todos caemos en una conspiración del silencio ante la realidad. Hay temor a llamar a las cosas por su nombre e identificar plenamente a los culpables de nuestra situación. Sin embargo, para enfrentar la crisis es necesario empezar por reconocer su existencia y, para ello, debemos convertirnos en exiliados de la ortodoxia política y en marginales de los convencionalismos. Sólo así podemos ver y decir la verdad.
“La gente joven, que nació después de 1970, ha vivido bajo la sombra de la crisis y la austeridad y ha pagado un precio muy alto por las políticas erróneas. Para ellos es una sola crisis, que se agrava a partir de 1982, y que los hace vivir en una situación permanente de angustia y desesperación, sin esperanza en el futuro porque éste se lo robaron los gobiernos neoliberales, al mismo tiempo que destruían su presente. Por eso para los jóvenes de hoy resulta que su pasado se parece a su futuro, pero al revés, porque para los neoliberales, en términos de expectativas económicas y políticas, los jóvenes de hoy nacieron muertos.
“El desempleo y la inseguridad económica y política, han logrado crear ese medio difuso que afecta a casi toda la sociedad. No es un medio específico del cual uno puede defenderse o huir. Ese terror difuso termina por desbaratar al individuo. Por ello debemos hacer un esfuerzo para que desaparezca el miedo anquilosado a la acción política; y para que desaparezca también el miedo a ejercer la política porque es el único camino que nos puede ofrecer algo positivo para el futuro y lograr, que para México, el principio del Siglo XXI no sea tan miserable como el final del Siglo XX.

La crisis económica
“Como casi siempre sucede con una crisis económica tan larga y tan profunda, como la de los últimos 15 años, se degrada también toda la estructura de la sociedad, cayendo el país en una regresión total que urge detener para volver al crecimiento con justicia social y no poner en peligro nuestra existencia como Nación independiente e impedir que la juventud sea la víctima de esta política y a la que, sin embargo, se le achacan todos los males de nuestra sociedad en un acto de piratería social que no tiene nombre. Los jóvenes nunca son culpables de lo que hacen los viejos.
“México siempre ha sufrido altibajos en su crecimiento, y no es de extrañar, así es la sociedad capitalista por su tendencia permanente a concentrar el ingreso. Las fuerzas del mercado solo momentáneamente pueden equilibrar las utilidades con la inversión bruta. Este proceso de crisis se inicio en 1982, cuando el Banco de México se transformó en gobierno. Somos un país tan singular, que los golpes de Estado no los dan los militares sino el Banco Central.
“En 1982 el error del gobierno fue doble: 1° quiso cambiar el modelo existente sin tener uno de recambio y, 2° abrazó el neoliberalismo sin saber realmente lo que era. Su falta de experiencia y su ineptitud técnica les hizo pensar que podía ir sustituyendo un programa de crecimiento, que había sido útil por más de cuarenta años para crecer más y repartir mejor, por programas mal armados con técnicas improvisadas, sin metas precisas y claras que fueran más allá del equilibrismo macroeconómico a corto plazo, que es lo que habían aprendido en los sótanos del pensamiento económico del Banco de México.
“Pero cuando conocieron bien el neoliberalismo, les gustó más por su mentalidad de empleados de los empresarios, ya que el modelo es elitista y concentrador del ingreso y con él podrían obtener un premio internacional de buena conducta financiera” (…)
“La gran simplicidad de este modelo era su principal atractivo, era accesible a cualquier estudiante, independientemente de su nivel de inteligencia. Fue como el monetarismo, su antecedente teórico, que se basaba en una ecuación simple donde nunca se conocía el valor de las incógnitas. Si no se tomaba en cuenta este “pequeño” inconveniente, funcionaba perfectamente bien. En el neoliberalismo si no importan la concentración del ingreso y el desempleo, también funciona, más o menos bien. Claro que la meta básica de toda política económica consiste en crecer más y distribuir mejor, y así no se cumple con ella.
“La macroeconomía suponía que dejando funcionar los mercados, controlando el gasto público para mantenerlo cerca del punto de equilibrio, e igual se hacía con la balanza comercial, y manejando la tasa de interés y la cantidad de dinero en circulación, se lograrían sus dos pag79-203objetivos básicos: controlar la inflación y mantener el tipo de cambio estable; cuando esta situación se alcanzaba y se sostenía, decían ellos: el desarrollo, la ocupación y la mejoría en la distribución del ingreso se daría sola. ¡Así de fácil!
“En economía, desde luego, no es suficiente saber cuanto crece el Producto Interno Bruto (PIB) de un año a otro, este es un simple coeficiente. Lo importante es conocer cómo se comportan los componentes del PIB para determinar ese crecimiento y, lo mismo ocurre con todas las cifras del equilibrio global. Los componentes son los que son importantes, es decir, la micro y no sólo la macro, de lo contrario nunca sabrán porque se mueve esto.” (…)
“Esto permitiría acercarse más al verdadero funcionamiento de la economía junto al estudio de las funciones, producción y consumo. La ciencia económica no es fácil, por eso no puede conocerse con el manejo de tres o cuatro coeficientes elementales. Además no puede ignorarse que la economía, en tanto ciencia social, está formada por decisiones individuales por eso tiene un alto grado de subjetividad y no es fácil prever el futuro, y menos cuando se ignora el presente.
“Como ya dijimos para los neoliberales los instrumentos para lograr el equilibrio, son: 1) eliminar el déficit presupuestal, 2) limitar la expansión monetaria y crediticia, 3) mantener el tipo de cambio, 4) congelar o disminuir el nivel de los salarios reales y 5) sostener una apertura creciente hacia el exterior.
“Este modelo es básicamente estéril porque en él no hay crecimiento posible ni estabilidad de ningún género incluso al nivel cero de crecimiento. Controlar la inflación, a cualquier precio, es una tontería porque siempre puede haber un intercambio entre inflación y desempleo, porque al llegar a un punto dado en la curva de precios, cada disminución adicional de estos tiene un costo creciente en el desempleo, en ingresos reales, en demanda efectiva y en inversión productiva privada y obviamente en el nivel de las utilidades.
“Para crecer mejor en una economía de mercado, se necesita una política económica que conjugue estabilidad con crecimiento. No es el uso alternativo de una y otra sino el uso inteligente de las dos para alcanzar las metas que se hayan fijado y esta política no la pueden fijar las fuerzas del mercado, es independiente de ellas”. (…)
“Tampoco podemos volver a una economía cerrada con una producción interna altamente protegida: Abrirse al exterior es bueno, siempre y cuando no se haga de un día para otro porque ello significa la eutanasia de la industria interna en la misma forma que la sobre protección mata el crecimiento del mercado interno por deficiencias de la demanda, la protección tampoco se puede abandonar totalmente y en un periodo breve, siempre hay que buscar la forma de defender la producción interna para evitar el desequilibrio externo. Ahora, sólo las variaciones del tipo de cambio impiden la desaparición de la producción interna”: (…)
“La experiencia ha demostrado dos cosas: 1° la economía de mercado es un buen método para asignar recursos al proceso productivo, 2° no garantiza el crecimiento de la economía y del empleo y, en consecuencia, tampoco se asegura una mejor distribución del ingreso para que aumente el consumo, y la inversión se vuelva redituable para los empresarios privados.
“En esta discusión, los empresarios se limitan a pedir menos Estado e impuestos, privatización de las empresas públicas, la libertad de mercado y el desmantelamiento de la solidaridad social, que es lo que da coherencia a un país y evita el enfrentamiento social. Pero no se puede esperar mucho de los empresarios. Creen que el interés individual y el colectivo son idénticos. Esto constituye el credo de la economía neoliberal y equivale a la ley de la selva.
“Sin el apoyo estatal la clase media se proletariza y los trabajadores caen en una miseria creciente y un desamparo total frente al desempleo, la enfermedad y la miseria misma y así, lenta, pero inexorablemente se van cerrando los canales de la capilaridad social y se van abriendo los del terrorismo, la inseguridad y el enfrentamiento social abierto, único escape para quienes viven permanentemente marginados por un gobierno incapaz y una sociedad empresarial irresponsable, que no se da cuenta que esta política, inexorablemente conduce a la violencia”. (…)
“Para salir de la crisis se necesitará un mayor nivel de gasto público y de crédito a la producción y aún al comercio, sólo así se pueden ir rompiendo las rigideces del sistema productivo y que éste pueda responder con mayor producción al crecimiento de la demanda efectiva y de las exportaciones. Si estas rigideces en la oferta no se rompen, mantener sólo la estabilidad por el lado de la demanda es jugársela al estancamiento secular, es decir al crecimiento cero (…) Que estos gastos sean deficitarios o no, dependerá de su monto. Un país puede tener un déficit igual al aumento de la producción neta, sin problemas, pero de todos modos hay que mantenerlo dentro de los límites del equilibrio global, así se recuperaría el objetivo básico de la economía, que se alcanzará si el nuevo gasto no conduce a:
“1) Que el consumo sea mayor que la producción,
“2) A importar más de lo que se exporta,
“3) Perder el equilibrio entre inversión bruta y utilidades, y
“4) No ser exportador neto de capitales”. (…)
“El éxito de cualquier modelo de crecimiento dependerá en gran medida de la política social, sobre todo de la que se siga en los aspectos básicos de educación y salud. El crecimiento del ingreso depende tanto del aumento de la inversión como de la educación misma. Sin ésta no puede aprovecharse en su totalidad el potencial de crecimiento implícito en la inversión y en el adelanto tecnológico. Dice un proverbio chino que para caminar rápido hay que apoyarse en ambas piernas, lo mismo pasa con el crecimiento, necesita la inversión y la educación, pero al mismo tiempo, no uno primero y el otro después. Los beneficios de la política de salud son obvios”. (…)

La crisis social
“La crisis social se inicia en 1982 (…) es la crisis más grave después de la revolución, un producto de la profunda crisis económica y política, pero por su seriedad merece analizarse con mucho cuidado, porque estamos a punto de convertirnos en una sociedad enferma.
“De lo que pasa en México todos somos culpables, pero parafraseando a Orwell, diría que unos más que otros. Todos llevamos culpa por acción o por indiferencia, pero los mayores culpables son los que ejercieron el poder en estos 15 años porque abusaron de la política y de la economía en beneficio propio y en contra de los intereses del país”. (…)
“En 1982, el gobierno renuncia a las metas de la Revolución Mexicana, que no eran pobres, y mantuvieron la paz y el crecimiento. En su lugar establecieron un pragmatismo brutal que equivale a elevar a nivel de doctrina social el oportunismo puro y simple. Se inicia así esta crisis donde se ha roto el andamiaje institucional que nos había permitido vivir en paz desde 1940, con una economía en crecimiento, y una justicia social que avanzaba, aunque no fuera con la rapidez deseada, pero lo importante era que no retrocedía como ahora.
“En este final de siglo, el gobierno mexicano, con extrema torpeza, implanta un modelo que pag80-203produce, por lado desempleo y, por el otro, un trabajo mal pagado, y permite que la avaricia domine la actividad económica, destruyendo así el tejido social que nos había permitido vivir en paz. Los “populistas” nos dieron 40 años de paz y de crecimiento superior al 6% anual. Con oportunidades crecientes”. (…)
“El modelo neoliberal, en sus diversas variantes, cada día toma más el cuerpo de un programa contra los pobres, no contra la pobreza sino contra los pobres y también contra los jóvenes; sus políticas para reducir empleo y el salario real promedio propician la concentración del ingreso. En general, el desempleo de los jóvenes es de dos a tres veces el desempleo medio. Si en México tenemos un desempleo igual al de España, alrededor del 20% de la fuerza de trabajo total, el desempleo de los jóvenes debe ser, por lo menos, de 40% de su total” (…)
“El gobierno desde 1982 predica la modernización de la economía y de la política, pero no de las relaciones sociales. Busca caminos sin afectar privilegios, quiere, como en el gato pardo, cambios para que nada cambie y esto, en economía es imposible. Por eso se sacrifica a la parte más numerosa y débil de la sociedad en beneficio de un puñado de políticos y empresarios”. (…)
“Los viejos tienen enfrente el terror de cómo sobrevivir en un mercado de trabajo, donde ser viejo es tener 40 años y 35 la mujer. Aún los que tuvimos éxito sufrimos una derrota moral muy grande en la vejez, al ver que nuestros hijos nunca podrá alcanzar el nivel de vida que teníamos a los cuarenta años y, si lo tienen, es porque nosotros se los damos, ya que no lo pueden comprar con su salario.
“A nosotros, la hostilidad del medio físico nos enseñó a sobrevivir en condiciones sumamente adversas, cuando para otros seres más privilegiados, de otras latitudes, la posibilidad de vida termina para nosotros comienza la existencia. Estamos acostumbrados a resistir, pero no para siempre, porque el hambre y el desempleo pueden despertar al México bronco que ningún burócrata sería capaz de controlar y la violencia generalizada acabaría con el país que hemos formado con tanto sacrificio.
“Como nos ha costado mucho formar este país, hemos aprendido a quererlo y no permitir que una élite de mediocres lo destruyan. Es el único lugar en donde cobramos conciencia plena de que somos seres humanos. Fuera de México, nuestros valores desaparecen y la personalidad se extingue, nos perdemos en la nada en un medio extraño, y como nos formamos en la adversidad, nos oponemos a todo cambio que signifique destruir nuestras raíces, ellas nos dan nuestra identidad”. (…)
“La crisis permanente que se inició en 1982 produjo una miseria cada vez generalizada, la degradación total de la sociedad y se entró a un abierto proceso de subdesarrollo que condenó a la población a vivir sólo en el presente, suspendidos en el vacío de la incertidumbre y en el cuestionamiento generalizado de una instituciones que son ineptas, mentirosas y corruptas y, a gobernantes que han renunciado al uso del conocimiento del pasado y a la responsabilidad que implica doblegarse ante modelos que no funcionan y ante gobiernos extranjeros que los desprecian porque, al final de cuentas, no garantizan nada con una política interior alejada de la realidad y vacilante, y una política exterior que sólo sabe decir amén a las invocaciones de Washington. Cada día es más evidente que nuestros tecnócratas quizá sí posean las técnicas más avanzadas pero también que las aplican a las peores causas.

La crisis política
“Tenemos que hacerle frente a la crisis política fortaleciendo el proceso democrático con los partidos organizados existentes. No hay otra salida. En teoría tenemos un partido de derecha, el PAN; otro de centro-derecha, el PRI y otro de centro-izquierda representado por el PRD. Los partidos pequeños aún no tienen peso político, ni metas sensatas, pero hay que estimularlos para que sigan creciendo, pero nunca serán alternativas de poder.
“Esto no garantiza un proceso democrático continuo y moderno porque el comportamiento de los partidos es muy distante en su contenido programático. El PRI es aún el partido mayoritario, a pesar de que en estos últimos años perdió la etiqueta de revolucionario y se quedó sólo con la institucionalidad. De ser el partido de centro entró en una dura competencia con el PAN por las bases ideológicas de derecha, a tal grado que uno y otro se confunden. Por eso mismo establecen entendimientos políticos con tanta frecuencia y facilidad, ¡claro! al precio de una gran corrupción porque eso ocurre cuando uno compra y otro se vende”. (…)
Y, sin embargo, este partido de centro hace falta en la política nacional, pero no como aliado y subordinado ideológicamente al PAN y a los empresarios, sino vigilando el respeto a las metas que siempre tuvo y que hoy le permitirían revivir y no ser un caso terminal de enfermedad política. Es necesario que vuelva a su función política y salga de la vida vegetativa que se ha impuesto o le ha impuesto el presidente de la República, que hoy es su principal enemigo pero de quien depende. Debemos esperar que dentro del mismo surjan las fuerzas reformadoras para tomar el lugar que le corresponde en la vida política del país.
“Del PAN es difícil decir algo positivo o tener alguna esperanza en él. Representa a la derecha más conservadora de la sociedad. Esa que siempre defiende con ardor los privilegios de los menos y la diferencia de clases. Su pensamiento huele a polilla y sacristía. Cosío Villegas afirma que “[…] con la derecha en el poder se exhibiría denuda la mano velluda y macilenta de la iglesia, con toda su codicia de poder y de dinero, y con su incurable oscurantismo para ver los problemas del país”.
“En esta labor contaría con el apoyo de los ricos, ostentosos e ignorantes de los verdaderos intereses nacionales. Agrega Cosío en su ensayo, que la derecha mexicana, como la de todo el mundo, no tiene una mano cordial y generosa para el pueblo y no ofrece nada que sea nuevo o mejor de lo que ya tenemos” (…)
“Tanto el PRI como el PAN por su corrupción interna enfrentan el peligro de que cada día los penetre más el narcotráfico. Al PRI ya le pasó en las campañas electorales de 1994 y le volverá a pasar en el 2000, si no saca un candidato popular. Así se retomará el camino que abandonó, no se encontrará en el 2000 con un candidato extraño impuesto y financiado por el narcotráfico. El PAN ya sufrió lo mismo en cuatro de los seis estados que gobierna. En ellos se ha enseñoreado el narcotráfico como una fuerza delictiva que no han podido enfrentar, y la impunidad y el crimen han tomado niveles jamás vistos en México.
“El PRD tiene los defectos de toda organización política nueva, está lleno de grupos con puntos de vista e ideas políticas discrepantes, más en la forma que en el fondo. Hay un protagonismo exagerado y una disciplina política que cuesta trabajo imponer y hacer respetar. Muchos de sus líderes siguen siendo grillos estudiantiles, envejecidos y nostálgicos de un pasado que los marginó.
“Al PRD todavía le falta arraigar en todos los rincones del país. Deberá esforzarse en aumentar su presencia, que será indispensable para la lucha electoral que se avecina y donde tendrá en contra los recursos del gran capital, la influencia de la iglesia y del narcotráfico. Le hacen falta líderes que puedan movilizar una campaña a nivel estatal, cuando los tenga, superará la crítica de que sólo triunfa cuando el PRI le presta candidatos.
“Pero un partido necesita presentar, cuanto antes, un programa coherente de gobierno para sustituir al neoliberalismo, contra éste hay mucha retórica y pocas alternativas viables. No hay un programa que pueda movilizar a los votantes. Los que han presentado hasta ahora son esbozos de programa, hechos más bien para satisfacer a sus distintas capillas y, por eso, dan la impresión de un rompecabezas mal armado”. (…)
“México en su historia enfrentó a cuatro grandes crisis políticas, la primera nos hizo un país independiente, la segunda fue la Reforma que nos dio perfil de país, la tercera la Revolución, que hizo un México más nuestro y más justo. La cuarta gran crisis política la superó el gran presidente revolucionario Lázaro Cárdenas, quien reivindicó los principios de la Revolución e hizo el México moderno con una transformación tan profunda como pocas veces se había visto en nuestra historia. Ahora nos hace falta resolver otra crisis política de la misma magnitud para que los programas de gobierno sirvan al pueblo y dejen de ser su principal enemigo.
“El enemigo del pueblo es un gobierno que ya no crea empleos, los elimina, no garantiza el crecimiento, ya no distribuye el ingreso sino que lo concentra. En resumen, este gobierno ya no le sirve a México, le estorba, y está en nuestras manos que no lo siga haciendo. De lo contrario, nos condenamos a una larga noche de sacrificios populares y de intolerancia gubernamental cada vez más severa, de la que solos nunca saldremos. Para ello hay que luchar, como ya lo hemos hecho antes. Al pueblo y a la juventud no se les puede ofrecer la derrota como destino”
Hasta aquí el testimonio honesto y valiente que nos legara el Maestro Horacio Flores de la Peña.

“Cabe recordar que esta Disertación de Horacio Flores de la Peña se presentó en febrero de 1999.

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