Una mirada a la Exposición “El Antiguo Testamento y el Arte Novohispano”

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– La Exposición, montada por la Dra. Marcela Corvera Poiré propone mostrar un tema no muy apreciado ni conocido por el público general, y ese es precisamente el del arte y la Biblia dentro de un contexto novohispano.

– Es una oportunidad para apreciar no sólo la cuestión estética o de lo artístico, sino para comprender su relación con lo bíblico y su función social.

– Las más de cincuenta obras exhibidas en el museo denotan un muy enriquecido bagaje del legado novohispano.

 

 La exposición El Antiguo Testamento y el Arte Novohispano, en el Museo Nacional de San Carlos, ha sido un tema novedoso. La razón es que la exposición propone mostrar un tema no muy apreciado ni conocido por el público general, y ese es precisamente el del arte y la Biblia dentro de un contexto novohispano.

Poco es lo que se conoce de ese pasado y esta exposición es una oportunidad para apreciar no sólo la cuestión estética o de lo artístico, sino para comprender su relación con lo bíblico y su función social.

Para acercarse al pasado novohispano de los siglos XVI al XVIII, primeramente hay que entender que el hombre estaba inmerso en un espacio de lo imaginario, visto como real. Esa visión de lo real poseía una estrecha relación fundamentalmente con los discursos de la cultura grecolatina y con la autoridad Bíblica, que posibilitaban la explicación del mundo. Estos discursos se concebían como autoridades últimas, pues se consideraba que los enunciados no eran independientes de lo real, sino que eran lo real. Así, la percepción se determinaba por los libros, los textos y el arte; una especie de mediadores entre el sujeto y la realidad.

Gobelino procedente de Filipinas sobre el Diluvio Universal; escuchan con atención nuestros directivos, la Profesora Margarita Romero Luelmo; Lic. Mauro Jiménez Lazcano y María José Jiménez Guzmán, las explicaciones de la Dra. Marcela Corvera Poiré.
Foto Óscar Jaime Molina / Macroeconomía.

Si bien, no se puede dejar de lado que ese modelo venía de un proceso de larga duración desde la Edad Media. Traía consigo dos ejes fundamentales que consisten en la historia (o letra) y el espiritual (alegórico y místico), que permitían alcanzar el conocimiento verdadero. Por un lado, se observa una historia, el conjunto de hechos reportados en la Escritura, que ordena una primera inteligencia. Sin embargo, la historia no sólo se reduce a la letra, ya que supone indudablemente un sentido místico. De esa manera, la historia se expresaba como “maestra de vida”, haciendo referencia a algo que estaba más allá del mero hecho histórico.

Recordemos que con la Conquista y la hispanización del México prehispánico, comenzó una nueva historia: una historia salvífica. Desde un principio, la misión de los españoles, guiados por la Divina Providencia, consistía en llevar el Evangelio y el reinado de Dios a los lugares que lo desconocían y liberar a los incrédulos del poder demoniaco. Con una visión escatológica, desde ese entonces se puede observar el uso del discurso bíblico en el modus operandi novohispano.

En cuanto al arte, actualmente nuestra perspectiva es meramente estética, es decir, apreciamos el cuadro y su contenido como objeto de estudio y de memoria artística. Durante la etapa virreinal, el arte tenía un objetivo distinto: representar. Es importante señalar que las representaciones pictóricas de esos siglos tienen un sello anacrónico –lo que resulta incongruente respecto a la época en la que se presenta, pues se trata de elementos que por su condición son propios de un tiempo diferente-, pues el pintor partía de su propio lugar de enunciación, de sus ideas y de su contexto socio-cultural. Asimismo, la función del arte y de otros textos eran imprescindibles porque sustituían a la Biblia. Esto significa que como la lectura de la Biblia se limitaba al clero, el público aprendía con la formación del arte y de la tradición. Así, se pueden apreciar un sinnúmero de obras artísticas que presentan las historias bíblicas.

El Arte Barroco es el que se constituye como el más específico de Iberoamérica, en todas sus manifestaciones formales, estéticas y de expresión de un sentido característico. Desde el siglo XVII, la pintura virreinal alcanzó el máximo de calidad, que se caracterizó por múltiples facetas que le otorgan personalidad propia y muy diferenciada. Dentro de este contexto, las obras que reflejan escenas e historias del Antiguo Testamento, partieron de una traza que tenía una función social. Es decir, la escena y la pintura representaban una historia que sucedió pero que también tenían un sentido alegórico, que fue una lectura para enseñar y formar cristianos. Las historias del Antiguo Testamento fueron pieza clave para el devenir de esa historia salvífica: la consolidación del cristianismo.

Las más de cincuenta obras exhibidas en el museo denotan un muy enriquecido bagaje del legado novohispano. Si la lectura que tenemos de esas obras se concentra hacia la comprensión de un modus vivendi que concebía otras realidades, entonces desarrollaremos una conciencia histórica que nos permitirá significar otros tiempos históricos y prácticas que devinieron hasta el tiempo presente. Podremos encontrar continuidades, coyunturas o rupturas.

Pinturas al óleo de los grandes personajes del Antiguo Testamento presiden la exposición del “Antiguo Testamento y el Arte Novohispano”; en la foto, de i. a d., nuestro director General Lic. Mauro Jiménez Lazcano; la Profesora Margarita Romero Luelmo de Jiménez, nuestra Subdirectora; la Dra. Marcela Corvera Poiré, organizadora y curadora de la exposición; la Historiadora y Escritora María José Jiménez Guzmán y la licda. Balnca Aguilar.
Foto Óscar Jaime Molina / Macroeconomía.

Por María José Jiménez Guzmán,

Historiadora por la Universidad Iberoamericana

mariajimg@hotmail.com




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