Trump vs. el mundo

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“Toda la tierra, iracundo, tengo postrada ante mí.

 ¿Y eres el dueño del mundo, no siendo dueño de ti?”.

 Ramón de Campoamor, del poema Las dos grandezas.

 

 

Donald TRUMP cumple un año en el poder. Su administración ha sido de discordia y confrontación hacia el interior de los EE.UU. y hacia el exterior, incluyendo a sus aliados. Revisemos que ha pasado en este periplo sinuoso y peligroso forjado en estos doce meses. Donald Trump tiene un año en el cargo, pero parece que nunca ha abandonado la campaña electoral, convirtiendo cada oportunidad en una nueva reiteración de su retórica de campaña. La diferencia es que ahora todo lo que afirma y hace, lo realiza desde la representación ejecutiva del gobierno estadounidense que el representa y que sus “órdenes ejecutivas” realmente tienen repercusiones legales y políticas. Las consecuencias, de lo que ha hablado y hecho Donald Trump, han generado confrontaciones entre sus connacionales y con otros países. La confrontación con México y  Canadá, el deterioro de las  relaciones con Cuba, la salida de  EE.UU. del  Acuerdo de París sobre el cambio climático, de la UNESCO, del acuerdo  comercial denominado TPP,  del Acuerdo  sobre la desnuclearización de  Irán, del Pacto mundial de la ONU sobre migración y el anuncio del cambio de  la embajada  de  EE.UU. de  Tel Aviv a Jerusalén, entre otras cuestiones, más temprano que tarde tendrán consecuencias económicas, políticas, sociales y jurídicas mismas que mostrarán sus desaciertos. Salvo la reforma fiscal, el apoyo de la Suprema  Corte  para no otorgar visa  a nacionales de  siete países y el apoyo limitado a la construcción del muro con la frontera con México, los logros de  Trump  han sido pírricos. Pues además, el Congreso no ha revocado el programa de salud conocido como “Obamacare”.

Sin duda, lo anterior refleja el hecho que estamos viviendo una nueva configuración del poder internacional. Ésta no es más que un nuevo período mundial con cambios dramáticos en las concepciones geopolíticas y geoeconómicas en la búsqueda de un nuevo ajuste del equilibrio de poderes militares-político-económicos, de coordinación, cooperación o confrontación entre las grandes potencias del orbe. Si bien EE.UU, Alemania, Rusia, Unión Europea, Reino Unido, Japón, Francia y China han jugado un papel clave en la nueva configuración del poder mundial. Hoy en día, la única mujer líder en el mundo es Angela Merkel. Ésta le ha señalado a su contraparte estadounidense que los problemas de Europa son de Europa y las cuestiones relativas a ese continente los resuelven los europeos. Le está poniendo a Trump, desde el principio, un dique a sus dimes y diretes.

El mundo se encuentra viviendo una crisis global con grandes convulsiones y los conflictos se han multiplicado de manera alarmante. Se ha avanzado en declaraciones y acuerdos internacionales para detener el problema grave del medio ambiente mundial pero persiste como tal y se ha agravado. Ha surgido una Guerra Geoeconómica en la lucha por la conquista de los mercados, abundan las guerras cibernéticas y las guerras del agua están por aflorar. Han resurgido los nacionalismos a ultranza que amenazan las estabilidades regionales, en particular al modelo de unidad denominado Unión Europea y se ha dado el Brexit. La recesión de la economía mundial ha reaparecido como un gran fantasma, la polarización creciente entre el Norte rico y el Sur pobre persiste y la desigualdad aumenta. La carrera armamentista sigue creciendo en particular en el noreste asiático. Asimismo, el problema del narcotráfico y del terrorismo internacional no han disminuido como se esperaba. La reflexión es clara, seguimos viviendo tiempos difíciles, pero lo que es peor aún, es que no hay líderes mundiales a la altura y envergadura para resolver o proponer soluciones globales, reales y estables a todos esos problemas.

Más vale que Donand Trump reflexione sobre lo que escribió en su libro “El Arte de la negociación”, donde señala que: “Me gusta armar líos y poner a prueba a la gente”. La política internacional ya tiene muchos líos y problemas, más le vale pensar en qué opciones hay para evitar líos y dar soluciones a los problemas mundiales y no crearlos innecesariamente. En este contexto tenemos que entender las sabias ideas de  Albert  Einstein cuando dijera: “El mundo es un lugar peligroso, no por las personas que hacen el mal, sino por aquellas que no hacen nada por evitarlo”. Por ello el resto del mundo tiene que darse a respetar  frente a un EE.UU.  plagado de discordia.

 

MEXICO –EE.UU.

No existe en el mundo otra relación bilateral como la que se da entre México y EE.UU., en la cual dos naciones sea tan vital para la prosperidad, bienestar y seguridad una de la otra. Cada parte es interdependiente la una de la otra. Por ello, para entender esta relación tenemos que visualizar lo que está pasando en el mundo en su totalidad.

Frente a la era Trump, México tiene elementos sólidos para negociar y coordinarse con EE.UU. y no confundir negociación con subordinación. En Estados Unidos viven 35.5 millones de personas de origen mexicano. Once millones son mexicanos de primera generación, el resto son de segunda o tercera generación. En conjunto generan el 8 % del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense. Esta minoría representa alrededor del 10 % de la población total del EE.UU. Una de cada tres de esas personas de origen mexicano son jóvenes. Los inmigrantes mexicanos son propietarios de más de 570, 000 empresas, una de cada 25 en los EE.UU. Esto es, uno de cada 10 mexicanos que viven en EE.UU. son propietarios de sus propias empresas, que entre 1990 y 2016, generaron ganancias por más 20 mil millones de dólares.

Más de 6 millones de empleos en EE.UU. dependen de la relación comercial con México. Cuarenta centavos de cada dólar gastado en productos mexicanos apoyan empleos en EE.UU. Las exportaciones de EE.UU. a México son mayores que sus exportaciones a China y Japón juntas. La inversión de México en EE.UU. suma un total de 17.6 mil millones de dólares y ha crecido más de 35 % en los últimos 5 años. La red de 12 tratados de Libre Comercio de México, con 46 países, significa que las compañías estadounidenses que manufacturan en México tienen acceso libre de aranceles al 60 % del mercado mundial. El comercio bilateral anual entre México y EE.UU. representa 531 mil millones de USD. México exporta a EE.UU. 2.7 veces más que Brasil, Rusia, India y Sudáfrica juntos. Desde 1994 al 2016 el comercio bilateral ha aumentado casi 500%. Todo lo anterior representa que cada minuto se comercia un millón de USD., debido a esa profunda relación bilateral. Es decir, la comunidad mexicana en EE.UU. contribuye diariamente al crecimiento económico y el desarrollo social de EE.UU. Además, a través de la frontera compartida, un millón de personas y cerca de 370 mil vehículos cruzan legalmente todos los días.

En ese tenor, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en proceso de renegociación es clave para entender al nuevo EE.UU. Trump y sus asesores deberían de pensar más a fondo sobre esa política regresionista y aislacionista, pues es altamente probable que el mercado mexicano y estadounidense presentarían una contracción importante con impacto regional y mundial si EE.UU. llegara a retirarse del mismo.  México es el segundo mercado más importante de las exportaciones estadounidenses y el tercer socio comercial de Estados Unidos. Esta es la relación bilateral colindante más importante a nivel global, pues el comercio de México con Estados Unidos en un solo día se equipará a todo el comercio de América Latina por un año. Dicha acción afectaría la economía, las inversiones y el desarrollo de ambos países. Los sectores que tendrían un mayor impacto ante la salida de Estados Unidos del TLCAN serían el agropecuario y el automotriz, además del energético, manufacturero, aeroespacial y farmacéutico. Los estados estadounidenses más afectados serían Arizona, California, Luisiana, Nuevo México, Pennsylvania, Wisconsin y Texas, por el nivel de comercio que tienen con México.

Donald Trump, plausiblente terminará de construir, entre la frontera de México y E.E.UU., un muro de más 3,400 kms. de longitud con un costo de más de 10,000 millones de dólares para evitar la entrada de inmigrantes mexicanos y de otras nacionalidades. No nos asustemos, con muros y sin muros, la relación continuará por su interdependencia histórica.

 

CHINA

Ante las recientes declaraciones del nuevo presidente de Estados Unidos de establecer su embajada en Jerusalén, anteriormente el presidente de China, Xi Jinping, ya había apelado  al mundo a que se estableciera  la capital Palestina en el este de Jerusalén. China si sabe jugar el ajedrez internacional para enfrentar a Estados Unidos. China como segunda potencia económica mundial está percibiendo una gran oportunidad para ocupar el vacío de poder que estaría dejando Estados Unidos en varias partes del mundo con su nueva política “recesionista y aislacionista” de supuesta autarquía, de anti libre comercio y antiglobalización inherente al mismo sistema capitalista mundial de hoy en día. Es un momento histórico muy interesante en virtud de que la estrategia de China, ratificada con esos planteamientos y anunciada en Davos, Suiza en enero del 2017, de asumir su papel a favor del libre comercio y de la globalización como “potencia responsable” no es otra cosa más que actuar desde la posición política y económica que tiene como segunda potencia económica. Lo anterior significa que asume bien su papel y ocupa las grietas del poder que ha ido dejando y está por  dejar Estados Unidos. China desafía de entrada al gobierno de  Trump.

Esto es Realpolitik tomada con decisión y determinación para enfrentar a los populistas nacionalistas trasnochados. El presidente chino sí está sabiendo manejar sus piezas del ajedrez internacional. No le va a dejar pasar a Trump ninguna oportunidad. Es una política de “tit for tat” muy al estilo del arte de la guerra chino. China actúa y actuará con golpes contundentes: a cada acción corresponde una reacción. Esta es y será la política de China frente al Estados Unidos de  Trump.

Hoy en día es fundamental entender la relevancia de las relaciones económicas y comerciales entre China y EE.UU. para ambos  países e incluso para la paz y el desarrollo del mundo. En 2016, el intercambio de productos entre ambas naciones ascendió a 648,200 millones de dólares. Sólo 169,300 millones corresponden a las exportaciones estadounidenses a China. En tanto 478,900 millones corresponden a las importaciones de EE.UU  de China. Si tomamos el periodo de 2000 a 2016, el incremento de las importaciones de China por parte de EE.UU fue de 362 por ciento, China salió beneficiada ya que es el mayor proveedor de bienes manufacturados a ese país. Lo que es un hecho es  que “la economía global también le ha traído a Estados Unidos un tremendo superávit de inversión y el intercambio comercial con China consecuentemente refleja un mayor consumo por parte de Estados Unidos, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) per capita es siete veces superior al de China”. Estados Unidos tuvo un PIB de 18,561 billones de dólares en 2016, en tanto que China su PIB fue de 11,391 billones de dólares según el Fondo Monetario Internacional.

Así mismo, China ante la  salida  de  EE.UU. del Trans Pacific Partnership (TPP) involucró a siete de  sus miembros (Malasia, Singapur, Brunei, Vietnam, Japón, Australia, y Nueva Zelanda) en la negociación de un Acuerdo Comercial Asiático (ACA o RCEP) y en el que las economías más grandes de la región también están presentes (China, Japón, Corea del  Sur e India); México, Chile y Perú socios de la Alianza del Pacífico, tres de las economías más  abiertas de América Latina e integrantes del TPP, ya fueron invitadas a tener un acercamiento. Esto significa que China tiene estrategia y no se deja amilanar con los caprichos de  Trump.

China ha resurgido no solamente en sus aspectos económicos sino con gran poderío militar e influencia política. Consecuentemente, China está actualizando, reajustando y reequilibrando sus intereses geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos a la nueva arquitectura mundial y a su nuevo carácter de líder global. Y así, avanzar al rango de primera potencia económica en el corto plazo, y política y militarmente en el mediano o largo plazo; hecho que EE.UU. está tratando de limitar hasta ahora sin éxito.

EE.UU., China y los países del Noreste asiático tienen la capacidad y los medios para proteger la paz y la estabilidad en la región y debieran seguir teniendo la voluntad para mantener dicho objetivo. Sin embargo, en esa  tesitura China busca convencer a sus vecinos para seguir una doctrina de seguridad regional liderada por Beijing  y no por Washington propuesta planteada durante la reunión de cancilleres de la Conferencia de Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA, por sus siglas en inglés), celebrada en la capital china.  China, poco a poco, está asumiendo su papel como segunda potencia económica mundial y ganando los espacios políticos  que EE.UU. ha estado dejando por la  pérdida de  su liderazgo a nivel mundial.

 

LA PENÍNSULA COREANA

Para EE.UU. la importancia de Corea del Norte y del Sur es geopolítica y geoeconómica. Por ello, Estados Unidos ha mantenido su presencia militar en esta región para proteger sus intereses económicos y políticos, considerando la importancia estratégica de la península coreana;  y al mismo tiempo pone como pretexto la contención de Corea del Norte para, en su estrategia militar, cercar a China en su ascenso a su nuevo carácter como líder global hegemónico. De ahí su reticencia a dejar actuar solas a las dos Coreas. Como se sabe, desde el 2006 hasta el 2017, Corea del Norte ha probado seis bombas nucleares y lanzado múltiples cohetes a manera de ensayo. Se ha dado la condena global, las sanciones, la distensión, las negociaciones y los acuerdos. Liturgia recurrente que se ha repetido en múltiples ocasiones. Donald Trump se ha expresado, a base de amenazas directas o indirectas para poner fin a la carrera armamentista y nuclear de Corea del Norte. Trump ha afirmado en varias ocasiones que “solo hay una cosa que funcionará” y que se estaba en “la calma antes de la tormenta” insinuando la opción militar. Incluso en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre del 2017, expresó abiertamente que arrasaría a Corea del Norte. ¿Estará pensando en lo que dijo en el programa Meet the Press de la cadena NBC en 1999? En dicha ocasión Trump señaló que Corea del Norte “era gobernado por una especie de chiflados que estaban desarrollando armas nucleares”. Y según él, “no lo hacen porque se divierten haciéndolo, lo están haciendo por una razón”. Indicó que él “negociaría como un loco y que ¿no sería bueno sentarse, realmente a negociar y hacer todo lo posible? Y si esa negociación no funcionara, sería mejor resolver el problema ahora antes que resolverlo más tarde”. Al respecto Trump precisó en dicha entrevista que no quería que EE.UU. utilizara armas nucleares, sino que atacara las áreas donde Corea del Norte estaba desarrollando misiles nucleares. Doble lenguaje que ha ultilizado desde  su llegada  al poder.

El intercambio de declaraciones de amenazas entre Trump y Corea del Norte ha alcanzado proporciones preocupantes y descomunales. En esa tesitura, China instó a EE.UU. y a Corea del Sur a detener el despliegue del sistema de defensa antimisiles conocido como THAAD. Pues consideraba que estaba acelerando la reacción violenta de Corea del Norte y consecuentemente el incremento de las tensiones en la Península Coreana.

Estamos viviendo un desorden mundial que se mueve entre la busca angustiada de un orden y el caos que acecha a cada esquina del mundo. Por ello, en ese sentido, es conveniente recordar la estrategia de reconciliación planteada por el mismo Kim Dae-Jung, Premio Nobel de la paz y ex presidente de Corea del Sur, cuando afirmó categóricamente: No aceptar ningún tipo de provocación del Norte; no buscar la unificación por la absorción; y sí buscar la reconciliación basada en la cooperación y en la negociación.

Es necesario deshacer el nudo gordiano con gran imaginación y una enorme voluntad política de todas las partes involucradas en la península coreana, China, EE.UU., Rusia, Japón Corea del Norte y del Sur; y retomar el diálogo de las seis partes a fin de estabilizar la región del noreste asiático y del mundo en general. Me pregunto, ¿Serán capaces de lograr esta estrategia política D. Trump, V. Putin, S. Abe, Moon Jae-in, Kim Jong un, y Xi JIngping?

 

AMERICA LATINA

En este  año de Trump en el poder no se  ha visto una  estrategia clara  hacia Améric Latina. Sin embargo, la relación de  Venezuela con los  EE.UU. se está volviendo complicada e incómoda para las partes. A pesar de  que Venezuela haya donado 500 mil dólares para la ceremonia de toma de posesión del presidente Donald Trump,  dicha relación se ha  ido deteriorando progresivamente. En veinte años, las compras de petróleo venezolano han caído  en más de 50%.

Es claro que Venezuela está en la agenda internacional  de los Estados Unidos. La ideología chavista-madurista y las tensiones entre los gobiernos venezolano y de los Estados Unidos han tenido impacto en las relaciones económicas entre los dos países. Donald Trump declaró que Venezuela era una amenaza para la seguridad nacional e impuso sanciones a varios funcionarios de ese gobierno acusándolos de violaciones a los derechos humanos y de corrupción y recientemente a se decretó que no e darían visas  a nacionales  de  Venezuela.

En ese tenor, existen escenarios plausibles. Un desenlace podría ser que Maduro recurriese a una  guerra distractora prefabricada con Colombia para  generar una unidad nacional y fortalecerse en el poder. Ya  ha habido incursiones de soldados venezolanos  a Colombia. En cuyo caso EE.UU., sin duda alguna, apoyaría de manera indirecta a Colombia. Otro, podría ser el que finalmente Cuba pudiera convencer a  Maduro y recibirlo tras dejar el poder pacíficamente o que  violentamente sea desplazado del poder  y se  refugie en Bolivia principal aliado del chavismo-madurismo. Simultáneamente EE.UU. podría congelar a  Venezuela  las compras de petróleo que diario hace  por un monto  que asciende a más de  30 millones de dólares. Al igual que congelar otras  cuentas del gobierno de Venezuela existentes en diferentes bancos. Finalmente podría ser derrocado por parte de una élite militar dividida  por la influencia de los  EE.UU. y dar la  pauta para  que dicha élite cree un “Consejo de  Sabios” que tendría la función principal de sentar las bases, los tiempos  y las condiciones para la  transición al retorno de la democracia.

Para la  administración Trump y su visión miope sobre América Latina  y el problema de las drogas está en la  cuestión migratoria, donde ésta no tiene su origen en la degradación de la cuestión social y económica en sí. Para Trump la migración es generada por los  criminales, las    drogas y  la prostitución. Para él esas son los causantes de la inseguiridad y de la enorme criminalidad existente en EE.UU. Es claro que esta política  regresiva  no es otra que la de narcotizar las  relaciones  con América del  Sur,  con Centroamércia y México. Política, policíaca, punitiva y miitarizada que reditúa al gobierno en turno de  EE.UU. ganacias y enemigos distractores a combatir, en lugar de asumir realmente el control y lucha contra las drogas en su propio territorio.

Resulta  evidente que con la muerte de Fidel Castro en  Cuba terminó la primera etapa de transición, iniciada en 2006 por sus enfermedades y ratificada en el 2008, cuando entregó el poder formal a su hermano Raúl Castro. Este último inició la segunda etapa de transición con adaptaciones de cambio, más pragmáticas y menos ideológicas, hacia el capitalismo de la globalización. La entrega del poder por parte de  Raúl Castro, en el 2018,  dará término a esa segunda transición e iniciará la consolidación de la transición a un capitalismo, pero con la conservación del poder en manos del Partido Comunista en el poder, con el apparatchik político existente, con un modelo muy similar al seguido por la China contemporánea con profundos cambios en la economía del país. Para la tercera transición aparece la figura del actual vicepresidente Miguel Díaz-Canel, de 56 años, ex ministro de Educación, y ex secretario del Partido Comunista en las provincias de Villa Clara y Holguín quien tiene una reputación de ser moderado y equilibrado en la estructura del poder del Partido Comunista Cubano.

Después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. en 2014 y con el relajamiento del embargo estadounidense se percibieron cambios con mayor claridad. Sin embargo, Trump parcialmente ha  retrocedido en el fortalecimiento de  dichas relaciones y las ha     enfriado deliberadamente para  congraciarse con la comunidad cubana conservadora que vive en  EE.UU.  El regreso  ahistórico a endurecer  la política hacia Cuba, política probada por su fracaso, y desconocer el acuerdo ejecutivo firmado por Barak Obama en relación al reconocimiento diplomático y relajamiento económico con Cuba, sólo lograrían recrudecer una respuesta cubana firme y determinante y fortalecerán a la línea dura aún fuerte en el seno del Partido Comunista Cubano. Además, ello podría llevar a Trump a enfrentarse políticamente o en tribunales judiciales con empresas de la  talla como American Airlines, Airbnb y JetBlue que han lanzado vuelos directos a Cuba, o con la compañía de cruceros Royal Caribbean.

 

TERRORISMO

La guerra contra el terrorismo -iniciada por el gobierno estadounidense, francés, inglés, español- ha probado que las acciones militares aisladas no son la estrategia adecuada para enfrentar el problema. El nuevo carácter transnacional de las posibles amenazas provoca la interdependencia de la seguridad estatal, por lo que la región magrebí o norte de África y el Medio Oriente debe seguir teniendo un carácter prioritario. Debido a que la mayoría de las amenazas, tanto terroristas, políticas como militares, viajan rápidamente tanto a cortas como a largas distancias. Así, la mayoría de los Estados temen a sus vecinos, al terrorismo y a los poderes distantes.

En consecuencia, la situación que prevalece actualmente en Libia, exacerbada por la presencia de militantes islamistas radicales, requiere de los países vecinos ir más allá de sus divergencias y mostrar un espíritu de cooperación a toda prueba con el fin de aniquilar de manera definitiva al AQMI/ISIS/DAESH.

En suma, en esas regiones del mundo el deterioro de los gobiernos se ha agudizado, hecho que se ha visto reflejado en lo que podríamos llamar “una condición de anomia nacional o regional, que es el estado de desorganización social como resultado de la ausencia o degradación de normas sociales, que ya no son respetadas por los individuos ni sus gobiernos”. Queda claro que la seguridad depende, sobre todo, de las condiciones políticas y socioeconómicas de cada país. Con un buen desarrollo de la economía y de la elevación cuantitativa y cualitativa del los niveles de bienestar de la sociedad, la colaboración con grupos terroristas no sería una opción atractiva para la población y en particular para los jóvenes. Si Donald  Trump continúa la confrontación con sus aliados  europeos con China y Rusia será muy difícil lograr la estabilidad, seguridad internacional y la lucha contra el terrorismo.

 

IRAN Y MEDIO ORIENTE

El presidente Donald Trump decidió no certificar el Acuerdo nuclear o Plan Integral de Acción Conjunta firmado por EE.UU., Reino Unido, Francia, China, Rusia y Alemania con Irán. Trump lo   calificó de “desastre” y como “el peor acuerdo jamás negociado”. No obstante que la Organización  Internacional de Energía Atómica (OIEA) haya declarado que Irán cumplía y respetaba el Acuerdo Nuclear. Trump decidió  no certificar o validar el acuerdo y remitirlo a revisión del Congreso estadounidense que dispondrá de 60 días para decidir si se volverán a imponer las sanciones nucleares en el marco de procedimientos acelerados. Dicha decisión la justificó al señalar  que:  “Irán apoya al terrorismo y a  Corea del Norte”. Además, la sustenta en el hecho de  que existía una resolución previa y aprobada, a inicios del 2017, por el Congreso estadounidense que autorizaba a Trump a hacer  uso de la fuerza contra Irán si se sospechase que pudiese  tener armas nucleares.

Esto obligó a Alemania, Gran Bretaña y Francia a emitir una declaración conjunta señalando su desacuerdo con  EE.UU.  Por su cuenta, Rusia y China también dieron el respaldo  al acuerdo nuclear. En tanto, Federica Mogherini, la alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, declaró  que el acuerdo nuclear firmado en 2015 no era bilateral, por lo que “no lo puede anular un solo país”. Y agregó: “Nosotros no podemos permitir la destrucción de un acuerdo nuclear que funciona y  que se está  cumpliendo”.

En ese entorno, Putin  realizó una  visita a  Irán en el marco de las declaraciones del Departamento del Tesoro estadounidense al anunciar las nuevas sanciones contra Irán y Rusia, países a los  que se calificaba de “adversarios de EE UU”. “Es claro que EE.UU. busca debilitar la economía de  Irán. El hecho relevante es que durante la visita de Putin, la petrolera rusa Rosneft y la Compañía Nacional de Petróleo de Irán NIOC anunciaron  un plan para trabajar conjuntamente en una serie de proyectos estratégicos dentro de Irán por un valor global de 30,000 millones de dólares. Sin lugar a dudas, Rusia fortalece su presencia en la región y así recupera la influencia política y económica”.

Es importante hacerse la siguiente pregunta. ¿Por qué no continuar con el pacto? Porque quizá al presidente Trump le convenga seguir con una tensión en Oriente Medio, para por un lado alimentar el negocio de  la  venta de armas y por otro lado fortalecer sus alianzas  con Israel y  Arabia Saudita rivales de  Irán en el Medio Oriente. Es evidente, como afirma  el analista Rasoul Goudarzi, que “si Washington se sale del convenio, perdería su credibilidad y eso tendría un efecto directo en el tema de Corea del Norte. Si llega a abandonar el acuerdo, Pionyang no se sentará nuevamente a la mesa de negociaciones porque no confiaría en EE.UU”. Ya  que pensaría que, una vez más, como sucedió con el acuerdo del desmantelamiento nuclear firmado entre  EE.U. y Corea del Norte en 1994, los estadounidenses lo volverían a incumplir.

Es evidente que durante las últimas semanas se han incrementado las tensiones en Medio Oriente.  EE.UU.  apoya a  Arabia Saudita y está actuando para enfrentar a  Irán. Es en este marco  que se puede entender con claridad la posición de  Trump de no validar o certificar el Acuerdo nuclear iraní.  Sin duda, es una lucha por el poder entre Irán y Arabia Saudita para obtener el liderazgo en dicha región. Una guerra regional es plausible. En el fondo  lo cierto es, como afirma el exdirector general adjunto de la OIEA Rafael Grossi, “el hecho de que Trump no valide o no certifique el acuerdo nuclear no es un capricho del actual mandatario sino del Congreso”, además yo agregaría, y de los intereses económicos-políticos del aparato militar tecnológico industrial que está representado en el Congreso estadounidense y que  requiere de nuevas guerras,  demonios o fantasmas ficticios para probar sus nuevas innovaciones tecnológicas in situ  y sobre todo fortalecer sus finanzas.

A lo anterior habría  que agregar que graves amenazas  se  ciernen de nuevo en el Medio Oriente. En un gesto tan simbólico como imperial el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y declaró que trasladaría la  embajada de  EE.UU.  de  Tel Aviv a Jerusalén. Dicha medida generó un profundo descontento en el mundo árabe y abrió  una nueva  etapa   en la historia de enfrentamientos entre israelíes y palestinos. Políticos, activistas y gente común, desde Teherán y Ankara hasta Siria, incluyendo también a China, Reino Unido, Alemania y Francia, advirtieron que la medida inflamará las pasiones entre los musulmanes de la región y sembrará la inestabilidad y el caos. Con dicha medida, Trump al frente del gobierno de EE.UU. perdió la capacidad y  el poder para ser interlocutor  y mediador en el proceso de   paz en Medio Oriente.

 

CAMBIO CLIMÁTICO

Con la salida del  Acuerdo de París sobre el cambio climático, D. Trump se convirtió en un pirómano. Pues, para detener el cambio climático “necesitamos gobiernos que actúen como bomberos y no como pirómanos”, es uno de los consejos  que resalta el contenido de la  Convención de la  ONU sobre  el Cambio Climático (CCC). En este sentido, varios análisis científicamente comprobados por el Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCCC) señalaron que el hombre era el principal actor del cambio climático en un 95%. En pocas palabras, el cambio climático impacta e impactará la economía, la salud, la política y el desarrollo social. En ese contexto habría  que resaltar  que el  60% de las emisiones contaminantes del mundo las generan EE.UU. (15%), China (30%), India( 7%), Rusia (5%), y Japón (4%); son los países  que más contaminan en el mundo.

Ante  esta realidad Trump ha afirmado  que el calentamiento global es “un fraude” y que se trata de una invención china. Asimismo, el director de la agencia medioambiental (EPA) de  EE.UU. ha asegurado que el cambio climático no existe. Por esas  razones, el 1 de junio de 2017, el presidente Donald Trump anunció la retirada de EE.UU. del  Acuerdo de París, dadas sus promesas de campaña en pro de los intereses económicos de EE.UU.

En consecuencia, el gobierno republicano de  Trump  eliminó las protecciones a terrenos federales y a las costas estadounidenses, y firmó decretos que ampliaron los permisos para hacer exploraciones petroleras por  todo el territorio estadounidense , así como la apertura de nuevas minas. Así mismo, se informó  sobre la  reducción significativa  del presupuesto federal a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA). Trump declaró que el oleoducto Keystone XL sería construido acción  a la que se oponían ambientalistas y aborígenes. Todo ello sintetiza la falta de  visión de un político que no quiere ser líder que   sólo ve al árbol y no al bosque. Un líder que busca refugiarse en una supuesta  “autarquía” ahistórica, cuando es la globalización misma  que nos ha llevado para bien y mal al deterioro del medioambiente y a la necesidad de luchar conjuntamente por contener el cambio climático.

Para rematar el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un “Acuerdo ejecutivo” en Utah por medio del cual se hizo la mayor reducción de terrenos federales en la historia del país. “La norma afectará a dos reservas de ese Estado, habilitando alrededor de cerca de un millón de hectáreas que pertenecían al Gobierno para el desarrollo de actividades privadas”. Trump continuó la desmantelación de las áreas protegidas aprobadas previamente  por Barack Obama y sus predecesores.

 

DERECHOS HUMANOS

Estados Unidos no puede seguir  presentándose como “el juez de los derechos humanos” en el mundo pues al interior de  su propio territorio prevalece la violación a los derechos humanos y  un continuo deterioro de ellos. En este sentido todos los especialistas en derechos humanos concuerdan en que: “Hay que tomar en cuenta que el Departamento de Estado de Estados Unidos no tiene mayor calidad moral para lanzar la primera piedra en materia de derechos humanos cuando en su país existen mucho más violaciones de los derechos de los niños y las niñas en materia penal, en temas de violencia de género y otros grandes asuntos por resolver. Además EEUU tiene muchos vacíos en sus mecanismos para proteger a sus ciudadanos en materia económica y social, así como en el terreno de la justicia y en las intervenciones hechas a otros países. En los últimos años, la población de EEUU ha registrado una creciente desigualdad económica, aparejada a una reducción de derechos sociales como la educación, la salud, pero también en la vivienda”.

Es bien conocido el hecho  que EE.UU. no ha firmado ni ratificado importantes tratados internacionales sobre  derechos humanos, como la Convención sobre los derechos del niño, el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ni el Convenio contra los crímenes de guerra y de lesa humanidad y la Prohibición de los ensayos nucleares. Al respecto, vale la pena resaltar que EE.UU. fue el promotor y presionó para  que muchos países negociaran, firmaran y ratificaran  la creación de la Corte Penal Internacional y hasta ahora EE.UU. no la ha ratificado.

Sobre las órdenes ejecutivas o decretos presidenciales anti migrantes, 134 ex funcionarios y expertos en política exterior de Estados Unidos de gobiernos demócratas y republicanos,  tales como el ex diplomático Nicholas Burns, el ex director contra-terrorismo del Consejo de Seguridad Nacional, Richard Clarke, la ex subsecretaria de Defensa, Michele Flournoy, la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, las ex secretaria y ex consejera de Seguridad Interior, Janet Napolitano y Susan Rice, entre otros, expresaron  en una carta dirigida al presidente Donald Trump “que dichas  acciones debilitaban  la seguridad y los intereses del país”. Agregaron  que : “Las prohibiciones como las incluidas en dichos decretos son dañinas para la seguridad nacional de Estados Unidos y están por debajo de la dignidad de nuestro gran país”. No obstante dichas posiciones, la Suprema    Corte de  Justicia de los Estados Unidos validó la entrada en vigor del tercer veto migratorio emitido por el presidente  Donald  Trump. La medida  establece fuertes limitaciones de  ingreso a territorio estadounidense de los ciudadanos de Irán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Chad, Corea del Norte y de Venezuela.

 

GRAN FINALE

Dependerá de las contrapartes de Estados Unidos si serán sumisas o no para lograr balancear la ecuación internacional. China y Rusia están preparándose y diseñando estrategias para posicionarse y dar solución a posibles problemas que están pronto a mostrarse. La pregunta fundamental es  si se dará la coordinación de las grandes potencias o la confrontación: negociación  o confrontación. Estamos en una   fase donde se perciben los vestigios de la lucha del poder de Estados Unidos por mantenerse como país hegemónico, es la búsqueda de la reafirmación hegemónica de  un tiempo y espacios perdidos en guerras inconclusas en África, Medio Oriente y otros países del orbe, además de los desgastes económicos, políticos y sociales internos. Es la reinvención de  EE.UU. y la búsqueda del tiempo perdido como diría Marcel Proust y la búsqueda de supuestos culpables y chivos expiatorios de los problemas internos y externos en que se encuentra  EE.UU., donde ha sido fácil encontrar como culpables a  México, China etc. de la  supuesta pérdida de poder económico de la  nación estadounidense.

La era Trump la podemos entender como la búsqueda de la reafirmación hegemónica de Estados Unidos. En esa tesitura, reitero es claro que China y  Rusia se han insertado en las grietas unas profundas, como en Medio Oriente, en África, y Noreste y Sureste  de  Asia y otras leves que ha dejado Estados Unidos en el tablero internacional y que aún lo sigue haciendo y lo seguirá. En relación a México valdría la pena reiterar  que todo en política internacional se decide en un “quid pro quo” si se negocia con inteligencia. En el pasado se confundió la cooperación con la subordinación. En esta era de  Trump es imprescindible nunca más confundir ambas categorías analíticas, porque Trump las vería como debilidad más que fortaleza. Con muro y sin muro nuestra relación prevalecerá. En consecuencia no debemos espantarnos ante la presente etapa que enfrenta el mundo, donde la única certidumbre es la incertidumbre, pues se está dando una nueva configuración del poder internacional como se dio en múltiples ocasiones en el pasado.

Vivimos, hoy, en un sistema capitalista de carácter global con todo lo que trae consigo conflictos en los mercados, lucha por mantener una competitividad e intercambios desiguales. Lo que es un hecho real estamos viviendo el desplazamiento de la hegemonía estadounidense por otra, la China. De ahí la actitud de Trump ante esta situación. Reitero, es  la búsqueda de la reafirmación hegemónica de los espacios perdidos. Y China ha estado cosechando positivamente  lo que sembró en los años sesentas.

Con su lema América primero, América primero EE.UU. se enfrentará a la política exterior de otros países que saben profundamente que la política exterior es la suma de voluntades y de consultas sobre todo con los aliados. Es decir,  Trump está partiendo de una visión equivocada ante la indudable reducción de la economía estadounidense en el mundo y los espacios que China ha ganado a nivel internacional. También tenemos que entender que antes la política en Estados Unidos, fuera demócrata o republicana, se hacia al centro para fortalecerse y unir fuerzas republicanas y democráticas. Hoy en día, estamos viendo la radicalización del gobierno hacia la derecha extrema. Sin lugar a dudas, esto llevara al gobierno de Trump a varias confrontaciones internas y externas. Trump no entiende que no entiende. Estados Unidos a nivel mundial ya no puede hacer lo que quiere, lo han aceptado presidentes como Carter, Clinton, Bush y Obama y por eso ha requerido de aliados. ¿Los tendrá en el futuro? El proteccionismo al que se  quiere regresar va contra el orden liberal, la base del sueño americano, el  libre comercio, la libertad de pensamiento etc.

De entrada tenemos  que aceptar que la noción de que  “EE.UU. como una nación única, tolerante, diversa, abierta y llena de energía y de dinamismo” ha cambiado drásticamente y tenemos que lidiar con ello. Vemos en dicha nación con gran poder económico, político y militar, pero con una democracia desequilibrada, truncada , maltrecha, llena de discordia, etc. Y con visos de una real plutocracia  que no es otra cosa  que  el poder en  los ricos  y el gobierno de los ricos. Y que parafraseando a Mijail Gorbachov se podría decir que “quemaron toda la casa para encender un simple cigarrillo y así llegar  al poder” con un alto costo político que está por verse a nivel mundial.

Aprovechemos la fuerza que nos da nuestra presencia en organismos multilaterales como la OMC, la OIT, la ONU, la OEA, la OMM, etc. para actuar conjuntamente con muchos países que pudieran ser  afectados por acciones de la administración Trump y, a nivel mundial, presionar al gobierno de EE.UU. a que cumpla con sus obligaciones internacionales. Habría que profundizar la alianza con Canadá y desarrollar acciones y esfuerzos conjuntos frente al EE.UU. de la era Trump. Estamos en la cresta de esos cambios sociales y migratorios. Se requiere de una verdadera voluntad política para enfrentar racionalmente dichos cambios y encauzarlos hacia una solución real y no ficticia y mucho menos narcisista y destructiva.

Se requiere atacar  los problemas reales que persisten en la sociedad internacional que son la desigualdad, la impunidad, la corrupción, la falta de respeto a los derechos humanos, la falta de rendición de cuentas, la inseguridad, la inestabilidad, la falta del imperio de la ley, la degradación de las normas sociales de convivencia, la falta de reformas económicas, políticas y sociales. La fortaleza de los países reside en darse a respetar y así se le respetará en el exterior.

Como bien afirma Ma. Cristina Rosas  “que quien tiene el poder no desea compartirlo, mucho menos perderlo. Pero existe una diferencia clara entre lo que se desea y lo que realmente se puede hacer. Es aquí donde el libro  “The Choice. Global Domination or Global Leadership” del fallecido ex asesor de seguridad nacional de EE.UU -en la administración de James Carter, Zbigniew Brzezinski  y mi antiguo profesor-  resulta revelador. A pesar de ser una obra que data de 2004, plantea, de manera clara, la disyuntiva a la que se enfrenta Estados Unidos en el siglo XXI: ser la potencia dominante o ser la potencia líder. No es lo mismo. El que domina suele establecer las reglas del juego. El que lidera debe concertar dichas reglas con los demás actores y aceptar también las que éstos plantean”.

Es evidente  que a Trump no le han importado  y no ha asimidado las consecuencias de sus decisiones y el impacto que han tenido al interior y exterior de  EE.UU. Lo cierto es  que, poco a poco, diferentes sectores sociales políticos  internos y externos le  cobrarán  un precio por semejantes posturas y la ofensiva política vendrá en las elecciones internas  de su país y dentro de los organismos internacionales y por parte del resto de los países del mundo habrá consecuencias. En realidad está empezando una nueva historia, cuya trama es desconocida, pero está claro que no habrá un solo papel estelar sino muchos: es la multipolaridad. Con Trump a la cabeza EE.UU.  ha ido perdiendo liderazgo en el mundo y en vez de  “America  first”, ésta se está convirtiendo, poco a poco, en una “América  sola”, en una “América aislada”.

 

Por Eduardo Roldán, Internacionalista y titular de la cátedra Fernando Solana en la UNAM.

 




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