Un punto de inflexión en la historia china

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EL XIX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) inicia un nuevo período político marcado por la celebración del centenario de la fundación del Partido en 2021. Junto con esta fecha festiva e histórica, llega la promesa de alcanzar el primer objetivo fijado por Xi Jinping para el primer centenario: hacer de China una sociedad modestamente acomodada, que garantice el mantenimiento básico de los habitantes en zonas urbanas y rurales del país. Además, se tiene como uno de los objetivos la duplicación del PIB y la renta per cápita de la población urbana y rural respecto al año 2010. Se trata de una meta audaz en el caso de un país con más de 1300 millones de habitantes. A pesar de las incertidumbres de la economía mundial y los desafíos económicos internos, no existen motivos para dudar de que China reúne las condiciones para alcanzar dichos objetivos.

Desde su nombramiento como secretario general del Partido en el XVIII Congreso Nacional de 2012, el presidente Xi Jinping ha promovido reformas en esferas importantes de la economía nacional, ha establecido directrices y preparado al país para asumir un mayor protagonismo en el plano internacional, motivado no solo por un interés nacional, sino también por las exigencias de los nuevos tiempos, donde la ascensión mundial de China conduce al país a asumir mayores responsabilidades.

Retrospectivamente hablando, en los últimos cinco años, el PCCh ha sido firme ante los desafíos enfrentados y coherente ante los objetivos que persigue para el país. La búsqueda del “sueño chino” –concepto evocado por el presidente Xi Jinping en los primeros días de su mandato– movilizó a la población a la realización de los deseos de seguridad económica y bienestar social, junto con el sueño de grandeza de la nación. Para un pueblo conocido por su pragmatismo en la búsqueda de resultados, el “sueño chino” fue también un llamado al despertar de la creatividad en pro de la innovación.

 

Tradición y modernidad

En el contexto de la nueva normalidad económica, donde el PIB chino se mantiene en torno al 6,5 %, la transformación del deseo en emprendimientos económicos y sociales concretos es la clave para mantener el motor de la economía funcionando a pleno ritmo. Existe un nuevo diálogo entre lo mejor de la tradición china con la modernidad. Los valores confucionistas se revisan y adaptan a los nuevos tiempos, los jóvenes empiezan a interesarse orgullosamente por los aspectos de la cultura china y descubren que esta es la vía para darle un nuevo significado a los desafíos del presente, mientras que los ancianos se familiarizan y disfrutan de los beneficios de las nuevas tecnologías en las áreas de la salud y la movilidad.

El presidente Xi Jinping, como núcleo del liderazgo chino y consciente de estos nuevos tiempos, acertó al elegir, desde el inicio de su mandato, la lucha contra la corrupción como una de sus políticas prioritarias dentro del Partido. El combate a la corrupción dejó de ser una campaña temporal para convertirse en una política permanente. Combatiendo a los funcionarios corruptos, creando mecanismos e instituciones para erradicar las posibilidades de corrupción y adoptando un modelo de reclutamiento de nuevos cuadros para el Partido con elevada capacidad moral, el PCCh establece las bases de un nuevo entendimiento de lo que debe de ser la sociedad china del futuro. Esta política es la base de la promoción del Estado de derecho en China, y anuncia nuevos paradigmas en la gestión del Estado y de la sociedad.

26 de abril de 2017. Niños participan en una actividad de lectura de los antiguos clásicos chinos en la
Comunidad de Jiushiqiao del distrito de Luyang, provincia de Anhui

El XIX Congreso Nacional del PCCh fue también un evento que atrajo el interés del mundo. Esto se debe no solo al despegue económico chino, sino también al éxito del liderazgo del presidente Xi Jinping. Cuando estuvo en boga el proteccionismo, Xi aplicó una apertura máxima comercial; mientras algunos países toman el campo del vecino como sumidero, China le da importancia a la relación con los países asiáticos y promueve la Iniciativa de la Franja y la Ruta; mientras algunas naciones abogan por usar “violencia y pólvora” para resolver conflictos, el presidente Xi apuesta por dialogar y conseguir la preferencia y beneficio recíprocos. Ante este escenario, el presidente Xi Jinping se ha convertido en garante de la estabilidad del orden internacional y protagonista del liderazgo político mundial.

Ante este panorama, el éxito del PCCh en la conducción de la economía china, desde la reforma y apertura con Deng Xiaoping, ha mostrado al mundo que el modelo de gobernanza china tiene sus cualidades y ventajas. Algunos dirán que se trata de un modelo solamente aplicado en China por razones culturales e históricas, pero cuando piensan en los países que fueron colonizados y adoptaron el modelo de gobierno de sus colonizadores, queda claro que los modelos políticos pueden ser trasplantados. Lo importante es que eso sea hecho de modo consciente y voluntario, preferentemente, teniendo en cuenta las características históricas y culturales del pueblo en cuestión.

El despegue de China urge un diálogo en el ámbito mundial. Es un diálogo sobre las ventajas y desventajas de la gobernanza del capitalismo y socialismo, así como sus perspectivas para este siglo XXI. La celebración del XIX Congreso Nacional del Partido y la proximidad del centenario del PCCh serán la ocasión perfecta para iniciar este debate. Y, muy probablemente, cuando se realice el XX Congreso Nacional en 2022, el modelo de gobierno chino será el punto de inflexión histórico y la corriente dominante mundial.

 

Por Evandro Menezes de Carvalho, coordinador del Centro de Estudios China-Brasil de la Fundación Getulio Vargas y editor ejecutivo de la edición brasileña de China Hoy.




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