Relación extrema entre Donald Trump y Kim Jong-un

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Lo que está sucediendo en la península coreana es un fenómeno de seguridad regional complejo y dinámico. Estados Unidos ha mantenido su presencia militar en esta región para proteger sus intereses económicos y políticos, considerando la importancia estratégica que tiene la península coreana. Al mismo tiempo pone como pretexto la contención de Corea del Norte para, en su estrategia militar, cercar a China en su ascenso a su nuevo carácter como líder global hegemónico.

Corea del Norte y el mundo llevan casi siete décadas en una espiral de acción-reacción de hechos y elementos archiconocidos: el chantaje nuclear, ya ha explotado cinco bombas nucleares subterráneas, en 2006, 2009, 2013 y dos en 2016, se ha dado la condena global, las sanciones, la distensión, las negociaciones y los acuerdos. Liturgia recurrente que se ha repetido en múltiples ocasiones.

En 1994, Corea del Norte negoció con EE.UU. y aceptó su desmantelamiento nuclear a cambio de ayuda financiera y tecnológica para producir energía a base de agua ligera y no nuclear. Vino George Bush, hijo, con su política del Eje del Mal donde incluyó a Corea del Norte y destruyó los logros que se dieron en la época de Bill Clinton. Y desde el año 2000 Corea del Norte se volvió a lanzar a esta carrera nuclear.

Corea del Norte lo que busca es negociar con EE.UU. desde una posición de fortaleza, como negoció Pakistán y la India (hoy amigos y aliados de EE.UU.) y no desde la debilidad como lo hizo Libia (hoy en desastre). Mi apreciación personal al respecto es que las posibilidades de que se produzca una situación de mayor conflicto es posible, pero también podrían ser mínimas ya que las autoridades estadounidenses, surcoreanas y chinas cuentan con un “teléfono rojo” o línea directa de emergencias para resolver cualquier contingencia de este tipo.

Corea del Norte ha rechazado y seguirá rechazando las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exige el fin de su programa nuclear. Pyongyang ha planteado siempre en tono desafiante, que perseguirá su objetivo de convertirse en un Estado con pleno derecho a tener armas nucleares.

Las amenazas nucleares no son un juego. La retórica agresiva y el posicionamiento militar sólo generan reacciones y alimentan el temor y la inestabilidad. El problema es que cualquier evento en esta zona podría salirse del control y modificar el orden político y la balanza de fuerzas regionales. Estamos viviendo un desorden mundial que se mueve entre la búsqueda angustiada de un orden y el caos que acecha a cada esquina del mundo. La tensión entre el orden y el caos está en Europa, en Medio Oriente y en Noreste Asiático.

Si China y EE.UU. logran que Corea del Norte no las empuje a un rumbo de colisión, cuentan probablemente con un máximo de dos años para impulsar una estrategia conjunta. Este cronograma estaría determinado por el momento en que Corea del Norte poseyera la tecnología necesaria para cargar cabezas nucleares en miniatura en misiles de gran alcance de 10 mil kms. que pueden llegar a la costa oeste de EE.UU. y Tijuana incluida.

Claro EE.UU. está preparado con el Sistema de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud o mejor conocido como THAAD que es capaz de interceptar misiles a gran altitud. Por eso, a ese despliegue se añadieron dos destructores AEGIS antimisiles y el envío del grupo de ataque (SEALS) hacia aguas cercanas a Corea del Norte en respuesta a las últimas provocaciones del régimen y por ello ya están posicionados en el Pacífico occidental como elementos disuasivos.

Nadie desea hoy por hoy una guerra en la península coreana. Donde para el régimen del Norte, supondría su suicidio. Y, para el Sur, significaría miles de muertes innecesarias, precisamente en un momento de grandes oportunidades económicas.

Es claro que de todo lo anterior se desprende que Corea del Norte no puede seguir utilizando la política del riesgo calculado, amenazar con los misiles Hwasong-12 y 14 y de llevar al límite la posibilidad de un conflicto, pues esa tiene sus límites, al igual que el bluff. Sabemos los internacionalistas, por la historia, que siempre se corre el peligro de que se calcule de más y se pase de la raya y se llegue a un punto sin retorno.

En ese entorno, Corea del Norte incrementó sus amenazas verbales contra Estados Unidos desde que los 15 miembros el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, incluyendo a China, aprobó el 5 de agosto del 2017 una nueva ronda de sanciones económicas contra el país. Incluyendo individuos, instituciones y bienes. Esto implicará para Corea del Norte una caída de sus ingresos por exportaciones de unos 1,000 millones de dólares anuales, que es casi la tercera parte del total de las mismas.

Corea del Norte aseguró que examinaba una iniciativa para lanzar un misil contra la base aérea de EE.UU. en Guam y que, si Washington realizara alguna acción provocadora, Pionyang podría llevar a cabo una operación preventiva. Esta amenaza vino horas después de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, afirmara que si Corea del Norte presentara nuevas amenazas contra EE.UU., la respuesta a esas actividades sería “el fuego y una furia que el mundo nunca ha visto”.

El intercambio de declaraciones de amenazas entre Trump y Corea del Norte alcanzaron proporciones preocupantes y descomunales. En consecuencia, el sistema de alerta nuclear DEFCON (Condición de Defensa) de Estados Unidos elevó el nivel de alarma, del 5 al número 4, ante un posible conflicto armado entre EE.UU. y Corea del Norte. Donde el nivel 5 representa un estado de calma y el nivel 1, el más grave, representa un ataque inminente.

China instó a Corea del Sura detener el despliegue del sistema de defensa antimisiles conocido como THAAD. Pues consideraba que estaba acelerando la reacción violenta de Corea del Norte y consecuentemente el incremento de las tensiones en la Península Coreana. La vocera de la cancillería china Hua Chunying agregó que: “El despliegue del THAAD no contribuiría a disminuir las preocupaciones de seguridad de Corea del Sur e incluso no ayudaría en nada para resolver la cuestión nuclear en la península coreana”. Lo cierto es que el sistema THAAD socava severamente también los intereses de seguridad estratégicos de China.

En este sentido, es claro, que si Corea del Norte lanzara misiles que amenazaran cualquier parte del territorio norteamericano y EE.UU. respondiera, China se mantendría neutral. Sin embargo, si EE.UU. y Corea del Sur llevaran a cabo un ataque e intentaran derrocar el régimen norcoreano o cambiar el esquema político en la Península Coreana, China no se lo permitirá. Por los acuerdos militares de defensa estratégica que China tiene con Corea del Norte.

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, declaró por su parte que la solución pacífica de la cuestión nuclear de la península de Corea beneficiaría completamente a los intereses de todos. Coincidiendo con su homólogo de Rusia, Sergei Lavrov quien se expresó en el mismo sentido. Al igual que el presidente Moon de Corea del Sur y el primer ministro japonés S. Abe.

Por su parte, el secretario de Defensa de EE.UU. Jim Mattis, dijo que, en caso de que el gobierno de Kim Jong-un lanzara un misil, EE.UU. conocería de antemano la trayectoria del proyectil y lo derribaría. Agregó que de ser el caso la situación podría escalar a una guerra.”Si ellos disparan contra Estados Unidos, eso podría escalar a una guerra muy rápido”. Así mismo, el presidente de EE.UU., Donald Trump, advirtió que los equipos militares del país estaban “cargados y listos”; aunque funcionarios de alto rango en Washington dijeron que no había un riesgo inminente de una guerra nuclear. En tanto el consejero de Seguridad Nacional H. R. McMaster, minimizó el riesgo de un conflicto. “No creo que estemos más cerca de la guerra que hace una semana, pero estamos más cerca que hace una década».

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, señaló que el Gobierno de Seúl evitaría una guerra en la península coreana a toda costa, y que ampliaría sus esfuerzos diplomáticos para resolver pacíficamente el problema nuclear y de misiles de Corea del Norte. Por su cuenta, la alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidenta de la Comisión Europea, Federica Mogherini, convocó a una reunión extraordinaria del Comité Político y de Seguridad del Consejo comunitario para abordar la situación en Corea del Norte. Y al finalizar, la  UE  conminó a Corea del Norte a regresar a las negociaciones con las partes involucradas y a respetar las decisiones del Consejo de  Seguridad de la  ONU.

A pesar de la retórica candente, el diálogo diplomático secreto, entre EE.UU. y Corea del Norte, continuó en paralelo a dicha retórica y   se detuvieron los movimientos militares de ambas partes en ese momento y cesó el intercambio verbal agresivo entre las dos partes. El DEFCON regreso a nivel 5. Por ello, no parece haber ninguna señal de un ataque inminente por parte de los dos países. Sin embargo, las próximas maniobras militares conjuntas que llevarán a cabo EE.UU. y Corea del Sur seguramente elevarán las tensiones otra vez.

Lo que sin duda seguirá sucediendo será una escalada en las tensiones en la península coreana de dimes y diretes. Ni Pionyang ni Washington van a dar pasos firmes o tomar medidas descabelladas porque, en el ámbito militar, Corea del Norte es inferior a EE.UU. y no tiene medios para mantener un conflicto bélico. Las conversaciones a seis bandas son la mejor fórmula para poner fin al tema nuclear.

Es necesario deshacer el nudo gordiano con gran imaginación y una enorme voluntad política de todas las partes involucradas en la península coreana, China, EE.UU., Rusia, Japón Corea del Norte y del Sur; y retomar el diálogo de las seis partes a fin de estabilizar la región del noreste asiático y del mundo en general. Me pregunto, ¿Serán capaces de lograr esta estrategia política D. Trump, R. Tillerson, V. Putin, S. Abe, Kim Jong un, y Xi Jingping?

 

Por Eduardo Roldán, Internacionalista y Titular de la Cátedra Fernando Solana de la UNAM.

 

 




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