Trump, la antítesis de los valores occidentales

103

Estocolmo, Suecia. – Imposible de calificar, pero es una realidad inobjetable, la nación más poderosa del mundo y la vanguardia de los valores occidentales, la encabeza un presidente dialécticamente opuesto al ethos estadounidense quien replantea con su intromisión el sentido intrínseco del mercado liberal. Quizá una nueva teoría económica que su asesor Peter Navarro, algún día nos la explique para entenderla plenamente en toda la extensión.

Estados Unidos deja de ser una estructura socialmente coherente y racionalmente tolerante a la diversidad, parece un quilt o colcha de retazos ideológicos. Trump se erige orgullosamente como un líder indiscutible de una nación socialmente dividida entre extremistas conservadores y progresistas liberales.

Donald Trump, gobierna para una minoría de conservadores radicales, de proteccionistas y de ideólogos de la supremacía blanca. Emerge como presidente, cuando el mundo está en convulsión por las agresiones geopolíticas de Rusia, por la guerra en Siria, por los ataques terroristas del Estado Islámico, por las continuas pruebas nucleares de Corea del Norte, por los desastres naturales provocados por el cambio climático, por la crisis de refugiados y, por si fuera poco, por una Europa en peligro eminente del resquebrajamiento.

Trump es un presidente sin experiencia diplomática, las alianzas, el derecho internacional y los protocolos significan poco para él, las negociaciones con otros líderes mundiales las fundamenta a partir de las recetas contenidas en su libro de su supuesta autoría, el arte de la negociación (the art of the deal, 1987). Trump se ha convertido en un riesgo sistemático y una prueba de estrés para el mundo. Su equipo de trabajo construye alianzas, negocia acuerdos y formaliza equilibrios, pero Trump posteriormente los destroza con un tuit.

La Europa que compartía con Estados Unidos los valores occidentales; ahora desconfía absolutamente de su “aliado”. Para Trump, la Unión Europea y Rusia son equidistantes: ni amigos, ni enemigos. Menosprecia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) y a la Unión Europea.

Trump vive en el desorden y genera caos, la Casa Blanca se ha convertido en una comedia al estilo de House of Cards, antagoniza con los medios de comunicación, ataca a jueces independientes, menosprecia a los demócratas (principalmente a Barack Obama y Hillary Clinton), minimiza a las agencias de inteligencia, cuestiona las encuestas que no le favorecen y se entremete en las estrategias empresariales de las empresas de clase mundial.

Trump no es un aliado atractivo para Europa porque no está comprometido con la preservación de los valores democráticos sino con el autoritarismo que emerge en la región. La canciller alemana Angela Merkel cuando felicitó a Trump por su triunfo electoral aprovecho el momento para recordarle los fundamentos de la democracia liberal; “Alemania y Estados Unidos están vinculados por los valores democráticos, de libertad, de respeto al estado de derecho, y a la dignidad del ser humano, independientemente de su origen, color de piel, religión, género u orientación sexual”.

Merkel está consciente que el populismo de derecha emerge en toda Europa, amenaza la existencia del orden liberal y pone en riesgo su identidad. Ante este panorama, los líderes europeos están en peligro de perder el consenso para formar un contrapeso estratégico a los desequilibrios del orden internacional promovidos por Donald Trump. En el corto y mediano plazo, Europa se enfrenta a un dilema existencial; debe o no prescindir de Estados Unidos como aliado fundamental en la seguridad geoestratégica de la región. En la Conferencia sobre Seguridad en Múnich, el vicepresidente Mike Pence, trató de tranquilizar a los aliados y establecer las prioridades de Estados Unidos para la relación transatlántica, pero enseguida sus pronunciamientos fueron descalificados por una ráfaga de tuits y declaraciones en contra del presidente Trump.

Al senador republicano John McCain le preocupa la gestión presidencial de Donald Trump, lo considera impredecible e incapaz de ordenar sus ideas, advierte: la “Casa Blanca se ha convertido en un caos”.

Ante la posible escisión en materia de seguridad de Europa y Estados Unidos; emerge un nuevo debate sobre el fortalecimiento armamentista de la región. En caso de un avance de las tropas rusas hacia los países bálticos, la OTAN sería incapaz de reaccionar en tiempo y forma. En Letonia, donde un 80% de la población habla ruso, la vulnerabilidad es evidente. Recientemente le pregunté a un taxista en Riga, ¿qué sucedería si Rusia invadiera Letonia? Me contestó con desdén; “nada, somos europeos y la OTAN nos respaldaría”. Un asesor de inteligencia me dio otra versión, “hay 150 mil soldados rusos apostados a lo largo de la región de los países bálticos, existen una treintena de puntos vulnerables, estratégicamente hablando, en 2 horas Rusia ocuparía posiciones táctico-militares de los países bálticos y la OTAN respondería en dos días”. En suma, me dijo, “requerimos fortalecer esos puntos militarmente y Donald Trump, con sus declaraciones, no ayuda mucho”.

La tercera semana de febrero, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, el team Trump, encabezado por el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Defensa James Mattis, varios senadores y miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aseguraron a los delegados europeos que la administración estadounidense respaldaría la seguridad europea.

Europa escucha, pero no confía, el team Trump carece de credibilidad. Las últimas declaraciones en Florida de Trump sobre un supuesto “caos en Suecia” ocasionado por los refugiados, fueron recibidas con asombro en esta nación, al parecer el presidente estadounidense va tras la desestabilización de la coalición socialdemócrata gobernante para promover activamente el avance político de los populistas de derecha representados por el partido ultraconservador de los demócratas suecos, quienes rechazan sistemáticamente las políticas suecas y europeas sobre refugiados.

Ahora lo más importante para la Unión Europea es evitar a toda costa un acuerdo entre Rusia y Estados Unidos, en perjuicio de la estabilidad regional, sobre todo en la parte oriental de Ucrania y la región de los países bálticos. La diferencia entre Putin y Trump es abismal, uno ducho en las estrategias de inteligencia de largo plazo y el otro experimentado constructor de edificios y campos de golf; y eso, le preocupa a Europa.

En lo económico la situación es igual de tensa, Trump amenaza con introducir un impuesto a las exportaciones europeas basado en el contenido de origen para promover los bienes fabricados en Estados Unidos; ante tal escenario la UE haría lo mismo. Trump antes de operar una guerra comercial debe saber que el mercado europeo es fundamental para las exportaciones estadounidenses y en ambos sentidos fluyen las inversiones trasatlánticas directas. Las cadenas de valor están inherentemente interconectadas entre América del Norte, Asia, Europa y Medio Oriente. Hasta este momento, Trump muestra un desconocimiento preocupante y peligroso sobre la realidad económica internacional y parece estar poco interesado en los beneficios que rinden a los consumidores las cadenas de valor.

Sólo queda ahora esperar lo que sucederá cuando Trump pise Europa y prometa “grandes acuerdos” con el Reino Unido, denuncie la inmigración de refugiados, critique a la OTAN, haga trizas los acuerdos trasatlánticos de libre comercio y a su vez, repita una y otra vez que la prensa lo critica porque es deshonesta.

 

Por el Dr. Jorge Navarro Lucio, corresponsal internacional, fue miembro de Carrera del Servicio Exterior Mexicano.




Agregar un comentario