¿Qué pasa en Corea del Norte?

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La península coreana es quizá, como pocos ejemplos, un caso vigente de un fenómeno de seguridad regional complejo y dinámico. Corea del Norte y Corea del Sur técnicamente continúan en guerra. Este hecho adquiere mayor relevancia, si recordamos que los cambios operados en el mapa político mundial, entre ellos la disolución del bloque socialista, modificaron el esquema dicotómico de la Guerra Fría, no el status quo político- militar de la península coreana.

Corea del Norte y el mundo llevan décadas en una espiral de acción-reacción de hechos y elementos archiconocidos: el chantaje nuclear, la condena global, las sanciones, la distensión, las negociaciones y los acuerdos. Liturgia recurrente que se ha repetido en múltiples ocasiones.

En ese círculo vicioso y de espiral acción-reacción, Pyongyang explotó hace unos días una cuarta bomba, al parecer en esta ocasión, de hidrógeno. Anteriormente ya había explotado tres bombas nucleares subterráneas en 2006, 2009 y 2013 y lanzado un misil en diciembre de 2012. La ONU condenó los hechos y amplió las sanciones al régimen. Éste contestó con las habituales amenazas de aniquilación urbi et orbi.

No va a tardar tiempo en que la cadena oficial norcoreana KCNA declare que Estados Unidos sea el objetivo de sus misiles nucleares, Corea del Sur o Japón, tildándoles de ser siervos de Washington. Y que el ensayo nuclear sólo es la una medida, a la que seguirán otras de mayor magnitud.

Corea del Norte lo que busca es negociar con EUA desde una posición de fortaleza, como negoció Pakistán, y no de debilidad como lo hizo Libia. Mi apreciación personal al respecto es que las posibilidades de que se produzca una situación conflictiva de mayor conflicto, podrían ser mínimas ya que las autoridades estadounidenses, surcoreanas y chinas cuentan con un “teléfono rojo” o línea directa de emergencias para resolver cualquier contingencia de este tipo.

Corea del Norte ha rechazado y seguirá rechazando las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exige el fin de su programa nuclear. Pyongyang ha planteado siempre en tono desafiante, que perseguirá su objetivo de convertirse en un Estado con pleno derecho a tener armas nucleares.

En este contexto hay que recordar que el Consejo de Seguridad de la ONU, en el pasado , ya ha aprobado tres resoluciones. Éstas vetaron el comercio de armas con el régimen norcoreano. La resolución 1718, votada el 14 de octubre del 2006, prohibió cualquier transferencia a Corea del Norte de vehículos blindados, artillería de alto calibre, helicópteros de ataque, naves de guerra y misiles. Entre otras medidas de carácter financiero, las resoluciones sancionaron las actividades ilícitas del personal diplomático norcoreano, las relaciones exteriores de sus bancos, las transferencias ilícitas de dinero en efectivo, y endureció las restricciones de viaje a funcionarios norcoreanos.

Así mismo, después del ensayo nuclear del 25 de mayo de 2009, los integrantes del Consejo de Seguridad votaron por unanimidad la resolución 1874, el 19 de junio de ese año, que amplió ese embargo de armas ligeras. Y la resolución 2094 del 7 de marzo del 2013 profundizó las restricciones.

Lo que sin duda sucederá en estos días será una fuerte escalada en las tensiones en la península coreana de dimes y diretes. Queda claro que las amenazas nucleares no son un juego. La retórica agresiva y el posicionamiento militar sólo generan reacciones y alimentan el temor y la inestabilidad”. El problema es que cualquier evento en esta zona podría salirse del control y modificar el orden político y la balanza de fuerzas regionales.

Estamos viviendo un desorden mundial que se mueve entre la busca angustiada de un orden y el caos que acecha a cada esquina del mundo. La tensión entre el orden y el caos está en Europa. Desde el punto de vista coyuntural, Europa se ha equivocado enfrentando la crisis. Las políticas coyunturales de EE UU contra la crisis han sido mucho más eficientes,

Si China y EUA logran que Corea del Norte no las empuje a un rumbo de colisión, cuentan probablemente con un máximo de cuatro a cinco años para impulsar una estrategia conjunta. Este cronograma estaría determinado por el momento en que Corea del Norte poseyera la tecnología necesaria para cargar cabezas nucleares en miniatura en misiles de gran alcance de 10 mil kms. que pueden llegar a la costa oeste de EUA y cerca de Tijuana.

Claro EUA está preparado con el sistema THAAD que es capaz de interceptar misiles a gran altitud. Por eso, ese despliegue se añadió a los dos destructores AEGIS antimisiles ya posicionados en el Pacífico occidental.

En otras palabras, al igual que el PATRIOT, el THAAD es un sistema terrestre que se traslada en un camión que, además de interceptores, incluye un radar con banda X capaz de determinar el origen y la trayectoria de un misil balístico. Además, la presencia militar estadounidense en el noreste de Asia ha sido un elemento de equilibrio disuasivo frente a Rusia, China y Japón, que han tenido, desde siempre, intereses históricos en el área, y más concretamente hacia la península coreana.

Nadie desea hoy por hoy una guerra en la península coreana. Donde para el régimen del Norte, supondría su suicidio. Y, para el Sur significaría miles de muertes innecesarias, precisamente en un momento de grandes oportunidades económicas.

Es claro que de todo lo anterior se desprende que no se puede seguir utilizando la política del riesgo calculado y de llevar al límite la posibilidad de un conflicto, pues esa tiene sus límites, al igual que el bluff. Sabemos los internacionalistas por la historia que siempre se corre el peligro de que se calcule de más y se pase de la raya y se llegue a un punto sin retorno.

Finalmente, es necesario emprender una hazaña como la ejecutó Alejandro Magno y deshacer el nudo gordiano con gran imaginación y una enorme voluntad política de todas las partes involucradas en la península coreana, de China, EUA, Rusia, Japón Corea del Norte y del Sur; y retomar el diálogo de las seis partes a fin de estabilizar la región del noreste asiático y del mundo en general.

 

Por el Dr. Eduardo Roldán, Ex Embajador de México en Corea del Sur.




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