Las fronteras de Trump y su estilo personal de gobernar

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Estocolmo, Suecia. Sin duda en su momento, el triunfo de Donald Trump desconcertó a muchos y quizá en parte por la incertidumbre que se tenía sobre cuál sería su visión, en política interior y exterior, al momento de dirigir a la nación más poderosa del mundo. La situación no es para menos, desde el triunfo de Trump todos los escenarios previstos tuvieron que restructurarse. Por lo pronto, un principio fundamental que no hay que dejar de lado para entender a Trump: en política la realidad gira en torno a los factores reales de poder. En ese sentido, podría considerarse a Trump como la tesis misma de ese supuesto. Pero hay un espectro psicológico que impacta la conducta de un líder y su estilo peculiar de gobernar.

En ese este último esquema, hay que colocar y analizar a Donald Trump. Un hombre hecho en el “reality show” y en los escenarios corporativos de sus múltiples empresas. Es hombre del espectáculo, ama las alfombras rojas, los reflectores, los dispendios, y como cabeza corporativa: las lealtades. Hay mucha literatura sobre Donald Trump, extensos libros, miles de artículos y múltiples videos que lo revelan. Un diplomático no puede argumentar que está ayuno de información cuando trata de describir la personalidad de Donald Trump y su muy particular estilo de negociar y ahora de gobernar.

Los ejemplos más recientes se han dado en la nominación de su posible gabinete. Ahí Donald Trump ha manejado 5 escenarios, muy semejantes a los que utiliza en sus negocios o en sus reality shows.

 

  1. Centros antagónicos de poder o consejeros rivales. En la serie de televisión “El Aprendiz” se hacía flanquear por dos “consejeros” con visiones opuestas. Uno daba un punto de vista a favor y el otro en contra, al final a ninguno le concedía la razón al 100%, pero tomaba fragmentos de uno y otro para estructurar su argumento final. Esa mezcla antagónica de consejos, es parte de su estrategia de intriga, de suspenso y de jalar los reflectores hacia su persona, que es la nutriente de su forma clásica de operar, de “gobernar”.

La verdadera decisión siempre la toma por convicción propia o por consejo de algún miembro muy cercano de su familia: hijo(a), esposa o yerno –nadie más-. No le gusta que haya otro personaje con mayor poder fuera de su núcleo familiar. Durante la campaña presidencial observamos como dos cercanos y “poderosos” asesores finalmente sucumbieron, los alentaba a formar trincheras opuestas y luego los conducía a su derrumbe, así les sucedió a Paul Manafort y a Corey Lewandowski, quienes por largo rato fueron parte del suspenso, de la intriga; pero los dos salieron por la misma puerta por la que entraron.

Esa misma situación se presenta ahora con la nominación de dos figuras públicas de alto perfil: Reince Priebus y Stephen Bannon, uno como su asesor principal y el otro como su estratega. Ambos antagónicos, pero serán sin duda dos importes personajes de la intriga en la Casa Blanca; que tendrá Donald Trump para su deleite: su propio reality show, su comedia al estilo House of Cards. En el corto plazo, veremos quién de los dos tendrá más derecho a picaporte o quién de ellos se derrumbará. Todo apunta que podría ser Bannon, quien impulsa al presidente a la impopularidad por su cercanía con la supremacía blanca y contra la gran la diversidad demográfica estadounidense.

 

  1. Incertidumbre. Trump se caracteriza por plantear supuestos, como si desconociera cuál será el desenlace final. Invita a que le den consejos para saber cómo piensa cada uno. Argumenta que su decisión aún no la toma. Durante todo el proceso cambia de opinión con frecuencia sin dar a conocer su decisión final. Esta forma de operar la revelan varios importantes diarios de Estados Unidos, sobre en aquellas notas que aparecieron durante el fin de semana del Día de Acción de Gracias. Trump pidió a varios de sus invitados que le acompañaran a la mesa principal, al lado de la chimenea, y que le dieran su opinión sobre a quién debiera nombrar como Secretario de Estado: ¿Mitt Romney o Rudy Giuliani? Hubo muchas opiniones en contra y a favor de cada uno de los candidatos, pero Trump nunca reveló su decisión. Terminó la reunión y la incertidumbre prevaleció. Siguieron las semanas y el suspenso continuó. El drama le divertía, constantemente impulsaba las especulaciones mediáticas. En esa situación, a colocado al muro fronterizo, a los millones de indocumentados, al TLC, a la OTAN, a Rusia, a China, a Europa, a Siria, etc.

 

  1. El medio es el mensaje. Herbert Marshall McLuhan, dijo que el poder de los medios radica en su capacidad de darle mayor relevancia a un contenido. Es decir, un mismo mensaje tiene mayor o menor influencia dependiendo del medio. Un mensaje lanzado en Twitter o un video en YouTube, influye más en el receptor que un extenso artículo de fondo. Twitter, YouTube y Facebook son tres de los medios favoritos de Donald Trump para plantear sus posiciones o diferencias políticas. Obama usaba estas plataformas para movilizar a sus seguidores; Trump en cambio, las utiliza para gestionar los asuntos públicos o de interés mediático.

Durante la campaña, Trump gestionó su proyecto político conservador por medio de las redes sociales. Les daba tanta importancia que reaccionaba de inmediato a cualquier mensaje de Twitter lanzado por un interlocutor relevante; más sí le parecía provocador o contradictorio, como Presidente electo hizo lo mismo y como Presidente en funciones lo seguirá haciendo.

Trump personalmente monitorea las principales páginas web de los medios electrónicos o impresos sobre todo si se manifiestan a través Facebook, Twitter o YouTube. Su colaboradora Kellyanne Elizabeth Conway (ahora en un importante puesto en la Casa Blanca), quien durante la campaña presidencial trabajó para Ted Cruz, un férreo opositor de Trump; dijo abiertamente en las redes sociales que el presidente electo “insultaría a sus seguidores si nombraba como Secretario de Estado a Mitt Romney”. Este breve comentario, seguramente sugerido por Donald Trump, provocó un alud de reacciones en los medios, algunos llegaron a considerar que la carrera política de Conway estaba terminada. El escándalo llegó a tal nivel, que fuentes cercanas al entonces presidente electo, revelaron que Trump estaba “encolerizado”, pero no pasó nada; Conway siguió en el puesto y fue promovida.

 

  1. La imagen y las apariencias son importantes para Trump. El presidente electo se ha distinguido por haber impulsado concursos de belleza, series de televisión y participado en programas de comedia o reality shows. Para él, la imagen y la apariencia son factores cruciales. Nunca abandona el traje y la corbata. Cuando joven durante su internado en la academia militar se distinguía por traer las botas lustradas, la hebilla del cinturón reluciente y portar impecablemente el uniforme de escolapio militarizado. Destacó en el deporte y consideraba importante mantener una figura atlética. Le gusta verse a cuadro y cerca de personas con imagen atractiva, carismática e impactante. A pesar de que Giuliani es considerado como uno de sus más cercanos seguidores, su personalidad no le parece ni carismática ni atractiva. Prefiere una personalidad atractiva o alguien poderoso políticamente o económicamente. Mitt Romney, ex candidato presidencial republicano, tenía esa personalidad atractiva y la quería explotar mediáticamente, sugiriendo que sería un buen candidato para ocupar el puesto de Secretario de Estado.

Romney durante la campaña presidencial denostó a Trump, dijo que el magnate neoyorquino “no tenía ni el talento ni el conocimiento para ser Presidente de Estados Unidos”. Por varias semanas, Trump puso a Romney en el centro de las noticias nacionales e internacionales, e incluso hizo que se tragará sus propias palabras. Romney alabó públicamente al Presidente Electo diciendo que era un “gran líder”. A las pocas semanas, Donald Trump ni siquiera lo volvió a nombrar. Los medios consideraron que Mitt Romney fue abiertamente humillado. Finalmente, sin decirle a nadie, anunció como nominado al puesto de Secretario de Estado al presidente de Exxon Mobil y amigo de Putin, Rex Tillerson porque era “la encarnación del sueño americano”.

Maggie Haberman del New York Times sostiene que “Donald Trump está obsesionado con la imagen” de poder y carisma que deba proyectar quien asuma el puesto de Secretario de Estado, pues considera que la imagen será un factor de peso en su política exterior”. De la misma manera operó cuando designó al general retirado James Mattis como Secretario de Defensa, a quien llamó mad dog Mattis, según dijo es “el personaje más parecido a Paton”. Una figura que también admiró Richard Nixon. Ambos expresidentes, Richard Nixon y Ronald Reagan, inspiran la forma de gobernar de Trump.

 

  1. La humillación de sus detractores. Trump, al final no eligió a Mitt Romney como Secretario de Estado, pero como parte de su estrategia de doblegar y humillar a sus detractores, hizo que Romney acariciara la idea de ser Secretario de Estado. Lo obligó al besamanos, a rendirle pleitesía y al final lo desechó. El medio ultraconservador, Fox News informó que Trump sólo quería que Romney para que se disculpara públicamente por haber sido tan negativo hacia él durante la campaña.

A Ted Cruz, senador por Texas, uno de sus principales detractores durante la campaña, lo hizo pasar por el peor de sus ridículos. Trump le llamó para decirle que lo estaba considerando para el puesto de Procurador General, éste de inmediato dijo a periodistas que quería ser Procurador General y cuando la noticia corrió como reguero de pólvora por todos los rincones de Texas y Estados Unidos; Trump anunció por medio de las redes sociales que el puesto sería para Jeff Sessions.

¿Cuál será la mejor

estrategia frente a Trump?

En principio tomar en consideración los puntos anteriores. Los análisis cruciales de cómo reaccionar frente a Trump se tendrán que hacer durante los primeros cien días de su gobierno. Durante esa etapa se verá cómo reestructura algunas políticas públicas de su predecesor y cómo negocia las mejores alternativas posibles a sus promesas de campaña.

Por ejemplo, como Presidente Electo dice haber negociado un acuerdo con la empresa Carrier de Indiana, fabricante de calefacción y aires acondicionados, para que la compañía conservara por lo menos 1,000 de lo 1,800 puestos de trabajo que tiene en la entidad. Con esta negociación Trump abrió la caja de pandora. Rompió la regla más importante de la economía de mercado liberal: la mano invisible. Trump hizo lo opuesto actuó contra las fuerzas del mercado y determinó que la capacidad competitiva de las empresas es por la vía del proteccionismo. Con la mano visible del gobierno las fuerzas del mercado pierden su efectividad. Al final, el costo lo pagarán los consumidores y se distorsionará la balanza de pagos.

Otras empresas, aducirán el mismo argumento para obtener beneficios similares. Cabe preguntar, ¿qué tan amplia será la cobija presupuestal para respaldar estas supuestas “negociaciones”? Si hubo beneficios impositivos, cómo se traducirán en carga real al contribuyente estadounidense, ya sea como disminución del presupuesto o como incremento de la deuda pública.

Otro problema, no menor, es el seguro médico, 35 millones de estadounidenses dependen de la cobertura lograda a través del Obamacare. Con el nombramiento de Tom Price como Secretario de Salud, un férreo opositor a la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (en inglés, Patient Protection and Affordable Care Act, abreviada PPACA o conocida también como Obamacare), hay un claro indicativo de que el legado de Obama se quedará en una página de Wikipedia. Trump, como parte de su estrategia de humillar a sus detractores, le dijo a Obama durante su primera entrevista, que el programa se conservaría. A la semana siguiente lo denostó.

Tanto Trump como Price, prometieron aniquilar esta reforma de seguro médico. La situación no es fácil tomando en consideración los costos actuales de los seguros médicos y la atención hospitalaria sobre todo si se toma en consideración que el Obamacare cubre a pacientes con enfermedades preexistentes. La iniciativa que Price planteó como legislador incrementaría desproporcionalmente los seguros de salud en especial para quienes padecen enfermedades preexistentes, el gobierno tendría que subsidiarlos. ¿Cuánto deberá etiquetarse del erario público? Hay que considerar que Trump inicia su administración con un presupuesto ya aprobado y deberá esperar hasta el siguiente año fiscal 2017-2018, para hacer los ajustes presupuestales correspondientes.

Pero hay más, pero esa será otra historia, que todavía hay que relatar.

 

Por el Doctor Jorge Navarro Lucio, corresponsal internacional, con sede en Estocolmo, Suecia.




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