México: más democracia que nunca

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Las elecciones estatales y municipales del pasado 5 de junio demostraron que en México hay más democracia que nunca: los votos cuentan y se cuentan, y se admite el resultado por parte de los que pierden.

Más que un triunfo del PAN en Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, fue un voto de castigo para malos gobernadores, que cometieron errores políticos y administrativos que nunca supieron corregir.

A pesar de que fueron esos gobernadores: Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz; César Duarte, de Chihuahua y Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo, los que provocaron la derrota priísta, fue el líder del partido, Manlio Fabio Beltrones, quien asumió la responsabilidad y renuncio a la Presidencia del Comité Nacional del PRI.

Hizo bien Manlio Fabio, porque a él, no obstante su edad madura, todavía le quedan por lo menos dos sexenios de actividad política; y es muy probable que el actual gobierno, encabezado por el Presidente Enrique Peña Nieto, le brinde una oportunidad para que prosiga con su brillante carrera política.

Habiendo pronunciado un “discurso fuerte”, a su salida del partido en el poder, Manlio Fabio no rompió las reglas no escritas del sistema político priísta, como pretenden algunos; al contrario, fue respetuoso con el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, con quien platico en Los Pinos, una semana antes de renunciar.

Es cierto que Manlio Fabio criticó a los gobernadores que produjeron el desastre político en Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo; pero hasta ahí llegó; y eso es muy natural, porque no hay que olvidar que Beltrones fue Secretario Particular de Fernando Gutiérrez Barrios, el Secretario de Gobernación “de hierro”, y, por lo mismo, conoce las reglas no escritas del sistema político priísta, el cual, en su momento, lo recompensará por haber asumido con valentía el costo de la derrota electoral.

Por lo demás, la nación entera aceptó con naturalidad los resultados electorales en los 12 estados, y por más que algunos políticos amagaron con interponer demandas legales, no llegaron a eso, porque los resultados fueron absolutamente transparentes.

En México estamos viviendo una democracia como no se había visto desde los tiempos de Don Benito Juárez; por la Avenida Reforma de la Ciudad de México lo mismo desfilan los “gays” que las huestes de Andrés Manuel López Obrador; la democracia es una práctica nacional en las calles, en las escuelas, en las iglesias y en la política: todos los partidos políticos nacionales y estatales están representados y tienen una cuota de poder.

Con los resultados electorales el PAN estará gobernando ahora 10 Estados de la República y el PRI tendrá apenas 17, mientras el PRD conservará la Ciudad de México, Michoacán y Morelos.

El Movimiento Ciudadano, de Dante Delgado, gobierna ahora la Ciudad de Guadalajara y varios otros municipios de diversas entidades, y conserva representación en alcaldías y congresos estatales.

En el Congreso Federal ningún partido político tiene la “mayoría absoluta”; todas las decisiones que tienen que ser compartidas: a veces el PRI con el PAN y a veces el PRI con el PRD, o peor, el PAN con el PRD o el PRD con el PAN; no hay que olvidar que en varias de las entidades que ganó el PAN fue ayudado gustosamente por el PRD de Agustín Basave, quien por lo mismo pago el precio de esa mixtura deleznable, con su propia renuncia.

Agustín Basave sugería que para la sucesión presidencial, el PRD se uniría al PAN para sacar adelante a Margarita Zavala o a Ricardo Anaya, lo cual ya no aceptaron los líderes tradicionales perredistas que provenían de las guerrillas izquierdistas y de los partidos socialistas y comunistas antecedentes del PRD: ahora los comunistas iban a apoyar y a votar por los banqueros.

 

Hoy en día nadie puede decir en México que no está representado en el Congreso de la Unión o en algún gobierno: todas las corrientes están ahí; el mismo “Peje” Andrés Manuel López Obrador ya tiene 5 delegaciones en la Ciudad de México, que manejan miles de millones de pesos, y su partido Morena se ha incorporado ya al presupuesto del Instituto Nacional Electoral con cientos de millones de pesos. Nadie está afuera.

 

Por el Lic. Mauro Jiménez Lazcano, Director General de la Revista Macroeconomía.

 




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