“Los trabajadores de PEMEX actuamos con institucionalidad”: Carlos Romero Deschamps, Secretario General del STPRM

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Moderadora: Corresponde el uso de la palabra al Senador Carlos Romero Deschamps, Secretario General del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

-Sen. Carlos Romero Deschamps: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Bienvenido a la casa de los petroleros, su casa, señor Presidente.

Licenciado Pedro Joaquín Coldwell, Secretario de Energía y Presidente del Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos.

Distinguidos Secretarios de Estado de la Administración Pública.

Señores Gobernadores que hoy nos acompañan.

Doctor José Antonio González Anaya, Director General de Petróleos Mexicanos.

Apreciables funcionarios de la Administración Pública.

Señores Directores corporativos y de empresas productivas subsidiaras.

Distinguidos integrantes del Poder Legislativo y Judicial.

Distinguidos compañeros amigos de la CNC que hoy nos acompañan.

Distinguidas autoridades civiles y militares.

Compañeras y compañeros integrantes del Comité Ejecutivo General de nuestra organización sindical.

Secretaria y Secretarios Generales de las 36 Secciones de nuestra organización.

Distinguidos invitados.

Señoras y señores:

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Cuando el 18 de marzo de 1938 los trabajadores petroleros escucharon junto con el resto de los mexicanos el anuncio de la expropiación de la industria petrolera por el Presidente Lázaro Cárdenas del Río, vieron en ello una decisión de Estado, sólidamente congruente con la evolución que diversos episodios habían marcado el conflicto de la industria, entre ellos, el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que respaldaba el reclamo de los obreros, pero sobre todo, vieron reconocimiento a la prolongada, sensata y justa lucha de los petroleros por sus reivindicaciones laborales.

Sin embargo, lo realmente importante fue que ese episodio abrió la oportunidad para que el país y sus diferentes actores políticos y sectores de la sociedad, asumieran un compromiso de unidad nacional que tan importante fue a la luz de los terribles y turbulentos años que el mundo comenzaba a vislumbrar.

A partir de ahí, la industria petrolera mexicana rápidamente pasó a ser parte fundamental del desarrollo del país y de la imaginación popular.

En muchos momentos, más con ingenio y creatividad, que con recursos financieros o tecnológicos; de hecho, el doble papel que el Estado mexicano jugó habitualmente en Petróleos Mexicanos generó conflictos no siempre resueltos adecuadamente, provocando, ello, dramáticas variaciones en sus proyectos y estrategias para alcanzarlos.

Por una parte ejercía a través de la Administración Pública Centralizada lineamientos y controles que llegaron parecer excesivos; y por otra, demandaba la necesidad de disponer de una administración eficiente y oportuna.

En estos vaivenes de las políticas de PEMEX, cabe recordar, los petroleros siempre mantuvimos una actitud institucional, a sabiendas de que el desempeño de la empresa era de tal manera importante para la estabilidad del país que, por ello, la administración de la industria correspondía al Estado mismo.

Por esto, y porque sabemos lo peligroso que para esa estabilidad puede resultar que PEMEX y sus trabajadores se vean involucrados en situaciones de conflicto o polarización, mantuvimos una serena expectativa cuando comenzó a darse la intensa discusión nacional acerca del modelo de industria petrolera que México debía seguir.

Por ello, y no por falta de interés, mantuvimos discreción ante los acontecimientos. Al final, como era procedente y en el ámbito que correspondía, el Congreso de la Unión, en el cual está representado todo el país y todas las posiciones ideológicas, se resolvió adoptar un nuevo modelo de industria que atiende a la nueva realidad de competencia globalizada.

Ciertamente, la creación de PEMEX como empresa productiva del Estado, de sus empresas productivas subsidiarias y de sus potenciales filiales, la creación de nuevos órganos reguladores pero, sobre todo, la modificación de artículos relevantes de nuestra Constitución como el 25, el 27 y el 28; la aprobación de nueve leyes y la modificación de otras 12, muestran la ambiciosa transformación que con el concurso de la mayoría de las fuerzas políticas del país, se diseñó para la industria petrolera nacional.

En este novedoso e inédito escenario, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y quienes lo integramos, hemos actuado de manera consecuente con nuestra historia de institucionalidad.

Hemos sido solidarios con el esfuerzo que realiza el país para su diversificación y apertura, para su modernización y propósito de crecimiento. Hemos atendido, señor Presidente, el reto enorme que representa dejar atrás paradigmas que parecían inamovibles en la búsqueda de una transformación que, por fin, en su dinamismo encontremos los recursos que permitan beneficiar a los más y sacarlos de su condición de rezago.

Hemos sido capaces de revisar temas que aún no siendo de ninguna manera responsabilidad de los trabajadores terminaron por significar un grave problema para la institución.

Así convenimos un modelo de pensiones que respeta íntegramente a las condiciones de los trabajadores de mayor antigüedad y a los de menor les representa un cambio que en mucho se asemeja a las condiciones que históricamente hemos tenido, dejando para los de nuevo ingreso la modalidad de cuentas individualizadas.

Acciones, todas que, sin embargo, representan para PEMEX un cambio significativo y benéfico en su estructura financiera.

Hemos sido, asimismo, capaces de atender el impacto del ajuste al presupuesto de PEMEX en lo referente a servicios profesionales, personales y contrario a lo que muchas voces que quieren distorsionar la realidad afirman, esto ha sido sin afectar los derechos de ningún compañero o compañera trabajadores.

Ha sido, por el contrario, el sano resultado de un esfuerzo de muchos días, semanas y meses en que la premisa de trabajo ha sido la no afectación a los trabajadores y a la búsqueda de mejoría para la empresa.

Y aquí quiero hacer un reconocimiento a la Secretaría del Trabajo, que encabeza el licenciado Navarrete Prida, que contribuyó a que consiguiéramos estos logros y avances sin ninguna afectación.

Gracias, señor Secretario.

33-272Sorprende escuchar aún opiniones supuestamente progresistas que casi exigen el despido de miles de trabajadores, pareciera que lo que realmente les incómoda es que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, ha sido una organización madura y seria, que ha sabido, con el diálogo franco y de buena fe como herramienta, encontrar salidas convenientes para ambas partes a los difíciles retos que hemos enfrentado.

Tal vez preferirían vernos como un grupo desaforado, irresponsable, que en lugar del diálogo usara el grito, y antes que la razón la estridencia. No lo hemos hecho y no lo haremos.

Hemos explicado el profundo respeto que tenemos a la industria que ayudamos a construir, el profundo respeto que tenemos al pueblo de México, que durante casi 80 años, a través de nuestro trabajo en Petróleos Mexicanos, nos permitió dar soporte económico a sus aspiraciones de prosperidad y justicia.

Hoy, con un nuevo reto, con un nuevo modelo de industria que comienza a mostrarse, con el arribo del doctor José Antonio González Anaya, nuestro amigo, como Director General de Petróleos Mexicanos, a quien deseamos el mayor de los éxitos en la muy importante responsabilidad que le ha encomendado el señor Presidente Enrique Peña Nieto, los petroleros sabemos que en cada planta, en cada taller, en cada plataforma o en cada buque, ahí estará siempre nuestro compromiso con México y nuestra vocación hacia Petróleos Mexicanos.

Y estará también siempre nuestra palabra empeñada al  señor Presidente Enrique Peña Nieto y a todo el país.

Y como hace 78 años, unidos venceremos.

Muchas gracias.




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