“México, una sorpresa”, dijo el Papa al irse y vio “luces de esperanza”

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La noche del miércoles 17 de febrero, a las 19:12 horas, el Presidente Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera, despidieron al líder de la Iglesia Católica y Jefe del Estado Vaticano en el aeropuerto de Ciudad Juárez, al pie del avión de Aeroméxico que lo trasladó directamente a Roma; el Papa se veía contento.

05-271En su mensaje final, el pontífice manifestó que sintió el cariño, la fiesta, la esperanza de la gran familia mexicana: “Gracias por abrirme las puertas de sus vidas, de su nación”, y señaló que “en México existen luces de esperanza”.
En el aeropuerto, con música, baile y pañuelos, cinco mil personas le dijeron adiós.
Ya en el avión el más moderno del mundo para vuelos comerciales, el Papa Francisco, después de sus seis días de visita, calificó a México de “una sorpresa”.
Durante su estancia en México, el Papa convivió con los más diversos sectores: con la población de la Ciudad de México, que en repetidas ocasiones se agolpó en los márgenes de las avenidas y calles por donde pasaba su vehículo “Papa Móvil”, o el pequeño auto, que también usó; con cientos de miles de habitantes de Ecatepec y todo el Estado de México; con millares también que acudieron a la Basílica de Guadalupe, y a la que asistieron el Presidente Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, así como el ex presidente de la República Felipe Calderón y su esposa; con las comunidades indígenas del Estado de Chiapas y visitantes de Centro América que se agolparon en diversos actos realizados en San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez; con decenas de miles de jóvenes que lo recibieron en Morelia, Michoacán y otras multitudes que ahí mismo lo saludaron; y concluyó su visita en Ciudad Juárez, visitando la cárcel estatal, en uno de los actos más conmovedores, en el que una reclusa le dijo un 06-271discurso, que el propio Papa Francisco repitió en una pequeña parte que había memorizado.
El Papa Francisco reconvino lo mismo a políticos que empresarios, a obispos y arzobispos, a los traficantes de personas y a los narcotraficantes; pero a los jóvenes los alentó para que no caigan en la trampa de la resignación.
“México es un país de jóvenes”, reconoció el Papa Francisco en diversas de sus intervenciones; tan es así, que después de la bienvenida que le dio el Presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, donde el Jefe de Estado Mexicano se refirió al trascendente papel que tiene la juventud mexicana y a los esfuerzos que realiza México para abrir las mayores oportunidades a los jóvenes de nuestro país, el Papa le preguntó al Presidente, después de decir él también su discurso:
– “¿Usted me copió a mí o yo a Usted”? dijo el Papa Francisco al Presidente Peña Nieto cuanto terminó su discurso.
– “¿Por qué? Preguntó el Presidente Peña Nieto
– “Porque yo traigo el mismo mensaje que Usted”, dijo el Papa sonriente, ya que ambos resaltaron en sus discursos la importancia de la juventud como la principal riqueza de México.
Bajo la grandiosa bóveda de la Catedral de la Ciudad de México, el Papa Francisco reconvino a más de 300 obispos, arzobispos, cardenales y otros jerarcas de la Iglesia, para que “no se sientan ni actúen como príncipes”, sino que desciendan a trabajar con la feligresía.
Y conociendo las diferencias que han surgido entre algunos jerarcas de la Iglesia, el Papa los regañó: “¡peléense; pero como hombres cara a cara!”, les dijo, y los llamó a la unidad.

CONDENA A LOS “ESCLAVISTAS”
Ya de salida, en una reunión con hombres de negocios de la frontera, el Papa Francisco condenó “a los esclavistas” de nuestro tiempo, e hizo un llamado 04-271para mejorar las condiciones laborales en los centros de trabajo.
En todo momento, desde su llegada hasta su salida, el Papa Francisco fue tratado con cariño y alegría por la población con quien convivió, y, en especial, por el Presidente Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, quien tuvo a bien de invitarlo al Hospital Infantil de México, donde el Papa Francisco se conmovió y atestiguó la forma en que se atiende a los niños que ahí se tratan.
No cabe duda, que el Papa Francisco, como él mismo lo reconoció, se encontró con un México que lo sorprendió, y al que le agradeció el haberle abierto sus puertas y su vida; prometió volver y así se lo pidieron muchos que lo despedían en el aeropuerto de Ciudad Juárez.

 

Por el Lic. Mauro Jiménez Lazcano, Director General de la Revista Macroeconomía.




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