Altruísmo y democracia en el Club Rotario Plateros-Centro Histórico

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46-262Con los Honores a nuestra Bandera Nacional, se inicia la Asamblea General del Club Rotario Plateros de la Ciudad de México, en la que se rinden informes sobre diversas actividades de servicio realizadas y que revelan una gran entrega al servicio de la comunidad; inmediatamente se da paso a la ceremonia de abotonamiento de tres nuevos rotarios internacionales, que son ciudadanos distinguidos por su vocación de servicio a la comunidad: José Rodolfo Rodríguez García, Alejandro Flores Méndez y Gerardo Millán Callado.

El Presidente del Club y de la Asamblea, Miguel Angel Máscolo Caurel hace un llamado para que más personas se incorporen a la gran tarea del Rotary International, a la que están incorporados a la fecha un millón doscientas mil personas en todo el mundo, dispuestas a ayudar a los demás sin esperar recompensa alguna.

49-262En un ambiente democrático, claro, preciso, sincero, se desenvuelve la Asamblea, discutiéndose asuntos de trascendencia, con la participación de quien desea hacer valer su voz y su voto; todas las decisiones se toman por mayoría, y se respeta inmediatamente el resultado.

La democracia es una forma de vida y convivencia, insustituible; podrá tener defectos, pero todavía no se descubre una forma mejor para el desenvolvimiento de la sociedad y del país.

Y cuando el Presidente de la Asamblea y del Club toma la protesta a los nuevos miembros del Rotary, para que pongan todo su empeño en atender a los sectores de la sociedad más necesitados, les recuerdan que lo que se espera es una conducta moral, generosa, desinteresada.

47-262Los nuevos rotarios prometen cumplir con sus deberes sociales y éticos, apoyados y acompañados por sus familias: esposas, hijos, amigos.

El Presidente Miguel Angel Máscolo Caurel dice en su breve pero sustancioso discurso a los nuevos miembros: “Necesitamos más gente como ustedes, porque la tarea por realizar es grande”.

Distinguidos hombres y mujeres asisten a la Asamblea del Club, en el salón de un edificio colonial en el centro de la Ciudad de México.

Los asistentes coinciden, hombres y mujeres dedicados a actividades productivas, académicas, de servicio social, en que “no hay tiempo que perder”.

 

Por el Lic. Mauro Jiménez Lazcano, Director General de la Revista Macroeconomía




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