Obama y Castro: El Diálogo de la Reconciliación

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El 17 de diciembre de 2014, justamente al mediodía, el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, y el Presidente de Cuba, Raúl Castro, comparecieron ante sus respectivos países para anunciar el inicio de la restauración de relaciones diplomáticas entre ambos países, luego de 53 años de un vacío diplomático entre ambas naciones. El anuncio tomó a todo el mundo por sorpresa. Las reacciones no tardaron en llenar las redes sociales, así como la prensa internacional.

En Latinoamérica la reacción fue muy favorable. Medio siglo de represión en contra del pueblo cubano no tenía sentido, ni ahora, ni cuando comenzó. El pueblo cubano tenía perfectísimo derecho de escoger el camino que los llevaría a su futuro. Desgraciadamente, pueblos ajenos a la realidad cubana decidieron que sus intereses eran más importantes, y durante medio siglo intentaron someter al pueblo cubano a lo que entendían era lo mejor para Cuba. Los Estados Unidos de América, haciendo uso de sus prerrogativas imperialistas, y utilizando la excusa tradicional de los países imperialistas, reclamaron que el camino que Cuba había escogido violentaba la seguridad nacional de su país. Bajo el banderín de seguridad nacional, los Estados Unidos de América hicieron todo lo posible por destruir los sueños de un país independiente que gozaba de una libertad plena, ganada con la sangre de sus hijos.

Con su instrumento de muerte, la CIA, los Estados Unidos de América intentó, en múltiples ocasiones, asesinar al máximo líder cubano, Fidel Castro, y así destruir la Revolución Cubana que dependía para su éxito de la figura carismática del Comandante. Por otro lado el Presidente de Estados Unidos de América, Dwight D. Eisenhower, en vez de recibir a Fidel Castro cuando éste se dirigió a las Naciones Unidas recién lograda la victoria militar en contra del régimen corrupto y sangriento del dictador y marioneta Fulgencio Batista, le dio la espalda y le abrió la puerta a la Unión Soviética para que ayudara al incipiente régimen cubano. En primer lugar, rompió las relaciones diplomáticas con Cuba. Luego, con la ayuda de la CIA, autorizó la preparación de una invasión a Cuba compuesta por cubanos en el exilio y entrenados por operativos de la CIA. No nos puede extrañar que el héroe militar de la Segunda Guerra Mundial, quien dirigió la invasión anfibia de Europa, la más grande en la historia de la humanidad, intentara utilizar el único medio que conocía para derrotar la Revolución Cubana. La Cuba de Fidel Castro se convirtió en un enemigo real para la potencia militar de mayor envergadura del momento, junto a la Unión Soviética.

Le tocó a su sucesor, el Presidente John F. Kennedy, llevar a cabo la fatídica  invasión en la cual los invasores, o murieron, o fueron tomados prisioneros en lo que se conoce como la Bahía  de Cochinos. Pero esta victoria de las fuerzas militares cubanas fortaleció las expectativas de éxito que tenía el régimen de Cuba. Pero también le tocó al Presidente Kennedy iniciar el bloqueo a Cuba como resultado de la “crisis de los misiles”, un bloqueo que todavía está en pie y que no resuelve nada.

Sesenta y un años han pasado desde aquel fatídico ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, fecha que, en junio de 1955, se tomó como el nombre oficial del Movimiento 26 de julio (M-26-7).

MOVIMIENTO 26 DE JULIO

El silencio arropaba la ciudad,

una madrugada veraniega,

en una isla tropical,

cuando gritos y disparos

interrumpieron la paz de Moncada.

Era el 26 de julio de 1953.

Un líder joven, carismático,

junto a otros, se atrevieron decir

“No” a la dictadura sangrienta

de Fulgencio Batista.

Así dio comienzo una lucha histórica

que terminó en victoria un 1 de enero de 1959.

El mundo entero vio con beneplácito

aquella gesta revolucionaria

cuando jóvenes de ideologías varias

se levantaron al llamado de la nación

para proteger el presente y el futuro

de su patrimonio nacional.

El imperialista del norte

nunca vio con buenos ojos

aquel movimiento de pueblo.

La crisis de los misiles le permitió

intentar estrangular su desarrollo

económico, político y social.

Pero ni el bloqueo imperialista

ni las presiones internacionales

del imperio del norte

han podido detener la presencia,

ni el heroísmo colectivo,

de la Revolución Cubana.1

Para los que recordamos y vivimos aquella fecha memorable, no tanto por el desastre militar que representó, sino por la victoria política que generó en el país, nunca la podremos olvidar. A pesar de mi corta edad de catorce años, recuerdo el incidente como si fuera hoy. Me encontraba con mi familia en Santiago de Cuba esa noche en una actividad religiosa. Mi padre, el Reverendo Doctor Oscar Rodríguez, era el Secretario General de la Convención Bautista en el Oriente de Cuba, y esa noche nos encontrábamos en una actividad eclesial. Al otro día cuando nos disponíamos a salir de Santiago, pasamos frente al Cuartel Moncada y pudimos ver los estragos que el ataque había causado, así como la presencia de las fuerzas militares del General Fulgencio Batista. Debido a mi corta edad, no entendía muy bien lo que estaba pasando, a pesar de que conocía quién era Fidel Castro. Mi hermana y yo estudiábamos en los Colegios Internacionales en El Cristo, varios kilómetros al norte de Santiago, donde también estudiaba con nosotros la hermana menor de Fidel, Agustina Castro.

Una vez que Fidel logró establecer su base de operaciones en la Sierra Maestra en su segundo intento por iniciar la acción militar, acostumbraba bajar de la sierra y visitar la casa de mis padres en busca de asesoramiento. Mi padre se había licenciado con el rango de Capitán del 65 de Infantería de los Estados Unidos de América al concluir la Segunda Guerra Mundial. Mientras Fidel y Raúl se reunían con mi padre en la cocina, mi madre se sentaba en la sala con todas las ventanas abiertas, mientras los soldados de Batista patrullaban frente a la casa. Nunca fui testigo ocular de estos acontecimientos, pero mis padres me informaron de todo una vez ellos salieron de cuba en el 1958. Mi última visita a Cuba fue en las navidades de 1956.

México jugó un papel muy importante durante todos estos años. Fidel Castro fue exiliado en México luego de cumplir dos años de cárcel de una sentencia de 15 años por el ataque a Moncada, y trabajó arduamente para regresar a Cuba. Antes de salir de Cuba había prometido regresar antes de que terminara el año 1956. “Seremos libres o seremos mártires” era la consigna.2 Fue en México que conoció a Ernesto “Che” Guevara quien se convirtió en el ideólogo del M-26-7, así como amigo y compañero de luchas en la Sierra Maestra.

Durante su estadía en México fue arrestado junto al Che, y varios de sus hombres que formaban el M-26-7, por la Policía Federal Mexicana, el 20 de junio de 1956. Sin embargo, al descubrir que el grupo de cubanos no eran traficantes de mercancía procedente de los Estados Unidos de América y que sí eran revolucionarios, cambiaron el trato que estaban recibiendo. El ex Presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos, el General Lázaro Cárdenas, fue instrumental en lograr que el grupo saliera de la cárcel así como lograr su propósito de regresar a Cuba antes de que terminara el año. Fidel Castro, en el libro de sus memorias escrito por la periodista cubana Katiuska Blanco, Guerrillero del tiempo dice: “no sólo nos sacó de la cárcel, sino que nos cubrió con una aureola de una amistad prestigiosa, fuerte (…)”. Gracias al General Cárdenas, y otros simpatizantes de la Revolución Cubana tanto en México, en Cuba y en otros países de Latinoamérica, la promesa que había dado Fidel Castro al partir hacia el exilio se cumplió. A finales del 1956, Fidel Castro había logrado establecer su base de operaciones militares en suelo cubano.

Hoy la Revolución Cubana ha logrado su más grande victoria. Sobrevivió todas las asechanzas que los estadounidenses le lanzaron, y Fidel Castro sobrevivió todo lo que le lanzaron. Muchos, especialmente en la colonia cubana en la Florida, estaban esperanzados en que, al morir Fidel, Cuba volvería a ser lo que fue. Fidel les ganó esa batalla lo que asegura que Cuba no volverá a ser el títere de nadie. Una nueva etapa en la historia de Cuba comenzó el 17 de diciembre. Hay un refrán que dice que “preguntando se llega a Roma.” Esta vez, preguntando, Roma llegó a Washington y a La Habana, gracias a la intervención del Papa Francisco. El dialogo ha comenzado; los frutos se verán, no inmediatamente porque cambios como estos toman tiempo en digerir. No fueron 61 años de placer, sino de sufrimiento. Lo importante es que el primer paso se dio. Ahora hay que trabajar con la buena voluntad de los actores de este drama humano.

1- Poema escrito por el autor el 26 de julio de 2014.

2- Katiuska Blanco, Guerrillero del tiempo, Casa Editora Abril, 2011. (El libro es el resultado de varias entrevistas que ofreció Fidel Castro a la periodista cubana Katiuska Blanco.)

Por Oscar E. Rodríguez, Profesor Emérito Universidad de Puerto Rico

oscarod57@hotmail.com




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