En el conflicto Israel-Hamás, el regreso al Status Quo Destructivo

173

No causa sorpresa la cantidad de artículos que se han escrito en torno al conflicto entre Israel y el grupo islámico de Hamás. Lo sorprendente sería que se hiciera un análisis serio del conflicto y se diera una solución que las partes beligerantes aceptaran. Los gobiernos del mundo manifiestan “consternación”, “condena”, piden “enérgicamente” que se ponga fin al conflicto. Otros toman partido y, a partir de cómodos análisis desde sus escritorios o foros de discusión ofrecen soluciones draconianas al conflicto.

Los que hemos caminado por la región y hemos tenido la oportunidad de hablar con los civiles tanto palestinos como israelíes que se encuentran en medio del conflicto, nos damos cuenta que la beligerancia tiene demasiadas ramificaciones como para ofrecer una solución simplista a este “choque de civilizaciones”. Hay demasiados intereses en la región y muy difícilmente se puede hablar de un segmento predominante, un ente focalizado, un actor relevante, un líder que se le pueda invitar a una mesa de negociaciones. Mucho menos ahora que, después del secuestro y asesinato de tres estudiantes israelíes y la tortura a modo de venganza de un adolescente palestino, se ha regresado a lo que más conocen los actores relevantes de este conflicto; ¡el estatus quo destructivo!

Entiendo que no es cómodo para los civiles israelís recibir diariamente en su territorio una lluvia de cohetes con marca y sello de Hamás desde hace varios años. Ahora la lluvia de misiles se ha intensificado en miles. Lo mismo sucede para los civiles palestinos que se encuentran en medio de la beligerancia y ponen los muertos, que en esta última acción de contraataque Israelí dejo un saldo de más de 168 palestinos muertos y más de mil heridos.

Después de tan lamentables acontecimientos escuchamos a los bandos en conflicto reivindicar posiciones. Pero lo más urgente es dar un modelo, si se quiere diplomático, para romper con ese patrón o estatus quo destructivo.

Quizá sería un modelo diplomático muy semejante al que fue instituido en Siria para lidiar con el problema del arsenal de las armas químicas. Este modelo implicaría los siguientes rubros:

Convocar por medio del Consejo de Seguridad de la ONU, a una reunión de Alto Nivel entre las partes relevantes e interesadas en resolver el conflicto.

Revisar el acuerdo de conciliación firmado el 23 de abril de 2014 entre Hamás y la Organización de Liberación de Palestina. Un acuerdo que abre una ventana de oportunidades para terminar con la inercia administrativa de una burocracia desquebrajada en la Franja de Gaza. Elevar a nivel de autoridad a las instituciones formadas para administrar burocráticamente la región; darles una estructura funcional bien remunerada. Hasta ahora miles de empleados que fueron contratados desde que Hamás asumió el control de Gaza (en 2007) no les han pagado sus salarios en meses. Ni Hamás puede; ni la Autoridad Palestina (dominada por Fatah) lo desea; tener esa estructura. En parte porque pagarles significa fortalece el poder institucional de Hamás y por ende se debilita el de Fatah. Este es un conflicto real de hechura política palestina pero claramente debilita las posibilidades de solución en la zona.

Establecer lineamientos claros para iniciar un alto al fuego del conflicto con el apoyo logístico y real de los actores relevantes de la zona. Que se lleve a cabo ese diálogo entre las partes de manera silenciosa, sin nombrar siquiera a los interlocutores para que puedan actuar a plenitud en un proceso de negociación tipo BATNA (Best Alternative to a Negotiated Agreement).

Plantear un Plan Mini Marshall para aliviar la miseria y pobreza en la que vive la población de Gaza y sus “instituciones”.

Establecer mecanismos reales para disminuir los incentivos de Hamás para regresar al estatus quo destructivo. Algo difícil de alcanzar si se reconoce que Hamás tiene como objetivo el establecimiento de un estado islámico en Palestina, lo cual comprendería Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza, con capital en Jerusalén. A partir de ese objetivo fluyen los recursos económicos y financieros para apoyar al estatus quo destructivo de aquellos que se suman a ese objetivo. Es una forma de vida desde hace más de 35 años.

Trabajar en el proceso de paz con el nuevo gobierno palestino, incluso establecer mecanismos para que tenga un control político negociado en Gaza.

No se puede entender la región sin permitirle a Egipto ser parte de la negociación de paz. Así lo indique, en un artículo que escribí hace algunos años, después de estar en la zona e intercambiar puntos de vista con intelectuales jordanos y egipcios.

Permitir que las mercancías fluyan desde Israel para que el nivel de vida de los palestinos se eleve y mejoren sus condiciones de sobrevivencia.

Por Jorge Navarro Lucio, Analista político ex corresponsal en Medio Oriente




Agregar un comentario