Monarquías en vías de extinción

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La sorpresiva abdicación del Rey Juan Carlos I al trono de España es un hito en la historia moderna mundial que revela una vez más que las monarquías, como forma de Gobierno están en vías de extinción.
Los frecuentes escándalos de corrupción en que participó el Rey Juan Carlos I y su familia, con excepción de la Reina Sofía, derivaron necesariamente en esta decisión precipitada del Rey Juan Carlos, que puede dar lugar a un periodo de desestabilización política de España.
La juventud española, en su mayor parte empobrecida por un largo periodo de recesión y fraudes tanto del sector público como del sector privado y en especial de los banqueros españoles que echaron de sus viviendas a miles de familias que no lograron pagar sus hipotecas, está dando lugar a éste fenómeno político que no sabemos donde desembocará en el corto y en el mediano plazos.
Las estadísticas conocidas recientemente revelan que por lo menos una tercera parte del pueblo español rechaza la continuación del régimen de las monarquía, por lo que ha significado en los últimos tiempos en materia de corrupción y por su alto costo para lo población, además de que cualquier régimen monárquico y en especial el de España resulta ya un arcaísmo, una reliquia que sobrevive a la modernización de los países y al mundo global en el que nos desenvolvemos actualmente.
La humanidad avanza hoy más rápidamente que en los siglos pasados y su transformación es exponencial e inmediata en términos históricos; los progresos sociales son paralelos a los avances que se tienen en la ciencia, en la tecnología, en la cultura y en la economía, en las telecomunicaciones y en la informática.
Así que, la abdicación de Juan Carlos I viene a ser un detonador político, económico y social que podría llevar a España a una transformación largamente propuesta por los sectores sociales más progresistas y avanzados de ese país, que han existido desde siempre y que fueron aplastados por la vieja dictadura franquista, de la que prácticamente ya no queda nada, sino malos recuerdos.
Es la oportunidad para que España se incorpore definitivamente al progreso político y social de la mayoría de los países europeos.
No será fácil detener a las fuerzas sociales que exigen un nuevo paso hacia adelante en el régimen político y social de España.




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