Algunos factores en la relación China-América Latina

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Con el inicio de este siglo, la relación entre China y América Latina ha llamado más la atención y su acelerado desarrollo no solo ha impulsado la diversificación de las relaciones exteriores de los países latinoamericanos, sino que también ha profundizado la amistad entre ambos pueblos y enriquecido el contenido de la cooperación Sur-Sur.

Mientras el mundo dirige su mirada hacia la relación sino-latinoamericana, surgen algunas preguntas: ¿Por qué China le da tanta importancia?, ¿cómo entender el “factor China”? y ¿cómo mejorar la comprensión mutua?

Gran atención a la relación

En las relaciones internacionales, las visitas de alto nivel son una especie de “barómetro” para las dos partes. En noviembre de 2004, el entonces presidente Hu Jintao visitó América Latina y solo dos meses después, el vicepresidente Zeng Qinghong hizo lo propio. A principios de 2009, el entonces vicepresidente chino, Xi Jinping, pisó tierras latinoamericanas. Mientras que a finales de mayo de 2013, después de que el vicepresidente Li Yuanchao llegara a América Latina, el hoy presidente Xi realizó una nueva visita a la región. Que en muy corto tiempo el presidente y vicepresidente de un país visiten, consecutivamente, América Latina es un hecho único en el mundo, y es también una muestra de la suma importancia que China le da al desarrollo de la relación con Latinoamérica.

Hasta la fecha, el Gobierno chino ha emitido tres documentos sobre las relaciones con el exterior. Uno de ellos es el Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe, publicado el 5 de noviembre de 2008. Este señala que el Gobierno chino tiene una visión estratégica sobre la relación con América Latina y se esfuerza por establecer y desarrollar una relación de cooperación integral sobre la base de la igualdad, el beneficio recíproco y el desarrollo común.

¿Por qué China le presta tanta atención a América Latina?

Al analizar los motivos, los medios occidentales suelen expresar esta inferencia: ya que América Latina es el “patio trasero” de Estados Unidos, el aumento de la presencia china en estas tierras tiene el objetivo de frenar a EE. UU.

Esta conclusión tiene una visión sumamente unilateral, pues el interés de China en la relación con América Latina no apunta a una tercera parte, sino que reside en los siguientes motivos:

En primer lugar, al ser una región importante entre los países en vías de desarrollo, América Latina tiene una considerable fuerza en el actual escenario internacional. Además de participar de forma activa en los asuntos internacionales, tanto América Latina como China se han adherido a una política exterior independiente y pacífica, a una coexistencia armoniosa y a la no intervención en la política exterior de otros países.

En segundo lugar, América Latina cuenta con ricos recursos. Aunque el Gobierno chino ha sido consciente de la importancia de ajustar su modelo de crecimiento económico, la demanda de recursos de ultramar no disminuirá en gran medida, ya que los recursos de América Latina ocupan un gran porcentaje en el mundo: la producción de combustible biológico, un 31 % del total mundial; la de petróleo, un 13 %; la de cobre, un 47 %; la de soya, un 48 %; la de ternera, un 31 % y la de maíz, un 16 %.

En tercer lugar, América Latina no solo es un considerable mercado, sino que también está cerca del mercado estadounidense, e incluso posee tecnología científica de punta. Por lo tanto, es evidente que América Latina tiene una importante posición para las empresas chinas dentro de sus planes de inversión en el exterior.

En cuarto lugar, ambas partes pueden intercambiar experiencias en la gestión de gobierno. Las dos partes comparten una filosofía de desarrollo, enfrentan la ardua tarea de acelerar su desarrollo económico y social, y deben tomar muy en cuenta la “trampa de los ingresos medios”. Por eso, ambos pueden subsanar sus puntos débiles, desarrollarse en forma conjunta, intercambiar experiencias de manera estrecha, aprender de las buenas experiencias del otro y promover el progreso de la civilización humana.

Influencia del desarrollo chino

El despegue e influencia de China en la relación comercial con América Latina es llamado en el mundo el “factor chino”. Algunos lo respaldan y otros lo cuestionan.

Sin duda, hay críticas y malentendidos respecto al “factor chino”. Lo más llamativo es la advertencia de una reprimarización y recomodificación, es decir, la idea de que la demanda china de productos primarios de América Latina generará cambios desfavorables en la estructura sectorial de esta región.

Este punto de vista es, evidentemente, unilateral. De hecho, la aparición del “factor chino” ha servido para que las naciones latinoamericanas desplieguen sus ventajas comparativas. Todos saben que el acelerado desarrollo de la economía china ha incrementado su demanda de recursos de ultramar, de modo que el precio de los productos primarios en el mercado mundial se ha mantenido durante un largo tiempo en un nivel relativamente alto, y América Latina se beneficia de la exportación de dichos productos. Los economistas del Banco Mundial, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (Cepal), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y del Banco de Desarrollo de América Latina han corroborado con datos y estudios que la considerable demanda china de productos primarios tiene una estrecha relación con el crecimiento de los ingresos por exportación de América Latina. En realidad, la tasa de crecimiento económico de la región, la demanda china de recursos e, incluso, el hecho de que la economía china pueda tener un “aterrizaje suave” se han convertido en temas de preocupación para Latinoamérica.

Aunque el “factor chino” ha sido favorable para que América Latina despliegue su ventaja comparativa y para la gran complementariedad económica entre las dos partes, algunos sostienen que, hasta ahora, la base principal de la relación comercial entre China y América Latina ha sido el comercio interindustrial, y no el intraindustrial; y que, por ello, no es sostenible. Es decir, China no debe solo importar de América Latina productos primarios, sino también acabados industriales.

De hecho, tanto China como Latinoamérica deben optimizar la estructura de sus respectivas exportaciones. Sin embargo, lo sostenible no depende de la ventaja o desventaja de la interindustria o la intraindustria, sino de si se puede llevar a cabo al máximo la complementariedad comercial entre ambas partes. La ventaja de América Latina está en sus ricos recursos naturales, mientras que el acelerado desarrollo económico chino necesita de diversos recursos de exportación. En otras palabras, solo esta complementariedad podrá hacer sostenible la relación comercial sino-latinoamericana.

Otro reproche está relacionado con los productos chinos que ingresan en el mercado latinoamericano: como dichos productos generan una fuerte competencia representan una gran presión para la manufactura latinoamericana.

En el libro El dragón en la habitación: China y el futuro de la industrialización de América Latina, escrito, conjuntamente, por el estadounidense Kevin P. Gallagher y el uruguayo Roberto Porzecanski, se indica que, hasta 2009, un 92 % de la exportación de productos acabados de América Latina estaba amenazado, razón por la cual ambos especialistas llegaron a la conclusión de que el fomento de la competitividad china había perjudicado la capacidad de desarrollo a largo plazo de Latinoamérica.

La afirmación es discutible, pues ambos han omitido dos hechos: el descenso de las cuotas de los productos industriales acabados de América Latina comenzó antes del “despegue” de China y este fenómeno se debe a varios motivos. No se debe culpar de todo a China. Por ejemplo, esta situación en Brasil puede explicarse por los elevados impuestos, el alto precio de la mano de obra, la atrasada infraestructura y otros costos desfavorables para las actividades económicas (denominados como costos brasileños). Un artículo en el Financial Times señala que el costo del transporte de una botella de vino brasileño Miolo desde el valle al puerto, ubicado a 500 km, es casi el mismo de que si se la hubiera transportado a China.

Por eso, Latinoamérica no debe imponer a China medidas antidumping, sino que debe elevar la competitividad de sus productos.

En realidad, gracias a su buena calidad y bajo precio, los productos chinos que se exportan a América Latina han servido para frenar la presión causada por la inflación. Otro artículo del Financial Times destaca que en Paraisópolis, un barrio pobre de Sao Paulo, la gente de bajos ingresos prefiere los productos chinos, pues estos tienen un precio cuatro veces menor que los brasileños.

Se debe precisar que el “factor chino” tiene una doble función. Es decir, China puede exportar e invertir en América Latina, y viceversa. Por ejemplo, China ha llegado a ser un importante importador de vino chileno. En 2005, China figuraba en el lugar 24 en la lista de mercados de exportación del vino chileno, pero para 2012 ya había ascendido al sexto puesto. En el año 2000, la mayor compañía chilena del sector, Concha y Toro, solo llegó a exportar a China unas 780 cajas, pero esta cifra se incrementó hasta las 164.000 en 2011. Se estima que, para 2020, Chile exporte vino a China por un valor de 3000 millones de dólares.

A su vez, de acuerdo con los cálculos del Banco de Desarrollo de América Latina, la inversión brasileña, mexicana, argentina, chilena y de otros países de la región en China ha sobrepasado los 800 millones de dólares. Bimbo, empresa mexicana de alimentos, ha establecido fábricas en 27 ciudades chinas y el Grupo Techint de Argentina tiene una fábrica de tubos de acero. Por su parte, la empresa brasileña de tecnología informática Stefanini también ha invertido en China.

En resumen, el “factor chino” ha tenido más consecuencias positivas que negativas para Latinoamérica y esta ganancia compartida es la fuerza de impulso para el desarrollo del comercio bilateral.

Mayor comprensión mutua

Debido a la lejanía geográfica, la gran diferencia cultural y a la barrera del idioma, el conocimiento que los chinos tienen sobre Latinoamérica es muy superficial, y viceversa. Incluso, algunos latinoamericanos, influidos por los medios occidentales, tienen algunos malentendidos sobre China.

Las dos partes han aplicado medidas para contrarrestar los malentendidos. Diversos think tanks y organizaciones dedicadas al estudio de China han venido apareciendo, mientras que los especialistas latinoamericanos enfocados en nuestro país son cada vez más y los libros sobre China salen a la luz continuamente. China ha establecido decenas de Institutos Confucio en América Latina, mientras que los libros y periódicos chinos pueden encontrarse en español, portugués y en inglés en todas partes de Latinoamérica. A su vez, los grupos chinos de acrobacia, canciones y danzas visitan frecuentemente la región, y se celebran exposiciones que presentan la cultura china.

Considero que los siguientes puntos son importantes para lograr un mejor conocimiento de China:

En primer término, los medios chinos deben esforzarse más en la presentación de China en el exterior, y enfocarse en aspectos como el uso de diversas lenguas, la selección de contenidos, la mejora de la forma, entre otros.

En segundo término, las embajadas y consulados chinos acreditados en ultramar deben desplegar un papel más importante. Destacados diplomáticos, una estrecha relación en el campo social y un gran conocimiento de los países latinoamericanos pueden, a veces, jugar un rol más importante y más efectivo que el de los medios de comunicación en la presentación de China.

En tercer término, se debe implementar, cuanto antes, el Foro de Cooperación Sino-Latinoamericana. China ha establecido una plataforma de cooperación con las naciones en vías de desarrollo de África y Asia. Los hechos certifican que tales diálogos favorecen la promoción de los intercambios y la cooperación integral entre China y dichas naciones.

En cuarto término, se deben impulsar los intercambios culturales. A diferencia de las visitas de alto nivel, los intercambios profesionales y culturales poseen un carácter “humano y popular”, una mayor envergadura y se dan en diversas formas; por lo tanto, pueden jugar un importante papel en el mayor conocimiento mutuo.

Es lógico que el fomento del conocimiento mutuo sea un proceso de avances graduales. Además, el conocimiento mutuo no depende de una sola parte, sino de ambos lados. En este aspecto, considero que los esfuerzos de los países latinoamericanos no han sido tantos como los de la parte china.

Por otro lado, además de presentarse mutuamente, ambas partes deben tomar la iniciativa para conocer una de la otra.

Por Jiang Shixue, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales y subdirector de la Asociación de Estudios sobre América Latina de China.




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