Rose

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En nombre de la santa alianza de Dios con el pueblo elegido, el Estado sionista israelí intenta deslegitimar tanto los idiomas yidish (judeo-alemán), como sefaradí (hispano-portugués), para construir un nefasto nacionalismo en hebreo (idioma de la sinagoga), en un imaginario que trastoca la historia real del judío errante, en opinión de Ricardo Loewe, prominente miembro de la comunidad intelectual de Tepoztlán, Morelos, al comentar la soberbia actuación de Amanda Schmelz Herner en Rose, estremecedor monólogo que se presenta jueves a jueves en el Foro Shakespeare  de la Ciudad de México.

La obra del dramaturgo norteamericano Martin Sherman, que en México se  presenta con montaje de Lucía Leonor Enríquez, sintetiza todo un flujo de conciencia y recuerdos desgarradores de la judería sin tierra, dice Loewe, quien ofreció el pasado domingo 26 de enero su biblioteca en Tepoztlán para una representación a domicilio de la obra, a la que asistieron representantes de las colonias alemana y austriaca asentadas tanto en la culta población morelense, como en la Ciudad de México.

Cuando inicia la representación  aparece en el escenario una mujer mayor que sentada en un banco habla por teléfono, el espectador se enterará pronto de que lo hace con su hijo Avner, ella en los Estados Unidos,  él en Israel  y, a pesar de las distancia que los separa,  las posiciones se confrontan y se vuelven infranqueables, “por qué”, pregunta ella,  nuestro pueblo perseguido durante siglos ahora, desde su nueva posesión territorial se ensaña con el palestino, por qué no reconocer que así como hay un Estado Israelí,  también hay un Estado Palestino con los mismos derechos, ¿por qué no vivir una paz por territorios?

El hijo es incapaz de entender la argumentación de su madre, ella, si bien aportó fondos para la causa, no estuvo ahí ni sufrió las calamidades que  implicaron la construcción del moderno Estado de Israel y la edificación de una nación fuerte, libre, soberana ante sus enemigos territoriales.

Madre e hijo hablan  durante la Shiva, el ritual judío por los muertos pero, ¿por cuáles?, esto ella nos lo  irá contando poco a poco. A sus ochenta años Rose ha perdido muchos seres y demasiadas cosas ha sufrido. Nacida en un pequeño poblado de Ucrania entre todo tipo de penurias incluido un pogromo, ese linchamiento multitudinario del antisemitismo,  en el que uno de los muertos es su propio padre.  En 1937  viaja a sus 17 años  a Varsovia en donde por fin parece haber encontrado  la paz y  el amor con Yussel, con quien   engendra a su hija Esther, pero entonces se produce la invasión nazi a Polonia y vendrán primero el gueto, la hacinación, la desaparición de Yussel y la muerte de su hija Esther, hasta que llega la liberación, pero no el fin de las penurias.

Al final de la guerra Rose se embarca como un pasajero más en el tristemente célebre “Exodus 1947” porque quiere llegar, como tantos otros judíos de la diáspora,  a la “tierra prometida”, pero nuevamente todo se vuelve en contra de los refugiados que pretendían desembarcar en Eretz Ysrael, el Gran Israel, la tierra que según narra la Biblia en el Génesis 15:18-21,  Jehová dio a Abram y su descendencia y que comprende “desde el río de Egipto hasta el río Grande, el río Éufrates, la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”, pero  ahora al llegar a las aguas territoriales de ese territorio la armada inglesa los cerca y los devuelve a Europa en una negra página más del imperio británico que levantó protestas en todo el mundo, episodio  llevado a la pantalla en 1960 por Otto Preminger con Paul Newman, en base a la célebre novela de León Uris.

Es entonces, cuando siendo Rose desplazada a un campo de refugiados es salvada por el marinero Sonny Rose. Nunca nos podremos casar, le diría él al conocerse, porque entonces serías Rose Rose,  pero sí, finalmente se casan y él la lleva a residir a los Estados Unidos en donde engendra a su hijo Avner. Nuevamente la vida le cambia, pero ahora muere Sonny y años después contrae nupcias con otro judío norteamericano propietario de hoteles que ella se encargará de administrar y entonces el dinero comenzará a fluir hasta convertirse en una rica empresaria, aunque nuevamente  quedará viuda.

En un primer acercamiento estos serían los muertos por los que Rose hace Shiva, pero hay otros, los millones del holocausto y en este marco se produce la confrontación  madre-hijo que en resumidas cuentas es la que se da  en la comunidad judía internacional, enfrentamiento que comprende una pluralidad de temas como  religión, el Estado de Israel, el conflicto en el Medio Oriente y la lucha generacional.

En opinión de Ricardo Loewe, “los judíos israelíes, o más bien el estado sionista, han construido un imaginario -que NADA tiene que ver con la historia real- en el que el pueblo vuelve a su tierra original. Con ello -sigue el imaginario- han dejado de ser los judíos errantes, con lo que deben borrar de su memoria la cultura de la judería sin tierra, la cultura del idioma yddish a la que pertenece Rose, y también la del idioma sefardí. Con ello se crea un nacionalismo nefasto, como todos los nacionalismos, reforzado con el trasfondo religioso de la “Santa Alianza” de Dios con el pueblo elegido. Con ello, la cultura de los judíos inmigrados a Israel desde la Europa oriental donde se habla -todavía- yddish, fue reprimida durante muchos años, con lo que se obligó a los inmigrados a aprender hebreo, un idioma antiguo sacado de la Torá (Pentateuco) y del Talmud (discusiones rabínicas sobre la Ley y las tradiciones). En otras palabras, las lenguas surgidas de la vida cotidiana del “Shtetl”, de la comunidad, (el yddish y el ladino o sefardí) fueron sustituidas por la lengua del templo, de la sinagoga”.

Por Eduardo Betancourt




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