México alza su voz

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Fue un error innecesario y desorbitado. Cometido en nombre de falso pragmatismo político y con el único respaldo visible de buscar publicidad personal. En eso se resume el agrietamiento de nuestras relaciones internacionales, fruto de la frívola ligereza y de la ignorancia mal intencionada del presidente Fox, como aquella majadería personal del “comes y te vas”, realizada por teléfono con el testimonio televisivo, al autor e ideólogo de la revolución cubana Fidel Castro y de paso líder moral para gran parte de la militancia política de Hispanoamérica.

Lo innegable es el deterioro de la imagen de la República Mexicana en el extranjero y el desprestigio de su conducta internacional, en un tema particularmente sensible como han sido y son las relaciones con quienes forman esta América nuestra, hermanados en la lengua común y con orígenes análogos de un pretérito indígena, atropellado y enriquecido por conquistadores, cuya gran hazaña positiva fue dejarnos el idioma común: el español o a veces mal llamado castellano.

Por encima de los gobiernos de cada país, siempre hemos considerados cercanos, rayando en lo familiar a chilenos, colombianos, panameños, nicaragüenses, por hacer gráfico el ejemplo. Como eslabón firme están las analogías históricas de este hemisferio en su incesante lucha por la libertad plena, individual y colectiva y su constante en el rechazo al colonialismo en cualesquiera de sus rostros.

El dato confirmatorio es claro y conocido hasta en lo popular: la mayoría de las naciones americanas de habla española celebran sus fiestas de independencia en el mes de septiembre. Los grandes pensadores y poetas nos son familiares: Gabriela Mistral, Sarmiento, Pablo Neruda y el entrañable Gabriel García Márquez.

Casi raya en la ociosidad recordar a los luchadores sociales que han sufrido y vivido el exilio a lo largo y ancho de nuestra asediada América. Unos cuantos nombres: Santa Anna, Benito Juárez, José Martí y el contemporáneo Fidel Castro.

Es imborrable el suceso fundatorio de la revolución cubana: de las costas mexicanas salió el barco Granma fletado y tripulado por los hermanos Castro (Fidel y Raúl) y un pequeño grupo hambriento de conseguir un mejor destino para la Cuba sometida al capricho de un Batista incondicional de los intereses norteamericanos dedicados al vicio y la prostitución.

Justo, José Martí, el gran emancipador de Cuba, vivió en nuestra ciudad antes de entregarse a la guerra independentista de su patria, donde murió a consecuencia de la batalla el 19 de mayo de 1895 al mes escaso (11 de abril) de hacer la lucha armada.

Ajeno a la perspectiva partidaria o ideológica, el presidente de la república, recién terminó en los mejores y más honrosos términos, concluir el regreso a la normalidad diplomática a nuestro país, al restablecer a plenitud la amistad abierta con Cuba. Y debe enfatizarse este acto de congruencia política al colocar a nuestro país en el marco de abrir todos los caminos posibles a la intensificación socioeconómica, exigida por un mundo globalizado y en despiadada competencia.

Los objetivos políticos de este siglo son diferentes a los de los dos siglos anteriores: la tecnología, los productos alimentarios son máxima prioridad en las economías de todo el mundo. Producir, y distribuir y conquistar mercados es la consigna, sin marginarse de las exigencias ideológicas postuladas por cada nación.

Las crisis en Europa, en Medio Oriente, en lo que fuera la Unión Soviética, en África, tienen un germen económico innegable e inocultable. Con mayor énfasis cuando los medios de comunicación masiva, en minutos u horas. Transmiten las buenas y malas noticias.

En buena hora, el presidente Enrique Peña Nieto se empeñó y logró, reposicionar en el mapa internacional progresista a nuestra república, aunque ni la iniciativa privada ni los partidos políticos, justiprecien en su cabal tamaño.

México ya tiene todos los caminos francos y borró las impresiones negativas. Otra vez, en el ámbito internacional, la voz de México es clara, independiente y con palabra franca.

Por Alfredo Leal Cortés




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