Puerto Rico: mi pueblo duerme

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Puerto Rico – La Perla del Caribe, La Isla del Encanto -metáforas que a través del tiempo han sido sinónimos de mi isla querida- duerme hipnotizada por el yugo colonizador del ogro del norte. Por más de quinientos años, 521 años para ser exacto, mi querido Puerto Rico no ha conocido un día de libertad. Por 406 años estuvo bajo la bota del Imperio Español. Con la Guerra Hispanoamericana del 1898, cambió de dueño y pasó a ser propiedad privada del Congreso de los Estados Unidos de Norte América mediante el tratado de París. Sí, propiedad privada. El informe de la Casa Blanca sobre Puerto Rico, ordenado por el entonces Presidente Bill Clinton, antes de abandonar la presidencia, señala que Puerto Rico está bajo la jurisdicción del Congreso de los Estados Unidos de Norte América, y que el Congreso tiene plena autoridad para disponer de Puerto Rico como así lo desee, hasta lo puede vender a cualquier país que lo interese. El mito de la democracia en plena función. Al igual que la ciudadanía que se nos impuso en el 1917 sin que Puerto Rico la hubiese solicitado, ni la hubiese deseado, y sobre la oposición de la Cámara de Delegados de Puerto Rico, único cuerpo electivo del país en aquel momento, el país “más democrático” del mundo, puso en espera la democracia, y se dejó llevar por sus intereses y necesidades del momento, haciendo a todos los puertorriqueños ciudadanos como si eso fuera el regalo más preciado que dicha nación le podía dar a esa pobre islita en el caribe que dependía para su existencia de las alas del águila. Otro de los grandes mitos que nos ha legado la historia, y que ha contribuido al desarrollo de la mentalidad colonial que permea en todos los puertorriqueños. Si nos salimos debajo del ala protector del águila, nos convertiríamos en otra Cuba, como si Cuba fuera una mala palabra que traería el acaboses de nuestra pequeña isla, pequeña en territorio, pero grande de corazón. Otro de los grandes mitos que nos ha legado la historia. Nosotros mismos nos hacemos más pequeños ante el gigante, y temblamos ante su poderío, su autoridad.

El historiador y escritor mexicano doctor Juan Miguel Zunzunegui, en su libro Los mitos que nos dieron traumas, hace un análisis psicológico de México mediante los mega mitos que la historia le ha legado al pueblo mexicano. Todos los pueblos tienen una buena cosecha de mitos creados por la historia, la religión, las organizaciones sociales cuyo propósito ha sido el control de la sociedad, el poder. Así todos los países del mundo tienen sus mitos que a través del tiempo han jugado un papel importante en el desarrollo de la mentalidad de cada país. No nos debe parecer extraño que Puerto Rico también sea víctima de los mitos que, como instrumento de control, nos han legado nuestros antepasados, unos impuestos y otros creados por nuestra propia iniciativa.

Aunque, como dice Voltaire, “Aquellos que te hacen creer absurdos pueden lograr que cometas atrocidades,” todos los mitos tienen un efecto nocivo sobre la sociedad. La mentalidad colonial, que es producto de varios mitos, algunos históricos, otros religiosos, y otros sociales y económicos ha puesto de rodillas al pueblo puertorriqueño ante el poderío económico y militar de los Estados Unidos de Norte América. Hoy, ante la realidad de la crisis económica por la cual están atravesando todos los países del mundo, Puerto Rico también sufre las consecuencias de esta realidad histórica, especialmente cuando está atada a una economía colonial que depende para todo de su amo. Cuando la economía de Estados Unidos de Norte América sufre un pequeño catarro, la economía de Puerto Rico padece de pulmonía, pero el mito de la dependencia nos obliga a doblegarnos ante el amo como buenos esclavos del imperio y sufrimos en silencio las penurias de esa dependencia. Hoy, bajo el Estado Libre Asociado, Puerto Rico tiene una tasa de desempleo oficial de unos 15%, que en realidad está sobre el 20%. En los últimos diez años han emigrado alrededor de medio millón de puertorriqueños en busca de mejores condiciones de trabajo y de vida. Muchos de ellos profesionales que se han quedado desempleados por acciones de personal en el gobierno donde se despidieron miles de trabajadores, y otros debido al cierre de industrias que han decidido trasladarse a otros países que le proveen mayores beneficios. Algunas de esas industrias han venido a parar a México. El costo de operación en Puerto Rico es demasiado alto por el costo tan elevado de energía, así como los sueldos. El salario mínimo federal en Puerto Rico es el mismo que en los Estados Unidos continentales.

Muchos amigos mexicanos me dicen, de buena fe, que nosotros los puertorriqueños gozamos de unos privilegios que nadie más tiene. Podemos viajar libremente entre Puerto Rico y los estados de la unión norte americana. Nos pagan con dólares. Pertenecemos al primer mundo. Cuando oigo estas expresiones me dan ganas de reír. Los invito a que visiten a Puerto Rico para enseñarles las evidencias de nuestro primer mundo, y vean con sus propios ojos que Puerto Rico vive en realidad la existencia de un país tercermundista, porque no se puede decir que está “en pleno desarrollo”.

Sí, es cierto. Podemos viajar libremente entre los estados de la unión estadounidense. Pero el discrimen que tenemos que soportar, tanto en los trabajos, las escuelas y las comunidades, no se elimina con legislación. Los prejuicios se aprenden muy temprano en la vida y no hay legislación que los pueda arrancar de las mentes de los afectados. Martin Luther King en su lucha por la igualdad de los negros, logró que la Administración Kennedy, y subsiguientemente la del Presidente Johnson, aprobara mucha legislación muy positiva con el propósito de garantizar una igualdad entre las poblaciones minoritarias. Pero el papel aguanta todo lo que se le escribe. La realidad es otra. El sentido de superioridad del pueblo estadounidense los hace sentirse dueños y señores del mundo. Para ellos, Puerto Rico es un estorbo que les está saliendo sumamente costoso. Somos unos ciudadanos de segunda clase, aunque ante la ley todos somos iguales. No hay tal igualdad.

Hoy las necesidades que tenían Estados Unidos de Norte América luego de la Guerra Hispanoamericana en el 1898 no existen. Puerto Rico representaba en aquel momento un baluarte para su seguridad nacional. Su localización geográfica permitía controlar el Golfo de México y así hacer valer la Doctrina Monroe promulgada el 2 de diciembre de 1823 por el entonces Presidente James Monroe que no permitía a los países europeos colonizar o interferir con países en Norte y Sur América. Una intervención de estos países se consideraría como un acto de agresión. Hoy, con la tecnología satelital que poseen los estadounidenses, no necesitan las bases militares que una vez tenían en Puerto Rico para vigilar y controlar los accesos al Golfo de México, proteger lo que una vez estaba bajo su control, el Canal de Panamá, y su base de Guantánamo en la provincia de Oriente en la isla de Cuba.

La base naval Roosevelt Roads de los estadounidenses en la costa este de Puerto Rico, fue instrumental para establecer el bloqueo que los estadounidenses le hicieron a Cuba luego de la confrontación con la Unión Soviética sobre la llamada Crisis de los Misiles en Cuba en octubre de 1962, y que continúa hoy. En el 1962, la isla de Puerto Rico representaba un eslabón muy importante en aquel bloqueo naval. Hoy, no necesitan la base, que fue cerrada, gracias a la militancia de diferentes organizaciones políticas, religiosas y cívicas que forzaron el cierre, primero del área de práctica de la Marina donde bombardeaban la isla municipio de Vieques y realizaban ataques anfibios con los Infantes de Marina, y luego la Base Naval como tal. Las operaciones navales de la base fueron trasladadas al estado de la Florida. Hoy la base está bajo la jurisdicción del gobierno colonial de Puerto Rico, lo que no garantiza que los estadounidenses no la puedan retomar otra vez como han tomado todo lo que han querido desde que llegaron en el 1898.

Uno de los mitos que ha generado la mentalidad colonial ha sido el mal llamado Estado Libre Asociado, que no es ni estado, ni libre, ni asociado, creado por el Congreso de los Estados Unidos de Norte América, y que entró en vigor el 25 de julio de 1952, con el propósito, en primer lugar, de desviar la atención del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, cuando este organismo internacional pretendía eliminar las colonias en todo el mundo. En segundo lugar, y más importante para los estadounidenses, dicha creación también tenía el propósito de implementar las recomendaciones de la Marina de Guerra, que, por décadas, se mantuvieron en secreto, y que, en un informe al Congreso, recomendaba que a Puerto Rico no se le diera su independencia ni la estadidad, y se creara el Estado Libre Asociado bajo la jurisdicción del Congreso para que el Congreso tuviera rienda suelta con lo que podía hacer con la Isla, aduciendo que era necesario para la Seguridad Nacional. A pesar de que en apariencia Puerto Rico tiene su propio gobierno y su propia constitución desarrollados los dos en forma similar a la de los estados de la unión, Puerto Rico continúa como un territorio de los Estados Unidos de Norte América que pertenece a dicha nación, pero que no es parte de ella. Así lo especificó la Corte Suprema de los Estados Unidos de Norte América en una de sus decisiones. Somos una creación del Congreso mediante la Ley 600, la cual puede ser enmendada o hasta eliminada a voluntad del Congreso. Por lo tanto no tenemos personalidad propia como nación, ni siquiera como estado. Somos un apéndice que según algunos gozamos de lo mejor de dos mundos, pero que en realidad sufrimos lo peor de dos mundos. Con el Estado Libre Asociado los estadounidenses lograron convencer a las Naciones Unidas de que Puerto Rico no era una colonia. Sin embargo hoy han admitido que sí lo es. El problema es que no saben qué hacer con nosotros. La mentalidad colonial que reina en la Isla del Encanto nos ha dividido a tal punto que no se ha podido lograr un consenso entre las fuerzas políticas de la Isla que nos permita ir ante el Congreso con una solución al estatus político de la Isla. El licenciado José Trías Monge, ex-Juez Presidente del Tribunal “Supremo” de Puerto Rico, y uno de los principales autores de la Constitución del Estado Libre Asociado (ELA), señaló al ELA,  hace pocos años,  como “la colonia más antigua del mundo”.

Y si el Estado Libre Asociado es un mito creado por intereses ajenos a Puerto Rico, la  estadidad es otro mito desarrollado por intereses en Puerto Rico. La idea de igualdad con los otros estados de la Unión Norte Americana, que nos permita los mismos derechos y privilegios de los otros estados, es un gran mito. Es la culminación de la colonia. Los estados de la Unión perdieron hace muchos años la soberanía que gozaban cuando se fundó la nación. Poco a poco el gobierno Federal le ha quitado a los estados muchas de sus prerrogativas de soberanía para convertirlos en colonias del sistema Federal. Los cincuenta estados de la Unión no son más que cincuenta colonias de la Federación. Los estadistas lo que desean es que Puerto Rico se convierta en la colonia cincuenta y uno de la Federación, prueba fehaciente de la mentalidad colonial que permea en nuestro pueblo que duerme.

Una minoría del pueblo, un 5%, defiende la opción de la independencia. Pero hasta entre los independentistas se manifiesta la mentalidad colonial al pretender convencer al pueblo que a través de la independencia lograríamos la igualdad con el resto de las naciones y nos quitaríamos de encima la bota colonial que nos mantiene sujetos a los intereses de otra nación. Aunque es verdad que nos quitaríamos la bota que nos tiene sometidos a la voluntad del Congreso, nos tendríamos que preguntar: ¿qué significa ser igual al resto de las naciones? ¿De cuáles naciones seríamos iguales? ¿De las ricas o de las pobres? ¿De las que comulgan con los principios de los estadounidenses, o, de los que, como Cuba, lograron romper el cordón umbilical que los tenía atados al ogro del norte, especialmente a la cultura de la mafia estadounidense que se desarrolló desde la década de los treinta y que terminó con el gobierno de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959?

La mentalidad colonial no nos permite ver a un Puerto Rico libre de todas ataduras, pero con relaciones con todos los países que interesen, de buena fe, tener relaciones con nosotros. ¿De buena fe? Eso suena utópico. Pero no lo tiene que ser si confiamos en nosotros mismos, en nuestro recurso natural más valioso que tenemos: nuestra gente. La mentalidad colonial con todos los mitos que la han formado nos mantiene prisioneros y no nos permite ver las alternativas reales que tiene el ser libres, donde podamos tomar nuestras propias decisiones, para bien o para mal, pero nuestras, y así asumir nuestras responsabilidades como hombres y mujeres libres como parte de la comunidad de naciones. ¿Hasta cuándo estaremos sometidos al miedo producto de los mitos que arrastramos durante tantos años de colonizados? Como dijera nuestro prócer Eugenio María de Hostos: “No hay triunfo sin lucha, ni lucha sin sacrificio.”

Por Oscar E. Rodríguez, Profesor Emérito Universidad de Puerto Rico

oscarod57@hotmail.com




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