El metal áureo no puede perder su posición central como el dinero por excelencia utilizado por el mundo

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Caemos en un engaño cuando aceptamos pensar en el ‘precio de oro’. Desde que comenzamos así nuestro razonamiento con respecto al oro, estamos equivocados, al igual que se equivocaron los astrónomos antes de Copérnico al pensar en el sistema solar geocéntrico, con el Sol, la Luna y los planetas girando en círculos perfectos alrededor de la Tierra. El oro es – para seguir el símil astronómico – el centro del universo monetario, y los planetas – los billetes – giran alrededor del Sol, que representa al oro.

El punto de partida correcto es calcular el precio de un billete expresado en términos de oro, y no al revés.

Cuando el precio del dólar se fijó en $20.67 dólares por onza de oro, hasta la época del presidente Roosevelt, el precio del dólar fue de $1/20.67 = 0.0483782 oz. de oro, o 4.84 centésimas de una onza de oro.

Cuando Roosevelt ‘subió el precio del oro’, lo que hizo en realidad fue bajar el precio del dólar: $1/35 = 0.028574 oz. de oro, o 2.86 centésimas de gramo de oro.

Por lo tanto, Roosevelt bajó el precio del dólar de 4.84 centésimas, a 2.86 centésimas de gramo de oro.

Esto sucedió durante la Gran Depresión de los años 30, cuando Roosevelt estaba ansioso por conseguir que los desempleados volvieran a trabajar. El propósito de devaluar el dólar, bajando su precio en oro, era abaratar los costos de mano de obra (¡sin decirle a los trabajadores lo que estaba haciendo!) y poner más gente a trabajar al conseguir que aceptaran trabajar a cambio de salarios más bajos, sin que los trabajadores comprendieran lo que estaba sucediendo. La mano de obra barata significaba que los productos estadounidenses eran más baratos y así se incrementaban las exportaciones.

A 2.86 centésimas de onza, el precio del dólar era inferior al valor de mercado, y el oro se sobrevaluó en términos de dólares.

Es un principio de economía que el dinero subvaluado se exporta desde el país donde circula, y el dinero sobrevaluado fluye hacia el país en donde está sobrevaluado.

En 1934, con el dólar al precio de 2.86 centésimas de una onza de oro, el oro estaba sobrevaluado en el mercado mundial, y debido a ello comenzaron a fluir enormes cantidades de oro hacia los Estados Unidos, desde todos los rincones del mundo. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, las existencias de oro de los Estados Unidos eran enormes, como resultado de la afluencia de oro de propiedad extranjera.

A un ‘precio del oro’ de $1,388 por onza, más o menos donde estamos hoy, el precio del dólar es de 1/1388 = 0.00072 oz de oro.

En estas circunstancias, el oro abandona Estados Unidos y Occidente, que es dólar-céntrico, porque a 0.00072 (7.2 diezmilésimas) de onza el billete verde está sobrevaluado, y el oro está subvaluado. Llegará un momento en que los administradores que controlan el precio del dólar en oro se encontrarán con que se han quedado sin oro para vender y que son incapaces de sostener el precio del dólar. Ese momento se acerca; antes de que los administradores del dólar se queden sin oro para vender, el mundo devaluará el dólar y no habrá nada que los Estados Unidos puedan hacer para evitarlo.

Esto ya está ocurriendo en los países orientales – Medio Oriente, India, Pakistán, China y el Sudeste de Asia, donde el oro se vende con una prima -sobreprecio- que se aplica al ‘precio del oro’ devaluado que el eje anglo-sajón insiste en mantener.

La prima devalúa efectivamente el dólar lo suficiente para lograr que el oro se desplace de Occidente a Oriente. Rusia, la potencia occidental restante no sujeta al eje anglo-sajón, también compra oro. El eje está subastando su oro al mejor postor, y los mejores postores lo compran y ya no lo revenden.

Cuando el eje anglo-sajón ya no pueda manipular el mercado del oro y no pueda sostener el precio del dólar a través de las ventas de oro, porque ya no tiene nada que vender, entonces el resto del mundo comprará oro, no sólo contra el dólar de Estados Unidos, sino contra todas las demás monedas. Los precios de las monedas caerán como piedras, con tendencia a un nuevo equilibrio mundial, donde los flujos de oro buscarán eliminar tanto las sobrevaluaciones como las subvaluaciones del precio del oro, donde se presenten.

Si ninguna nación o ningún bloque de naciones puede lograr establecer su moneda como moneda de reserva mundial y, por lo tanto, sustituir al dólar, entonces, en vista de que ninguna moneda será superior, la supremacía volverá una vez más al monarca legítimo: nuevamente el oro será el lenguaje internacional para hacer negocios, como siempre lo ha sido. Por lo tanto, el precio del oro se extinguirá, como el profesor Antal E. Fekete ha predicho, porque los que poseen oro no percibirán ninguna ventaja en entregar su oro precioso a cambio de simples billetes. Todos los precios serán precios en oro o en plata en diferentes proporciones, en todo el mundo.

La persistencia del eje anglo-sajón en subastar todo su oro, hasta la última onza disponible, muestra al mundo que el eje está apostando todo lo que representa, en la capacidad del dólar para destronar al oro: es la Iglesia excomulgando a Galileo e insistiendo en que la Tierra es el centro del Sistema Solar. ¡Un error enorme!

El oro no puede perder su posición central como el dinero por excelencia utilizado por el mundo durante miles de años. Las medidas agresivas del eje anglo-sajón contra el oro son absurdas y van a resultar en un desastre total para el eje, y para el mundo, que se ha visto obligado a seguir su liderazgo durante más de cuarenta años.

En el peor de los casos, ya que el resto del mundo devalúa el dólar mediante la compra de todo el oro disponible en Occidente, los partidarios del dólar pueden verse orillados a emprender una devastadora guerra total como última medida desesperada para apoyar su pretensión exorbitante de suplantar al oro con una moneda ficticia creada por el hombre, el dólar. Una vez más, a hubris seguirá némesis, con la humanidad como la figura trágica.

En mi opinión, los sabios (que siempre son una pequeña minoría en todas las épocas) se harán de algunas onzas de oro para el día que sobrevenga el colapso ignominioso del intento anglo-sajón de reordenar el sistema monetario mundial en torno a una moneda de papel y digital.

Por Hugo Salinas Price




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