Bitcoins: nuevo dinero digital

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El último invento en asuntos monetarios son los llamados ‘Bitcoins’. Sus creadores y promotores lo explican así: ‘Los Bitcoins son dinero digital. Se transfieren de una persona a otra a través de Internet sin tener que pasar a través de un banco o de una cámara de compensación, por lo cual son independientes del sistema monetario actual. Existen diversas casas de cambio donde se pueden cambiar los Bitcoins por dólares o euros, y algunas pequeñas empresas y profesionales independientes ya los están empezando a aceptar en pago’.

El Bitcoin es un juego. Vivimos en un mundo desconcertado y muy confundido respecto a lo que debe ser el dinero real. Hablemos claro: el dinero real tiene que ser la mercancía que sea más generalmente aceptada por la sociedad en pago total por los bienes o servicios recibidos.

A lo largo de la historia, el oro ha sido la mercancía más generalmente aceptada como pago. La plata ha ocupado el segundo lugar después del oro. El oro y la plata fueron elegidos desde hace miles de años por la humanidad como las mercancías más aceptables con las cuales realizar pagos.

En el intercambio de cualquier mercancía a cambio de oro (o plata), ninguna de las partes en el intercambio termina debiendo nada a la otra. Al pagar con oro o plata, se ha efectuado un ‘finiquito’.

El Bitcoin puede servir como un medio de intercambio, al igual que todas las monedas fiat del mundo, pero ni el Bitcoin ni ninguna de las monedas actuales puede lograr el finiquito de una transacción, ya que el Bitcoin no es una mercancía, como tampoco lo son el dólar, el euro, el yen, el yuan, etc.

Como no puede haber finiquito con Bitcoins, en algún momento muchas personas se verán más o menos gravemente afectadas cuando el juego del Bitcoin pase de moda, dependiendo de la cantidad de Bitcoins que tengan en su poder al momento en que se termine el juego.

¿Alguna vez ha ganado en ese gran juego de mesa llamado «Monopoly»? Es una gran satisfacción ganar en ‹Monopoly› – el ganador tiene muchos billetes en la mano, mientras que sus compañeros de juego ¡han quebrado! En realidad, todos los personajes que manejan los Bancos Centrales del mundo nos tienen muy ocupados, todos esforzándonos por reunir la mayor cantidad posible del dinero que ellos imprimen – su dinero de ‹Monopoly›. Pero cuando hayamos acumulado un montón de billetes del juego de ‹Monopoly› de los Bancos Centrales, o de Bitcoins, ¿con qué nos quedaremos al finalizar el juego? Nos quedaremos con papeles bonitos, que no sirven para nada.

Lo único que el tenedor de Bitcoins puede hacer – al igual que el tenedor de cualquier divisa – es deshacerse de ellos mediante la compra de cosas, siempre y cuando haya alguien dispuesto a recibirlos en ‹pago›. Utilizo comillas en la palabra ‹pago›, porque desde agosto de 1971 – cuando se desechó definitivamente el Patrón Oro – en el mundo no existe pago real en absoluto. Pago real implica finiquito, y ni las divisas fiat ni los Bitcoins pueden lograr finiquito. La prueba está en los 11 billones de dólares de reservas internacionales que se han acumulado en las tesorerías de los países exportadores del mundo. Las reservas representan “cuentas por cobrar”, porque la entrega de dólares no ha logrado FINIQUITO; así es que los bonos acumulados en el Tesoro de China, son “Cuentas por Cobrar”. No ha habido finiquito a los desequilibrios comerciales internacionales desde agosto de 1971. Si la moda de los Bitcoins sigue creciendo, ya veremos aparecer cantidades digitales de Bitcoins en las reservas del Banco Central de China. Y luego, los creadores de los Bitcoins tendrán que proceder a la emisión de ‹Bitbonds› para que los chinos puedan invertir en Bitbonds, pagaderos en Bitcoins, que generen intereses. Todo esto es un gran juego: dólares, euros, libras, yenes, yuanes y ahora Bitcoins – y todos son la misma basura.

Los Bitcoins no pueden acumularse como ahorro seguro, porque no son una mercancía, ni son redimibles en ninguna mercancía. Ahora vemos cómo los ingenuos depositantes de dinero en los bancos están en peligro de ver cancelados sus depósitos por decreto del gobierno. En cambio, mercancías tangibles como el oro y la plata no se pueden evaporar, porque no son creadas artificialmente.

El mundo de las monedas artificiales – que ahora incluye el famoso Bitcoin – terminará en un desastre: un mundo que está realmente enloquecido no sabe a dónde acudir en busca de seguridad. La adictiva droga del dinero artificial tiene al mundo en un estado de éxtasis. Más droga matará a nuestra civilización, pero menos droga le provocará una contracción violenta. La humanidad parece estar atrapada en un culto a la muerte.

La popularidad del Bitcoin se basa en la mentalidad actual, que considera que algo diseñado ‹científicamente› debe tener algún valor.

El Bitcoin es un ejemplo de la tremenda fe que ahora siente la humanidad en que la tecnología es omnipotente para resolver los problemas humanos. Sin embargo, la tecnología no puede crear materia, no puede crear dinero-mercancía, igual que no puede crear petróleo. La tecnología puede moldear la materia en diversas formas, pero no puede crear materia o sustancia, y el dinero debe ser la sustancia que sea más aceptada como pago en los intercambios comerciales. Todos los Doctores y premios Nobel en Economía están jugando juegos para mantener entretenido al mundo; piensan que, mientras menos sentido tengan sus declaraciones, nosotros las consideraremos más sabias.

Usted dirá: ¿qué futuro le puede esperar a una humanidad tan confundida que ya no puede distinguir entre un concepto abstracto, y lo que es real y material? Mucha gente muy confundida está participando en especular con monedas de imitación – dólares, libras, euros, yenes, yuanes, Bitcoins – con la esperanza de obtener algún beneficio, porque no puede pensar por sí misma, y no puede hacer otra cosa que especular – y arruinarse sola.

Pero lo que me preocupa no es cómo les irá a los especuladores; lo que me preocupa es: ¿cómo se van a comportar las masas hacia mí y hacia mi familia, cuando las monedas falsas del mundo, incluido Bitcoins, hayan convertido a esas masas en turbas de mendigos hambrientos?

Por Hugo Salinas Price




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