Herencia Envenenada

139

Historia repetida en todos los niveles de gobierno, desde cuando Cárdenas se sacudió a Calles, muchos años después, Ruíz Cortínes a Miguel Alemán y los ejemplos no se han interrumpido: la adicción al poder ciega hasta el más experimentado, sin importar convicciones ideológicas, sentimientos amistosos o ligeras militancias partidarias, el que deja el puesto de mando a su más querido discípulo o amigo creyendo en continuar como el verdadero centro de poder, siempre tropieza con el genuino ánimo de una autentica personalidad, ocultada o disimulada por años y luego manifiesta con crudeza o por la imperiosa necesidad derivada de lo indivisible del poder real.

Ahora presenciamos el visible distanciamiento entre Miguel Ángel Mancera, genuino Jefe de Gobierno del Distrito Federal, ganador indiscutible en las respectivas elecciones, ungido con todos los rituales cívico republicanos, previo cumplimiento de los satisfactores impuestos por la ley y el inocultable deseo de continuar como centro de decisiones en el Distrito Federal de parte de Marcelo Ebrard.

Mancera fue escogido por Ebrard como sucesor por su discreta obediencia a los caprichos y deseos del mandante; jamás dio muestras de disentimiento, menos de contrariedad y sus opiniones, cuando fueron requeridas, tampoco enseñaron contrariedad a la forma y fondo de la idea sustentada por el entonces jefe de gobierno. La obediencia fue totalitaria y a la cabeza el Procurador Mancera.

Jamás Ebrard se vio en la necesidad de reclamar alguna acción salida de desobediencia. Y tampoco en la Procuraduría del Distrito se mostró en el accionar, signo político. La consigna fue ejercer el mandato legal sin salirse de la ética profesional y menos enseñar marca política. Ni contra el jefe de gobierno ni contra los desafueros lopezobradoristas. Cautela, prudencia y silencio. Fue la disciplina ejercida sin ostentaciones ni con humillación. Todo natural a los ojos del público, de los partidos y claro del jefe Ebrard.

Desde agosto último, Mancera suspendió o apagó una relación sentimental con la líder de la legislatura, en mucho, por la tendencia de su entonces compañera al exhibicionismo, a la ostentación de poder y al gusto por el alarde, tanto en las mismas filas perredistas como ante el público y los ámbitos políticos. Su juego no lo descubría, pero afinaba los elementos propicios ante Marcelo Ebrard el inminente centro de decisión.

Llegó al fallo y Mancera fue el candidato. Ebrard siempre estuvo seguro de que sus sugerencias o indicaciones serían atendidas sin ningún género de dudas. Habría obediencia ciega, como lo probaba la lista de funcionarios impuestos a Mancera con el pretexto de que dentro del PRD también se practicaba la institucionalización. La mejor muestra era el Secretario general de gobierno, hombre con más de quince años de perseguir el puesto sin haber pronunciado un no.

Han transcurrido escasos cuatro meses y a Mancera le saltaron hechos: el agua es insuficiente y en el corto plazo ¿mayo? se presentará la crisis; avenidas y calles están pobladas de baches; la estructura y las obras del Metro enseñan mal hechuras y se impone una auditoría ingenieril, evaluadora de los aciertos y equívocos en el trazo, materiales usados y en la urgencia por continuar una nueva ruta del Metro, la mina de oro de las autoridades capitalinas. Mención específica demanda la situación financiera de la ciudad y en concreto de su gobierno. ¿Cuánto es el total en dinero de la deuda interna? ¿Cuánto es el total de la deuda externa? Lo debe el gobierno a nombre de nosotros los ciudadanos, pero nosotros, usted y yo, seremos los únicos responsables de pagar, incluidas las intermediaciones o dicho de otra manera: los que ganan sin hacer nada.

Entre los derechos de los Estados miembros de nuestro país, se encuentra la obligación del gobernante de informar con puntualidad de día y hora de los asuntos públicos, entre otros, el número de empleados públicos, el gasto de cada partida del presupuesto, el aumento o disminución de habitantes, en suma, de cuanto es de interés ciudadano; en cambio, quienes vivimos y somos contribuyentes del Distrito Federal nos encontramos en la ignorancia de los asuntos económicos del gobierno local. Todavía no dudamos de la honradez de Marcelo Ebrard, menos de la de Miguel Mancera, pero estamos hablando de dinero público y de obligaciones.

Miguel Mancera, pese a su discreción, debe hacer muy claros los deslindes: ¿Cuánto recibe de deuda en total y por qué conceptos? En cuanto obra urge el mismo criterio: la recepción mediante auditoria técnica. No se trata de venganza política ni de desquites o criterios sociales personales. Son deudas y distintos intereses, donde por insólito que parezca, el ciudadano común, nunca fue consultado y menos concienciado de su pago en el corto, mediano y largo plazo.

Por lo pronto, el jefe de gobierno tiene la confianza pública. Ojalá no la malgaste y la usufructe para el bien colectivo y el aumento de su capital y prestigio político que urge.

Por Alfredo Leal Cortés




Agregar un comentario