Crónica de una inesperada despedida

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Se ubicó en una fila, a la mitad del patio del antiguo palacio del Ayuntamiento de Cuernavaca, donde se llevaría a cabo la histórica entrega de títulos profesionales a más de una treintena de periodistas que, con sus conocimientos, demostraron tener derecho a obtener el ansiado documento emitido por nuestra máxima autoridad en materia educativa; la Secretaria de Educación Publica.

Sentado entre los invitados al evento, nadie se imaginaba, a excepción de los periodistas del Club Primera Plana, de Fapermex y de Felap, que le conocíamos ampliamente por su buen trato, que ese hombre menudo y sonrisa fácil,  era nada más y nada menos,  que el señor Wu Yonghen, director general de la filial Latinoamericana de la revista China Hoy, a quien no le gustaba atraer los reflectores.

Platicaba animadamente con Guillermo Rodríguez, periodista mexicano de amplia y reconocida trayectoria, cuando el maestro de ceremonia informó que entre los invitados distinguidos se encontraba un gran amigo del gremio y director de la revista China Hoy; evidentemente sorprendido, en su modestia, el señor Wu –como le decíamos- se levanto hizo una reverencia en señal de saludo e inmediatamente volvió a su asiento.

Memo Rodríguez, comentó que Wu Yongheng, le manifestó que en lo personal no le atraía estar en primeros planos de los eventos.

Eso quedaba claro al preferir sentarse a la mitad de la sillería, ahí  estaba quien que fue uno de los primeros  estudiantes  enviados a America Latina, después de la fundación de la República Popular China, en 1970 para trabajar en la Agencia Xinhua, de donde desarrollo un magnifico trabajo para llegar a ocupar el puesto de subdirector de Asuntos Internacionales, de donde paso a  director general de China Hoy a partir de 2004.

Concluida la cálida y esplendida  ceremonia de entrega de títulos profesionales, el grupo del Club Primera Plana, del cual el señor Wu era único miembro extranjero vitalicio, nos trasladamos a las instalaciones de la Asociación de Periodistas y Comunicadores de Morelos (Apecomor) presidido por Teodoro Renteria Villa, en donde se realizo un convivio para festejar el acontecimiento organizado por ese organismo gremial.

Ahí, el señor Wu manifestó a Josué Beutelspacher, tener algún malestar  de la presión, sin embargo, minutos después dijo sentirse bien e incluso procedió a   comer de manera ligera.

Al concluir la reunión y a petición de Raúl Gómez, Francisco Daniel quien fuera fundador y fotógrafo de Proceso por más de 34 años y yo nos trajimos al señor Wu, puesto que la camioneta del club estaba llena y nosotros teníamos espacio suficiente para que viniera cómodo. A lo largo de los más de 60 kilómetros la charla fue amena,. Wu hablo ampliamente de su estadía en México y el cúmulo de satisfacciones registradas a lo largo de muchos años.

Como presagio de su destino el  amable periodista dijo que tenía planeado regresar a su país de origen, lo que podría acontecer a fin de año o en el siguiente.

Al llegar a la ciudad, Insistió en que lo dejáramos en la glorieta del Angel, pero Daniel lo llevo hasta la esquina de su casa, en donde, al bajar del vehículo,  agradeció profundamente el viaje y el intercambio de platicas que le parecieron muy interesantes ya que tanto Daniel como yo le explicamos sobre nuestras experiencias y peripecias vividas  en los inicios de la revista Proceso y de la agencia Cisa.

A partir de ese momento, todo parecía estar tranquilo, era una semana que se vislumbraba de trabajo para consolidar todo lo referente a las elecciones del Club Primera Plana, cuya presidencia para 2013-15, la había ganado la planilla única de Raúl Gómez, pero  al recibir la llamada del flamante presidente de nuestro organismo gremial  y comentarme que había noticias desagradables: el  aviso sobre el fallecimiento del señor Wu cayo como balde agua helada.  Raúl Gómez, con grandes esfuerzos me dio a conocer detalles del fatal percance que le costo la vida a  nuestro querido y estimado colega y amigo.

En un momento de reflexión, agradecí la oportunidad que se me brindo de convivir con el periodista chino en lo que fue su última aparición en un  acto público, y sobre todo, el hecho de que en esa adelantada e inesperada despedida,  haber podido estrechar aún más nuestra amistad durante  el viaje, de Cuernavaca al Distrito Federal, con una charla  ininterrumpida, intercambio de puntos de vista y de  interesantes  vivencias, así como de experiencias periodísticas. Descansé en paz nuestro colega y  buen amigo que a lo largo de varias décadas se dedico a fortalecer la amistad chino-latinomericana.

Por José Luis Uribe Ortega




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