“Buena química” entre Peña Nieto y Mancera

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Desde hace muchos años no se registraba en nuestro país una “buena química”, entre el Presidente de la República y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; ahora, por fortuna, hay una relación prometedora entre Enrique Peña Nieto y Miguel Angel Mancera que será sin duda en beneficio de los ciudadanos, sobre todo los de la Ciudad de México.

Desde los tiempos, en 1997, en que por primera vez se eligió al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en la persona del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, de la oposición del PRD, el entonces Presidente Ernesto Zedillo y el mismo Cuauhtémoc llevaron una relación institucional que, curiosamente, algo deterioró con el ascenso a la Jefatura de Gobierno de Rosario Robles, en sustitución del renunciante ingeniero Cárdenas, por haberse éste lanzado como Candidato a la Presidencia de la República.

Después vino el desastre entre Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador, cuya relación culminó en la peor división que ha sufrido el país en casi 100 años, ya que el entonces Jefe de Gobierno Andrés Manuel fue desaforado y casi metido a la cárcel, mientras el Presidente panista Vicente Fox actuaba de una manera desesperada para que no pudiera llegar aquél a la Presidencia de la República.

La relación entre Marcelo Ebrard y Felipe Calderón fue una especie de vigencia de la “ley de hielo”, en que simplemente no se hablaban ni se veían y Ebrard se iba al mingitorio en las reuniones de Palacio Nacional para no saludar al Presidente.

Fue la de Ebrard y Calderón una relación política forzada que incluyo muy diversas descortesías por ambas partes, y la aplicación de medidas presupuestarias restrictivas que derivaron en perjuicios permanentes para los ciudadanos del DF.

Hoy se encuentran en el centro de país dos hombres jóvenes, responsables, uno de la nación y otro del Distrito Federal: el Presidente de la República Enrique Peña Nieto y el Jefe de Gobierno del DF, Lic. Miguel Angel Mancera, casi de la misma edad y de formación universitaria los dos; ambos se entienden bien y tienen una visión clara del futuro y una actuación precisa de la política.

Obviamente, esta relación positiva entre el mandatario federal y el mandatario local se está reflejando ya en un ambiente pacífico y productivo en la Ciudad de México; en una nueva situación que permitirá un avance más claro y rápido de la Ciudad de México.




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