Ante la tragedia en Pemex: atención inmediata y directa de Enrique Peña Nieto

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En sus primeros días de gobierno, el Presidente Enrique Peña Nieto ha encarado diversos problemas y asuntos de alto interés nacional, pero hubo uno que puso a prueba su carácter, su templanza y su decisión de no dejarse amedrentar por nada ni nadie: la explosión en el edificio administrativo contiguo a la Torre de PEMEX.

En este caso, la actitud del Presidente Enrique Peña Nieto no fue la de desentenderse del problema y encomendárselo a otros funcionarios, evitarlo y verlo de soslayo; por el contrario, se enfrentó a la situación con la finalidad de atender a las familias de los fallecidos y heridos y también estar pendiente de las investigaciones judiciales para deslindar responsabilidades.

Al desastre, ocurrido el jueves 31 de enero, acudió el Presidente de inmediato y ordenó y supervisó las operaciones de rescate, visitó a los heridos y pasó horas enteras pendiente de la situación a fin de que los daños fueran limitados y de que se atendieran a las familias damnificadas; no se escondió ni escurrió el bulto basándose en el alto cargo que ostenta. Es más, la noche del sábado siguiente a la explosión, regresó de Nayarit ya en la noche, renunciando a un fin de semana de descanso, para ver con sus propios ojos el rescate en la madrugada de los restos de los trabajadores que habían estado laborando en los pilotes del edificio dañado.

El dato anterior es revelador de que el Presidente Enrique Peña Nieto no sólo quiso dirigir personalmente las operaciones de rescate, sino que deseó saber con precisión lo que ahí ocurrió; no quiso que los técnicos y los encargados de las investigaciones le “jugaran el dedo en la boca”, como se dice, con cualquier explicación sobre las causas de la explosión, sino que siempre estuvo dispuesto a llegar a la verdad.

Es notable lo anterior, porque el carácter de un Presidente de la República siempre debe mostrar valor personal, decisión, vocación  verdadera de servicio a la población y rechazo a la simulación y a la mentira.

Si Enrique Peña Nieto quiere pasar a la historia, como parece quererlo, debe mantener esa actitud y, ahora, entrar de lleno a la seguridad pública, sin dejar correr el tiempo infinitamente.

Lic. Mauro Jiménez Lazcano, Director General de Macroeconomía




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