Una relación más estratégica entre China y los Estados Unidos

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La reelección de Barack Obama tiene un profundo significado para los analistas sobre todo al momento de ponderar su política exterior en la segunda etapa de su administración, no sólo por los cambios de gabinete que tendrá que hacer sino por los posicionamientos que en su momento vertió durante la campaña electoral. Hay compromisos y promesas que se hicieron durante los debates con Mitt Romney, algunos de ellos muy claros pero otros oscilaron entre la incertidumbre y la ambigüedad. La preocupación básicamente para los analistas chinos es que en un primer momento, durante los primeros cuatro años de la administración de Obama, la relación con China fue dinámica, energética y paulatinamente descendió hasta colocarse en un piso de estabilidad, casi de piloto automático. La competencia por los espacios de concertación internacional fue escasa y donde debían establecerse posicionamientos políticos compartidos sólo hubo construcción de acuerdos y en algunos casos diálogos aislados o pronunciamientos desde foros distantes.

Los próximos años parecen ser prometedores, China estará encabezada por un nuevo liderazgo mucho más pragmático que el encabezado por Hu Jintao y Wen Jiabao. Ahora los nuevos líderes, los de la quinta generación que toman posesión en marzo de 2013, tienen un conocimiento mucho mejor de la globalidad y de los Estados Unidos. Las dos principales economías del mundo están obligadas a cooperar en múltiples temas para asegurar la gobernanza mundial y hacer frente a los desafíos regionales y globales. La China de Xi Jinping representa al mundo moderno, le corresponde a este liderazgo guiar una nación que está orgullosa de su nivel de vida y el prestigio que ha alcanzado en su desarrollo económico y en la evolución de su ciencia y tecnología.

La China de Xi Jinping, es de mayor confianza en la relación bilateral con Estados Unidos, quienes le acompañan conocen mejor la política estadounidense, saben de lo que es capaz de hacer en los rubros de seguridad, están conscientes de su papel en la dinámica financiera y comercial, y están seguros de que es posible cooperar con la potencia estadounidense. En los próximos años son muchas las oportunidades que se abren en esa relación bilateral. A principios de 2012, el nuevo líder chino realizó una visita muy prometedora a Estados Unidos y les propuso un nuevo tipo de relación bilateral de mayor alcance en el campo económico y en el desarrollo del intercambio científico y tecnológico. Aprovechar las escalas de intercambio con los Estados Unidos, en todos los niveles, permite intensificar las transacciones financieras y comerciales en beneficio de sus mercados internos y de sus poblaciones.

Hoy en día, en Beijing o Chengdu podemos operar transacciones bancarias simples como si lo hiciéramos en cualquier ciudad de los Estados Unidos. De continuar las tendencias que hasta ahora se han dado, China en los próximos años será un mercado de soporte de gran importancia para Estados Unidos.  La inversión extranjera de Estados Unidos en China está amparada por la tenencia de bonos del tesoro y seguramente esta situación promueve un papel más activo en el trabajo conjunto para gestionar reglas jurídicas que le den mayor certidumbre a la firma de contratos, a valores y a la transferencia de utilidades que consoliden los mercados financieros en el largo plazo. Esta dinámica financiera puede  coadyuvar en la recuperación de la economía global. Circular más extensamente y con mayor horizontalidad el ahorro interno y las reservas internacionales chinas en los mercados bancarios de Europa, puede ser el detonador de un nuevo auge económico internacional.

El desarrollo de esta etapa obliga a Xi Jinping y a Barack Obama a trabajar más coordinadamente en el desarrollo de otros rubros de la relación bilateral como gestionar un marco de intercambio intelectual de mayor envergadura. Dejar atrás las viejas tesis de alto contenido ideológico y contradictorio en donde líderes de un país y de otro se acusaban mutuamente de acciones agresivas que no tenían fundamento, ni se justificaban. Requieren que congresistas chinos y norteamericanos inicien una serie de intercambios para que se conozcan mejor y que no empujen a sus liderazgos a establecer pautas antagónicas de política exterior que perjudiquen en el largo plazo esta cooperación que es tan necesaria.

China y Estados Unidos necesitan trabajar juntos en la gobernanza mundial, tener una mejor visión de sus posicionamientos con respecto a Medio Oriente, América Latina, Asia-Pacífico y África. Este marco intelectual en la relación bilateral tiene que ser el centro del pensamiento de Estados Unidos sobre China y de China sobre Estados Unidos, tener una visión más próspera de su relación bilateral y de la relación de ambos países con el mundo, dejar de lado el pensamiento estrecho de suma-cero.

El ascenso de una nueva super potencia no es fácil de digerir por parte del supremo poder estadounidense o europeo, pero si algo dejó claro el liderazgo de Hu Jintao en el ascenso de China, es que éste tiene un sentido pacífico y armónico, no es revisionista del statu quo mundial ni pretende asumir posturas imperiales. El nuevo líder de la quinta generación, Xi Jinping no sólo dará continuidad a esta visión sino que profundizará su entendimiento entre las dos naciones para compartir pacíficamente la responsabilidad de la gobernanza global.

El viejo pensamiento implica un viaje al pasado mientras que el nuevo pensamiento conduce al futuro. El líder Xi Jinping está más familiarizado, de lo que se cree, con las nuevas estrategias diplomáticas y los instrumentos que producen el equilibrio de poder, las alianzas, la geopolítica y la gestión de estas relaciones en el Siglo XXI. Como lo había dicho Avery Goldstein en su libro sobre la Gran Estrategia china, el país adopta un plan estratégico de largo plazo con un enfoque táctico de múltiples variables de corto plazo, que le permite ver su proceso de desarrollo y de crecimiento económico de forma integral, no sólo desde variables de insumos sino de responsabilidad con la sustentabilidad global.

Si Estados Unidos entiende bien esta Gran Estrategia tendría ganancias tácticas de corto plazo que les beneficiaría en la construcción de consensos y de mayor confiabilidad en la relación bilateral con China. Esta también puede ser una estrategia importante para México que sólo observa con preocupación los niveles deficitarios de su balanza de pagos, sin hacer absolutamente nada por emprender una nueva estrategia de largo plazo donde se exploren nichos de oportunidad que por cierto allí están y que pareciera que no existen. Hace falta también crear un marco intelectual de intercambio que por lo pronto no existe porque media un desafortunado enfoque cortoplacista que no rinde los frutos que debiera  tener una relación bilateral de mayor envergadura. ¿Dónde están los Think Tanks de análisis de la relación sino mexicana? ¿Dónde están participando las autoridades gestoras de políticas públicas sino mexicanas? ¿Dónde están los intercambios estudiantiles de México y China? ¿Dónde están los programas de intercambio tecnológico y de innovación entre China y México? ¿Cómo es posible que no implementemos alguna estrategia de cooperación internacional con China para la innovación tecnológica de México? Sólo por dar un ejemplo, tenemos una industria de hilados y tejidos de la Edad Media y una industria de la confección demasiado artesanal para competir en un mundo cada vez más globalizado. Cuando México ingrese como miembro pleno del Tras-Pacific Partnership (TPP, por sus siglas en inglés) empezará aún más la preocupación, tan sólo al enfrentar la industria del vestido de Vietnam. No quiero ni pensar lo que va a pasar con la industria mexicana de la confección que desconoce las cadenas productivas vietnamitas de la industria textil. La productividad vietnamita es impresionante, un pantalón de mezclilla de alta confección puede tener un precio unitario de 20 pesos. Por su puesto, el TPP será benéfico para los consumidores, pero el ingreso disponible al gasto de la industria textil mexicana quedará pulverizado.

Retomando el tema de la relación de Estados Unidos y China, con la administración de Xi Jinping, se tienen que abrazar nuevas ideas y crear una visión innovadora y única en la relación bilateral. Esto no sólo reiterando el concepto de Hu Jintado de ascenso pacífico y armónico de China, sino hacer frente a los conflictos a través de diálogos estratégicos de tres niveles: bilaterales, regionales y globales.

En los próximos años, la estrategia bilateral debe rendir frutos de intercambio comercial mientras la regional y global debe tener propósitos preventivos para impedir impactos negativos a la gobernanza global. En el frente económico, China espera que Estados Unidos se resista a la tentación del proteccionismo en materia de comercio, adopte medidas para reducir las barreras a la exportación de productos chinos de alta tecnología y mejore el ambiente de intercambio financiero bilateral para que fluya continuamente la inversión extranjera directa.

Si Washington ofrece este marco de certidumbre en los próximos años, no sólo va a aumentar sus exportaciones a China sino reducirá el desequilibrio comercial bilateral. Además enviará una señal positiva a China con respecto a sus intenciones de mejorar la relación bilateral en las administraciones de Obama y de Xi Jinping.

Por último, como un eje fundamental de la estrategia debe evitar Estados Unidos tomar posiciones radicales al tratar de contrarrestar la creciente influencia de China en la región Asía-Pacífico. Los recientes conflictos en el Mar del Sur y del Este de China se han intensificado como consecuencia de reclamos históricos que unos y otros se hacen, lo que a Estados Unidos le corresponde es mantener una sana distancia del conflicto sin dejar de operar una estrategia de diálogo con la partes involucradas, ser la guía del conflicto regional sin tomar partido. Una sabia política regional de Estados Unidos, es reconocer el aumento inevitable de la influencia de China en los países vecinos, así como una sensibilidad a los intereses legítimos de China en esa región. Esta política ayudará a evitar la creación de un juego de suma cero entre los dos países y sentar una base sólida y sostenible para los intereses estadounidenses en la región en el largo plazo.

Por Jorge Navarro Lucio,  Encargado de Negocios, a.i. en la Embajada de México en Tailandia y concurrente en Camboya, Laos y Vietnam. Es candidato a Doctor en Ciencias Económicas con especialidad en Relaciones Transpacíficas.




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