“Roberto Calleja Ortega, un profesional de la comunicación; siempre ha tenido las puertas abiertas para quien lo busca”

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La comunicación es el principio y el fin de la vida. Señala el comienzo y el destino de la existencia. Sin ella la evolución de la humanidad hubiera sido imposible, como lo sería la sociedad global que ahora empezamos a construir. El progreso de la comunicación permite el tránsito del hombre a niveles cada vez más altos de perfeccionamiento, haciéndonos posible el comprender, amar e identificarnos con el Universo en grados que ahora nos parecen imposibles.

La comunicación es el origen y el fin de esta institución impreso en su nombre: UNIVERSIDAD DE LA COMUNICACIÓN. Hace poco más de 35 años, sus fundadores así la concibieron, y quienes continuamos al frente de ella nos solidarizamos con ese destino. Por ello consideramos que el máximo honor que podemos conferir es el doctorado Honoris Causa en Comunicación.

La Universidad vale por el prestigio de sus maestros y el éxito de sus egresados. Entre los primeros destaca aquél a quien hoy debemos investir como Doctor Honoris Causa. Ello implica un acto de gratitud que nos enaltece porque implica el reconocimiento de nuestro fin supremo, la comunicación. Se dirige a un ser concreto, pero simbólicamente se extiende a todos aquellos maestros que tienen éxito en la comunicación con sus alumnos.

El doctor Roberto Calleja ha sido uno de los el más queridos entre todos nuestros profesores. A quienes dio clases lo recuerdan con inmenso cariño y agradecimiento por la calidad de su enseñanza, la calidez de su trato y los valores que de él recibieron.

Su basta cultura, su privilegiada memoria, su inmensa lealtad, su discreción y buen juicio, su consejo siempre amigable y su gratitud inalterable, son algunas de sus estimables virtudes.

A lo largo de una exitosa carrera como comunicador, iniciada a principios de los años 79, Roberto Calleja ha sido considerado por otros destacados comunicadores o servidores públicos, como uno de los funcionarios más eficientes, responsables y dedicados, de manera tal que posee un sitio propio entre los comunicadores más relevantes que han servido a México.

Su atinado criterio profesional. Su don de gentes y el respeto que profesa a todos sin excepción –jefes, colaboradores o subordinados; periodistas, comunicadores o directores de medios- le han merecido el respeto y, más aún, la amistad inalterable de la mayoría de ellos.

Roberto Calleja siempre ha mantenido las puertas de su oficina abiertas a quien lo busque. Aún siendo, como múltiples veces lo ha sido, un funcionario de alto nivel, siempre toma el teléfono para hablar con figuras públicas o políticas, de la comunicación o los espectáculos, y aún con quienes no poseyendo ningún cargo tienen la confianza de abordarlo, nunca se sienten defraudados en su confianza, porque él siempre encuentra el tiempo, entre sus muchas ocupaciones, para llamar a alguien que pueda asistir a aquél que le ha pedido ayuda, si él no se considera apto para hacerlo.

Muchos de quienes hoy estamos presentes en esta ceremonia podríamos relatar alguna historia sobre cómo Roberto Calleja mantiene siempre una mano abierta dispuesta para asistir a los demás.

Pero no podríamos dejar de mencionar esa virtud que posee, que convierte a su trato en una experiencia excepcional: su inagotable, franco y reconfortante sentido del humor en esos comentarios con los que Roberto Calleja ofrece experiencias aleccionadoras sin tener que dar consejos, ese sentido del humor con el que rompe tensiones, apacigua malos ratos y hace que quien se despida de él se lleve consigo un mensaje positivo.

Como profesional de la comunicación, Roberto Calleja ha sido invariablemente el guía certero de las instituciones a quienes sirve en cuanto al qué, al cómo y al cuándo comunicar, aún en las más duras y difíciles tormentas o crisis. Él siempre ha sabido sacar adelante, con lealtad institucional, la imagen y los objetivos que le son encomendados. Por ello, y como un ejemplo entre muchos otros de su larga y exitosa carrera profesional, basta decir que los varios Directores del Seguro Social a quienes sirvió a lo largo de una década, lo mantuvieron en su puesto al frente de la comunicación del Instituto.

Así Roberto es invitado a colaborar en las más distinguidas instancias, porque donde sirve sabe construir equipos, mantener la seguridad, aportar soluciones eficientes y conducir las crisis con eficacia que asombra a sus amigos. Por eso, son innumerables los titulares de todo tipo de dependencias que lo invitarían gustosamente a colaborar, conscientes de que nadie podría salvaguardar la comunicación de sus instituciones como lo haría Roberto, quien es por ello un paradigma a imitar en la comunicación social del México de nuestro tiempo.

Como maestro, comunicador, y amigo entrañable, nuestro nuevo Doctor Honoris Causa se asimila hoy a nuestra comunidad universitaria como ejemplo y guía; como espejo de valores y virtudes; como ejemplo vivo de lo que queremos lograr con el ejercicio de la comunicación en servicio de nuestro país, y como prenda viviente del tipo de hombre que queremos construir.

Gracias.

Por el Dr. Salvador Corrales Ayala




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