México requiere una política pública de cooperación internacional para el desarrollo

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Uno de los más importantes desafíos para los gobiernos es encontrar la fórmula para lograr en el menor tiempo posible el incremento del PIB, el abatimiento del rezago social, el aumento sustancial de la productividad y alcanzar los índices de competitividad que tienen los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, OCDE, en un mundo cada vez más globalizado.

Este planteamiento se viene abordado en los últimos meses por la masa crítica de nuestro país, sobre todo el presidente electo Enrique Peña Nieto, quien en múltiples ocasiones, en diversos foros nacionales e internacionales, ha señalado que México requiere incrementar sustancialmente su desempeño tecnológico y científico. El camino para lograrlo requiere que se establezcan los parámetros adecuados de políticas públicas de cooperación internacional para el desarrollo en el campo científico y tecnológico.

En principio, el Ejecutivo, como lo indica el Art. 89 Fracción X de nuestra Constitución, tiene entre sus atribuciones la prerrogativa de dirigir y conducir la política exterior en materia de cooperación internacional para el desarrollo. Y ello, es básico para generar desde este nivel, los lineamientos nacionales de una política que coadyuve al desarrollo científico y tecnológico del país.

Este principio de política exterior fundamenta detrás de la semántica de estado, la defensa y promoción activa del interés nacional. En este sentido, para el presidente electo, la política exterior es y debe ser palanca del desarrollo nacional.

Desde esta perspectiva holística, la cooperación internacional para el desarrollo será un instrumento para apalancar el desarrollo económico, la gobernanza y la equidad social; cuyo objetivo central es lograr una distribución más equitativa del ingreso y el mejoramiento de los estándares de vida de todos los mexicanos. Es decir, esta cooperación internacional tiene el propósito de encontrar mecanismos para erradicar la pobreza, incrementar los niveles de productividad y competitividad con el fin de posicionar mejor a México en el ranking internacional ante un mundo cada vez más globalizado. Y con este propósito, se legisló en México en materia de cooperación internacional para estructurar una política pública de desarrollo en el ámbito científico y tecnológico de nuestro país.

La Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo

Después de un largo proceso de encuentros y desencuentros, acuerdos y desacuerdos, entre las cámaras de diputados, senadores y el Poder Ejecutivo, México finalmente aprobó una Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo (LCID), que entró en vigor el 16 de abril de 2011, con el propósito de conformar una política pública de cooperación que refuerce la política exterior mexicana en este rubro.

Es importante destacar que la LCID provee al poder ejecutivo de los mecanismos e instrumentos necesarios para que lleve a cabo; la programación, promoción, ejecución, evaluación, concertación, coordinación, cuantificación, fomento y fiscalización de acciones y programas de cooperación entre México, los gobiernos extranjeros y organismos internacionales para la transferencia, recepción e intercambio de recursos, bienes, conocimientos y experiencias educativas-culturales, científicas-técnicas y económicas-financieras. En el marco dual que tiene México como oferente y receptor de cooperación.

Todo ello, para establecer el marco jurídico adecuado para que el ejecutivo cuente con las herramientas para la planeación, gestión, instrumentación, registro, evaluación y transparencia de la cooperación internacional de México en el doble carácter que desempeña en la materia.

De acuerdo a especialistas, México lleva a cabo la cooperación de forma dispersa a través de programas administrados por diversas entidades y gobiernos estatales y municipales. Es aquí donde se requiere de una política pública emanada del Ejecutivo federal, que programe la cooperación con base en criterios de gobierno en áreas prioritarias y con países prioritarios, pero siempre atendiendo el interés nacional.

En este carácter dual, México tiene cooperación con países como Estados Unidos, Alemania, Japón, España, Canadá, Francia, Italia y organismos como la Organización de Estados Americanos, la Organización de Naciones Unidas; en rubros como la cohesión social, la gobernanza, la productividad y la competitividad.

Resulta importante resaltar que la LCID organiza toda esta madeja conceptual a través de un órgano administrativo ejecutor y organizador de la cooperación. Se trata de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) que está llamada a establecer los mecanismos e instancias de una forma más estratégica. La AMEXCID es el brazo ejecutor para concertar, coordinar, y estimular, el ejercicio de la cooperación internacional para el desarrollo, así como para estructurar una política de estado en este rubro.

Estrategia de cooperación

La LCID marca áreas prioritarias de cooperación como la prevención de desastres, combate a la pobreza, combate a la desigualdad, combate a la exclusión social, educación y cultura, ciencia y tecnología, medio ambiente-cambio climático, seguridad pública, salud-promoción y defensa de los derechos  humanos y equidad de género. Todo este menú de opciones para cooperar constituye la guía institucional para actuar de manera estratégica en aquellos temas que el país requiere desarrollar con innovación tecnológica o con intercambio científico. Hay que recordar que la pauta de la cooperación desde 2000 queda claramente establecida en los objetivos del milenio, en la Declaración de Paris de 2005 y en la Declaración de Accra, Ghana, del 4 de septiembre de 2008.

Además esta estrategia contempla áreas geográficas prioritarias donde la cooperación debe estar encaminada para lograr la sistematización de los intercambios en ciencia y tecnología; para apuntalar una política de transferencia con bases más firmes que permita incrementar sustancialmente los niveles de innovación científica y tecnológica de nuestro país, que finalmente redunde en un incremento en la productividad y en la competitividad nacional. La base crítica de la cooperación está en la transferencia e intercambio de conocimientos entre los investigadores y las instituciones cooperantes.

Para alcanzar el objetivo principal de la cooperación y lograr niveles de desarrollo tecnológico cercanos a los que ostentan los países miembros de la OCDE, se requiere tener un inventario claro de los convenios e intercambios que estén apuntalados conforme a esta óptica.

La cooperación internacional está sujeta al análisis ponderado de un cuerpo colegiado que realmente siga las directrices estratégicas de política pública del ejecutivo federal y de contenido conforme al espíritu que en este rubro dicta el Plan Nacional de Desarrollo (2013-2018).

Centroamérica y El Caribe

México en su carácter dual en la cooperación considera el esquema horizontal como una estrategia de cooperación Sur-Sur. Bajo este esquema, se contemplan los recursos provenientes del oferente complementados por el receptor hacia proyectos de interés estratégico nacional. Otras variables son la cooperación triangular, asociación bilateral o multilateral en favor de una tercera nación de igual o menor desarrollo. Por último la cooperación vertical, a países emergentes sin aporte de recursos de la contraparte.

La cooperación triangular hacia la región de Centroamérica y el Caribe debe considerar proyectos enfocados a la prevención de desastres, servicios de salud, prevención de epidemias o plagas fitosanitarias.

En el tema de las epidemias, considerar por ejemplo que México tiene muy desarrollado los programas de vacunación, por lo que se le debe impulsar en este rubro proactivamente y contribuir así a evitar las pandemias que finalmente afectan a nuestra nación. Otro gran tema que podría explorarse es el de los cercos sanitarios, por ejemplo la utilización de la mosca del mediterráneo contra el expansión del gusano barrenador en Centroamérica y el Caribe.

En cuanto a Sudamérica, se podría explorar una alianza de cooperación con Brasil en un  proyecto de exploración y procesamiento de hidrocarburos, que incluyera a Bolivia, en el marco de la cooperación triangular.

Otras regiones prioritarias, incluidas África y Medio Oriente

Un factor a considerar además de la distancia geográfica es la disponibilidad de recursos para la ejecución de proyectos. Aquí pudiera operarse el esquema de cooperación triangular y de preferencia a través de organismos internacionales, enfocándose hacia las áreas de salud, asistencia científica y  técnica, medio ambiente, entre otras.

Recapitulando, una verdadera estrategia de política pública en materia de cooperación debe contemplar el espíritu de la LCID como motor del desarrollo nacional y considerando fundamentalmente el interés nacional. Por lo que la cooperación que se reciba como la que se otorgue debe considerar las áreas prioritarias nacionales y  aquellas que se estipulan dentro de la LCID. Una buena cooperación debe ser incluyente y establecer mecanismo de colaboración con las dependencias e instancias de la Administración Pública Federal y los centros de investigación.

Igualmente dentro de la estrategia, considerar la realización de proyectos de alto impacto donde nuestros investigadores avancen, acentuar el reconocimiento del compromiso con el desarrollo, incrementar el campo de acción científico tecnológico de nuestro país, fomentar proyectos conjuntos con la participación real, activa de los investigadores mexicanos. Asimismo, enfocarse hacia los parámetros de productividad y competitividad, gobernanza, la sustentabilidad y la promoción de la democracia.

México, bajo los esquemas de cooperación en los que participa reafirma su colaboración con la cooperación en el mundo y amplia su compromiso bilateral en este campo en beneficio de terceras naciones.

En el tema de la cooperación triangular, el reto es captar la cooperación y orientarla hacia los estados-municipios y localidades- de menor desarrollo dentro de la nación, conforme lo establecen los índices de desarrollo; y darle sentido de triangular aunque en realidad sea bilateral.

Si bien en los últimos años se ha enfocado la cooperación hacia la región de Centroamérica y el Caribe, en el último año se ha registrado una aumento de proyectos de cooperación con Sudamérica, tal vez por allí se debiera explorar su expansión ya que esa región se caracteriza por su capacidad de absorción de proyectos y por la disponibilidad presupuestal para comprometerse en su realización.

Consideraciones finales

Falta mucho por recorrer en el terreno de la implementación e instrumentación de la LCID para darle sentido a los órganos que crea, establecer con claridad sus fines, el tema de la transparencia, la selección de personal calificado de la AMEXCID para que sea un verdadero instrumento de diálogo en la cooperación.

En la próxima administración 2013-2018, la AMEXCID está llamada a instrumentar eficazmente la cooperación internacional para el desarrollo teniendo como eje motor al interés nacional, para que con base en ello, diseñe, coordine y oriente los proyectos en este rubro, aprovechando al máximo el carácter dual de México, a fin de conseguir elevar los niveles de competitividad y productividad nacional.

Resulta prioritario entonces, reposicionar a la cooperación a fin que tras reforzarla genere mayores beneficios a la sociedad mexicana y se constituya en un verdadero instrumento que refuerce la política exterior de México en el próximo sexenio.

México debió aprovechar más su presidencia en el G-20 para robustecer los mecanismos de cooperación existentes e impulsar nuevas estrategias y esquemas en materia de cooperación para el desarrollo que privilegiara su posición dual en la cooperación y acentuara su papel como interlocutor válido en este campo. Además para pasar de la “eficacia de la ayuda” a la eficacia del desarrollo”.

Es importante resaltar que México se adhirió a la Comunidad de las Democracias desde la declaración de Varsovia, junio 2000, que tiene como propósito promover y fortalecer las instituciones democráticas y los derechos humanos con base en los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La Comunidad de las Democracias parte del axioma que un modelo democrático deseable se alcanza a través de la cooperación con entes que se refuercen mutuamente.

El presidente Enrique Peña Nieto, a partir de diciembre de 2012 tendrá en sus manos uno de los más importantes ejes de la promoción del desarrollo económico del país, por ello es fundamental que el perfil de quien ocupe la presidencia ejecutiva de la AMEXCID sea un científico de amplio reconocimiento nacional e internacional, capaz de establecer un liderazgo eficaz en la promoción de la productividad y competitividad del país.

Por  la Dra. Audrey Rivera Gómez,  miembro del Servicio Exterior Mexicano de Carrera.




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