Retos Económicos para el Gobierno de Peña Nieto

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El 1 de diciembre de 2012, se iniciará el gobierno de Peña Nieto quien ha prometido verdaderos cambios en beneficio de las clases pobres, especialmente en materia empleo, salario y salud y bienestar para todos los  mexicanos.

La mayor interrogante para los votantes es hasta  que  punto las promesas de campaña se van a revertir en realidades. El contexto internacional es y será más difícil que otras épocas y el nacional implica rezago social, y un momento económico severamente  desalentador  para los trabajadores y los grupos sociales de bajos ingresos y clases  medias.

Resulta redundante insistir acerca   del mal desempeño económico y social especialmente acentuado por los gobiernos panistas que sólo priorizaron  el estar de acuerdo y favorecer a las trasnacionales, estar muy de plácemes  con los organismos internacionales, especialmente el FMI, de quienes aceptaron   su tutelaje  así  como de los gobiernos armamentistas e intervencionistas de los EU. También apoyarse  en el ejercito  que fue ampliamente beneficiado.

El pueblo salió a votar el 1 de julio con la esperanza de que las demandas populares sean atendidas con mayor eficiencia y prioridad, y toca el turno a Peña Nieto si se decide a afrontar esas demandas, o sólo continuar por la misma senda fondo monetarista   con ligeras variantes menores.

Tal duda se debe a que es ampliamente conocida la postura social del Consenso de Washington en cuanto a que los asuntos sociales deben de resolverse con programas de ajuste que signifiquen recortes en el gasto social especialmente en educación y salud públicas.

Esto  se está evidenciado actualmente  en Europa y en parte en EU, en donde un fraude  financiero se está cargando sobre la población que no lo fraguó. Esta experiencia ya la vivimos los mexicanos que con un bajo crecimiento promedio y altas tasas de desempleo e inseguridad, y emigración que  seguimos pagando los costos sociales de los programas de ajuste implementados desde 1982 con la supervisión del FMI  y que se han consolidado sus consecuencias  en especial en los últimos gobiernos panistas,  zedillistas y salinistas.

Peña Nieto no puede sacudirse este contexto interno y externo que es definitivamente  heredado de sexenios anteriores. Pero si puede evaluar desde principios de su gobierno los resultados  de estos años de aplicación de programas de ajuste. Es decir, esto coincide con lo dicho por él que en el primer debate  público, en el sentido de que su gobierno propiciaría  el  que “les alcanzara  mejor su salario a los trabajadores”.

A este respecto el ahora presidente electo no debe olvidar que la teoría económica asumida desde 1982, para dirigir la política económica de México, fue el libre juego de las fuerzas de un mercado que se convirtió en  un monstro voraz  e insaciable. Los seres humanos se volvieron esclavos del mercado y sólo eran trabajadores de horario indefinido (esclavos) y con salarios competitivos léase bajos. Con ello se concentra el ingreso en pocas manos y se crean las grandes fortunas de las revistas de millonarios. Las ventas son a crédito y aumentan con el instrumento mediático de la globalización que es la publicidad televisiva. Muchas gentas caen en la insolvencia y sus bienes son embargados.

Con la teoría económica de los justificadores de la globalización y sus líderes de opinión como Porter y Krugman es que se ha manejado a México en los últimos años y la duda es que los resultados sociales se han traducido en violencia, economía informal, quiebra de empresas nacionales, compra de ramas de la producción nacional por parte de grades grupos oligopólicos trasnacionales. Sin embargo estas ideas y doctrinas  financiadas por estos grupos, han vendido y difundido ampliamente  la idea de que esto es lo  que conviene a México, que vamos por el camino correcto y que hay que llevar a cabo las reformas económicas que desde  el gobierno de Fox se identificaron como reformas estructurales  de segunda generación del FMI. Estas también  llamadas “reformas estructurales perversas”,  se circunscriben en síntesis  a privatizar el petróleo y a quitar todo derecho a los trabajadores, flexibilizando la contratación como en la época del porfiriato.

La duda es si  Peña Nieto piensa que esto está bien,  o que deben haber cambios urgentes en la política económica,  pues puede   pensar en renegociar una situación económica y social menos injusta para los millones de jóvenes que están muy decepcionados y que  no quería votar hasta que surgió un movimiento especialmente juvenil  en redes sociales que incluso criticó al PRI y a su candidato.

Peña Nieto no ganó con un porcentaje amplio sino limitado e incluso cuestionado. Eso debe  estar presente en su quehacer político en forma permanente, y reconocer que existen millones de personas inconformes,  contra unos gobiernos que especialmente en los sexenios del PAN sólo se enriqueció a un selecto club  de millonarios.

Por otra parte el contexto internacional es muy volátil y siempre  han sido puestos en tela de juicio el triunfalismo de los gobiernos panistas que consideran que la economía mexicana está blindada ante cualquier problema del exterior. La verdad ocultada o poco difundida, es que México está sujeto a los precios internacionales del petróleo, a unas transferencias que han ido a la baja y de un endeudamiento externo e interno que según datos de la SHCP a 2011 nos arrojan una deuda neta de 389 mil, millones de dólares, cerca del 33% del PIB.1 Hoy la deuda neta implica la deuda total, es decir la externa y la interna. Esta puede ser interna y comprada por extranjeros sin dejar de ser interna. Puede estar en cetes, bondes, pidiriegas y muchos instrumentos más que se adquieren en el sector financiero desregulado y que se cotizan en el mercado de valores a nivel global.

Los gobiernos panistas han dicho que esta deuda es manejable, y que el  que los extranjeros compren deuda mexicana es signo de confianza. Tales conceptos resultan altamente  polémicos. Existe el diagnóstico opuesto en el sentido de que si el porcentaje de la deuda sigue creciendo respecto al PIB, pasará algo parecido a 1982, 1987 o 1994. O bien a lo que recientemente ocurrió en Europa y los EU.

Peña Nieto  deberá afrontar el problema del enorme crecimiento  de la deuda, especialmente durante el gobierno de Calderón, que se concretó a pedir  préstamos supuestamente para blindar la economía y evitar un proceso devaluatorio, el cual no es seguro que pueda surgir posteriormente. Esto porque esos préstamos deben pagarse y su costo implica según el Informe Anual del Banco de México, alrededor de entre 20 y 30 mil millones de dólares anuales considerando el pago de intereses y principal. También en dicho informe aparece un fenómeno relativamente nuevo y que es las inversiones de mexicanos en el exterior que para el año 2011 significaron -9540 millones de dólares. Es decir nuestros  ricos invierten en el exterior la riqueza generada en México.

También en este proceso de desinversión y caída de las empresas  mexicanas en poder de monopolios extranjeros citaremos  el caso reciente de la venta de la Cervecería Modelo, toda una tradición en México, que se vendió en 11 mil millones de dólares a una compañía belga sin que esta transacción tuviera ninguna ganancia para la nación.2

El nuevo gobierno debe de revisar exhaustivamente las políticas implementadas desde 1988, en relación a la desindustrialización y la desmexicanización  de la industria nacional, la agricultura el comercio y los servicios. Estos gobiernos parece que estuvieron en contra de la economía mexicana. Da la impresión que se impusieron  para favorecer al capital extranjero a costa de los mexicanos. Se firmaron 14 tratados de libre comercio con 43 países y se piensa signar  más. Sin embargo, el país es mono exportador de petróleo crudo, importador neto,  y las manufacturas maquiladas no han sido capaces de lograr que sus grandes ganancias lleguen a permear a los bolsillos de los mexicanos en la medida de realmente resolver el problema del empleo y el salario;  especialmente en la frontera norte en donde se viven a la fecha los graves problemas de migración, delincuencia y narcotráfico. La revisión cuidadosa de estos tratados, especialmente el TLCAN, el Plan Mérida y el Transpacífico, serán la tarea sustancia en la que el nuevo gobierno deberá corregir esta desacertada tendencia.

Peña Nieto será fuertemente presionado por los grupos monopólicos ligados al exterior y que se han beneficiado enormemente con estas políticas de libre comercio y libre mercado. Estos grupos poderosos no quieren cambios que pongan coto a sus ganancias y al contrario buscan la reforma laboral y energética como fuente muy generosa de negocios. Pero por otro lado existen millones de mexicanos sin empleo, o trabajadores con muy bajos salarios, jornadas extenuantes, y sin esperanza de superar esa pobreza.

Por otro lado existe la inseguridad que no se controla con represión, sino con fuentes de trabajo remuneradas y estables. Existen millones de jóvenes en edad de trabajar y que se sienten defraudados por un sistema que les quitó su futuro. Peña nieto tiene la alternativa de quedar bien con las minorías oligárquicas o intentar llevar a un equilibrio que implique una mayor redistribución en el ingreso y atención a esos millones de jóvenes cuyo futuro ha quedado en manos del nuevo presidente electo.

1 Datos tomados de SHCP, Informe Trimestral sobre la Situación Económica y Deuda Pública. Agosto, 2011

2 El 28 de junio de 2012 la empresa belga Anheuser Busch InBen,  adquirió en 11.000 millones de dólares en la BMV el Grupo Modelo de México. Excelsior 29 de junio de 2012

Por Arturo Ortiz Wadgymar, Investigador Titular del Instituto de Investigaciones Económicas UNAM




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