¿Cuál será el rumbo de la política exterior del próximo sexenio?

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Hace algunos años escuché a un político italiano decir: ¡Si Italia tuviera doscientos metros de frontera con Estados Unidos, sería uno de los países más ricos del mundo! En México la geopolítica de la vecindad hacia Estados Unidos no sólo está estratégicamente desperdiciada sino  ideológicamente ninguneada. Es políticamente correcto, por lo menos en ciertos segmentos de la sociedad, tener un discurso antiamericano. En las universidades, sobre todo en las públicas, es un lugar común ser antiyanqui.  En otros foros, sin embargo, se habla abiertamente de la necesidad imperiosa de estructurar un plan de trabajo de largo alcance que permita incorporar al país a un proyecto de colaboración con Norteamérica. De cualquier forma, el dilema está ahí presente y aún subsiste: no hay, o no existe, una estrategia de largo alcance hacia el exterior y ni siquiera con el vecino del norte.  Las discusiones oscilan entre aprovechar la vecindad o rechazarla, apoyar el libre comercio o el proteccionismo. Mientras México no resuelva esta disyuntiva, no podrá avanzar; lo que Putman denominaba: la simbiosis entre lo doméstico y lo externo. Entrelazar a México con el mundo. Aprovechar lo mucho que hay afuera para impulsar los rezagos internos. Para hacerlo México necesita tener una visión clara de lo internacional. Sí se carece de un enfoque hacia el exterior, se pueden tener buenas intenciones, o dar largas frases de una perorata bien intencionada: “más México en el mundo, y más mundo en México”. Pero en el fondo nada, se sigue en el mismo camino de la imprecisión.

Por ejemplo, si estudiamos lo que ha hecho China en los últimos 20 años nos daremos cuenta de algo sustancial. Ha podido responder a la pregunta, surgida a mediados del siglo XIX, cuando el país sufrió la humillación y el saqueo de las potencias de Occidente, a consecuencia de las Guerras del Opio: ¿cómo alcanzar la modernidad y el desarrollo de las grandes potencias? Esa pregunta fue fundamental.  A partir de ese momento, se dio un debate intenso que duró varios años, varias décadas. Sabían que una consecuencia lógica de esa sumisión, de haber sido avasallados, fue el atraso y el enclaustramiento. China como buen representante del reino medio, Zh?ngguó,  creía ser el territorio bendecido por el cielo, Tianxia (??), por lo que se consideraba lo externo como bárbaro y de poca valía. China fue vencida y humillada por potencias emergentes que no tenían, ni su solidez cultural, ni su civilización milenaria. El punto central de ese equivoco, según lo observaron, Sun Yat-Sen, Mao Zedong, Deng Xiao Ping, Jiang Zemin y Hu Jintao, fue que no tenían una visión y un enfoque de lo internacional.

Ahora ha llegado el momento que México enfrente la misma pregunta. ¿Cómo es que el país ha llegado a este nivel de atraso? ¿Por qué se ha retrocedido tanto en política exterior? ¿Por qué se ha perdido el liderazgo internacional? ¿Por  qué la inversión extranjera directa que recibimos es ínfima? Sí la comparamos con lo que reciben otras naciones hoy en día pujantes. ¿Por qué cayó tanto el turismo? ¿Por qué ese desempeño económico tan mediocre? La respuesta es simple; no hay una visión de lo internacional, ni un enfoque hacia el exterior. El fenómeno global pasa frente a nosotros y ni cuenta nos damos, preferimos meter la cabeza en la tierra y escondernos. Preferimos las banderas del orgullo azteca. Con una actitud de casi: ¡Déjenos en nuestra Edad Media!

Por ello debemos empezar por ponernos de acuerdo y preguntarnos: ¿qué queremos del exterior? Y, ¿qué beneficios pretendemos para nuestra nación? Tenemos que tener un enfoque, una visión de lo internacional y una gran estrategia. Sabemos lo qué tenemos y cómo lo tenemos distribuido en el plano nacional, pero no hacemos nada para utilizarlo en pro de nuestro propio beneficio. Estamos orgullosos de nuestras extraordinarias playas, de nuestros paisajes  nacionales, de nuestra cultura, de nuestra diversidad étnica y culinaria, pero pareciera que sólo se trata de un sentimiento hedonista y poco desarrollista en beneficios de nuestra población.

Por ejemplo, sólo en el plano social y económico, tenemos que hacer lo mínimo: mejorar para beneficio de nuestra población la infraestructura de carreteras, transportes, agua, drenaje, alumbrado, escuelas etc. y nos dará grandes frutos de seguridad, desarrollo turístico y empresarial. La mayor parte del desarrollo de China, hoy en día, se debe en gran parte a su gran desarrollo infraestructural y científico. Y para muestra acudan a revisar lo que se ha hecho en la ciudad de Chengdu. Obsérvese la visión detrás de los trenes bala que hoy conectan a Beijing con las grandes ciudades del país. Las carreteras, los transportes hacen de esta nación un atractivo turístico inigualable. Pasa lo mismo en Estados Unidos, Francia, o Roma. La respuesta es simple: infraestructura y bienes públicos.

Otro paradigma, cuando China sale a conquistar la economía mundial,  lo hace desde el desarrollo infraestructural de la Costa Este, ese fue el inicio de su principal enfoque de despegue, una nueva visión de lo internacional. Los líderes Deng Xiao Ping y Jiang Zemin así lo vieron y así lo promovieron. Esta infraestructura significaba puertos, manufactura, manejo financiero (vía Hong Kong), restructuración de la planta productiva, innovación y transferencia de tecnología. En cambio México ve el desarrollo de las zonas fronterizas del norte del país con cierto menosprecio y extrae grandes cantidades de las aportaciones de los derechohabientes del IMSS para subsidiar programas poco sustantivos de los estados del sureste.

Siendo el comercio marítimo el mayor del mundo; y, México teniendo ventajas comparativas hacia el pacífico y hacia el atlántico (11,122 kilómetros de litorales), su comercio marítimo y pesquero es prácticamente pobre e inexistente. Mientras los puertos marítimos del mundo mueven volúmenes gigantescos de mercancías, México no emprende una gran estrategia en este rubro. El comercio marítimo mundial ocupa uno de los principales rubros del comercio exterior, lo cual equivale a aproximadamente el 5% del comercio mundial total. El comercio marítimo se calcula a razón de toneladas/milla, peso multiplicado por distancia. En 1965 había un volumen de 6 billones de toneladas por milla, en 2010 se habían alcanzado los 30 billones de toneladas/milla. El contenedor es el principal medio de transporte de mercancías, está estandarizado sus dimensiones son: 6 metros de largo, 2.4 metros de ancho y 2.6 metros de alto (está regulado por la norma ISO 6346, TEU de 20  pies en volumen).  Sólo para tener una idea Singapur, una minúscula ciudad nación, manejó en 2011 una carga anual, tanto en tonelaje como en contenedores, de 25.9 millones de contenedores TEU (medida equivalente a contenedores de 20 píes). México con toda su ventaja competitiva, en litorales, apenas llega al millón 800 mil contenedores TEU. Shanghái, un solo puerto, maneja una cifra similar a toda Singapur, 25 millones de contenedores TEU anuales.

Esto nos dice que México tiene que tener su visión clara de lo internacional y un enfoque hacia el exterior. ¿Cómo puede nuestro país construir una visión y un enfoque de lo internacional?  La respuesta no es difícil pero implica un gran debate nacional y la construcción de un nuevo proyecto de nación.

Son cuatro elementos que están dentro de la visión de lo internacional: una radiografía del país, la política exterior, la diplomacia y la teoría de las relaciones internacionales. Por ejemplo, cuando Estados Unidos sufrió el ataque terrorista del 9/11 se planteó una nueva política exterior, salió al mundo a negociar un nuevo enfoque de cooperación bilateral y multilateral, y decidió que debía dejar atrás  la teoría  realista de las relaciones internacionales por una más adecuaba a su nueva forma de pensar y al nuevo escenario que presentaba la globalidad y las relaciones entre naciones. Estados Unidos optó por la teoría del poder inteligente “smart power”. Por meses, el CSIS de Washington, DC, organizó mesas de discusión sobre el poder inteligente donde participaron los más connotados ideólogos de la política internacional de Estados Unidos. Vale la pena, como referencia, leer las versiones estenográficas de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos del proceso de ratificación de Hillary Clinton como Secretaria de Estado. Las preguntas y las respuestas son un verdadero esquema de contenido para comprender su visión de lo internacional.

México debe hacer un esfuerzo semejante, porque ha llegado el momento crucial de construir un enfoque y una visión de lo internacional. Este procedimiento implica estructurar variables estilo Priority Path, un programa científico que permite la construcción organizacional del enfoque y de la visión.

Además de eso, el próximo presidente deberá nombrar un gabinete que tenga plena conciencia de hacia dónde debe ir el país en los próximos 20 años. En ese sentido el nombramiento de quiénes serán los próximos titulares de Relaciones Exteriores, de Economía, de Comunicaciones y Transportes, de Turismo, de Hacienda etc., es crucial.

*El autor fue miembro del Servicio Exterior Mexicano de Carrera, profesor universitario y candidato a doctor en relaciones transpacíficas.

Por Jorge Navarro Lucio*




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