La Política Exterior del próximo Gobierno

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La política exterior de México “se ha perdido y deteriorado de manera progresiva en la última década”, dice con mucha claridad Enrique Peña Nieto, precandidato a la presidencia de la república por el Partido Revolucionario Institucional, en el capítulo 7 de su libro México: la gran esperanza.

Quienes hemos vivido directamente los escenarios internacionales, no podemos estar más de acuerdo con el candidato y con este capítulo dedicado a la política exterior. Efectivamente hace poco más de una década el liderazgo de México era reconocido, respetado y admirado. La participación de México en foros multilaterales, en asuntos regionales y en la gestión de temas cruciales, era dinámica y proactiva. Lamentablemente, todo esto se ha descuidado en tan sólo una década.

Esta situación no corresponde al peso económico, demográfico y cultural de nuestra gran nación. Hoy, como lo dice Peña Nieto en su texto, la comunidad internacional nos mira con desconcierto y preocupación y múltiples analistas, líderes de opinión y jefes de estado; prefieren mirar otros modelos de despegue mucho más atractivos como el brasileño, chino, indio, sudafricano o ruso.

Reiteradamente en el mundo las comparaciones indexadas son mucho más tajantes y con frecuencia colocan a México en posiciones a escala visiblemente mediocres. Una situación realmente penosa si tomamos en cuenta la capacidad y  el potencial de nuestro país.  Perdimos visión y rumbo.  Y como dice el autor (EPN), “mientras otras naciones emergentes consolidaban alianzas dentro y fuera de sus regiones para promover sus intereses”, México, por razones de políticas públicas erradas o poco expertas, tiende a la automarginación.

No es que no haya capacidad, porque el Servicio Exterior Mexicano está formado por mexicanos talentosos de alta valía, muchas veces desperdiciados, y otras tantas operando y gestionando asuntos de poca monta. ¿Qué es lo qué pasó? El país pasó a ser un “simple observador  del surgimiento de nuevos protagonistas regionales y globales” y ante esas dinámicas externas, se rezagó; así lo apunta con el precandidato priísta.

México dejó de ser un receptor de inversión extranjera directa, turismo, tecnología, innovación, etc. Debido a la ausencia de políticas públicas  bien direccionadas. Por eso  México en “gran parte tiene un desempeño pobre” en áreas claves: de infraestructura intermodal, de transportación, de inversión en ciencia y tecnología, en la construcción de proyectos sustentables, en la promoción de la educación técnica y científica, en el fomento del “soft power” (sobre todo de productos culturales), en el desarrollo de los factores de la producción, en la formación y gestión de agendas de política exterior bilaterales, regionales y multilaterales.

Por ejemplo, la protección a nuestros paisanos en el exterior que fue un modelo digno a seguir por otros países, se ha dejado de lado e ignorado. La diplomacia bilateral que representa uno de pilares fundamentales de la política exterior no está apuntando a donde debiera. Se han dejado zonas de proyección que por su importancia debiéramos estar ahí, haciendo planteamientos, estructurando acuerdos, ganando espacios sobre todo en Europa, Asia, África, América Latina y el Caribe. La agenda bilateral hacia Estados Unidos en lugar de ser integral es ahora temática y las disyuntivas se colocan preponderantemente entre la seguridad y la migración.

Para recuperar la agenda de política exterior, dijo el precandidato Peña Nieto, al presentar su libro, “debemos en primer lugar ser un estado fuerte, sólido y prospero económicamente” y de ahí aspirar al reconocimiento global.

No nos merecemos tener los niveles de pobreza, que tan solo en una década a consecuencia del liderazgo político, se han agudizado con mayor intensidad en todo el país. La inseguridad y la pobreza llevan a todos los mexicanos a la desesperanza y al temor. Temor, por la inseguridad que todos vivimos ante la ausencia de un estado de derecho fuerte;  y,  desesperanza porque no vemos un futuro promisor y próspero.  Como dijera el precandidato presidencial priísta, si no tenemos un estado eficaz difícilmente recuperaremos el prestigio y el liderazgo que como país debiéramos tener en el escenario internacional.

En este sentido la política exterior es una herramienta fundamental para promover el desarrollo y el bienestar; claro si está bien direccionada. Una política exterior que asegure el bienestar, el desarrollo, la inclusión y la redistribución del ingreso. Es aquí donde debe darse un debate al más alto nivel para formular una gran estrategia para las próximas décadas. Una estrategia integral que funcione  en lo económico; y, en lo político, que puede lidiar con los fenómenos que amenazan la seguridad nacional;  como  son las amenazas trasnacionales: el terrorismo, el tráfico ilegal de armas, drogas, la trata de personas y las pandemias.

Extender a otras áreas el modelo que hasta ahora ha sido exitoso en el tema de salud, como la Comisión de Salud Fronteriza México-Estados Unidos. Se puede llevar también el modelo hacia el terreno de la seguridad transfronteriza. Y aprovechar la diplomacia de la salud hacia el Sur, creando una Comisión de Salud Fronteriza México-Centroamérica; donde además de incluir  rubros importantes de salud, se incorporen temas como el combate a las adiciones, la salud mental, el desarrollo sustentable y la violencia intrafamiliar.

El compromiso de los estados fronterizos y sus representantes, según el modelo de la Comisión de Salud Fronteriza México-Estados Unidos, puede ser llevado a otros rubros como la seguridad, el tránsito legal de personas, la transferencia de tecnología, la construcción de infraestructura intermodal, etc.

Una política exterior bien direccionada puede anticipar riesgos, generar escenarios proactivos y establecer mecanismos para solventarlos o contrarrestar sus efectos.

Peña Nieto tiene razón cuando indica que para lograr una política exterior eficaz se requiere de tres condiciones: la primera, la construcción de un México fuerte y sólido; la segunda, asumir un rol más proactivo en el escenario internacional con señales claras de responsabilidad y liderazgo; y la tercera, desplegar una política exterior sustentada en una red de alianzas estratégicas, con agendas claras y diferenciadas; bilaterales, multilaterales y regionales, que operen en beneficio de nuestros intereses nacionales.

Para impulsar la construcción de estas alianzas será necesario que el Servicio Exterior Mexicano (SEM) tenga una nueva modalidad y se reestructure. No se puede tener en las áreas de servicio que dan atención al personal del SEM y a nuestros paisanos, a funcionarios que desconocen el sentido y el rol de la diplomacia mexicana. El Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos debe ser realmente un colegio que funcione en la preparación de los cuadros diplomáticos mexicanos; se debe también poner mucha mucho más atención en los funcionarios que conformen: la Dirección General del Servicio Exterior, la Dirección General de Delegaciones, la Dirección General de Protección, la Dirección General de Asuntos Consulares, la Dirección General Adjunta de Asuntos Fronterizos, la Dirección General de Programación y Presupuesto. No se puede ir en piloto automático o continuar con inercias en tan importantes oficinas de la SRE. Ahí se debe contar con personal experto y de experiencia. Sobre todo un Servicio Exterior que conozca los perfiles, la experiencia, el conocimiento, el manejo de idiomas y las necesidades de los miembros del Servicio Exterior.

El ejecutivo no se puede apoyar ni coordinar sus agendas de política exterior con personal que no habla el idioma, que desconoce el entorno de su adscripción o que no tiene interés en el área. En cancillería la especialización se ha dejado atrás y en muchos casos, amigos del ejecutivo ocupan puestos en la diplomacia a pesar de no tener ni el perfil ni la experiencia para estar ahí.  De continuar con esta tendencia, donde los puestos los ocupan quienes no debieran,  el impasse para el buen funcionamiento y operatividad de las agendas de política exterior será una constante.

En su libro el precandidato Peña Nieto, expresa que no se debe desconocer la importancia que tiene Estados Unidos para la política exterior mexicana. Es un hecho, y en ello otros países comparten esta opinión, incluyendo China; que Estados Unidos continuará siendo una gran potencia mundial por muchas décadas por venir. Pero en estas últimas décadas la relación bilateral se ha tematizado y reducido. La agenda bilateral con Estados Unidos debiera ser integral, además de la seguridad y la migración que son en sí importantes, otros esquemas de alto valor deben ser propiciados y considerados como la integración económica, la cooperación infraestructural (puertos, ferrocarriles, carreteras, aeropuertos), rubros ambientales, de cooperación técnica y científica, de salud, de comercio e inversión directa, de transferencia de tecnología y de innovación tecnológica; sólo por mencionar algunos.

Con Asia-Pacífico, México se ha rezagado no se ha participado como se debiera ni se ha estructurado una gran estrategia con países pilares de ANSEA, China, Corea del Sur y Japón. China es un país que sin lugar a dudas es altamente estratégico para cualquier nación del mundo. Lo mismo que Australia y Nueva Zelandia. China en este rubro tienen una importancia altamente estratégica, no sólo por crecer a un ritmo sostenido, en las últimas tres décadas de 9 por ciento en promedio, sino por el potencial que representa un mercado de más de 1,300 millones de personas, con una ramificación en política exterior diversa, multidireccional (regional, bilateral y multilateral) y por su alto nivel de interlocución con África, Medio Oriente, Asia, Europa y Estados Unidos.

Por lo que corresponde a Europa, tal y como lo señala en su libro Peña Nieto, es una comunidad de “alto nivel de desarrollo económico, científico y educativo, su capacidad de innovación y su firme compromiso con la democracia”. No pueden dejarse de lado o desconocer su valor estratégico e importancia. Hay que recuperar la interlocución con los líderes de Europa.

Y por último, la relación con América del Latina y el Caribe, se ha dejado de lado en cuanto a una diplomacia proactiva y un diálogo constructivo. Como lo indica en su libro Peña Nieto, hay que recuperar los mecanismos de cooperación con Centroamérica, el Caribe y el Cono Sur; en áreas como el diálogo político, la seguridad, la migración, el comercio, la educación, la salud, la energía y la infraestructura; para impulsar el crecimiento económico sostenible, la estabilidad y el bienestar de estas regiones estratégicas para el país. Con los países de América Latina en particular,  tenemos lazos históricos comunes que nos unen, un idioma y una cultura que nos identifica, debemos regresar a los fundamentos de interlocución y liderazgo. Si nos alejamos fue por voluntad y por ello se inclinó, desde hace una década, la brújula de política exterior hacia solo lado.

En 2012, con un nuevo gobierno la agenda de política exterior puede ser integral y estratégica. Hay bases y talento para formularla. Para construir una Gran Estrategia de Política Exterior para el 2012 hacia adelante. Por ahora, se recomienda la lectura detallada de capítulo, 7 “México, actor Global del libro de Enrique Peña Nieto: México, la gran esperanza.

*Jorge Navarro Lucio, ha sido miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano, dos veces acreditado en la Embajada de México en Washington, D.C. (1982-1987 y 20005-2009); fue Cónsul de México en varios lugares de Estados Unidos, también Encargado de Negocios, a.i. de la Embajada de México en Tailandia, concurrente en Laos, Vietnam y Camboya; Observador Permanente en ESCAP de la Organización de Naciones Unidas. Corresponsal Internacional; profesor investigador de Problemas de la Frontera Norte de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez; profesor de Negociación Política y Diplomática en la Universidad de las Américas; conferencista de temas internacionales en universidades nacionales y extranjeras; asesor de política exterior de organizaciones cupulares en Ciudad Juárez; conductor y director de noticias en radio; director y editor de varias revistas. Navarro Lucio es Lic. en Relaciones Internacionales, Maestro en Administración de Empresas y Candidato a Doctor en Relaciones Transpacíficas por la Facultad de Economía de la Universidad de Colima.

Por Jorge Navarro Lucio*




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