“Los Indignados”

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Todos reconocen ahora la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento imperante antes de la crisis, y no seguir sobrestimando la capacidad de autorregulación del mercado, subestimando el papel del gobierno, desvalorizando la dignidad del trabajo y mostrando indiferencia ante las demandas más que justificadas o convertido en un movimiento internacional con el título de indignados. Tras las sombrías estadísticas del desempleo están las devastadas condiciones de bienestar de las personas y su menor capacidad para mantener sus familias. Aun cuando se dice que empiezan a mostrarse signos de recuperación en algunos países e industrias, para millones de personas en particular la juventud, sigue sin trabajo. Para todos ellos la crisis está muy lejos de tocar fondo, para millones de jóvenes  la crisis financiera y la deuda de sus países los ha condenado a décadas de sacrificio en cuanto a condición de bienestar y para muchos cercanos a la jubilación la pensión que estuvieron construyendo por décadas con su trabajo  hoy está en riesgo.

Antes de considerar cómo afectan específicamente a las nuevas generaciones las recurrentes crisis financieras, demos un repaso pero que sucede en el mundo, a las 21:35 horas del día jueves 27 de octubre del presente 2011 1, la población mundial llegaba a los 6, 946, 456, 080 millones de habitantes, en tres minutos murieron 700 personas, nacieron 273, y emitimos 144,000 toneladas de CO2, debemos  pensar  que ese rápido crecimiento de la población mundial, tiene repercusiones abrumadoras en lo que se refiere a las condiciones de bienestar particularmente entre las nuevas generaciones.

Fueron necesarios más de 100 años para que la población del mundo contemplada en 1,250, millones se duplicara,  alcanzando los 2,500, millones en el año 1950, pero sólo tuvieron que transcurrir casi cuatro décadas para que volviera a duplicarse llegando a 5 mil millones en 1987. Es muy probable que al concluir este año o en los primeros meses del 2012 alcancemos los 7 mil millones de habitantes, por lo cual debemos pensar en las exigencias sobre mayores cantidades de alimentos y combustibles, viviendas, transportes, servicios de educación, de salud y empleo.

Sin embargo en un momento el que las crisis globales se multiplican e intensifican, la gente está perdiendo la fe en la capacidad de los gobiernos de escuchar y defender sus intereses, y los ciudadanos ven el futuro sin esperanza, ¿qué debemos hacer, que tenemos que demostrar para poder responder a esos desafíos, porque el mundo de hoy es muy diferente, por lo tanto necesitamos ir más allá de las simples nociones acerca del crecimiento para alcanzar discusiones más sofisticadas sobre el progreso humano, las cosas tienen que cambiar, hoy el desempleo y el trabajo precario crece, no existe seguridad laboral, muchas de las profesiones y oficios del pasado desaparecieron y carreras para toda la vida son un simple recuerdo, las condiciones de bienestar que disfrutaron los padres de los actuales jóvenes desempleados son inalcanzables, para una juventud que se rebela ante la posibilidad de ser despojados de un futuro promisorio que pensaban alcanzar con estudio esfuerzo y dedicación, pero también se niegan a pagar por errores que ellos no cometieron,  errores y corrupción de políticos y gobernantes que han permitido que el mercado voraz imponga sus condiciones sobre el mismo Estado. En el proceso de creación destructiva, la escalera desapareció y para cada vez más personas, ser persona preparada, ser de clase media ya no es siquiera una aspiración. A medida que el mercado ha impuesto sus condiciones, ha llevado a la mayoría de la población del mundo a una nueva versión de explotación, una nueva versión de la precaria existencia del proletariado del que hablaba Marx o de la que hablaban  los ideólogos de la Revolución Mexicana.

¿We are the 99%? Los movimientos “Indignados”, la convocatoria del 15-O, –Ocupemos Wall Street–, se multiplican por varios países del mundo, hombres y mujeres de todas las edades se unen en las protestas, exigiendo un cambio global, y dar fin a los “excesos del capitalismo de libre mercado”.

Cuando el nonagenario francés, Stéphane Frédéric Hessel, un anciano lleno de coraje y de juventud escribió su pequeño libro ¡Indignaos! El cual fue prologado por otro anciano ejemplar, José Luis Sampedro, un economista heterodoxo y escritor de talento, ambos quizás no se imaginaban el despertar de conciencias que provocaría su lectura, hoy es el consejero virtual de la juventud sin futuro, que se niega a pagar por errores que cometieron banqueros y políticos corruptos. Hessel no lo imaginó, ni cuando hace 63 años era parte del equipo que redactó “La Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948”. Y la crisis financiera y quienes la propiciaron olvidaron que: –Los derechos de los trabajadores son derechos humanos–.

Hoy la juventud en el mundo, exige un cambio global de un sistema financiero que ha fracasado, manifiesta su franco repudio contra los bancos y los políticos, a los que acusan de provocar la crisis de la economía global y condenar a millones de personas al desempleo y la pobreza, a esa juventud y a sus demandas se une la población de todas las edades.

Los movimientos se hacen presente en Ginebra, Zúrich en el distrito financiero; Paris; Madrid, Barcelona, (miles de personas abarrotan la Puerta del Sol de Madrid, donde se fraguó el Movimiento 15-M) Fráncfort, (5 mil personas concentradas, frente a la sede del Banco Central Europeo); Bruselas, Bélgica; Sídney; Tokio; Filipinas; Hong Kong; Seúl; Bosnia en Sarajevo; Santiago de Chile; Buenos Aires Argentina; Sao Paulo, Brasil; Nueva York, Washington, Boston, Los Ángeles, Miami; Toronto Canadá; Praga; Varsovia; Viena; Budapest; Israel; Marruecos; Portugal; Atenas, (donde los griegos desde hace meses viven los recortes y ajustes, impuestos por el plan del pago de la deuda, protestan ante el Parlamento) Berlín; Ámsterdam y en Londres, donde Julián Assange fundador de Wikileaks envía un mensaje de apoyo a –Ocupemos Wall Street– y criticó la decisión policial que impidió el acceso de los manifestantes a la bolsa de Londres.

Manifestantes en Roma desatan la violencia, 200 mil manifestantes salieron a las calles un día después en que Silvio Berlusconi en el parlamento, se burlaba de la justicia, logró superar la moción de confianza (no sin corromper) por un voto, y seguirá gobernando Italia; pero antes de 45 días ante un tribunal de Milán deberá enfrentar otro juicio.

Las protestas previstas en más de 80 países de los cinco continentes desde Nueva Zelanda (donde comenzaron de madrugada, como en Corea del Sur y Australia) hasta Alaska, en al menos 951 ciudades, El movimiento “Ocupemos Wall Street” se ha extendido a diversas ciudades de Estados Unidos, donde la tasa del desempleo no baja del 9% y el 45% entre los 14 millones de desempleados está sin trabajo desde hace más de seis meses; cuando una familia media estadounidense percibe 4.000 dólares anuales menos de ingresos que en 1999; por ello no extraña, se haya convertido en movimiento de protesta global, unidas las marchas a través de las redes sociales contra reformas estructurales, recortes y austeridad, impuestas por los organismos financieros desde hace meses en gran parte del mundo.

La democracia es incompatible con una desigualdad marcada por “la injusta distribución de la riqueza” Y en nombre de la democracia la plutocracia se ha adueñado de la riqueza del país donde se instala. Gracias a las protestas el mundo ha desnudado a banqueros, políticos y gobernantes; esperemos que desaparezcan los temores de expresar cualquier instinto auténtico de libertad, que era ampliamente cooptada por los ricos y políticos corruptos.

El 99% y el 1%, por ejemplo; en 1981 un trabajador de Wall Street su sueldo era sólo algo más del doble que un trabajador de otro sector (85.000 frente 43.000 dólares, respectivamente). En 2010, en plena crisis y rescates bancarios, el salario medio de los trabajadores de Wall Street llegó a los 361.000 dólares, mientras que el de los otros sectores se había situado en 66.000, es decir, unos lograron aumentar sus salarios a un ritmo del 11,2% anual mientras que los demás tuvieron que conformarse con un 1,8% anual. ……….! Indignaos!

Un sistema que cercena presente y futuro a las nuevas generaciones no es de ninguna manera una joya a conservar, y los reclamos no pueden ser etiquetados como de “izquierda o derecha” ni de conservadores contra liberales, Los Indignados somos el 99% de una población global, que dispone de menos del 20% del ingreso mundial y ese 99% está manipulado y explotado por el 1% restante que dispone de más del 82% en la distribución del ingreso mundial, del comercio mundial, del crédito comercial, y del ahorro nacional, son los saqueadores de los tesoros nacionales; esta creencia es de hecho “ampliamente compartida por personas de todas las edades, que pueden ser de “izquierda o derecha”, incluso los ultra conservadores afiliados con el movimiento Tea-Party en Estados Unidos, han atacado con  vehemencia los rescates bancarios durante la crisis financiera y la creencia de que los rescates eran necesarios para contener la crisis financiera se ha convertido en un pesado lastre para los republicanos, aunque el movimiento de los indignados no ha llegado a México, nos debemos preguntar ¿Si “nosotros” en realidad representamos el 99%, ¿Porqué no hemos utilizado nuestro abrumador peso democrático y demandamos reformas que cambien el sistema político y económico, tan codicioso como rapaz, poniendo en 2012 a ese 1% en su lugar? “We are the 99%”. El 1% es un grupo de privilegiados enquistados en el poder, que desprecia la realidad de una sociedad atracada en sus derechos adquiridos. Favorecida por una desigualdad económica fuera de control, permite a esa élite enormemente enriquecida, desmantelar nuestras instituciones democráticas y perfilar a su interés el Estado Nacional; es decir, pasan por encima de las Constituciones nacionales y por el 99%, la auténtica mayoría, que comienza a despertar.

Por ello debemos estar atentos para que la los movimientos de indignación no actúen en beneficio de ese 1%, los responsables del estado de cosas contra las que nos indignamos. Hay gente que piensa que la búsqueda del beneficio es la única clave del éxito de la economía de mercado, pero eso no puede seguir así. Una lección que debemos aprender de la situación que estamos viviendo, es que el Estado tiene un papel a desempeñar frente al mercado, no debe estar supeditado a él.

El FMI, el Banco Mundial y las demás instituciones surgidas de Bretton Woods necesitan reformarse profundamente, pues nacieron en la década de los cuarenta del siglo pasado y el mundo ha cambiado y casi triplicado su población. El hambre, la pobreza y el desempleo son motivadas por la concentración de la riqueza en el 1% de la población global y el tiempo se acaba, de los intentos se debe pasar a la acción, es urgente reformar el sistema financiero internacional. Ha quedado claro que la estabilidad financiera es un bien común y por lo tanto, necesitamos hacer un esfuerzo coherente y coordinado para obtenerla.

Desde que inicio la crisis financiera internacional en 2008, muchos esperábamos está indignación, y la reforzamos cuando iniciaron las revueltas en el norte de África y me sigo preguntando ¿cuando la juventud, las clases medias y los trabajadores y trabajadoras, de México, vamos a despertar, a indignarnos, y por fin darnos cuenta de lo injustas que son las cosas? Estoy seguro que pronto llegará, vendrá en su apoyo, la globalización de las ideas a través de las redes sociales.

El deterioro del empleo originado por la crisis financiera, ha ocasionado grandes dificultades a muchos trabajadores y trabajadoras, y por ende a sus familias, y comunidades, agravando la pobreza. No se logrará una recuperación sostenible a menos que se creen  y conserven los empleos. Con 45 millones de jóvenes que entran al mercado laboral anualmente, será necesario crear 300 millones de los empleos a partir de este momento hasta el 2015 tan sólo para seguir el ritmo de crecimiento de la población activa, lamentablemente en la crisis financiera internacional originada en 2008 terminó pulverizando cientos de millones de empleos formales que hoy se recuperan con marcada lentitud.

Por el Dr. Héctor San Román A. Analista Internacional




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