Beatriz Paredes al D.F.

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La elección presidencial de 2012, por sus implicaciones dentro del escenario político nacional, es un fenómeno de gran relevancia en la estructuración del próximo gobierno, de la posibilidad de mejorar la gobernabilidad y de profesionalizar el proceso de toma de decisiones. Las piezas angulares de esta elección son: los liderazgos y los partidos. Dependiendo como estos actores muevan y ejecuten sus acciones, dentro del ajedrez político nacional, avanzarán, se reposicionarán o retrocederán. Sus decisiones deberán ser precisas, ante escenarios colmados de desafíos y oportunidades. Unos lograrán sus objetivos y otros se perderán en la estela de las malas decisiones. Los errores se pagarán con creces y los aciertos con triunfos, ahí está como antecedente en la historia nacional, la elección pasada. En aquel entonces el principal protagonista optó por su feeling político, por no acudir a entrevistas cuando se las ofrecían, en denostar la institución presidencial, en no consultar los grupos de enfoque y en desconocer los resultados que arroja la demoscopia. Hoy no hay esa excusa, gracias a la información, los datos de la demoscopia y el marketing político, se pueden construir escenarios válidos para tomar las mejores decisiones dentro del proceso electoral.

Tres elementos están en juego en la elección presidencial de 2012: uno, el reposicionamiento de los partidos en el espectro político nacional; dos, la función de los liderazgos en el contexto electoral y; tres, una renovación de la cultura político-electoral del PRI.

Cada uno de estos elementos es de gran valor para los tomadores de decisiones y para los estrategas de los modelos político-electorales. En ese sentido, lo que está en el escenario es el reposicionamiento de tres partidos políticos, cada uno de ellos jugará un papel definido en cuanto a supuestos teóricos de retórica, en la estructuración de alianzas y acciones programáticas de gobierno. En este escenario, unos subirán y otros descenderán en la tabla de posiciones de relevancia nacional. Los líderes partidistas deberán moverse con mucha astucia, precaución, formularán escenarios y moverán sus piezas y talentos para maximizar ganancias. Unos apostarán al movimiento territorial, otros a la sapiencia programática y  a la astucia mediática para ganar importante visibilidad política.

La pregunta que seguramente se hacen los líderes partidistas, es sobre quienes recaerán las candidaturas. Para el PAN ¿pudiera ser en el mejor posicionado ya sean Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel, Manuel Espino o Ernesto Cordero? Para el PRD, ¿es Andrés Manuel López Obrador o Marcelo Ebrard, el mejor candidato de la izquierda? Y para el PRI, ¿es Manlio Fabio Beltrones o Enrique Peña Nieto, quién tiene mejor imagen y propuestas atractivas?

A la hora de elegir al candidato presidencial el partido político deberá evaluar con mucha rigurosidad su voto duro, el voto de los independientes, las tendencias de los correligionarios inconformes, el número de disidentes partidistas, la ubicación regional de los votantes, etc. Un partido político tiene que evaluar el tipo de candidato que presentará con sus siglas. Puede ser que sea un candidato con proyección de imagen, de alta retórica que se luzca por sus ideas, capaz de emprender movimientos territoriales, ser un cohesionador de grupos de interés, un oficialista con línea presidencial o un aspirante a ser representante de género.

Hay una gran duda y una gran certeza. El PRI como fuerza política nacional tiene en esta estructura, de conformidad a las encuestas más recientes, el primer lugar, en este orden le sigue el PAN y en tercer lugar el PRD. En la elección de 2006 el PRI se encontraba en tercer lugar, no figuraba en la disputa por el primero, como lo hacían el PRD y el PAN. La gran duda es si el PAN ahora pasará a disputarse el tercer lugar con el PRD o subir a competir con el PRI por el primer lugar, el PRD no tiene otra opción, contendrá únicamente por obtener el segundo lugar. Al parecer, Fernández Noroña visualiza claramente este paradigma, piensa, según lo manifiesta en sus debates en las sesiones del Congreso, que será una disputa entre el PAN y el PRD por el tercer lugar. El PAN por lo pronto, según la demoscopia, parece  que seguirá siendo la segunda fuerza política del país. Recientemente en el Congreso de la Unión Fernández Noroña provocó la ira de los diputados panistas al acusar a Josefina Vázquez Mota de usar vehículos oficiales para su campaña electoral. Después de las elecciones de 2012, se verá cómo al final queda la tabla de posiciones partidistas.

En 2006 el PRD gracias al liderazgo de Andrés Manuel López Obrador logró un máximo histórico  y el efecto AMLO permitió importantes triunfos en otros distritos electorales donde el PRD antes ni figuraba. López Obrador, en su momento, fue el autor del ascenso del PRD, y ahora parece ser que será de su autoría el descenso del partido. Como gobernante capitalino tuvo aciertos que dejaron buena huella en la psique del pueblo mexicano, sobre todo en política social (pensión a adultos mayores, apoyo en útiles escolares, etc.), pero actualmente como político no ha encontrado el rumbo o quizá ya la tenía y simplemente lo retomó.

AMLO, desde un inicio, al ser derrotado por un escaso margen de votos en la contienda de 2006, mostró  incapacidad de digerir la derrota. No supo gestionarla y mucho menos llevarla a la gobernabilidad con un gobierno sombra. Después de la derrota, se dedicó al ataque frontal a las instituciones. Dos de las principales instituciones del país quedaron muy dañadas: el IFE y Congreso de la República. López Obrador como político no ha podido encontrar la fórmula para recuperar imagen ante el electorado, todavía está en la cultura política nacional sus aberrantes desplantes. Primero tomó una de las principales avenidas de la ciudad de México, el Paseo de la Reforma, luego se presentó como presidente legitimo, al extremo de llevar a cabo una ceremonia “oficial” donde le fue colocada una mala copia de la banda presidencial. En varias ocasiones ha tomado la plancha del zócalo capitalino y otros espacios públicos para realizar eventos masivos que trastocan el tráfico de la ciudad.

La imagen que emite López Obrador al electorado, sobre todo entre los independientes, es negativa, según una encuesta de opinión recientemente dada a conocer, sólo el 3% de los encuestados tiene una buena imagen de AMLO. López Obrador ha logrado arrastrar al PRD con él, este es el lado negativo del espectro político del partido que le impide crecer.

Hoy en día, sobre todo para el electorado mexicano y desde la perspectiva del marketing político, es la imagen que proyecta el político mucho más relevante que su compleja madeja de ideas y propuestas. Aunque la patente partidista tiene hoy en día una importancia vital, no deja de ser de gran valor la imagen del líder, es digamos el acelerador para el efecto político funcione. Como ejemplo está Vicente Fox cuyo triunfo electoral permitió al PAN crecer hasta convertirse en partido en el poder, estar en las primeras posiciones del espectro político nacional, gracias al efecto foxista llegaron a ocupar curules, en el Congreso de la Unión, candidatos panistas grises, sin oficio político, que por primera vez competían en distritos electorales de fuerte presencia priísta y perredista.

Los dirigentes estatales y nacionales del PAN, en la época del efecto foxista, cuando nominaron a sus candidatos que contendrían en los distritos electorales de fuerte presencia priísta, no le dieron importancia al significado de elegir bien, no se imaginaban que por el efecto foxista estos triunfarían. Permitieron que advenedizos y oportunistas llegaran al poder político, personajes que en la práctica política impidieron a Vicente Fox gobernar eficientemente. Ahora el PAN, como gobierno real, tiene una imagen muy deteriorada. Según una consulta de opinión, Felipe Calderón se presenta al electorado con el 49 por ciento de calificación negativa, lo que representa una caída de 4 % con respecto a la última encuesta de Mitofsky, previa al informe presidencial, tomando en consideración la cantidad de spots publicitarios que se difundieron y siguen difundiéndose para apoyar la imagen presidencial.

Lo que viene ahora es otro afecto, el del ambiente político, social y económico, que afecta la imagen presidencial. Este efecto es en beneficio de los partidos PRI y PRD. Las noticias están colmadas de información sobre la volatilidad del peso mexicano, la inestabilidad institucional, la corrupción policiaca de la PFP (sobre todo después de la narrativa ampliamente escuchada en el noticiario de Carmen Aristegui, donde un empresario juarense detalla la extorsión a que fue objeto por parte de policías federales, y peor aún una ministerio público que actuó con gallardía para procesar a los inculpados de la PFP ahora la quieren trasladar de castigo a Veracruz), da un sentimiento al ciudadano común de que el país no va bien, que se encuentra secuestrado por la inseguridad e ingobernabilidad.

EL EFECTO PEÑA NIETO

La imagen de Peña Nieto será para el 2012 un efecto arrollador. Esta variable tiene sus asegunes. Primero es fundamental que el PRI, como organizador del proceso electoral no cometa errores que deterioren la imagen de Peña Nieto. Moreira parece ser un ducho político, pero no es lo mismo dirigir a un partido en épocas de transición de la dirigencia nacional que durante un proceso electoral sobre todo si lo que está en juego es la renovación de la presidencia de la república. Todavía falta mucho por ver y saber sobre la tónica política del proceso que él encabeza. No se sabe cómo actuará en cada momento. Lo que se ha atestiguado recientemente de las declaraciones de Moreira, poco abona en favor de su candidato, cuando dice por ejemplo que AMLO era el verdadero rival en la contienda. Con esta declaración lo único que logró es que se suban al campo mediático gratuito otros fuertes contendientes como Marcelo Ebrard y Josefina Vázquez Mota.

Su comentario dio cabida a que analistas políticos, como Leo Zuckermann Behar, Pepe Cárdenas, Carmen Aristegui y otros, dijeran, en los principales noticieros de radio y televisión, que en su opinión lo que Peña Nieto no quiere es enfrentar a dos personajes que están subiendo en las encuestas de preferencias electorales: Marcel Ebrard  y Josefina Vázquez Mota.

No es fácil reducir simplistamente a la panista y al perredista. No se olvide que Vázquez Mota fue criticada por rehuir a participar en la contienda por la gubernatura del Estado de México, pero su estrategia le dio buenos resultados, en sólo 6 meses, pasó del 16.8 % al 32.5 % entre las preferencias de los panistas. En cuanto a Marcelo Ebrard, los resultados más recientes de la encuesta GEA-ISA revelan que aventaja con 19 puntos, en la intención de voto de los partidos de izquierda, a Andrés Manuel López Obrador.

Moreira si quiere ser exitoso, debe ser cauto en sus aseveraciones ya que cada planteamiento trae efectos colaterales y da píe a que salgan a relucir los resultados de las preferencias electorales de estos candidatos. Es publicidad gratuita a los principales contendientes de Peña Nieto. El marketing político, es fundamental en este proceso porque a partir de sus paradigmas y modelos permite construir escenarios. En política toda acción tiene una reacción. Para eso sirven los grupos focales, para formular las mejores decisiones del menú político electoral.

Por ejemplo, el efecto Peña Nieto puede producir que en bastiones electorales panistas o perredistas esta vez lo ganen los priístas. Ese efecto debe ser contemplado en este momento con mucha seriedad, sobre todo a la hora de nominar candidatos. Hay candidatos de aire (de ideas) y hay candidatos de tierra (impulsores de movimientos territoriales). Pero pocos son de aire y tierra. Esa es una de las ventajas que tiene el PRI sobre los otros partidos políticos. Que gracias a la experiencia de gobernar que ha tenido le permite tener una clase política tecnócrata de ideas pero también de ponerse el traje de chamba y hacer el trabajo por tierra. Peña Nieto como gobernador impulsó una serie de foros de reflexión  “compromisos por México”. Ahí se vertieron cientos de ideas que al ponerse en blanco y negro representan un verdadero Plan Nacional de Trabajo. Pocos contendientes pueden darse el lujo de presentar un esquema de esta calidad y de este nivel dentro de sus propuestas.

El PAN y el PRD están bifurcados. El PAN no cree en el movimiento territorial sino en las ideas. Y el PRD nace en el movimiento territorial pero no tiene programas, a excepción de unos cuantos que han vivido la experiencia de gobernar y que provienen de las filas del PRI. La escisión entre los candidatos del PRD y del PAN en cuanto al manejo de Tierra o de Aire es verdaderamente su desventaja. Los panistas siempre atienden a movilizar al electorado a partir de sus programas, de sus ideas, pero a la hora de gobernar no saben cómo ponerlas en práctica, pueden hablar a favor del empleo, pero luego no saben cómo lograrlo. Aún peor hacen demasiado alarde a sus ideas pero no se bajan a considerar las necesidades del pueblo, de su cotidianidad. Un ejemplo claro lo fue Javier Corral (PAN) cuando contendió contra Reyes Baeza (PRI) por la gubernatura de Chihuahua, se pasó el máximo de tiempo, dentro de la etapa de campaña, promoviendo que había ganado el debate televisivo contra su contendiente, nadie duda que así haya sido, pero la gente poco le importó su gran imaginario y su brillante inteligencia al momento de votar mayoritariamente por Baeza, quien triunfó arrolladoramente en la votación final por más de 15 porcentuales. Los perredistas, por otro lado, tienen grandes movimientos de tierra pero no saben para qué. No saben para que se manifiestan, para qué hacen movilizaciones, si al final se contrapuntean por pequeños liderazgos tribales.

El efecto Peña Nieto abre la posibilidad, que por primera vez, el PRI pueda ganar la jefatura de gobierno del D.F. tiene con quien y puede. Beatriz Paredes es una lideresa que se maneja por tierra y aire, de movilización territorial y de propuestas. Si Beatriz Paredes acompaña a Peña Nieto en la elecciones de 2012, claro dependiendo quien vaya a ser el candidato del PRD a la jefatura del D.F. y qué papel vaya a jugar el fenómeno AMLO dentro de la ruptura o cohesión política partidista, es muy probable que la próxima jefatura de gobierno del D.F. la encabece una priísta.

Peña Nieto seguramente sabe que los comicios distritales en las localidades de todo el país, por su efecto, pudieran inclinarse a favor del PRI, recuperar importantes zonas de influencia panista y perredista es vital, pero más aún es tener a los candidatos triunfadores con reconocido oficio político y talento administrativo. En términos generales el efecto Peña Nieto permitiría un ejercicio del poder mucho más cohesionado, más holgado a la hora de presentar iniciativas y poder cimentar la gobernabilidad a partir del 2012.

Este es un esquema fundamental, no se trata de elaborar un proceso para ganar sino para gobernar. Por eso el proceso de selección de candidatos del PRI debe ser muy fino, a detalle. Candidatos de simpatía popular, con amplios conocimientos en el proceso de toma de decisiones, carisma, experiencia en la gestión gubernamental, capacidad de encabezar alianzas y responsabilidad en el manejo de los asuntos públicos. La unión de estos factores podría construir una plataforma política importante para aprovechar el efecto Peña Nieto y dar la batalla en la contienda del 2012.

Por Jorge Navarro Lucio




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