Sicilia insiste en que Calderón pida perdón

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Muchas gracias. Buenas tardes.

Señores secretarios, señores subsecretarios, señora Procuradora, compañeros y compañeras del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, compañeros y compañeras de la sociedad civil, antes de dar inicio a esta mesa…

Antes de dar inicio a esta mesa queremos citar unos versos que le elegí a Ramón Sijé, del poeta Miguel Hernández: No hay extensión más grande que nuestra herida. Lloramos nuestra desventura y sus conjuntos y sentimos más la muerte que la vida.

Por ello pedimos a todos los aquí presentes, nos pongamos de pie y guardemos un minuto de silencio por nuestros muertos y nuestros dolores.

Llegamos a la instalación de esta Mesa de Seguimiento al Diálogo, que dio inicio en el Castillo de Chapultepec entre el Gobierno Federal y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, con la esperanza de que este esfuerzo sirva en verdad para detener la violencia en nuestro país.

Llegamos a este Museo de Antropología, que resguarda la memoria de nuestras raíces con el corazón aún más lastimado que el pasado 23 de junio, en que nos encontramos con el Presidente Calderón, porque al día de hoy siguen muriendo mexicanos a manos de otros mexicanos, centenares de ciudadanos y de migrantes continúan siendo secuestrados y aumentan las desapariciones forzosas en la oscuridad de esta terrible noche que vive nuestra patria y que el mundo observa con perplejidad y tristeza.

Cada uno de los desaparecidos y asesinados, desaparecidas y asesinadas en nuestro país es una prueba brutal de la profunda equivocación de la estrategia contra el crimen organizado y de la absurda imposición que de esta estrategia ha hecho el Gobierno de los Estados Unidos de América.

Y confirma la incapacidad del Gobierno para garantizar la paz y la seguridad, las libertades y los derechos, el desarrollo social y la prosperidad de los mexicanos.

No hay progreso social en la guerra; las balas imposibilitan el derecho a la vida y violentan el ejercicio pleno de todos los demás.

No hay desgarramiento más grande para una nación ni muestra más fehaciente del fracaso de la generación que la encabeza, que una guerra civil. Nosotros padecemos una particularmente sangrienta y sin objeto.

Hemos oído diferentes explicaciones y distintos repartos de la culpa.

Nosotros no pensamos que la responsabilidad es de una sola persona.

Entendemos que se trata de un problema complejo de orden social y político, humano e incluso espiritual.

No creemos que señalar con el dedo ni pedir cabezas sea una solución seria.

Preferimos unir nuestra energía en favor de la fraternidad y no de la confrontación.

No vamos a renunciar al diálogo con nadie; lo vamos a buscar con todos, porque la causa de la paz nace del reconocimiento de la humanidad del otro, y reconocer su humanidad implica escuchar sus palabras y estar dispuesto al intercambio de ideas y acuerdos, en beneficio de todos los mexicanos.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha nacido de las víctimas de la violencia. Personas de distintas condiciones sociales, ideas y credos, que hemos perdido seres queridos en esta espiral de odio y destrucción.

Somos familiares de policías muertos en el cumplimiento de su deber y tratados con la misma impunidad de secuestrados y secuestradas, de desaparecidos y desaparecidas, de acribillados y acribilladas, de torturados y torturadas, de mujeres vulneradas y martirizadas hasta la muerte.

Nos acompañan otros que sienten empatía con nosotros; gente generosa capaz de ponerse en nuestros zapatos y entender que en esta guerra todos, en mayor o menor medida, somos víctimas y que nuestro fin es el bien común: Profesionistas, académicos, defensores de derechos humanos, estudiantes, trabajadores, campesinos, comerciantes, artistas, intelectuales, poetas, vecinos y amigos.

Lo que entre todos reclamamos hoy es que se escuche a las víctimas de la guerra, y se reconozca su existencia y el derecho que tienen a la justicia, a la dignidad, a la atención por parte del Estado y a la solidaridad de toda la sociedad.

Nuestro movimiento no sólo se conforma con la atención a las víctimas, pues no nos reúnen exclusivamente el deseo de brindarnos apoyo en la resolución de nuestros casos particulares.

Hemos pasado el caso de mi hijo Juan Francisco y de sus amigos Gabriel, Julio y Luis, a la acción cívica, y de ésta que continuamos, la de los casos específicos que presentamos en el discurso del 8 de mayo y en el Alcázar del Castillo, el 22 de junio, y de ellos al de todas las víctimas de este país.

Tanto dolor no ha sido ni es evitable. Lo que venimos a decir, por lo tanto, y defender aquí de nuevo, en esta Instalación de las mesas de trabajo, es que la paz es posible y necesaria.

No nos conformamos con paliativos; no queremos, entre comillas, “humanizar” esta guerra ni permitiremos que nadie se aproveche o lucre con nuestro dolor.

Les exigimos al Gobierno, al Estado que cumplan su función social como garantes de la seguridad, los derechos y las libertades de las personas.

Nuestro objetivo no se limita únicamente a procurarnos justicia, sino exigir un cambio profundo de las políticas de seguridad pública; un cambio mediante el cual pasemos de modelos militaristas y policiacos, que tanta sangre nos están costando, a modelos que privilegien la salud del tejido social y que partan de considerar y estimular la vida comunitaria y la participación ciudadana.

El Gobierno ha tenido suficiente tiempo para poner a prueba sus tesis belicistas; un tiempo demasiado largo y con altísimo costo de vidas.

Las autoridades o quienes los releven en el cargo y la sociedad toda, deberemos emprender tarde o temprano el camino de la paz.

Nosotros comenzamos a andarlo juntos desde el mes de abril y por este camino llegamos hasta este museo, emblema de fundaciones, para inaugurar estas mesas de trabajo que no serán una mera continuación del primer diálogo con el Ejecutivo Federal en el Castillo de Chapultepec, sino de la profundidad de un diálogo que reconozca la existencia de una emergencia nacional, que urja a los poderes Ejecutivo Federal, estatales y municipales asumir sus responsabilidades; que den respuestas claras y decisivas a los familiares de las víctimas y que de inmediato pongan en marcha acciones en favor de la convivencia.

Su objetivo es generar procesos y acciones que vayan abriendo paso a la paz con justicia y dignidad, que la ciudadanía reclama, al segundo diálogo concertado con el Poder Ejecutivo para el 23 de septiembre en el mismo Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Las mesas, de las que ya habló Emilio, que serán cinco ésta de la coordinación, van a ser cuatro. Yo quisiera apuntalar para recordar lo que se habló en el Castillo: En la mesa dos, que sería la de Gestión de Justicia, buscamos no sólo la justicia, los casos específicos que revisamos en el documento el 8 de mayo en el Alcázar del Castillo de Chapultepec; sino de todos los que han sido objeto de esta absurda estrategia de guerra.

Lo que implica no sólo la solución jurídica de los casos específicos, sino también a la creación de una estrategia de clasificación de los diversos casos según las problemáticas y los agresores responsables, aparatos de Estado, crimen organizado, crímenes menores que son producto de los vacíos y de las impunidades y, de la identificación de los responsables.

De las vinculaciones, informaciones entre las diversas dependencias para la profundidad en las averiguaciones.

Iniciativas que permitan a las procuradurías estatales y los ministerios públicos, realizar el trabajo que no están haciendo; tema que entre otros será motivo de nuestro diálogo con CONAGO.

Elaboración de manuales y recomendaciones sobre los modelos en que operan las diversas ramas del crimen organizado y menor.

Mesa 3: Sistema de atención a víctimas. Para nosotros y para la ciudadanía entera, no basta el avance en la justicia estructural que atiende a las causas y garantice la vigencia de los derechos violados de las víctimas.

Por ello, en esta mesa queremos reflexionar y acordar respecto de:

1.- El perdón del Estado. Aunque en el Alcázar del Castillo de Chapultepec el Presidente de la República pidió perdón por no haber cuidado la seguridad de los ciudadanos; ese reconocimiento no es aún cabal ni profundo. Por ello, exigimos que se reconozca plenamente la deuda que el Estado tiene con las víctimas, con sus familias y con la sociedad entera.

Insistimos en que el Presidente, en su calidad de representante del Estado mexicano, está obligado a pedir un sincero perdón a la nación, en particular a las víctimas porque, aunque la violencia se atribuye a los criminales; la estrategia para enfrentarlos también ha sido causa de agresiones que es necesario reconocer.

2.- La visibilización de las víctimas mediante la creación de un organismo ciudadano autónomo, una comisión de la verdad, la justicia y la reconciliación; una fiscalía social de la paz, cuya función sea establecer y vigilar el cumplimiento del quehacer público en la visibilización de todas las víctimas, sean inocentes o culpables; investigaciones y sentencias e indemnizaciones a las familias de los inocentes.

3.- Crear una ley de víctimas que las atienda y las proteja, ley que debe ser creada y aprobada lo más pronto posible por todos los poderes de todas las entidades y generar así una política pública, instituciones, normas y recursos.

Especializar el acompañamiento y la protección de las víctimas, mediante un programa que obligue a las autoridades correspondientes a reparar lo que esta guerra y la impunidad está causando en las familias.

Es indispensable también crear un mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos.

4.- Establecer mecanismos para sancionar a los funcionarios involucrados en redes de complicidad o delitos de omisión.

5.- Hacer un seguimiento del video de los dolores que recogimos en la caravana del consuelo, y que entregamos al Presidente de la República, con la solicitud de que se pasará en todas las secundarias y preparatorias del país y se hicieran mesas de reflexión y análisis con los alumnos, a fin de recuperar nuestra memoria y ayudar a que esta realidad se detenga y no se repita nunca más.

Hacer también el seguimiento de la responsabilidad asumida por el Ejecutivo en la edificación del memorial de nuestros muertos.

Mesa 4: Nuevos modelos de estrategia de seguridad con énfasis en el fortalecimiento del tejido social. A pesar de la actitud del Presidente de la República de mantener su estrategia de seguridad, una estrategia a todas luces fallida en el dolor, el sufrimiento y el horror que vivimos, urge detener esta guerra y encontrar condiciones para hacer una paz con justicia y dignidad.

Para ello, es necesario terminar con el enfoque militarista de combate del crimen organizado, mediante un enfoque más amplio y estructural que contenga:

El diagnóstico de las causas de la violencia.

El diseño de una estrategia que parta de los conceptos de seguridad humana y ciudadana, con un énfasis absoluto en los derechos humanos y no en la seguridad de las instituciones y en la violencia armada, como hasta ahora se ha hecho, para nuestra desgracia.

El diseño de estrategias alternativas y ciudadanas que, con el apoyo del Estado y en acuerdo con las necesidades de cada lugar, apunten a la reconstrucción del tejido social y conduzcan al retiro paulatino del Ejército de las calles.

La generación de mecanismos para abrir foros de debate sobre la despenalización de ciertas drogas y la reducción de su demanda.

La creación de controles democráticos de nuestras policías mediante, por ejemplo, un auditor policiaco independiente de la Policía Federal y, crear padrones de seguimiento para saber dónde se encuentran los policías que no pasaron las pruebas de confianza.

La propuesta de una iniciativa que aumente y redefina los recursos económicos y las matrículas, porque les estamos cerrando a nuestros jóvenes y a nuestros niños el porvenir. Ellos se están convirtiendo en la mayoría de las víctimas de esta guerra, porque son desaparecidos y asesinados o porque se vuelven el ejército de reserva de la delincuencia.

No podemos aceptar más que el destino de nuestros hijos, de nuestros nietos sea la migración, la miseria o la violencia.

Mesa 5: Impulso de mecanismos de democracia participativa y democratización de medios. Exigimos una renovación profunda del sistema político mexicano, una renovación que permita empoderar a la ciudadanía en los asuntos del buen gobierno y permita así poner un costo a la partidocracia, que tanto daño está haciendo y que irremisiblemente hará que las próximas elecciones sean las de la ignominia.

Para ello, proponemos condiciones que permitan la revocación del mandato, el referéndum, la consulta y la iniciativa ciudadana, el plebiscito, el voto blanco, las candidaturas ciudadanas, la reelección razonada, la limitación del fuero y las acciones colectivas amplias e incluyentes.

Esas son las demandas ciudadanas que expresamos en nuestro primer diálogo con el Poder Ejecutivo y que mantenemos vigentes como herramientas indispensables para que podamos hablar de un proyecto consensado de país.

Esperamos que los trabajos de estas mesas puedan ser fructíferos y permitan poner un poco de este suelo, que ya no sentimos bajo nuestros pies y que corre el peligro de llevar a la nación a la muerte de la democracia y al desastre del nihilismo y el autoritarismo.

Muchas gracias.




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