China: El gigante asiático en ascenso imparable

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Por Jorge Navarro Lucio, Director de Asuntos Diplomáticos

Insertar a China dentro del concepto latín de Ceteris Paribus, es obligado para entender que su crecimiento significa que “todo lo demás es constante”. El fenómeno del crecimiento chino está condicionado por una diversidad de factores que no se les puede entender, si  a cada uno de ellos, se les  aísla.

El crecimiento y los factores corresponden a un todo.  Por ejemplo, la dinámica planta productiva china depende del costo laboral, de la disponibilidad tecnológica, de la demanda de los mercados externos, de la inversión extranjera directa, del ahorro interno, de su infraestructura, de las variables políticas, de los círculos académicos del país, etc. de un conjunto de  factores estratégicamente alineados para que en forma simultánea se logren ciertos objetivos.

Esta estrategia es visionaria porque al ascender, por cierto sin intención hegemónica sino armónica, tiene como objetivos prioritarios mejorar los estándares de vida de la población, estructurar una nueva visión de lo internacional en un mundo globalizado (ganar-ganar) donde todos los participantes pueden lograr beneficios similares o afines.

Si analizamos la reciente visita del premier chino Wen Jiabao  sobre todo a Inglaterra y Alemania del 24 al 28 junio de 2011, observaremos  lo que para el mundo significa hoy China. Cooperar para Crecer  y Crecer para Compartir.

Los contratos multimillonarios firmados por la aeronáutica europea Airbus, el gigante tecnológico Siemens y los fabricantes de automóviles Daimler y Volkswagen con compañías chinas son una consecuencia de este Ceteris Paribus. Cualquier país, desarrollado o emergente, que pretenda doblar el volumen de sus intercambios comerciales tiene que cooperar para crecer y crecer para compartir. Ningún país, en un mundo globalizado, se puede aislar de esta estrategia. Es una nueva visión de lo internacional.

Es un hecho que estos lazos económicos son un capítulo novedoso de las relaciones con China, caracterizadas por relaciones comerciales y económicas más estrechas.  Por ejemplo, las relaciones comerciales anuales de China con Alemania son de alrededor de unos 98 mil 500 millones de euros. Con Inglaterra, si se aprovecha el potencial de ambos países, para 2015 podrían tener un intercambio comercial de 100 mil millones de dólares. China es la segunda economía del mundo y la primera exportadora; y, el quinto mercado de bienes y servicios alemanes.

El trasfondo económico de este poderío es que el producto interno chino en 2010 alcanzó los 5.7 billones de dólares, un crecimiento inusitado que desplazó a Japón del segundo lugar y podría, en un futuro no lejano, desplazar a Estados Unidos cuyo producto interno bruto, en ese mismo año, fue de 14.7 billones de dólares. Si tomamos en consideración el crecimiento económico chino para los próximos años, a un promedio de 9% o 10% y el de Estados Unidos en un promedio de entre un 2% y un 3%, entonces China podría desplazar a Estados Unidos en el 2020.

Otro factor estratégico que hay que tomar en consideración en cuanto a la demanda agregada mundial, es el crédito. Todos los beneficios del crecimiento chino y del comercio con el mundo, en algunos casos, se canalizan o regresan a las naciones de origen como instrumentos de deuda. En este sentido, se apoya con circulante a la demanda agregada en los mercados internacionales. Es una manera de mantener las líneas de crédito a bajas tasas de interés. Un beneficio a los compradores de mercancías globales. Se mantiene el crédito bajo, la demanda y el estándar de vida. China es uno de los principales tenedores de capital de deuda. Beijing ha comprado  deuda estatal de Estados Unidos, Hungría, Portugal y España; y tiene planeado abrir mayores líneas de crédito a países de la Unión Europea.

Cabe anotar que la globalización para China no tiene las connotaciones negativas que otros países le tildan. No es un mal o u proceso incontrolable que destruya culturas y sociedades. Para China la globalización  se agarra con dos manos. Con una, se atrapan los beneficios de la economía global, como los factores de crecimiento; y, con la otra, se cimentan las tradiciones y los contextos históricos.

Una globalidad donde las culturas políticas y sociales son respetadas, los ambientes económicos compartidos y el ascenso, en el contexto internacional, es primordialmente armónico.  En este último rubro cabe destacar el papel de China en la estabilidad mundial. Cooperar con el fin de resolver los conflictos a manera de visión estratégica de largo plazo a fin de que la paz y la armonía circunden el crecimiento económico internacional. La postura de China en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas debe analizarse a ese nivel para que se comprenda mejor su posición con respecto al conflicto de Libia, Sudán o Corea del Norte.

Ya lo ha dicho el premier Wen Jiabao que el rol que le corresponde desempeñar al país hoy en día, en el concierto de las naciones, es de reestructurar un modelo mundial con características más positivas, es decir, tomar mayormente en consideración las variables sociales y de equidad a la hora de hablar de crecimiento económico.

China ha logrado en tres décadas sacar de la pobreza  a más de 300 millones de chinos y se espera que para el 2050 la mitad de la población tenga un estándar de vida semejante al que tienen hoy en día los países de mayor desarrollo.

Para China el trabajo es dinámico, largo plazo, es una gran estrategia cuya metodología se sigue con estricta disciplina confuciana.




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