“La comuna de Oaxaca” de Carlos Ramírez

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Por René Avilés Fabila

Si me preguntan quiénes son los principales operadores de la transición infinita que estamos llevando a cabo los mexicanos, sin pensarlo respondería que han sido los medios y no los partidos, en una sociedad que no acaba de darse cuenta de su poderío o que comienza a despertar de la pesadilla que han sido los años recientes. No todos los medios ni todos los periodistas. Pero sí muchos que incluso han arriesgado la vida en pos de un sueño: que México salga del marasmo y el atraso. La censura no ha desaparecido, simplemente se cambió de sitio, antes solía estar en Los Pinos, ahora está en manos de los dueños de los medios, hasta de los directores o jefes de redacción, cuyos intereses pueden ser afectados. Ello hace menos sencilla la tarea.
La lucha se ha dado en los medios, efectivamente, sobre todo en los escritos, en esos que tienden a desaparecer sustituidos por las nuevas tecnologías de la comunicación. No es posible competir en celeridad con los electrónicos, pero estos siguen siendo incapaces de responder a las preguntas que surgen en toda información. En el mundo de papel, que se antoja pag46-205anacrónico, donde gradualmente va surgiendo un periodismo ciudadano, aún desconfiable, pero que asoma la cabeza, cuentan periodistas como Carlos Ramírez, cuya larga carrera lo ha llevado a poner en práctica todos los géneros literarios y a mezclarlos con su vocación literaria. No sólo escribe un excelente castellano sino que suele estructura sus materiales como literatura intensa y eficaz. Lo que llamamos después de Tom Wolffe, Norman Mailer y Truma Capote, nuevo periodismo. La inteligente mezcla de dos géneros que de raíz parecieran distintos y antagónicos: uno es el reino de la ficción, el otro de la veracidad. De uno, de la literatura, se toma el arte del buen escribir, de estructurar los materiales periodísticos de mejor manera y menos tradicionalmente; del otro, el periodista se ajusta a la realidad de modo impecable. Kapuscynsky solía decir que se aprende más política en un museo o galería de arte que en el mismo escenario donde debaten los partidos.
La globalización conlleva desafíos que debemos enfrentar y vencer. Uno es la frivolidad, la innegable tendencia a ser superficial en aras de la rapidez y el entretenimiento fácil. Estamos convirtiendo a los lectores en televidentes que apenas reflexionan, son receptores de emisiones estúpidas. Hace poco un editor importante me dijo orgulloso: Estamos “arrevistando” el diario: muchas fotografías en color y poco texto. No me atreví a preguntarle por el periodismo de investigación a fondo. Lleva tiempo y se hace extenso.
Entre lo escrito y la televisión, está la radiofonía que se esfuerza por reponerse del éxito de las pantallas y que arriesga buscando mejores comunicadores. Pero es en los medios escritos donde aparece sin duda el mejor periodismo. Es verdad, algún día será alcanzado por la tecnología y desaparecerá, pero mientras tanto es nuestro deber cuidarlo y mejorarlo. Tenemos que arropar la tarea informativa con el arte y la ética. Imposible dejar de lado que la comunicación se ubica en medio de la sociedad y el poder. A la primera se le sirve, al segundo se le critica sin cortapisas. No hay otra tarea ni más función que la de informar con agudeza y profundidad, hacer un periodismo de intensidad. Por añadidura arriesgar con los comentarios que no siempre dejan satisfechos a lectores que piensan de otra manera.
Carlos Ramírez ha escrito, por ello, sobre hechos políticos y sobre literatura. Es verdad, pareciera interesarle más el fondo político y social de la novela, lo que nos indicaría que es un periodista político por excelencia, pero es que con todo rigor, no hay de otros. Cuando uno decide optar por el diarismo, se ha convertido también en ser político, en zoon politikon. Carlos lo es por todos lados. Aún cuando escriba sobre Julio Cortázar o Carlos Fuentes. Son muchos los periodistas que se han sumado abiertamente a esta condición, los mejores.
La Comuna de Oaxaca su más reciente libro, es original, distinto. Es desde luego, periodismo de investigación a fondo. Jamás oculta su postura, es implacable con aquellos que han contribuido a envilecer a Oaxaca, su tierra natal. Parte de una metáfora que me parece notable. El viejo ejemplo, que conmoviera a Marx y a Lenin, quizá a todos los pensadores marxistas. ¿Por qué el fracaso de la Comuna de París? ¿Por qué los obreros detuvieron sus avances, que les impidió seguir adelante? Marx pensaba que la ausencia de un proyecto político, social y económico, la falta de un partido al servicio de los trabajadores. Para Carlos Ramírez algo semejante ha sucedido en Oaxaca. Los comuneros (llamémoslos así a los de la APPO) quedaron atrapados entre dos fuerzas que aún siguen en pugna: de un lado el antiguo régimen, del otro, la incapacidad total de sus opositores a modificar las cosas. No basta la fuerza, bruta en este caso, sino conducirse siguiendo un proyecto político serio. No se trata de asaltar el patrimonio de los ciudadanos, del país, de destruir y pintarrajear edificios y plantarse en las calles impidiendo toda clase de trabajo político serio y realmente transformador. En pocos lugares como Oaxaca fue atropellada la sociedad en aras de luchar contra el autoritarismo priista. Buscan el poder, es todo. Aquellos que provienen de otras fuerzas, en su origen de izquierda, como ha sido ya común, han terminado gobernando de forma idéntica al viejo PRI. ¿Qué hizo Amalia García en Zacatecas? Apoyarse en el nepotismo y utilizar los recursos del estado para proyectos personales. Si somos objetivos, las pruebas están allí, a la mano de cualquiera, hasta el PAN se ha hecho priista. Esto es, todos los partidos han recogido la herencia turbia de un modo despótico, corrupto, y han sido incapaces de hurgar en algunas de sus virtudes (que las hay, allí están instituciones y leyes) y en todo caso, modernizarlas.
pag47-205Carlos Ramírez, para escribir La comuna de Oaxaca, sigue un método interesante, usa sus propios materiales, producto de investigaciones, estudios y comprobaciones, y edifica una obra que explica una situación compleja y discutible. La alternancia no es suficiente para que Oaxaca o México en su conjunto avancen hacia metas mejores. Aunque el libro no llega al reciente proceso electoral, vale la pena preguntarse ¿qué harán Gabino Cue y sus aliados? ¿Vengarse o considerar por el bien del estado la reconciliación? Allí está la dificultad. No hay ética ni principios ideológicos, hay una imperiosa necesidad de poder. Los que se corrompieron no se arrepienten, los que se están corrompiendo, el PRD y partidos aliados, lo justifican con cinismo para salir de la pobreza y sumarse a quienes ya todo lo tienen. México es un mero pretexto. Se ha pervertido hasta el lenguaje, los lugares comunes se han adaptado a los partidos y grupos emergentes. El caso de Oaxaca, donde vimos a la derecha que sí existe y bien representa el PAN y a la izquierda que es por completo ilusoria sumar fuerzas para sacar a los “caciques”, tendrá que probarnos que juntos pueden dejar los antiguos vicios y darle al estado una nueva fisonomía. Nada hace pensar que tendrán éxito esa extraña mezcla PAN-PRD-PT-Convergencia.
Pero hay algo peor que podemos ver en pequeña escala en la obra de Carlos Ramírez, el caudillismo. PAN y PRD fueron juntos, siguen juntos, por la presencia de líderes supuestamente carismáticos, no por un proyecto ideológico. Este es el mal de México, su enfermedad incurable. Necesitamos caudillos lo mismo en el campo de la política que en el de la cultura. De un lado Andrés Manuel López Obrador, del otro Carlos Monsiváis. Sin ellos no podemos existir, somos nada. Lo dijeron en el velorio del último: ¿Qué haremos sin ti? Lo mismo que decían los soviéticos luego de la muerte de Stalin o los chinos al fallecer Mao. La vida siguió.
Carlos Ramírez ha logrado una obra ejemplar, una forma nueva, distinta de hacer periodismo de investigación, de ir a las cosas hasta sus últimas consecuencias. La base son datos duros, reflexiones pacientes y muchas lecturas. Coronan sus pesquisas conclusiones, opiniones personales, sus propias ideas. No tiene por qué quedar bien con todas las fuerzas actuantes en el caso de Oaxaca, le hemos pedido su opinión y él nos la ha dado. Ante un libro como La Comuna de Oaxaca, nos queda reflexionar, no actuar como normalmente lo hace la mayoría de quienes se asoman a la política y se dejan llevar por pasiones seguramente válidas pero con frecuencia torpes. Si otros son nuestros puntos de vista, enfrentemos el trabajo serio con otro de igual calidad o al menos con ideas que nos prueben otras posturas. Dejemos de lado los insultos y descalificaciones cuando no se da la anhelada coincidencia política. Falta añadir que la obra es una espléndida metáfora de la tragedia política que engloba al país y que nos tiene paralizados en la lucha por el poder, pero el poder como forma de rapiña, no el que busca el bienestar social. Si los medios (no todos, insisto) tratan de sacarnos del atraso en que vivimos, los partidos se empeñan en tenernos sojuzgados, doblegados ante personas que sólo aspiran a su propio peculio. Hay en la obra de Carlos un término frecuente: maniqueo. Es parte de la lógica política en México. Si no estás conmigo eres mi enemigo y lo desconcertante es cuando el chocante maniqueísmo pasa a ser un amasijo incomprensible que desarma ideológicamente a la derecha y a la llamada izquierda, donde intelectuales al servicio de López Obrador han perdido su capacidad crítica, como lo ha señalado Ricardo Alemán refiriéndose, entre otros, a Lorenzo Meyer, cuyo trabajo periodístico está únicamente dirigido a salvaguardar al caudillo tabasqueño. Y se podría añadir nombres como los de Elena Poniatowska y del fallecido Carlos Monsiváis, cuyos prestigios fueron puestos al servicio de una causa lamentable, indefendible. Aquí la lista es infinita. Lo grave es el maniqueísmo que le ha sido contagiado a parte de la sociedad. Ellos son los buenos, los demás, los malos del filme. El trabajo de Carlos Ramírez, es pues, una invitación a una distinta forma de pensar la política, mientras que la santa alianza PAN-PRD se relame los bigotes luego del “exitoso” ensayo general que llevaron a cabo en el pasado proceso electoral para evitar que el PRI retome Los Pinos. Lo curiosos es que lo derrotaron con ex priistas, con converso, traidores y renegados.

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