“Soy un administrador temporal de riqueza”: Carlos Slim $53,500 millones de dólares

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Por el Lic. Mauro Jiménez Lazcano,
Director General de Macroeconomía

Así me lo dijo en una entrevista que le hice en medio de campesinos hace un tiempo, cuando visitó la Confederación Nacional Campesina que dirigía entonces el licenciado Heladio Ramírez López: “Yo soy un Administrador temporal de riqueza”, me expresó don Carlos Slim, al mismo tiempo que señalaba su incomprensión al hecho de que México siga siendo un país subdesarrollado.
“No tenemos por qué vivir en el atraso y en la pobreza, si México tiene un gran potencial”, manifestó entonces el magnate que ya se acercaba a los primeros lugares de riqueza mundial; pero ahora ha desplazado nada menos que a Warren Buffett y Bill Gates, y a 20 ó 30 jeques árabes que manejan el petróleo de sus países.
Carlos Slim es un mexicano de origen libanés que por los años 80 del siglo pasado apenas era dueño de uno o dos edificios de departamentos en Polanco y a quien le sudaba la frente para conseguir buenos negocios. Tiempo después, la suerte lo acompañó: hizo buenos amigos o, por lo menos, un buen amigo y empezó a aumentar su fortuna en una forma rápida y segura que impresionó primero a sus congéneres mexicanos que ya eran dueños de 1,000 ó 2,000 millones de dólares cada uno, y algunos de hasta 5,000 millones: los magnates de las cementeras, de las televisoras, de los bancos, de las tiendas de autoservicio y otras ramas de la industria y el comercio y el sector financiero, a quienes ha dejado atrás de una manera asombrosa, hasta llegar a tener en este momento la inimaginable fortuna de 53,500 millones pag04-200de dólares, que lo han colocado en la cúspide de la riqueza mundial; nunca nadie hubiera pensado que tal posición habría de escalarla un mexicano.
“Yo soy un Administrador temporal de riqueza”, me había dicho Don Carlos Slim en el despacho del líder campesino Heladio Ramírez López, en aquella ocasión; y me sorprendió entonces su filosofía, porque le daba a Slim un perfil humano, hasta de humildad no fingida; era una frase que le daba al hombre temporalidad, pero también un rasgo de intención de servicio a otros, desde luego a su familia, tal vez a los mexicanos; en un sentido más amplio, al género humano.
De alguna manera, el pensamiento de Carlos Slim es algo bíblico, como la parábola del Nuevo Testamento en que el patrón le entregó a varios de sus Siervos unos “talentos” para que los administraran, y los administraran bien; y al que no lo hizo le quitó lo que le entregó y a los que lo hicieron bien los premió.
Digo que Slim tiene un pensamiento algo bíblico, porque en una conferencia económica internacional organizada por el Senado mexicano en la Ciudad de México hace un tiempo, a la que asistieron varios Premios Nóbel y el ex Presidente Bill Clinton, Carlos Slim explicó las crisis económicas mundiales y nacionales con el ejemplo de “las vacas flacas y las vacas gordas” que había soñado el Faraón en tiempos de Moisés; no hay que olvidar que los antepasados de Slim provenían del Medio Oriente y que él ha estado ligado a esa cultura construida por los fenicios, los israelitas, los árabes y los egipcios; así que cuando dice: “Yo soy un Administrador temporal de riqueza” tal vez está asumiéndose como alguien que tiene el deber de multiplicar esos talentos a los que ha tenido acceso, con un espíritu de servicio a la comunidad, a través de la creación de empleo y de nuevas industrias y comercios, en lo que ha estado muy activo recientemente: posee acciones en el Grupo Financiero Inbursa, en Bronco Drilling, en Noticias Independientes y Medios de Comunicación, en la gran tienda pag06-200comercial neoyorquina Saks; en el periódico New York Times, tal vez el más importante de los Estados Unidos, en América Móvil, en Teléfonos de México, en Sears, en Samborns y más recientemente en el Instituto Carso de la Salud; también se sabe que tiene acciones en Televisa.
Así que Carlos Slim está metido en la telefonía, en la industria petrolera para perforaciones en el mar, en telecomunicaciones de radio y televisión, en grandes rotativos como el NYT, en grandes tiendas comerciales de ropa como Saks y Sears, en la industria restaurantera y otras ramas productivas y financieras; pero, sin embargo, no está bien con el actual gobierno mexicano: se sabe que ha tenido desencuentros con el titular del Ejecutivo, Felipe Calderón, cuyos ministros lo criticaron y condenaron no hace mucho, cuando predijo que el país entraría en una gran crisis económica, lo cual ocurrió.
Carlos Slim tiene ideas muy prácticas sobre la economía y ha criticado en diversas ocasiones la política económica del actual gobierno, precisamente por no tener una; es decir, cree Carlos Slim que la Administración Pública debería alentar la creación de empleo y la expansión productiva a través de instrumentos y métodos modernos de financiamiento; pero, infortunadamente, no se le ha hecho caso, como quedó demostrado luego de su intervención en el Senado hace varios meses, cuando diversos secretarios de Estado le respondieron airadamente por las predicciones de crisis económica que, cual Nostradamus de la economía moderna, había realizado Slim ante el Senado en pleno y los representantes del Ejecutivo.
Carlos Slim es un magnate controvertido y extraño, porque externa su preocupación por los problemas sociales de pobreza y desigualdad que existen en México, cosa que otros magnates no hacen.
Lo que queda a los diversos sectores mexicanos de la iniciativa privada, del sector público, del sector campesino y del sector obrero, así como, en nuestro caso, del sector de la opinión pública, es exigirle a Carlos Slim que, toda vez que nuestro país le ha permitido llegar a tan elevado sitial económico mundial, deje su dinero dentro de la nación, extienda sus inversiones por todo nuestro territorio, creando empleo nuevo y nueva riqueza, en vez de comenzarlo a exportar a los Estados Unidos, Brasil, Marruecos y otros países; ya que México le ha dado esa oportunidad tan grande, Carlos Slim debe corresponder al pueblo mexicano invirtiendo aquí su enorme riqueza, para contribuir a la solución del desempleo y pobreza en el campo que se abate sobre nuestro país.




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