Ganadores y Perdedores de la Reforma de Salud del Presidente Obama

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Por Jorge Navarro Lucio

El proceso de desgaste, desde la perspectiva política, de la aprobación de la reforma de salud integral propuesta por el presidente Barack Obama está llegando a su etapa final. Aunque aún la administración no puede cantar victoria porque todavía hay frentes públicos que superar, no cabe duda que la reciente aprobación por el Senado de 60 votos contra 40 para poner fin a los debates sobre el texto de la reforma es de gran significado para generar un nuevo ambiente político en Washington. La reforma tiene en principio un punto a su favor: busca extender la cobertura de salud a 31 de los 36 millones de estadounidenses que carecen de ella y darle al presidente Obama el capital político que necesita para continuar impulsando los cambios que prometió durante su campaña.
Aunque aún faltan momentos decisivos para cerrar los debates en torno a este tema, no podemos dejar pasar la ocasión para hacer un esfuerzo reflexivo de análisis y establecer una matriz de perdedores y ganadores que afloraron durante este 2009; debido a lo intenso del debate doméstico sobre la reforma de salud.
Los perdedores y ganadores del debate aparecen dentro del espectro político nacional que por su significado permiten hacer predicciones de lo que puede venir en este próximo 2010. Se abre una posibilidad para que el presidente Obama recupere nuevamente distintos segmentos de política que requieren su atención y que fueron ofertas de campaña.

GANADORES
EN EL PLANO DOMÉSTICO

En caso de aprobarse este año (2009) la reforma de salud integral no hay duda que el presidente Barack Obama será el gran triunfador. Poseerá el capital político que le permitirá maniobra en el plano Obama Inaugurationdoméstico suficiente para retomar otros temas de gran relevancia como la recuperación económica, la agenda de política exterior y probablemente la reforma migratoria (si bien no integral si parcial) ¿Por qué tendrá un capital político en el plano doméstico? Porque el presidente habrá demostrado su capacidad para dirimir desacuerdos y no cabe duda que para muestra basta un botón. Dirimir los desacuerdos históricos entre las facciones beligerantes de demócratas y republicanos del Congreso no es poca cosa. Para hacerlo se requiere, además de la simple matemática partidista, un esfuerzo real de negociación tangible. La cual operó con demócratas (incluyendo independientes) y republicanos a lo largo de todo el año, unas le funcionaron otras no. Por lo que se refiere a los demócratas conservadores (que venden caro su voto, como Ben Nelson de Nebraska) les brindó el acceso directo a la Casa Blanca y les otorgó concesiones que los vistieran antes sus electores en distritos reacios al cambio . Hay casos incluso interesantes por su magnitud política, como la que demostró el senador independiente Joe Liberman, conocer fino de los pesos y contrapesos del Congreso. Este se permitió coquetear mediáticamente con su inclinación y levantarse como figura política crucial en el debate de la salud. No sin embargo, valga decir que el Presidente, a pesar de este triunfo, pagó caro iniciar su administración con uno de los temas más controvertidos de la agenda nacional: la reforma integral de salud. Ese supuesto error de cálculo se mostró en encuestas que durante meses registraron tendencias de popularidad a la baja. Se vio un presidente a veces agobiado por la presión del debate sobre la salud. Ahora el paquete de reformas a la salud es una hazaña legislativa de proporciones épicas.
El senador Harry Reid: Reid, líder de la mayoría en el Senado, que a cuadro pareciera ser un político gris, es en realidad un político astuto con gran capacidad para el manejo de su bancada, los conoce y lo lee con anticipación. Para él las sorpresas son una de las tantas lógicas que tiene el proceso legislativo, por eso nada está dicho en el Senado al cien por ciento, no se puede perder el tiempo; por ello Reid ejerció una constante interlocución con los miembros de su bancada que le permitieron predecir si tenía o no los números suficientes para llevar a votación del pleno la iniciativa o necesitaba subsanar deficiencias. La reforma de salud es uno de esos temas más complicados de la agenda política nacional (aún se recuerda Obama Inaugurationel fracaso de Bill y Hillary Clinton). Una reforma, por lo complicado de la negociación puede resultar en un engendro, en un frankenstein, que nadie quisiera tener como legado de su vida pública.
Otro ganador es el republicano de Arizona y ex candidato a la Presidencia, John McCain, que le entró al debate en todo tiempo. Puso sus discrepancias en el tapete de las negociaciones, dio pie a replicas mediáticas, movilizó a los conservadores en las reuniones de salón de los demócratas, quiso subirse como líder del movimiento contrarreforma de salud del Té político, reviso el contenido una y otra vez de la iniciativa, generó opinión y fortifico su posición como líder conservador natural de este debate nacional. El Senador de Arizona demostró ser una pieza fundamental del engranaje conservador de Estados Unidos e interlocutor indispensable de los debates nacionales (ahí está la reforma migratoria para que se vayan anticipando escenarios).
El Partido Republicano que fue capaz de capitalizar el descontento nacional sobre la reforma de salud para tacharla de “ley pro inmigrantes ilegales” e incluso vaticinar que en caso de aprobarse, beneficiaría en primer término a los indocumentados y mucho después a los estadounidenses. Supo hacer de la baja de popularidad del presidente Obama un mote de campaña para lograr triunfos cruciales en las gubernaturas de Virginia y Nueva Jersey. El Partido Republicano leyó con exactitud la brújula política nacional y vistió a sus candidatos con suficientes temas negativos sobre la reforma de salud, entre otros, que les permitió avanzar en los estados que antes gobernaran los demócratas y que nadie hubiera presagiado unos meses antes esas victorias contundentes que obtuvieron. Fueron gramscianos, sin haber nunca leído a Gramsci, y predecir que la sociedad civil deja de cohesionarse con la sociedad política cuando el bloque histórico se desquebraja y da paso a una renovación en la estructura del poder.
No se puede dejar de lado al republicano Tom Coburn que supo maniobrar hasta cierto punto los debates. No se le puede olvidar en las múltiples ocasiones que se le veía a cuadro gesticulando, de ello dieron noticia una y otra vez las grandes cadenas de televisión estadounidense que lo mostraban en prime time, ahí pedía a los demócratas que leyeran en voz alta la iniciativa con el fin de sacarlos de sus casillas y decirles en su cara “las aberraciones” que desde su punto de vista contenía el proyecto de ley. Una extraordinaria oportunidad para logar aumentar su rating establecer su imagen a cuadro, a pesar de que al final no pudo acelerar a los demócratas y hacerlos perder la cordura, pero su capacidad de alocución quedó constatada.

EN EL PLANO INTERNACIONAL

Los países que tienen fuerte presencia de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos y esperaban que el debate, que consume la mayor atención del Presidente Obama, concluyera y éste, se ocupara de una Obama Inaugurationvez por todas en el debate nacional a favor de una reforma migratoria integral. (Aunque valga decir hay otros temas que aún demandarán la atención del presidente como la recuperación económica).
Los países en beligerancia que esperan que el triunfo en el programa integral de salud constituyan un activo político para el presidente Obama que le permita retomar el tema de los planes nucleares de Irán y Corea del Norte, reenfocar su estrategia de política exterior hacia áreas aún olvidadas y que demandan la atención presidencial.
La comunidad financiera internacional que necesita del liderazgo del presidente Obama para la recuperación económica global.
Los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) que como potencias emergentes observan a un Obama demasiado preocupado por los asuntos domésticos y poco interesado en el exterior a pesar de sus múltiples viajes internacionales que sólo han tenido la presencia física del presidente pero que representan una nueva agenda de política exterior que caracterice a esta administración.

PERDEDORES Domésticos
Los demócratas que tendrán problemas para convencer a sus electores de los beneficios de la ley de reforma a la salud y que al final les pueden cobrar la factura. Uno de ellos puede ser el propio Harry Reid que tendrá que enfrentar a su electorado en Nevada. Un estado cuya inclinación política cambia a pasos agigantados sobre todo por la presencia de una nueva oleada migratoria que se ha dado en los últimos años y que está conformando un nuevo debate político en la entidad (este hecho también se está dando en otras localidades como Raleigh, Carolina del Norte). Reid tiene mucho que explicar en términos de percepción a nivel de su estado para darle a la iniciativa un tono de beneficio a los estadounidenses porque en su entidad hay voces que se levantan para señalar errores en su concepción y así obtener beneficios políticos. Reid tiene mucho trabajo político en puerta antes de cantar victoria sobre todo en tierra cuando enfrente al electorado.
Los liberales progresistas que no pudieron cabildear por una ley integral de salud menos favorable a las grandes aseguradoras. Los liberales que creyeron en un Obama de mayor tendencia izquierdista y que al final observaron que se mueve en los campos grises de la negociación, nada es negro o blanco, por eso se mueve cada vez hacia al centro en temas como el cambio climático, la guerra en Afganistán, Cuba, la reforma migratoria y el comercio internacional.

INTERNACIONAL
De aprobarse la reforma de salud, el presidente Obama podrá ocuparse con mayor intensidad de la agenda de política exterior sobre todo en los planes nucleares de Irán y Corea del Norte.
Obama Inauguration Que el debate sobre la reforma de salud concluyera pero siguiera el debate sobre el tema de la recuperación económica. Entonces la agenda de política exterior quedaría más o menos igual, no sufriría cambio y líderes mundiales continuarían con las expectativas que Obama levantó cuando hizo promesas de campaña en varios frentes.
¿Cuál es la agenda de política exterior de Obama?
Según la Dra. Susan Purcell de la Universidad de Miami, el presidente Obama hizo una serie de propuestas durante su campaña que levantaron muchas expectativas en política exterior. La académica resume de la siguiente manera la política exterior de Obama:
Dice que se trató de hacer un esfuerzo por revertir o deshacer lo que, según Obama, fueron las políticas fallidas de la administración de Bush.
Como candidato, Obama criticó férreamente la guerra en Irak, aduciendo que Estados Unidos estaba luchando la guerra “equivocada” (la de Afganistán era la “correcta”) y prometió regresar a casa a las tropas. También optó por el uso de políticas “blandas” y la apertura de algunos puentes de comunicación en su trato con dictadores y gobiernos no democráticos, como Corea del Norte, Irán, Venezuela y Cuba. Además, Obama también calificó como poco efectivo el unilateralismo de Bush, favoreciendo soluciones multilaterales a los problemas de política exterior. Por último, decidió dar pie atrás a la política de “cambios de régimen”, en particular, los planes de su predecesor de imponer la democracia en países autoritarios. Y, especialmente después de la crisis económica, Obama comenzó a cuestionar la sabiduría de promover economías de mercado y nuevos acuerdos de libre comercio.
Tras un año como presidente, Obama ha comenzado a repensar algunas de sus ideas de política exterior, modificando algunas de ellas al punto de que recuerdan políticas pasadas, incluso del gobierno de su antecesor. Aún mantiene su meta de retirarse de Irak, pero será un proceso más gradual. De ser la guerra “correcta”, Afganistán pasó a ser una guerra problemática, y Obama decidió finalmente enviar más tropas. Su postura con dictadores en Irán y Corea del Norte no ha dado resultados positivos. Hugo Chávez aún despotrica contra el imperio de Estados Unidos y sigue entrometiéndose en los asuntos de sus vecinos, por ejemplo, al poner un avión a disposición del depuesto presidente de Honduras. Y los planes por flexibilizar la política frente a Cuba han sido recibidos nuevamente por Cuba con críticas frente al embargo de Estados Unidos.
Los esfuerzos multilaterales tampoco han tenido éxito. El gobierno de Obama inicialmente se sumó a sus vecinos latinoamericanos al criticar el golpe de Estado contra Zelaya en Honduras, cortó la ayuda al gobierno de facto de Micheletti e insistió en el pronto retorno de Zelaya al poder. El punto muerto que siguió sólo se pudo romper cuando el gobierno de Obama decidió, unilateralmente, tomar la iniciativa y negoció un acuerdo que permitió a las instituciones políticas hondureñas decidir el futuro de Zelaya, restableció los canales de ayuda y reconoció los resultados de las recientes elecciones, sin importar si Zelaya haya sido restituido o no. Si bien no ha habido progreso en los tratados de libre comercio con Panamá y Colombia, ha habido un cambio en el tema democrático, al responder a las críticas cubanas de que ahora sólo depende de ellos liberalizar su sistema político. Estados Unidos está hablando en términos más duros con Chávez, y sigue trabajando con México y Colombia en temas de seguridad.
Que todo lo anterior refleje una política exterior concreta frente a América Latina es un tema de debate. También es debatible si el gobierno de Obama puede o debiera tener una política exterior con América Latina. La realidad es que la región sigue dividida entre gobiernos que son, en general, amigables y tienen disposición a cooperar con Estados Unidos en temas de interés mutuo, y otros gobiernos que están aliados con Hugo Chávez y son, por lo general, poco cooperadores, o abiertamente hostiles, a Estados Unidos. Esta realidad no se presta para proponer soluciones regionales a problemas regionales.
Quizás sea el momento, como recientemente propusiera Hillary Clinton, de presionar el botón “reiniciar”. Estados Unidos acaba de confirmar a Arturo Valenzuela, un chileno-estadounidense con vasta experiencia en la región, como su nuevo subsecretario para asuntos con el Hemisferio Occidental. Uruguay, Chile y, posiblemente, Colombia tendrán pronto nuevos presidentes, y se avecinan más elecciones en 2010.
Acota Susan Purcell: quizá estas elecciones traigan algunos cambios novedosos en la política exterior de Obama.




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