El patrón Manufacturero exportador de México 1982-2007

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Por Josefina Morales

pag40-185La crisis de la deuda en 1981-1982 exhibió la crisis del viejo modelo de industrialización vía el patrón de sustitución de importaciones impulsado en las décadas previas. Los acuerdos sobre la deuda con el FMI impusieron un nuevo patrón manufacturero-exportador que sustituyendo una política de industrialización por una de comercio exterior, de apertura y exportaciones, exigió la privatización, la liberalización, la desregulación, y la reorientación de la producción hacia el exterior, con lo cual se cambió la estructura industrial orientada hacia el mercado interno por una reinserción subordinada a la estructura industrial trasnacional.

La apertura iniciada con la incorporación al GATT en 1985 y acotada con el TLCAN a partir de 1994, al restringir nuestra reinserción a la economía internacional con la reproducción de la inserción dependiente a la economía estadounidense mediante el eslabón maquilador de las cadenas de valor trasnacional,2 la creación de plataformas territoriales exportadoras de la industria automotriz trasnacional y la reconversión exportadora de las industrias maduras de las anteriores revoluciones industriales (textil y siderúrgica), convirtieron al país en uno exportador de manufacturas.

Las transformaciones, inmersas en la crisis mundial del viejo patrón de acumulación fordista, en la nueva revolución científico-tecnológica y en la política neoliberal, implican profundos cambios en la estructura productiva, en el proceso de producción y trabajo, en la recomposición del capital y en su patrón de localización geográfica.

El resultado es una reconversión de una planta industrial con incipientes cadenas productivas orientadas al mercado interno, con una significativa presencia del capital estatal, a un patrón exportador promovido por el capital extranjero, apoyado en la internacionalización de importantes grupos empresariales mexicanos y en un peso significativo del modelo maquilador trasnacional. Hacia 1980 existían, entre otras, las cadenas minero-siderúrgica-metalmecánica-bienes de capital; algunas cadenas agroindustriales como las de los sectores azucarero, lechero, trigo-panadería industrial, café y bebidas, especialmente cerveza; la textil-confección; una incipiente cadena automotriz metalmecánica-autopartes; y la del petróleo-petroquímica-química, auspiciadas por la empresa pública que contaba, aparte de los complejos energéticos estratégicos, con las principales vías y medios de comunicación, la tercera parte de la producción minera y 450 empresas industriales.

Ahora, la participación del capital extranjero ha aumentado significativamente; se ha acentuado el peso del gran capital monopolista nacional y en la producción es determinante el peso del patrón maquilador en prendas de vestir; equipo, material y accesorios eléctricos y electrónicos; y en la consolidación del complejo automotriz trasnacional.

El periodo de 27 años podemos subdividirlo, para objeto de análisis, en tres subperiodos: el de la crisis del viejo modelo y la imposición del nuevo, entre 1981 y 1993; la consolidación del nuevo patrón manufacturero-exportador a partir del TLCAN, de 1994 al año 2000; y el de las limitaciones y crisis del nuevo patrón manufacturero exportador a partir del año 2001 que acentúa el débil comportamiento industrial del país.

Durante la crisis de la década perdida la política industrial reducida a la apertura del mercado interno, tanto para las mercancías como para el capital, llevó a un cambio estructural de la actividad manufacturera y a multiplicar su participación en la exportación de mercancías, que registraron un crecimiento sin precedente. Entre 1981 y 1993, las exportaciones manufactureras crecieron 13.9% por año, mientras el valor agregado de la manufactura lo hizo a la octava parte, apenas 1.7%. [véase cuadro 1]. A lo largo del periodo de estudio pasaron de 6 566 millones de dólares en 1981, 34% del total,3 a 219 685 millones de dólares, equivalentes al 81% del total en 2007; alrededor del 90% las realizan, según la Asociación de la Industria Maquiladora y Manufacturera de exportación, 6 120 plantas industriales que dan trabajo a 2 400 000 personas [El Financiero, 2008:12].

Después del bajo crecimiento de la economía nacional y de la industria, es de subrayarse que una de las principales características del nuevo patrón manufacturero-exportador es su acentuado comportamiento cíclico expresado en caídas recurrentes de la producción. Durante el periodo [véase gráfica 1], la producción manufacturera registra ocho años de crecimiento negativo, que sin duda incidieron en el bajo crecimiento de la economía nacional que registró cuatro recesiones, igual que sus exportaciones.. El crecimiento económico nacional y de la industria manufacturera no presenta ninguna correlación con el de las exportaciones a lo largo de estos 27 años: sólo durante los primeros siete años del TLCAN [véase cuadro 1] se registra un crecimiento relativo del sector manufacturero, con una tasa ligeramente inferior a la tercera parte de las exportaciones del sector (5.4%) y tres subdivsiones (textiles, metálica básica y maquinaria y equipo) presentaron tasas superiores a la media, asociadas, sin duda, a su dinámica exportadora. En los primeros años de este siglo las exportaciones manufactureras sólo han crecido al 3.3% y el valor agregado menos del 1% anual.

En dos divisiones industriales, en las que predomina el modelo maquilador, se profundiza el comportamiento cíclico: la textil, que bajó su participación del 11.2% del valor agregado manufacturero al 6%, y ocupaba en 2004 a 546 000 trabajadores, registró casi la mitad de los años del periodo un crecimiento negativo (12 años) [véase gráfica 2]; y la de productos metálicos, maquinaria y equipo registra ocho recesiones [véase gráfica 3], al tiempo que es la que presenta el mayor crecimiento del valor agregado (3.3% anual), con lo cual elevó su participación en la industria manufacturera de la cuarta parte a cerca de la tercera parte, ocupando en 2004 a 1.2 millones de trabajadores.

Los otros grandes subsectores, presentan un comportamiento cíclico menos acentuado, dos años recesivos en alimentos, bebidas y tabaco, cinco en metálicas básicas y seis en la química y en la de productos de minerales no metálicos.

La estructura que presenta ahora la industria manufacturera, de acuerdo con la nueva organización de las cuentas nacionales para unificarlas con Estados Unidos y Canadá, señala [véase gráfica 4] que poco más de la quinta parte (21.1%) corresponde al subsector de la industria alimentaria, y con bebidas y tabaco, se elevaría al 27%, superior al registrado en 1981 y similar a la de 1993; la de equipo de transporte representa cerca de la quinta parte (19%); la química 9.5%, la de productos de minerales no metálicos 6.8%, metálica básica 5.8%; y la de equipo de computación, comunicación y accesorios electrónicos, 5.9%, donde predomina el sector maquilador.

La industria maquiladora, que ha sido uno de los ejes del nuevo patrón manufacturero-exportador y cuyo comportamiento en gran medida lo define, fue la gran generadora de empleo: más de 1.2 millones de puestos de trabajo entre 1981 y 2000, una dinámica mayor en sus exportaciones, con una tasa promedio de 12.8% en el primer subperiodo y de 18% durante los primeros siete años del TLCAN.

Sin embargo, la crisis estadounidense de principios de siglo puso en entredicho el modelo.

Recomposición del capital

Tres son los cambios fundamentales que definen la recomposición del capital en el país: la privatización de la empresa pública, la profundización del proceso de monopolización del capital nacional que lo lleva a una nueva etapa de trasnacionalización, en ocasiones con alianzas estratégicas con el capital extranjero, y la inversión extranjera directa.
Esto genera una estructura polarizada de la industria mexicana, pues las diferencias estructurales entre el pequeño, mediano y gran capital son abismales y es creciente el proceso de desnacionalización en la industria nacional.

El censo de 2003 ilustra el proceso con los niveles de concentración por trabajadores, pues mientras la micro empresa (tortillería, panaderías, herrerías), que emplean entre 0 y 10 empleados, que son el 90.9 de los 328 718 establecimientos, ocupa al 16% de los 4.1 millones de trabajadores y apenas si pagaba 4% de las remuneraciones, la mediana empresa que emplea entre 101 y 500 personas da empleo a más de la cuarta parte del personal, genera 31% del valor agregado y paga 29% de las remuneraciones, y las superempresas que emplean más de mil personas, apenas si son menos de 5 000 establecimientos que generaban 38% del valor agregado, concentraban 41% de los activos y ocupaban al 24% de los trabajadores que recibían 35% de las remuneraciones.

La encuesta industrial [véase cuadro 3] también ilustra esta concentración al registrar en 2006 que apenas 7 217 establecimientos industriales ocupan a la mitad de la fuerza de trabajo y generan 80% del valor agregado. Según estos datos, el subsector de la industria química contribuye con 18.5% del valor agregado, la de alimentos con 15.5 y la de transporte con 14.8%, mientras la tercera parte el empleo se concentra en los dos últimos. Estos establecimientos realizaron, en promedio, 26.7% de sus ventas en el exterior; cinco de sus subsectores lo hicieron en mayor proporción destacando el 71% del automotriz, 68% del de equipo de computación y comunicaciones y más de la mitad del de maquinaria y equipo.

Las diferencias son más profundas si pensamos en las condiciones de financiamiento, de tecnología y productividad. Los grandes grupos mexicanos, por ejemplo, se financian desde hace más de 15 años en el mercado financiero internacional y hoy su deuda es superior a los 68 000 millones de dólares, se financiaron para participar en el festín privatizador y para internacionalizarse.

Los subsectores que presentan un mayor grado de concentración son el de la industria química, fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, donde los establecimientos con más de 500 trabajadores producen más de la mitad del valor agregado del subsector; el de la fabricación de equipo de generación eléctrica y aparatos y accesorios eléctricos con más del 60% de la producción y el de la fabricación de equipo de transporte, empresas extranjeras, prácticamente en su totalidad, donde los establecimientos de más de 1 000 trabajadores generan 75% de la producción del subsector.

El creciente peso del capital extranjero lo ilustraba en 1993 el censo industrial que reportó, por única vez, el número de establecimientos con inversión extranjera: el 1% de los establecimientos en los que participaba el capital extranjero, 2 584 de un total de 265 427, concentraba más de la quinta parte de los trabajadores (de un total de 3.2 millones), alrededor de la tercera parte del valor agregado, de la formación bruta de capital y de las remuneraciones y cerca de la cuarta parte de los activos fijos.

Por divisiones, el mayor peso del capital extranjero se presentaba en la producción de productos metálicos, maquinaria y equipo (automotriz y maquila),4 y en la química. En la primera, 1 108 establecimientos (apenas 2% el total), ocupaban a 424 474 personas (44% del total), pagaban la mitad de las remuneraciones, tenían 37% de los activos, invirtieron 60% de la formación bruta de capital fijo de ese año y generaron 46% del valor agregado; en la segunda, 526 unidades industriales (7% del total), ocupaban a 29% de los trabajadores (100 872 personas), las que recibían 39% de las remuneraciones y generaban 35% del valor agregado.

Podemos imaginar que ese peso cuantitativo se profundizó cualitativamente en los 15 años siguientes bajo el TLCAN, cuando la inversión extranjera en el sector manufacturero acumuló más de 100 000 millones de dólares entre 1994 y 2006. En 2007, más de la mitad de las empresas manufactureras registradas entre las 500 más grandes eran de capital extranjero. Hay que tener presente que las estadísticas de la Secretaría de Economía de México registraron un monto total acumulado, 215 969 millones de dólares de IED, 57% del cual se reporta como nueva inversión y de ésta la tercera parte se destinó a fusiones y adquisiciones, 16% como reinversión y 12% como cuenta entre compañías.

Por ramas, la IED se concentra en la industria automotriz, la química y la alimenticia, que en su conjunto concentraron más de las tres cuartas de la inversión acumulada entre 1999 y 2005; las primeras caracterizadas por ser actividades de alta complejidad tecnológica y la tercera de baja complejidad.

La IED en la industria automotriz responde a la profunda y permanente reestructuración internacional de este sector industrial y de las grandes empresas trasnacionales estadounidenses que se manifiesta en la fragmentación del proceso de trabajo y su dispersión territorial, así como en su continua y renovada modernización tecnológica que conlleva la eliminación de puestos de trabajo en los países desarrollados. Tal estrategia responde al objetivo de recuperar su propio mercado frente a la competencia de Japón y de los tigres asiáticos, mediante la relocalización de los eslabones más débiles de la producción, la fase intensiva en fuerza de trabajo, y también al traslado de plantas de ensamblaje automotriz, alrededor de las cuales se forman en México algunos distritos industriales con proveedores extranjeros que los acompañan en su relocalización.

Esta actividad fue responsable el año pasado por más de la quinta parte del comercio exterior mexicano, superando a las exportaciones petroleras que representaron 14%; duplicó su exportación en la primera década del TLCAN y entre 2004 y 2006 vendió en el exterior más de un millón de automóviles por año.

Hay que tener presente que en el crecimiento de la industria automotriz también ha sido muy importante la participación del mercado interno, pues si en 1994 se vendieron en el país 332 975 unidades, una década después lo hicieron más de 1.1 millones de automóviles [INEGI, 2005]. Esto ilustra la polarización social en un país en donde cerca de las tres cuartes partes de la población vive en condiciones de pobreza y una décima parte concentra más del 40% del ingreso nacional y tiene acceso a los múltiples mecanismos de financiamiento del consumo.

México se ha convertido en una plataforma territorial exportadora de las empresas automotrices que empezaron desde los años ochenta a localizar sus nuevas plantas industriales en el norte del país, abandonando su localización previa en la zona metropolitana de la ciudad de México, o cerca de ella, que les facilitaba el abasto al mercado interno del país que se concentraba en esta ciudad. De esta manera se encuentran en el centro y norte del país las nuevas plantas: Nissan en Aguascalientes, General Motors en Saltillo y Silao, Guanajuato; Chrysler en Saltillo, Coahuila, y la Ford en Hermosillo, Sonora [Vieyra, 2005], configurándose nuevos complejos territoriales especializados. Este proceso se acompaña del crecimiento de la maquila de autopartes y del desarrollo de algunos proveedores mexicanos, como el Grupo San Luis,5 que se asociaron con capital extranjero para asegurar contratos como proveedores de las trasnacionales.

La orientación hacia la exportación que ha predominado en la IED y en la reestructuración industrial mexicana en su conjunto, ha significado un nuevo patrón territorial: la producción industrial en la ciudad de México representaba 29.5% del valor agregado del sector en 1980 y en 2003 descendió a 17.4%. Por lo que, si bien la ciudad de México sigue siendo la principal receptora de esa inversión –alrededor del 60% del total acumulado– por estar ahí centralizadas la banca comercial, los servicios y no pocas sedes de las grandes empresas extranjeras en el país, las entidades de la frontera norte han atraído la quinta parte de la IED acumulada a partir de la puesta en marcha del TLCAN [Morales y Coll-Hurtado, 2007].

En el proceso de trasnacionalización del capital mexicano, las denominadas alianzas con empresas trasnacionales han sido determinantes en la penetración de mercados extranjeros, por lo que una parte significativa de esa nueva inversión se destinó a la compra de acciones de los grandes grupos mexicanos. [Vidal, 2005 y Morales, 2002].

La dimensión de la trasnacionalización la presenta el mapa que elaboramos en el Nuevo Atlas Nacional de México con base en la investigación realizada por Francisco Vidal que se publicó en la geografía industrial de México [Vidal 2005]. Como señalamos con Atlántida Coll-Hurtado en la presentación de la sección industrial del Nuevo Atlas Nacional de México, de la cual aquí me permito recoger un fragmento, este autor seleccionó diez grupos, tres de ellos de origen centenario, que se encuentran entre las 500 empresas más grandes del país y cuya información está disponible en la bolsa de valores de México; su crecimiento e internacionalización ha convertido, tanto a sus empresas como a sus principales accionistas, en líderes mundiales, algunos de ellos se ubican entre los hombres más ricos del mundo listados por la revista Forbes.

Seis de los grupos tienen su origen en Nuevo León y cuatro en la ciudad de México; tienen la mayor parte de sus plantas (310) en México, localizadas básicamente en las tres principales zonas metropolitanas del país. En 2003, siete de estos grandes grupos realizaban la mayor parte de sus ventas en territorio nacional y tres de ellos recibieron sus ingresos, mayoritariamente, del extranjero: Cementos Mexicanos, 63% del total; IMSA, productora de acero y de productos metalmecánicos, 54%, y Gruma, productora de harina y tortillas, 68.1%.

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Su expansión internacional inicia en los Estados Unidos, asociándose o comprando empresas para facilitar su penetración: ahí están 69 de las 175 plantas que tienen en el exterior. Destacan por el número de plantas en ese país la panificadora Bimbo con 14, Cemex con 12 e IMSA con 25. Cementos Mexicanos es la empresa con mayor internacionalización: tiene, además, 15 plantas en América Latina, ocho en España, cuatro en Indonesia, tres en Filipinas y una en Egipto. En América Latina, Fomento Económico Mexicano (FEMSA) que tiene la cervecería Cuauhtémoc y es la más importante distribuidora de la cocacola, tiene 20 plantas; Gruma tiene 17 y Bimbo 14 plantas.

Entre las asociaciones estratégicas que estos grupos han realizado para avanzar en su internacionalización, se encuentran la del Grupo Modelo con la estadounidense Anheuser-Busch, Vitro en coinversión con Pilkington (Reino Unido) y Visteon, Solutia y Libbey de Estados Unidos y DESC con Dana Corporation y GKN Industris Limited de Estados Unidos para fabricar autopartes y con Cabot Corporation, también estadounidense, y Repsol Química de España en la industria química.

El otro gran sector donde predomina el capital extranjero, puntal del modelo manufacturero exportador, es la industria maquiladora, cuyo modelo se inicia, como se sabe, desde 1965 al terminar el acuerdo de braceros, con la maquila de la confección y las de equipo y materiales y partes eléctricas y electrónicas; se consolida en los ochenta con el crecimiento del sector de autopartes y logra un gran dinamismo a partir de la firma del TLCAN, con una multiplicada actividad de la maquila de la confección que adquiere un nuevo patrón de localización. Más de la tercera parte de las plantas creadas entre 1994 y 2000 se localizan en municipios no fronterizos, de tal manera que de haber estado ubicada en 12 municipios de la frontera norte en 1980, para el año 2000 se encontraba en 187 municipios del país [Morales y García, 2005].

En 1980 las estadísticas oficiales registraron 620 establecimientos con 119 546 trabajadores en esta actividad, la tercera parte de ellos en la maquila de materiales y accesorios electrónicos, la cuarta parte en equipos eléctricos y electrónicos, 15% en la confección y apenas 6% en la de autopartes; veinte años después había 3 590 establecimientos y 1 291 232 trabajadores cuya distribución había cambiado a 26, 8, 22 y 18%, respectivamente [Morales, 2000 y Morales y García, 2005].

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La industria maquiladora es, sin duda, uno de los ejes del nuevo modelo manufacturero exportador del país, en ella predomina el capital extranjero, se caracteriza por el alto nivel de empleo y el monto de sus exportaciones: entre 1980 y 2006 las exportaciones maquiladoras pasaron de 2 519 millones de dólares a 111 824 millones de dólares [Banco de México, 2007];6 en ese último año, la maquila de equipos y aparatos eléctricos y electrónicos exportó 50 145 millones de dólares y empleaba 127 614 personas; mientras que la de autopartes envió al exterior 15 271 millones de dólares y la confección 6 000 millones. Las industrias automotriz y electrónica, si bien se caracterizan en los países desarrollados como actividades de alta complejidad tecnológica, en México por su carácter de ensamblaje presentan una mucho menor.

A partir de la puesta en marcha del TLCAN, la maquila creció explosivamente y para el año 2000 se habían creado 805 729 nuevos puestos de trabajo y se dispersó por el territorio nacional. Otra transformación importante de las últimas dos décadas en la industria maquiladora es la masculinización de una actividad donde inicialmente predominaron las mujeres,7 así como el crecimiento del número de técnicos. Estos cambios respondieron, en gran media, a la maquila de autopartes que tiene un crecimiento significativo en los ochenta y a la generalización del justo a tiempo en la producción en todas sus ramas.

Los salarios de sus trabajadores son menores que los de la manufactura y presentan una diferenciación territorial y entre obreros, técnicos y empleados; los obreros reciben poco más de la cuarta parte del sueldo de los empleados y los trabajadores de las entidades del sur reciben, en general, un ingreso menor a los de las del norte.
La división de maquinaria y equipo es la más importante, pues en ella se encuentran tres de sus principales ramas, materiales y accesorios eléctricos y electrónicos; equipo y aparatos eléctricos y electrónicos y autopartes; a las que se agrega, por su importancia en el empleo, la confección.

Territorialmente se concentra en las seis entidades de la frontera norte del país pues ahí comenzó como un programa estatal de industrialización de esa región, y en ellas predominan las tres primeras ramas mencionadas y si bien estaba presente en Jalisco desde los años ochenta, su expansión hacia el interior se da en los noventa, adquiriendo una fuerte presencia en Yucatán, Puebla, Durango y Aguascalientes, especializadas en la maquila de la confección. La mitad del personal de la división de productos metálicos, maquinaria y equipo lo hace en Chihuahua, Tamaulipas y Baja California, mientras los de la confección tienen presencia en 21 entidades, y en nueve de ellas con más de 10 000 trabajadores, destacando Coahuila, Chihuahua, Yucatán y Puebla.

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La maquila, que es la principal generadora de empleo y la más importante exportadora, es al mismo tiempo el eslabón más débil de la cadena de valor trasnacional en la producción industrial, por lo que es muy sensible a la dinámica cíclica de la economía estadounidense y profundamente dependiente de su reestructuración internacional en curso.
Esta situación se mostró dramáticamente a partir del 2000: en los primeros seis años de este siglo sus exportaciones crecieron a una tasa equivalente a la sexta parte de la registrada en los años previos, si bien presentó en 2006 un saldo positivo en su balanza comercial de 25 297 millones de dólares; el empleo en el sector se redujo drásticamente al perderse durante los primeros tres años cerca del 40% de los empleos creados durante los primeros siete años del TLCAN y actualmente es probable que el número de trabajadores sea menor que el máximo registrado en octubre de 2000.8 A lo que hay que agregar es que este patrón genera poco valor agregado, por predominar el ensamble de partes y componentes importadas y su empleo se caracteriza por su precariedad, o como diría el exsecretario de trabajo del sexenio perdido, sus relaciones laborales son “modelo de la nueva cultura laboral” por su flexibilidad.

Cambios en el proceso de trabajo

El cambio más profundo registrado se da en el ámbito del trabajo, pues la producción flexible precariza las condiciones del trabajo, empezando por el despido de miles de trabajadores, la sobreexplotación predominante en la maquila, pago por debajo del valor de la fuerza de trabajo, el reajuste del personal y los paros técnicos en años recesivos, y, desde luego, en la mutilación de los contratos de trabajo o en su inexistencia vía los llamados contratos de protección. Es frecuente encontrar en plantas industriales, trabajadores con indumentaria de otro color, que indica que son de una empresa de mantenimiento ajena a la empresa industrial.

Los cambios se impusieron a través de los círculos de calidad, la producción modular y el justo a tiempo y, por supuesto, a través de la remuneración hoy fijada por un salario base raquítico y los pagos de productividad que individualizan la relación laboral y fragmentan la identidad colectiva.

En la industria siderúrgica la modernización, por ejemplo, se advierte, además de la introducción del proceso flexible y la parcial modernizción, en el despido de más de la mitad de los trabajadores que existían a finales de los años 80, el incremento sustancial de la producción, su creciente exportación y, por supuesto, el peso mayor del capital extranjero, ahora indúe-argentino.

En 1993, las remuneraciones pagadas en el país representaron 34.7% del PIB y en 2006 el 28.6%, proporciones similares se registran en la manufactura del 36.3 al 28.6%, mientras el salario mínimo, que sabemos no cubre ni la cuarta parte de una canasta básica, ha visto caer su poder adquisitivo; en la manufactura el ingreso de la mayor parte de los trabajadores oscila entre dos y tres salarios mínimos, en la maquila es alrededor de 1.5 veces el salario mínimo, agrandándose el diferencial salarial entre los trabajadores mexicanos y los de Estados Unidos.

Las diferencias en el ingreso también se dan según la división industrial: según los datos del último censo industrial, en 2003, sólo los trabajadores de la química y la metálica básica recibieron un ingreso superior a la media nacional; los de la madera recibieron menos de la mitad. Según la encuesta industrial, en sólo seis de los 21 subsectores los trabajadores recibían un ingreso superior al promedio nacional, registrándose uno menor a la mitad del promedio nacional en prendas de vestir, cuero y piel y madera, En la maquila, las estadísticas oficiales, repetimos, permitían, hasta 2006, advertir que los obreros recibían un ingreso ligeramente superior a la cuarta parte del que recibían los empleados.

Nuevo patrón de localización y especialización industrial

Esas transformaciones conllevan cambios territoriales en el patrón de localización y especialización de la manufactura, desarrollándose sobre todo en las entidades de la frontera norte y en otras del centro asociadas al modelo exportador, al mismo tiempo que se recomponen los tradicionales espacios industriales asociados al mercado interno, como el de la zona metropolitana de la ciudad de México, o decaen viejos espacios de la actividad industrial estatal.

Para ilustrar algunas de las transformaciones territoriales del proceso industrial me permito volver a reproducir algunos fragmentos del texto de la sección industrial del Nuevo Atlas Nacional de México.

Diez años después de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte (TLCAN), el modelo exportador reflejaba la desigual dinámica del empleo con crecimiento en los nuevos espacios industriales exportadores y pérdida en los relacionados anteriormente con el mercado interno, las zonas metropolitanas de la ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y las regiones petroquímicas. En ese lapso, el empleo manufacturero creció 2.7% por año pero once entidades tuvieron un crecimiento del empleo superior al 4% anual. Las de mayor crecimiento fueron cuatro entidades maquiladoras de la frontera norte, Yucatán y Zacatecas, y registraron pérdidas de puestos de trabajo Baja California Sur, Nayarit y el Distrito Federal. El Estado de México y el Distrito Federal, a pesar de ser de baja dinámica, mantienen la supremacía tradicional y concentran el mayor número de trabajadores del país, más de 450 000 cada una.

En el nivel municipal se advierten mejor las transformaciones de los espacios industriales y el proceso: 17 de los 2 443 municipios registraron un incremento superior a los 11 000 trabajadores en el periodo mencionado, asociados al desarrollo de la industria maquiladora electrónica y la automotriz, la mayoría se localizan en las entidades de la frontera norte del país, tres en Jalisco y uno en Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí. Al mismo tiempo, 14 antiguos centros industriales de importancia nacional registraron pérdidas de puestos de trabajo, superiores a las dos mil personas en cada uno; nueve de éstos corresponden a la zona metropolitana de la ciudad de México, destacando Azcapotzalco, Tlalnepantla y Gustavo A. Madero, donde las pérdidas son mucho mayores.

Las diferencias salariales se notan, desde luego, en la distribución geográfica de los distintos trabajadores; por ejemplo, los de la división textil que, en promedio, percibieron menos del 60% del ingreso medio nacional, se polarizaron territorialmente: 13 entidades tuvieron un ingreso mayor al medio, registrándose los más altos en Nuevo León, Coahuila y San Luis Potosí, y los más bajos corresponden al sur del país, con ingresos alrededor de la quinta parte del medio nacionales, en las entidades donde predomina la artesanía rural e indígena (Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Tabasco) y en Veracruz y Yucatán.

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El Distrito Federal, que fue el centro del viejo modelo, ha dejado de ser la entidad más industrializada del país: su contribución al VA de la manufactura nacional cayó a la mitad y en 2003 apenas si representó 8.2% del total, superándolo el estado de México y Nuevo León; mientras que Puebla, Zacatecas, Aguascalientes y Baja California la incrementaron más de 70%. Las entidades de la frontera norte en conjunto generaron 23.8% del VA de la industria de transformación en el país.

La productividad es uno de los problemas más graves del país, pues si bien ha estado prácticamente en promedio, con un crecimiento medio anual de 0.2% en la década, registra un comportamiento aún más desigual. La productividad superior a la media nacional se asocia en gran parte, a la industria de derivados del petróleo, la química (farmaceútica), la automotriz, siderúrgica, plantas de cemento y cerveza, actividades todas dominadas por modernas y grandes empresas nacionales y extranjeras que presentan un avance en su proceso de modernización.
Cuatro de las entidades de la frontera norte en las que predomina la actividad maquiladora tienen una productividad media baja, dado que la maquila genera poco valor agregado.

La más importante transformación en la geografía industrial nacional es la especialización de las entidades fronterizas en la división de maquinaria y equipo (automotriz y maquila electrónica y de autopartes) en las que sobresale Chihuahua. Esta división concentra las tres cuartas partes de las exportaciones totales (véase la sección de comercio exterior) y en ella trabajan cerca de la tercera parte de los trabajadores manufactureros; territorialmente se concentra en cinco de las seis entidades de la frontera norte y en Jalisco, México y el DF.

El cociente de localización industrial, que nos habla del peso de los trabajadores por división en la estructura industrial estatal, nos presenta una radiografía territorial diferente. En alimentos y bebidas destaca que en la frontera norte sólo Sonora está especializada por el peso de su actividad agroindustrial; asimismo por el nuevo patrón manufacturero-exportador han perdido esta especialización Guanajuato, antaño parte de la región del bajío, así como Aguascalientes, Morelos e Hidalgo.

Consideraciones finales

La industrialización es, sin duda, una experiencia trágica en la modernidad mexicana.

La independencia, la reforma y la revolución son procesos históricos revolucionarios que han terminado castrados, trágicamente, por las fracciones dominantes que devienen la clase en el poder. Las experiencias de industrialización han atravesado por una experiencia similar. La industrialización posrevolucionaria señaló un camino que fue desviado y el “milagro mexicano” terminó en la crisis de los setenta que se escondió en el auge petrolero del 1978-1981 y desembocó en el patrón manufacturero-exportador dependiente.

El modelo manufacturero-exportador, que debería llamarse financista-exportador termina en pocos años en una reinserción subordinada que reproduce el subdesarrollo. Los sectores industriales devienen en agentes comercializadores que obtienen mayores ganancias como intermediarios. El modelo manfucturero–exportador es cuestionado desde finales de los años noventa, antes de la crisis estadounidense que se inicia en el 2000, antes del acto terrorista de las torres gemelas en 2001, pues el capitalismo estadounidense profundiza su crisis, no resuelta, de sobreacumulación y sobreproducción que acompaña a la crisis del viejo patrón de acumulación fondista.

Cono señalé en las observaciones finales del libro México. Tendencias recientes en la geografía industrial, las transformaciones económicas y territoriales que impone el nuevo patrón de acumulación que define la etapa de la mundialización, han creado una nueva división internacional del trabajo al trasladar a los países dependientes, los eslabones de la producción manufacturera intensivos en la fuerza de trabajo, fragmentos o incluso la producción de bienes de las revoluciones industriales previas, y han generalizado la producción flexible.

En México han provocado una reconfiguración estructural de la industria manufacturera con un patrón de especialización manufacturero-exportador, en el cual el capital extranjero ha sido un factor determinante en la apertura de los nuevos espacios urbano-industriales asociados a las cadenas internacionales de producción al tiempo que los principales grupos industriales del capital monopolista mexicano han logrado insertarse en algunas de estas cadenas como proveedores, reorientaron parte de su producción hacia el exterior, multiplican sus asociaciones estratégicas con el capital trasnacional para asegurarse tecnología, mercado externo y financiamiento internacional y se trsanacionalizan y localizan parte importante de sus plantas foráneas en EU.

El nuevo patrón impulsó el crecimiento de la división de productos metálicos, maquinaria y equipo, donde está la industria automotriz y la maquila eléctrica, electrónica y de autopartes y disminuyó la importancia relativa de la alimentaria. El déficit estructural del comercio exterior manufacturero se amortigua por el saldo positivo de la balanza maquiladora, sin embargo, aumentó el déficit del sector no maquilador superando los 50 000 millones de dólares en 2006, lo que ilustra la reproducción del subdesarrollo y la dependencia, destacando el del sector químico, particularmente el escandaloso déficit de la producción de gasolina y petroquímicos.

Las incipientes cadenas del viejo modelo industrial se fracturaron y ahora se rearticularon hacia espacios trasnacionales, la mayoría hacia Estados Unidos, formando nuevos flujos que enlazan a las ciudades exportadoras con las principales ciudades industriales de ese país, el famoso corredor TLCAN. La industria automotriz creó nuevos complejos territoriales hacia el centro y norte del país mientras la maquila se desplazo de la frontera norte hacia el interior de las entidades fronterizas y a otras localidades del centro y sur del país.

En los nuevos espacios industriales y los que están en un proceso avanzado de reestructuración industrial como las ciudades de Aguascalientes, Querétaro, San Luis Potosí, Monterrey, Silao–León, así como en las principales ciudades y entidades maquiladoras se generaliza el proceso toyotista de trabajo, sin dejar de estar presentes el viejo fordismo e incluso el trabajo domiciliario que se inserta en esas cadenas globales de producción.

Se configura así un nuevo espacio urbano jerarquizado, presidido y articulado por las zonas metropolitanas de la ciudad de México y Monterrey, donde se asientan los centros corporativos de las grandes empresas, nacionales y trasnacionales, ya que éstas han alcanzado una reestructuración más compleja que considera los servicios financieros, tecnológicos y de transporte y comunicaciones. Este espacio convive con procesos manufactureros tradiciones y aún artesanales y con una explosiva economía informal. Además, Juárez y Tijuana, se han vuelto los espacios paradigmáticos de la precariedad maquiladora y la penetración del narcotráfico.

La crisis de este modelo maquilador responde tanto a la crisis de acumulación no resuelta en la economía y la industria estadounidense que es enfrentada con cambios incesantes en la producción y en la reconfiguración de la empresa trasnacional que conllevan cambios en su localización mundial, así como por el cambio que ha impulsado la incorporación dinámica de la economía china en el mercado mundial. Por ejemplo, la exportación mexicana de prendas de confección llegó a representar el 15% de las importaciones estadounidenses en 1999, el año pasado apenas si alcanzó el 6%, mientras las de China se han elevado significativamente.

El fracaso para el presente y el futuro del país del patrón manufacturero exportador es un signo trágico sobre el cielo de México. Tenemos recursos, fuerza de trabajo, capacidad intelectual, experiencia y una herencia cultural histórica formidables, mas nuestras luchas han sido insuficientes, siempre apropiadas por oligarquías rentistas y cortoplacistas.

Si los primeros siete años de este siglo mostraban ya las limitaciones, en mucho sentido crisis, del nuevo patrón manufacturero-exportador, hoy, la profundidad de la crisis financiera estadounidense al alcanzar a la estructura de la economía real, modificará sin duda el actual patrón industrial de nuestro país.

Bibliografía

El Financiero [2008], l de octubre.
Morales, Josefina y Coll-Hurtado Atlántica [2007], “Industria manufacturera”, en Atlántida Coll-Hurtado (coord.), Nuevo Atlas Nacional de México, México, Instituto de Geografía-UNAM, México.
Morales, Josefina y Ana García de Fuentes [2005], “Procesos industriales y especialización productiva de la maquila en México”, en Josefina Morales (coord.), México. Tendencias recientes en la geografía industrial, Instituto de Geografía, UNAM.
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Vidal, Francisco [2005], “¿En dónde están los grandes grupos industriales mexicanos?, en Josefina Morales (coord.), México. Tendencias recientes en la geografía industrial, Instituto de Geografía, UNAM.
Morales, Josefina [2002], “Trasnacionalización del capital minero mexicano”, en La minería en México, México, Instituto de Geografía, UNAM, Colección Temas Selectos de Geografía de México, pp. 51-81.

1 Investigadora titular de la Unidad de Economía Política del Desarrollo del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
2 Hay que tener presente que en la mundialización las empresas trasnacionales fragmentan sus procesos productivos y desplazan a los países subdesarrollados los eslabones más débiles de las cadenas productivas de valor trasnacional, intensivos en manos de obra.
3 Hay que aclarar, sin embargo, que en 1980, el Banco de México registraba a la actividad maquiladora como servicio, con apenas 717 millones de dólares y 3 500 de exportación maquiladora, equivalentes a 23% del total. En el anexo estadístico del VI Informe de Gobierno de Carlos Salinas de Gortari se presentó una serie histórica de la exportación maquiladora con datos diferentes.
4 En esta división industrial se encuentran la industria automotriz y las ramas maquiladoras de autopartes, materiales y accesorios eléctricos y electrónicos y de equipo eléctrico y electrónico.
5 Este grupo era principalmente minero, pero al participar en la privatización de la empresa pública se diversificó [(Morales, 2002].
6 Repetimos que son diferentes los datos del Banco de México, véase nota 3.
7 En 1980 de más de 100 000 obreros, las mujeres representaban 77%; en 2006, de un total de 1 202 134 trabajadores en el sector (obreros, empleados y técnicos), los 612 789 trabajadores masculinos superaban numéricamente a las 569 346 mujeres que fueron el sector más afectado por la crisis maquiladora de los primeros años de este siglo.
8 INEGI ha cancelado la información sobre la industria maquiladora de exportación que durante más de 30 años proporcionó mensualmente.




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