De la crisis hipotecaria en los E.U.A. a la crisis sistémica global

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Por Marivilia Carrasco Bazúa

“Ésta es la peor crisis en un siglo, muy lejos de cualquier cosa que haya visto….tal vez la reducción del precio del petróleo y de los alimentos, logre estabilizar la situación, pero nadie lo sabe. “
Alan Greenspan 7 octubre 2008

Debido a la crisis financiera, surgen día con día nuevas noticias económicas adversas, algunas verdaderamente dramáticas, especialmente por el cierre de empresas y el desempleo. Miles de estos cierres ni aparecen en las noticias, pero otras son notables como las bancarrotas de facto y de jure de Bear Stearns, IndyMac, Lehman Brothers, Washington Mutual, Wachovia, Fannie Mae, Freddie Mac y American International Group; …General Motors, FORD y Chrysler, que luchan contra sus respectivas bancarrotas, Citigroup, que recortará 75 mil empleos y al que el le acaban de canalizar 20 mil millones para intentar que no vaya a la bancarrota; el desplome a niveles inimaginables de las bolsas de valores alrededor del mundo (la de NY ha perdido en menos de un año ya el 50% de su capitalización), el reconocimiento oficial de la recesión de Japón y el inminente de Estados Unidos y de Europa, para no mencionar lo que ello implica para nuestro país, de la mano con la súbita caída del precio del petróleo, la reducción de las remesas, la devaluación de la moneda, la fuga de capitales, etc.

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No es casual que la primera prioridad anunciada por el Presidente electo norteamericano, Barack Obama, sea el de estabilizar el sistema financiero, o al menos intentarlo, por lo que anunció esta semana que destinará otros 800 mil millones de dólares a salvamentos. Con todo, sorprende que, pese al anuncio de grandes fondos o a las reuniones cumbre del G-8 o el G-20, la situación general, en vez de estabilizarse, haya tendido a hundirse aún más.

Esto plantea la pregunta de qué caracterización debe darse a este crisis. Muchos analistas no se explican el por qué no pudieron preverla y hasta hace poco, otros se preguntaban si sería una crisis de liquidez o de insolvencia; una crisis coyuntural o de carácter sistémico. Podemos adelantarnos a decir que si fuera lo primero, el problema se habría resuelto con facilidad mejorando la coordinación entre pagos y cobranzas. En cambio, si el problema es de insolvencia del sistema, como creemos, se explican no sólo las bancarrotas financieras y bancarias sino también sus devastadoras implicaciones en el mundo de la economía física real.

Un esquema de crisis sistémica

El sistema financiero internacional se desacopló del proceso de la economía real paulatina pero sistemáticamente desde 1971, cuando el Gobierno de Richard Nixon modificó la piedra angular de la estabilidad financiera mundial, el sistema de tasas de cambio fijas por el de tasas de cambio flotantes y al desaparecer el patrón oro, se dio paso a una era económica crecientemente especulativa. Pero fue hasta la década de los 1990s cuando definitivamente los agregados financieras crecieron a tasas exponenciales –especialmente por los instrumentos derivados–, mientras que los índices de la producción de bienes tangibles (producción física) a nivel internacional se fueron reduciendo.

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Hoy comprendemos que bajo esa dinámica, la economía real casi no ha tenido influencia en la esfera financiera, pero el mercado financiero ha impuesto permanentemente un efecto negativo sobre la economía real y sobre la sociedad en su conjunto, lo cual se hace evidente en cada crisis.

La historia de la globalización ha sido la de la creación sucesiva de burbujas financieras que exigen cada vez mayores inyecciones de liquidez, con las que se han pospuesto, pero también se han agravado, las condiciones del problema de fondo que hay que resolver. Así, la serie de crisis provocadas por la globalización como un sistema que vive de usura y a expensas de la producción real, sirvieron para posponer la grande y decisiva crisis actual.
Para fines prácticos, todas las regiones de la economía internacional habían pasado una, dos o tres veces por crisis abismales, pero la salida aparente de ellas partía de la falsa idea de que los Estados Unidos serían siempre el importador de último recurso –y también el acreedor de última instancia- de todo el sistema.  Lo que detonó el derrumbe actual fue la última burbuja especulativa propiciada por el penúltimo director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, desde el año 2001, después de la crisis del índice Nasdaq, cuya burbuja precedió a la actual.

Vemos el este cuadro (1) que sin la burbuja del sector de los bienes raíces, el PIB de los Estados Unidos habría registrado índices negativos reflejando el estado de su economía física real.
Es útil recordar las crisis financieras durante los últimos 25 años, como las de:
1982 Crisis de deuda del Tercer Mundo, México el primero
1987 Crisis general de las bolsas de valores en el mundo
1994 Crisis de México, bancarrota del sistema bancario mexicano y del modelo neoliberal
1997 Crisis del sureste asiático, prolongación de la recesión en Japón
1998 Crisis de Rusia y Brasil, bancarrota del LTCM
2000 Crisis del índice Nasdaq, recesión en los EUA
2001 Crisis de Argentina
2007 Crisis hipotecaria de los EUA

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Bajo estas circunstancias, ni las medidas de emergencia, como los recientes 700 mil millones de dólares destinados al salvamento de diversas instituciones de crédito, financieras y aseguradoras con sede en Wall Street, ni los cálculos del FMI de que tal rescate podría llegar a 1 billón 400 mil millones de dólares, ni el salvamento de los Bancos centrales europeos de sus respectivos bancos, siguiendo la mismas pautas norteamericanas, han detenido el efecto dominó a nivel internacional.

Está demostrado que el sistema no puede ser salvado mientras el objetivo sea mantener en pie al conjunto de políticas económicas que llevaron a la presente situación. Hacerlo así conducirá a peores resultados sociales, políticos y humanitarios.

En el cuadro (8) observamos los montos extraordinarios, destinados al salvamento sólo en los Estados Unidos, que ascienden al 13 de noviembre a 4 billones 284 mil millones de dólares, es decir, se han gastado ya cuatro veces más recursos que los estimados en septiembre de este año por el FMI.

El cuadro no incluye aún, los 800 mil millones más anunciados por el equipo de transición del Barack Obama.

Coincidimos con la opinión más sensata de que la inyección masiva de liquidez, sin ton ni son, a lo más, ha podido posponer pero no evitar el crack. Así será, mientras no se modifiquen las políticas que premian las prácticas especulativas –haciendo mayor la carga de obligaciones financieras y las deudas, que no podrán pagarse en la medida que la especulación castiga la producción de bienes físicos, base de la capacidad de pago. He ahí la insolvencia del sistema. Lo que se ha hecho hasta el momento alimenta al cáncer y le resta vida al paciente.

El reto inmediato es cómo asegurar una reorganización tal que el dinero que se destina a la emergencia se convierta en crédito al sector productivo, sometiendo a una regulación estricta y jurídica las prácticas especulativas.
1.- Cómo aprovechar e impedir que cierren las plantas ya instaladas de producción de bienes físicos necesarios.
2.- Cómo recuperar la capacidad de crédito barato y a largo plazo con objetivos como:
a.- Impedir que se suspenda el crédito dirigido a la producción, a la construcción de infraestructura y al consumo necesario, en base a las necesidades de bienes físicos y no a la especulación.
b.- Sanear instituciones de crédito relativamente sanas y/o crear nuevos canales de crédito para ampliar la planta productiva en alimentos, industria e infraestructura.
Ello requiere nuevos acuerdos internacionales encaminados a establecer un Nuevo Orden Económico Internacional, con objetivos similares a los que se plantearon en la década de los 1970s.

I.- Una vista rápida de la crisis hipotecaria de los EU

Entre 1995 y 2005, alrededor de 3.2 millones de gentes compraron casas por medio de hipotecas subprime con tasas de interés variables. Mientras que las tasas de interés hipotecario eran muy bajas, lo cual en sí mismo no esta mal para reactivar un mercado, en este caso sirvió para crear una burbuja que empujó al alza el precio de las viviendas, que sirvieron para obtener nuevas hipotecas o renegociar viejas, alimentando una expectativa de riqueza de naturaleza ficticia. Al momento de empezar a subir nuevamente las tasas de interés, dictadas por la Reserva Federal, se precipito un proceso de incumplimiento de pagos (cartera vencida) que llevó a un colapso de los precios de los bienes raíces y, dada la debilidad de las instituciones bancarias, se dificultó la reestructuración de tales créditos, empeorando la situación general.

En el momento del boom, una casa de 300 mil dólares pasó rápidamente a valer 1.5 millones, en base a lo cual la gente se siguió endeudando. Pero a partir del colapso de dicha burbuja, en ciudades como Detroit, una casa se puede adquirir hoy por el precio de un automóvil. En tanto “activos” de los bancos estas depreciaciones tuvieron un fuerte impacto en las instituciones hipotecarias.

¿Era culpa de los deudores que perdieron su trabajo o el de la esposa interrumpiendo el pago de su hipoteca o del modelo especulativo que les dio origen?

El cuadro (5) muestra los índices de precios de la vivienda entre el año 2000 a febrero del 2008 por estado de la Unión.

En 2007, New Century Financial se declaró en quiebra por el creciente incumplimiento de sus clientes y simultáneamente por la presión de sus acreedores. Era el mayor desplome de un prestamista hipotecario en los EUA, a la que se sumaron luego el gigante hipotecario American Home Mortgage, Novo Star Financial, Luminent Mortagage Capital, Cerberuscapital Managment, National City, entre otras 30 compañías más que han solicitado la protección por bancarrota. Se trata pues de acreedores que a su vez son insolventes y morosos. Son acreedores y deudores al mismo tiempo, lo que muestra una de las conexiones con la crisis global.
La bancarrota de Fannie Mae y Freddi Mac, los gigantes hipotecarios de los EUA, para entonces era cuestión de tiempo, lo que ocurrió en septiembre de 2008.

II.- El peso de la deuda estadounidense

Por lo dicho hasta aquí, debe ir quedando claro que la crisis hipotecaria es tan sólo una manifestación de una crisis mayor: la de la totalidad del sistema financiero internacional, actualmente en la fase terminal de su existencia. (Cuadro 7)
Bajo estos índices de endeudamiento, salta a la vista que cualquier estallido de la burbuja hipotecaria o la que hubiera existido, podría convertirse en el cerillo que quemara la pradera.

IV.- Los mercados de Derivados Financieros y los Hedge Funds

Como podemos asumir, el sistema esta plagado de deudores, tantos que los bancos clasifican sus deudas por el grado de riesgo de cada sector, y los venden a inversionistas que los adquieren por medio de los Hedge Funds, conocidos como Fondos de Compensación. La venta de estos bonos sirve para emitir nuevo crédito, porque se considera una reserva para tal efecto. Y así sucesivamente, creándose una masa creciente de obligaciones financieras sin respaldo alguno en la realidad de la economía física

En el momento en que se contrae el crédito, todos los que están en el mercado corren gran peligro; lo mismo los fondos de compensación (Hedge Funds) que se expusieron comprando deuda hipotecaria incumplida o impagable; los bancos que financiaron esos fondos de compensación, los inversionistas que son propietarios de dichos bancos, etc. He ahí las grandes pérdidas de los principales bancos internacionales y las convulsiones masivas concomitantes en la economía mundial.

Al momento de que estalló la burbuja hipotecaria, entre el 9 y 10 de agosto de 2007, todos los mercados internacionales se desestabilizaron: el mercado de bonos comerciales, el de swaps de deudas y, principalmente, los mercados de instrumentos derivados.

Estos últimos constituyen un mercado de opciones no de bienes o de bonos de emisión primaria; funcionan como apuestas alrededor de tasas de interés, devaluación de monedas, mercado de futuros o de bolsa, etc.

Los derivados son uno de los “instrumentos financieros” parte de la “contabilidad creativa” que llevó a la bancarrota de ENRON y WORLDCOM a principios del nuevo milenio. Pueden crearse tantos instrumentos derivados como imaginación tengan los especuladores. Tales apuestas se realizan con generosas sumas de dinero prestado (apuestas apalancadas); se llevan a cabo, por ejemplo, operaciones con derivados de base en bonos chatarra que proceden de negocios o propiedades que bien podrían haber desaparecido ya, o como el caso que nos ocupa, de hipotecas de muy dudoso pago.

Tal mercado equivale a un cáncer en la economía; pues son papel sin valor que al hacer crisis, hace que ésta se propague literalmente como fuego a todo el sistema. Al caer las entidades subprime, los fondos de compensación que las habían adquirido, perdieron valor sin posibilidad de reembolso.

Se ve en parte por qué la crisis se propagó de manera global y no se limitó al estallido de una burbuja específica, como cualquier economista del ITAM habría esperado. Nuestro enfoque ofrece una explicación de cómo un grupo de deudores morosos en los Estados Unidos llegó a afectar a la totalidad del sistema financiero mundial.

Goldman Sachs, Lehman Bros, Merrill Lynch, Bear Stearns, JP Morgan-Chase, CitiBank –prestamistas de los Hedge Funds— forman el puñado de bancos de inversión que se convirtieron en los principales beneficiarios de la nueva inyección de liquidez dispuesta en 2007 por la Reserva Federal de los Estados Unidos a tasas preferenciales de 4 % y no de 5.25%, que era la tasa interbancaria prevaleciente en el momento en que hizo explosión la burbuja. Ello no impidió, por ejemplo, la bancarrota de Bear Stearns, Lehman Bros. o las actuales dificultades de CitiBank.

V.- Condiciones de una bancarrota de facto

En la actualidad existen grandes bancos estadounidense y del mundo que siguen nadando en un mar de instrumentos derivados, anclados a una mala calidad crediticia (irrecuperables). Al no poder refinanciarse, esos títulos deben incluirse en sus hojas de balance, lo que implica pérdidas que acercan al quiebre formal de dichos bancos, dependiendo qué tan expuesto están. Europa tiene bancos menos expuestos que los norteamericanos, y aun ello los ha puesto en la tablita. Se sabe que los principales bancos estadounidenses tienen obligaciones en derivados 7 o 10 veces su capital.

Si no fuera por el mercado de capitales desregulado, se reconocería que técnicamente los bancos y otras instituciones financieras han estado en bancarrota desde hace tiempo, y en una situación de inestabilidad como la actual, se sabría que pasarían con facilidad de la bancarrota de Facto a la bancarrota de Jure, detonado por el proceso en marcha de apalancamiento inverso.

Estudios hechos con datos proporcionados por el Banco de Liquidaciones Internacionales de Basilea y de la agencia estadounidense de control monetario, Comptroller of Currency, indican que el valor internacional de los derivados financieros, futuros, swaps, opciones, primariamente los llamados Over the Counter (OTC), es decir, los que quedan fuera de la contabilidad, pasaron de los 220 billones de dólares en junio de 2004 a cerca de ¡516 billones de dólares en junio de 2007! Hoy se estiman en más de mil billones de dólares, una pirámide especulativa que equivale a más de 20 veces el PIB mundial, calculado en 55 billones de dólares.

Después de la caída desde esa altura, las políticas económicas internacionales tendrán que abandonar los postulados del Consenso de Washington y establecer una nueva racionalidad económica que reestablezca la soberanía del Estado sobre la emisión del crédito que habrá que emitir y dirigir hacia las prioridades de producción real de las naciones para satisfacer necesidades de alimentación, energía, educación, salud, empleos productivos, infraestructura que con urgencia reclama la población. Mientras que se adoptan criterios fiscales y legales para impedir la especulación.




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