Propone Nicolás Sarkozy refundar el capitalismo

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Por Salvador del Río

pag61-183Del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, por su filiación política no puede esperarse una postura contraria a los fundamentos del libre mercado ni remotamente cercana a las corrientes del socialismo europeo. Postulado por la coalición RPR y UMP, Sarokozy representa a la derecha en Francia y en la Unión Europea, cuya presidencia por ahora su país ocupa.

Y sin embargo, en la crisis financiera que sacude al mercado internacional, Nicolás Sarkozy ha planteado a los quince integrantes del bloque del Viejo Continente un camino que, como muchas medidas adoptadas por otros países, incluso Estados Unidos, cuyo significado es un cuestionamiento al cada vez más debilitado sistema neoliberal, se orienta a una revisión profunda del capitalismo. Sugiere Sarkozy la creación de un “gobierno económico”, que sería, si bien se entiende, un grupo de gobiernos con la capacidad de discutir con la banca central europea y en su caso con los bancos centrales –símbolos del rígido control de las recetas neoliberales—acerca de las políticas monetarias.

“Europa –dice Sarkozy a sus contrapartes—debe orientar su idea hacia la refundación del capitalismo mundial”. Frente al deterioro de todos los indicadores económicos que hacen previsible la prolongación de la crisis por un tiempo hasta ahora imposible de fijar, la propuesta de Sarkozy equivale a la renuncia de las políticas financieras impuestas desde los centros de poder: los obsesivos frenos a los déficit fiscales de los estados cuyo efecto es un permanente recorte presupuestal en detrimento de la atención a urgentes reclamos y necesidades sociales; los instrumentos –topes salariales, flexibilización en las demandas laborales, reducción de obras y servicios a cargo del sector público—para contener la inflación aun a costa del incremento en el desempleo y otras imposturas que buscan dejar en manos de los sectores privados lo que hasta antes del establecimiento del nuevo orden económico, con el tatcherismo y el reaganismo, era en muchas naciones una parte importante de las obligaciones del estado.

La propuesta de Sarkozy no debe tomarse como el anuncio de una acción que provoque el derrumbe del capitalismo. Las palabras tienen un peso relativo cuando se externan en determinadas condiciones de emergencia como la que el mundo está viviendo. Tampoco la postura del presidente francés tendría similitud como aquella propuesta del entonces primer ministro de la Gran Bretaña, Tony Blair, quien proclamaba una tercera vía para terminar luego como uno de los adalides de la economía del mercado y el principal aliado de Estados Unidos en las costosas aventuras bélicas de Afganistán e Irak, cuyos exorbitantes gastos y pérdida de vidas están en la base de la actual crisis surgida precisamente en la Unión Americana.

Nicolás Sarkozy invita a los miembros de la Unión Europea a mirar hacia los países que son objeto y no autores o promotores de las prácticas del capitalismo cuya refundación propone. Los llama economías emergentes y cita por su nombre a cinco de ellos: China. India, Brasil, Argentina y México. Los considera como economías con las que las grandes potencias industriales y financieras deben y pueden asociarse en busca de un nuevo orden dentro del capitalismo.

No es la posición de Sarkozy un cuestionamiento profundo del sistema neoliberal, ni parte de un liderazgo que proclame, no ya el comunismo marxista desaparecido de la discusión de soluciones en la escena mundial, sino de un socialismo basado en la responsabilidad del estado, sobre todo en momentos de crisis como la que hoy se vive. Pero se trata de un principio de reconocimiento de la urgencia de revisar el papel del sector público, del gobierno y tal vez de un retorno al nacionalismo que en otras partes del mundo, en América Latina y en el oriente, quiere alejarse de los dogmas neoliberales para orientarse hacia la solidaridad humana por encima del cada vez más vapuleado y tambalean te sistema del mercado. Lo cual es importante viniendo como viene de un dirigente derechista en uno de los centros de poder de capitalismo.




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