El futuro de las Economías Emergentes; “El caso de México”

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Por Enrique Peña Nieto
Conferencia dictada ante la Sociedad Mundial del Futuro, en la Ciudad de Washington el 28 de julio de 2008

INTRODUCCIÓN

Agradezco la invitación de la World Future Society para participar en su Conferencia Anual 2008.

pag40-181En esta charla quisiera hablar sobre los nuevos equilibrios mundiales, en los cuales los países emergentes están jugando un papel destacado como nuevos centros globales de producción y consumo, de comercio y riqueza.

La estructura de la presentación es la siguiente:

Primero, hablaré del concepto de economías emergentes y su creciente importancia en la escena global. En segundo lugar, abordaré sus perspectivas de desarrollo para las siguientes décadas.

Posteriormente, me referiré a algunos factores clave detrás de su éxito y, a manera de conclusión, haré un ejercicio de prospectiva para el caso de México, en particular algunas medidas concretas para alcanzar un futuro mejor.

ECONOMÍAS EMERGENTES

El término de economías emergentes es una prolongación del concepto de mercados emergentes, acuñado a finales de la década de los 70’s y que se refería exclusivamente a los mercados de capitales de países en desarrollo.
En esta amplia categoría se incluye a naciones tan distintas como: Argentina, Argelia, Bangladesh, Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, Irán, Malasia, Pakistán, Rusia, Sudáfrica o Tailandia.
Considerando esta heterogeneidad, las economías emergentes1 se pueden definir ampliamente como “aquellos países que han comenzado a crecer, pero que aún necesitan alcanzar una etapa madura de desarrollo o en donde aún hay potencial de inestabilidad política o económica”.

IMPORTANCIA DE LAS ECONOMÍAS EMERGENTES

Algunos datos ilustran su importancia:

  • Como grupo, su crecimiento económico anual ha más que duplicado el de las economías de altos ingresos. En 2007 fue de 7.8% vs. 2.6%.
  • Dos tercios del crecimiento económico mundial se originó en los países emergentes.
  • Sus importaciones se están convirtiendo en motor del crecimiento económico mundial. Su demanda explica el 50% del crecimiento de las importaciones globales.
  • Tienen un impacto directo en la inflación, tipos de interés y salarios de los países desarrollados.
  • Los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia sus países crecieron 23% al año durante la década de los 90’s.
  • Por cada dólar de ayuda para el desarrollo que ingresa a sus países, reciben cuatro dólares de IED.
  • En cinco años, sus niveles de riesgo se han reducido a menos de la mitad (medido por la prima de riesgo de sus bonos).
  • Según algunos estudios, China e India superan a Estados Unidos como “destino preferido” para la IED.
  • En la última década, los países emergentes aumentaron su participación en el portafolio de los inversionistas institucionales, de 9.67% a 16%.
  • La IED entre países emergentes aumenta cinco veces más rápido que la IED de países desarrollados hacia países emergentes.
  • Cerca de 60 de las 500 empresas globales de Fortune tienen su base en economías emergentes.
  • De estas multinacionales, 14 se especializan en industrias de alta-tecnología o intensivas en capital.
  • Tan sólo las economías asiáticas representan el 26% del mercado global de servicios de tecnologías de la información.
  • Sus niveles de pobreza se reducen de forma consistente y aumenta su consumo.
  • En 2007 su gasto de consumo creció tres veces más rápido que el del mundo desarrollado.

PROSPECTIVA PARA LAS ECONOMÍAS EMERGENTES

Hay todo tipo de pronósticos sobre el futuro de las economías emergentes. En general coinciden en que continuarán jugando un papel importante en la economía mundial durante los próximos años.

Algunos especialistas incluso señalan que superarán a las economías desarrolladas para el decenio 2030-2040. Por ejemplo, la correduría Goldman Sachs estima que la economía de China supera la de Estados Unidos en 2027 y que la de India haga lo propio en 2050.

En cambio, Alan Greenspan se muestra más escéptico. Para él, el ritmo de desarrollo acelerado de estos países no está garantizado durante tantos años, debido a que está sustentado en: 1) el impacto de la transición de una economía rural a otra de mercados urbanos competitivos y 2) la incorporación a sus procesos productivos de tecnologías ya existentes en los países desarrollados.

Sostiene que ambos procesos no son infinitos y pronto mostrarán sus límites en la forma de aumentos salariales en China, con su consecuente incremento en el precio de sus exportaciones, así como en una reducción de su tasa de ahorro e inversión por la adopción de “patrones de consumo occidentales”.
Lo cierto es que las economías emergentes ofrecen una alentadora prospectiva de crecimiento, incluso cuando la economía mundial enfrenta hoy una desaceleración.
Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, las economías emergentes crecerán 6.3% en 2008 y 6.4% en 2009, comparado con el 1.3% que crecerán en ambos años las economías avanzadas.

Ahora, en cuanto a proyecciones para las siguientes décadas, podemos observar lo siguiente:

  • Para 2020, la economía mundial será tres veces mayor que la actual.
  • El PIB mundial crecerá a una tasa anual de 3.5% en el periodo 2008-2020.
  • China e India continuarán siendo las economías emergentes con mayor crecimiento, de 6% en promedio por año.
  • China contribuirá con el 26.7% del crecimiento económico mundial, mientras que Estados Unidos aportará el 15.9% e India el 12.2%.
  • Los países desarrollados del G7, que hoy representan el 57% del PIB mundial, podrían ver reducida su participación a sólo el 21% para 2050.
  • Estados Unidos seguirá siendo el principal mercado de consumo en 2020, China será el segundo e India competirá por el tercer lugar con la Unión Europea.
  • El crecimiento del PIB de Estados Unidos será del 3% anual, gracias al incremento en productividad y su inversión en tecnologías de la información y comunicaciones.
  • En cambio, Latinoamérica podría rezagarse, al crecer sólo 3.2% por año en el periodo 2008-2020, cifra por debajo del promedio mundial, del de Asia e incluso del de Medio Oriente y el norte de África.

Lamentablemente, Latinoamérica es el ejemplo de una región que no ha alcanzado el nivel de éxito de otras economías emergentes. Si bien ha enfrentado crisis recurrentes, su pobre crecimiento parece estar más relacionado con factores estructurales de largo plazo, como el nivel de su capital humano, que se mantiene por debajo del de Asia o Europa.
Esto es algo que debe cambiar en el mediano plazo, ya que a nadie conviene que nuestra región permanezca como un eterno proveedor de materias primas baratas o expulsor de mano de obra.
Quizás el bajo desempeño latinoamericano es muestra de que el futuro de las economías emergentes está ligado a su capacidad para disminuir la pobreza y eliminar la desigualdad.

LECCIONES DE LAS ECONOMÍAS EMERGENTES EXITOSAS

Como se puede apreciar, incluso al interior de las economías emergentes hay disparidad en cuanto a su desempeño económico.

En este sentido, es conveniente observar las variables que permitirán el avance de la región de Asia, ya que su crecimiento económico anual se ubicará en 4.9% de aquí al 2020.
Expongo algunos ejemplos:

  • Elevados niveles de ahorro e inversión.
  • Mayor apertura e inserción en la globalización.
  • Mayor productividad y competitividad.
  • Niveles crecientes de educación y capacitación laboral.
  • Fuerte inversión en ciencia, tecnología e innovación.
  • Desarrollo focalizado de tecnologías de la información y comunicaciones.
  • Reformas regulatorias e institucionales.

De lo anterior, se puede concluir que las economías emergentes exitosas son las que mejor han modificado la estructura de incentivos de sus mercados, para orientarlos hacia la creación de riqueza. Destaca también una importante labor de sus gobiernos para

  1. Promover la competencia en los distintos mercados;
  2. Promover una mayor flexibilidad en los mismos, a fin de lograr una asignación más eficiente de los recursos;
  3. Aplicar políticas públicas que dirijan los recursos públicos hacia actividades con la mayor rentabilidad social (educación e inversión en infraestructura).

En un futuro próximo, los tomadores de decisiones de Asía también deberán incorporar en su lista de mecanismo facilitadores del crecimiento, políticas que atiendan la creciente inequidad en la distribución del ingreso y el deterioro del medio ambiente.

MÉXICO HOY

Según el International Business Report, en su Índice de Mercados Emergentes, México ocupa la cuarta posición, después de China, India y Rusia. De estos cinco países emergentes, el Producto Interno Bruto per Cápita de México sólo está por debajo del de Rusia.

Según este reporte, la posición que ocupa México no debería ser ninguna sorpresa. La economía mexicana ha disfrutado de una estabilidad sin precedente durante los últimos ocho años, la inflación se ha mantenido estable y a la baja.

Adicionalmente, México tiene 12 acuerdos de libre comercio con 43 países, goza de mano de obra calificada, una poderosa industria manufacturera y de ensamble, así como una envidiable proximidad al mercado norteamericano.

Esto permitió, por ejemplo, que la Inversión Extranjera Directa en nuestro país ascendiera a 37 billones de dólares en 2007, casi el doble de lo recibido en 2006, lo que coloca a nuestro país como el principal receptor de IED en Latinoamérica.

México es el exportador más grande de Latinoamérica y el décimo sexto a nivel mundial. El año pasado exportó bienes por 272 billones de dólares, un 9% más que en 2006, y que contrasta con las exportaciones de Brasil por 159 billones de dólares.

Sin embargo, a pesar de estos argumentos, lo cierto es que México sólo contribuirá con el 1.5% del crecimiento económico mundial en el periodo 2008- 2020.

De aquí a ese año, se estima que nuestro PIB sólo crecerá 2.9% por año, por debajo del 3.5% del PIB global. Lo que es aún más grave es que su ingreso per cápita aumentará sólo 1.8% por año, cuando el de la economía mundial lo hará en 2.5%.

Esto es inaceptable, especialmente si se considera que 47% de la población mexicana vive en condiciones de pobreza.

MEJORANDO EL FUTURO DE MÉXICO

Ninguna nación puede ser pasiva ante los cambios y transformaciones de su entorno, especialmente si advierte que en el corto plazo las tendencias globales no le son favorables.
Por ello, desde ahora debemos ser capaces de imaginar, planear y hacer realidad un mejor futuro para México.

Estoy convencido que los ejercicios de prospectiva cumplen dos importantes funciones:

  1. Anticipar escenarios adversos, con objeto de tomar medidas oportunas que nos permitan evitarlos.
  2. Diseñar escenarios favorables, para diseñar medidas que nos permitan alcanzarlos.

Para el caso de México, es claro que el escenario descrito no es muy alentador. De ahí que lo primero que debamos hacer es reflexionar y definir, con claridad, qué tipo de país queremos.

No se trata de inventar una nación irreal, sino partir de lo que ya es, de los recursos que tiene y de los que puede generar, si se toman las acciones adecuadas.

El objetivo es establecer políticas públicas transexenales, evitando que cada seis años, ante el cambio de administración, las burocracias y gabinetes partan de cero y pierdan tiempo valioso en la redefinición de planes y programas estratégicos.

México requiere de un verdadero acuerdo nacional para su desarrollo, un acuerdo que no dependa del origen político de sus gobernantes o de la composición de las fuerzas políticas en su Congreso, sino del establecimiento de objetivos muy claros y precisos, compartidos por todos.

En lo personal, considero que la principal prioridad del país es la de convertirse en una nación más justa y equitativa, donde la pobreza se vea reducida drásticamente, a partir de la incoporación productiva de nuestro recurso más importante: el de nuestra población.

Esta transición social es quizá la clave del éxito de naciones como China y además es factible para nuestro caso. En México estamos viviendo una transición demográfica que, de ser aprovechada adecuadamente, impactará positivamente nuestras metas de crecimiento y desarrollo económico.

La base de la pirámide poblacional se reduce cada día. Esto significa que un mayor número de mexicanos se encuentra listo para incorporarse al mercado laboral, aumentar el ahorro nacional e impulsar la inversión.

Esta ventana de oportunidad, también llamada bono demográfico, permanecerá transitoriamente abierta en México, por primera y única vez, de 2012 a 2033. Su característica básica será una abundante mano de obra.

Los escenarios apuntan que se requeriría de una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto constante de 4.6% anual para que el número de empleos formales, productivos, bien remunerados y con prestaciones pueda absorber casi 85% de la Población Económicamente Activa (PEA) en 2030.
Es importante destacar que la PEA del país aumentaría de 45.1 millones en 2008 a 47.4 en 2010, 60.0 en 2030 y hasta 61.0 millones en 2050, alcanzando su máximo histórico de 61.9 millones en 2042.

De estas cifras, que implican la necesidad de crear hasta 955 mil empleos al año, surge una segunda prioridad nacional: recuperar el crecimiento económico sostenido.
México requiere una nueva estrategia nacional de crecimiento acelerado y compartido, que aproveche el impulso del sector terciario de la economía y nuestra apertura al comercio exterior.

Se debe buscar, sobre todo, promover una mayor competitividad de nuestros sectores productivos, a partir de la incorporación generalizada de nuevas tecnologías.
Quiero ser muy claro: las políticas económicas no deben hacernos olvidar o vulnerar una tercera prioridad: el fortalecimiento de la unidad nacional.

Actualmente somos testigos de la existencia no sólo de una “economía dual”, es decir, de sectores prósperos y otros muy rezagados, sino como resultado de ella de una sociedad fragmentada, tanto a nivel socioeconómico, como a nivel regional, entre el norte y el sur.

Para disminuir estos rezagos, la tarea del gobierno es vital. El Estado debe ser el gran promotor y regulador de la eficiente operación de los mercados; en síntesis, el “facilitador” de nuestro proceso de desarrollo.

Ya no es posible la coexistencia de zonas ricas y desarrolladas, con elevados niveles de vida, y regiones deprimidas y en pobreza extrema, con una preocupante marginación que es el mejor escenario para generar desconfianza, ingobernabilidad y delincuencia.

El objetivo es que el desarrollo, el fortalecimiento de los mercados, se disemine por todo el territorio nacional, creando oportunidades para todos.
En otras palabras, debemos ser capaces de construir e impulsar una política de desarrollo integral del territorio, donde la inversión en infraestructura sea el detonante de un pujante mercado interno que complemente a nuestro sector exportador.

En el ámbito cultural, debemos consolidar y definir nuevos valores sociales de identidad nacional. La prioridad es mantener los avances democráticos recientes y avanzar hacia una sociedad más justa, participativa, transparente, honesta y solidaria, que contribuya al fortalecimiento del Estado de Derecho y a nuestro sentimiento de pertenencia.
Si somos capaces de lograr un progreso acelerado, éste deberá ir acompañado de un nuevo equilibrio social, que fomente la competencia y privilegie la convivencia respetuosa. La clave es propugnar por consensos mínimos, compartidos por todos, de manera independiente a nuestras preferencias políticas o ideológicas.

La unidad nacional nos permitirá asumir y aprovechar positivamente la globalización y ser un actor determinante de las corrientes en curso.

La globalización ofrece retos y oportunidades derivadas de la integración de los flujos financieros y de capitales, el incremento del comercio y la transferencia de la tecnología. Debemos aprovecharla para acercar los niveles de ingreso, productividad, competitividad y distribución entre los miembros del TLCAN.

En este sentido, México debe trabajar junto con Estados Unidos para lograr un acuerdo que permita ordenar la migración laboral, encauzarla legalmente. El mejor esquema es el de la migración laboral temporal, como lo hemos empezado a hacer con Canadá en algunos sectores.

México puede además aprovechar la oportunidad que le brinda ser parte del G-5 y el diálogo ampliado con el G-8, para promover su propio desarrollo y jugar un papel más activo en el mundo.

Entre sus estrategias globales, debe estar el hacer alianzas estratégicas con otras economías emergentes, como ya lo están haciendo China e India con África Subsahariana.
Asimismo, México debe hacer un compromiso con la preservación ambiental, a fin de que su desarrollo no se vea limitado por la escasez de recursos naturales vitales, como el agua, que en un mundo de creciente escasez, pueden ofrecer ventajas competitivas sobre otras naciones.

México cuenta con petróleo e hidrocarburos, pero es imperativo que anticipe una paulatina transición hacia fuentes renovables y alternativas de energía.

Para atender cada una de las prioridades nacionales que he esbozado, se requiere de un marco institucional adecuado y sobre todo, de un capital humano apto.

En este sentido, la posibilidad de alcanzar las metas enlistadas dependerá del lugar que se le dé a la educación como factor determinante del verdadero desarrollo. En otras palabras, debemos situar a la educación en el centro del proyecto de relanzamiento nacional.

Debemos asumir que las revoluciones tecnológicas transformarán la vida cotidiana de los seres humanos de manera más radical que el conjunto de todas las innovaciones tecnológicas del pasado.

Hoy la tecnología no significa sólo máquinas, sino procesos e ideas innovadoras, valor agregado.

En este sentido, nuestra revolución educativa debe cumplir dos objetivos muy concretos:

  1. Dotar a la población de herramientas para que pueda innovar ideas, procesos, servicios y productos y,
  2. Incrementar en la población su capacidad de adaptación al cambio, porque si de algo podemos tener certeza en el futuro, es que los cambios globales cada vez serán más profundos y acelerados.

Estamos conscientes que la globalización seguirá produciendo escenarios inéditos en todos los ámbitos. La mejor herramienta para hacerles frente es la fortaleza interna. Nadie hará por nosotros lo que nos corresponde realizar para fortalecer y modernizar a México.

De ahí la importancia de este ejercicio de prospectiva: de anticipar con tiempo, cambios que nos obligarán a modificar la forma en que tradicionalmente hacemos las cosas.
De diseñar, desde ahora, políticas públicas de carácter estratégico, que rebasen la cotidianidad y las decisiones del día con día.

Y en este ejercicio, estoy seguro, las aportaciones y observaciones de los integrantes de la World Future Society serán muy enriquecedoras.

Les agradezco su atención.

MUCHAS GRACIAS.

1 Define emerging markets in broad terms as those countries which have started to grow but have yet to reach a mature stage of development and/or where there is significant potential for economic or political instability.

NEW INTERNATIONAL ECONOMIC EQUILIBRIUMS:
THE FUTURE OF EMERGING ECONOMIES
THE CASE OF MEXICO




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